ALIADO DE LA LUNA[1]
El hombre estaba
parado bajo el emblema del poder imperial.
Cualquier gobierno que se satisface a sí mismo se aparta del Camino.
El trono descansaba sobre un estrado de cuatro columnas con
incrustaciones de oro y plata. Las persianas de perlas rodeaban el trono, pero
el trono en sí mismo estaba vacío. Detrás del asiento enjoyado, una pantalla de
color blanco plateado grabada con dragones voladores iluminaba la escena.
Siguiendo el precedente establecido por mucho tiempo, los ministros se
arrodillaban en el piso del amplio Gaiden, sus cabezas casi tocando el tejido
de la alfombra. Ellos entendían la aparente inutilidad de hacer reverencia a un
trono vacío, tanto como lo hacía el hombre de pie bajo el trono frente a ellos.
—Desde el principio, los ciudadanos valientes de Hou, como simples
ministros y burócratas que somos, no podríamos pensar en hacer lo que quisiéramos,
incluso cuando Su Alteza Real Hou ya no está con nosotros.
El hombre que hablaba tenía todo el poder del Reino de Hou, sin
embargo, él colocó su silla debajo de la tarima y en ninguna circunstancia osó
poner un pie sobre ella.
El nombre del hombre era Gekkei. El anterior Rey de Hou lo había
nombrado Marqués de la provincia de Kei. Cuatro años antes, se había unido
junto a los otros señores provinciales para derrocar a ese mismo Rey de Hou.
—Con el fin de poner orden en la Corte Imperial, se hizo necesario
llegar más allá de nuestras jurisdicciones. Al haber traído caos sobre
nosotros, es nuestro deber traer orden. Han pasado cuatro años y la Corte
Imperial está en orden. Después de esto, sin sobrepasar nuestra autoridad, sin
necesidad de recurrir a la tiranía, nosotros los funcionarios de la Corte y del
Reino vamos, a lo mejor de nuestras capacidades, a gestionar la situación
actual y solemnemente trabajar hacia la coronación del nuevo rey.
Varios de los ministros y funcionarios en el amplio salón estaban
dispuestos ante el trono vacío, con la mirada hacia abajo, como en un acto de
vergüenza o de autorreflexión.
—Modificar o derogar una ley y usurpar lo que es por derecho el poder
del rey. Lamentablemente, muchas duras leyes establecidas por Su Alteza
continúan innecesariamente atormentando a los ciudadanos de Hou. En estos
casos, las noticias que salen no tienen por qué temer a la censura si no se
aplican. Es todo lo que podemos permitirnos. La responsabilidad de abolir las
leyes mejor se la confiaremos al futuro rey. Desafortunadamente, eliminar y
reescribir leyes no está dentro del ámbito de nuestra autoridad. Shouyou[2]…
El hombre al que se dirigió levantó su cabeza. Gekkei lo miró y dijo:
—De la misma manera, después de esto, debemos tener cuidado de ir más
allá de lo que ya ha sido establecido. No preveo ningún escenario que nos
requiera. Mientras Su Alteza promulgó muchas leyes duras, trató a los
funcionarios corruptos con igual severidad. Es innegable que sus campañas de
lucha contra la corrupción cruzaron la línea. Pero sus esfuerzos hicieron que
Hou escapara en gran parte de las serpientes venenosas cultivadas por
depravados políticos. A pesar de esta reducción en sus números, quedaron varios
ministros y funcionarios de gran virtud para servir en la Corte Imperial.
Esperamos que ningún sacrificio adicional sea necesario.
»El deber de gobernar el Reino descansa sobre tus hombros. El deber
que me dieron fue el de gobernar la provincia de Kei, no el Reino. Creo firmemente
que un mero Señor Provincial inmiscuyéndose en cuestiones imperiales constituye
desviarse del Camino. Mi permanencia en el Palacio Youshun[3] no
debe ser consentida. ¿Acaso difieren en ello?
Shouyou bajó su mirada.
—Un reino necesita de un rey.
—Su Alteza ya no vive.
—Alguien debe estar a la cabeza de los ministros para unirlos, para
encargarse de la resolución de asuntos imperiales con determinación, poner las
leyes en orden, regular a la ciudadanía y guiar a la Corte Imperial. O el Reino
continuará tambaleándose.
—No hay ningún otro señor de los ministros sino el Rey de Hou.
Shouyou miró a Gekkei.
—El Rey de Hou no se sienta en el trono porque nos quedamos sin otra
elección que la de cometer regicidio.
—Shouyou…
—No negamos que no hay pecado mayor que ese. Como consecuencia, Hou es
hoy un reino proscrito. Solo la Emperatriz del Reino de Kyou ha reconocido a
este gobierno y solo de forma privada. De lo contrario, no existe oficialmente.
Y, aun así, ¿desprecia la idea de liderarlo?
—No he dicho nada de eso.
—¿Se arrepiente de matar a Chuutatsu?
Gekkei evitó su mirada.
—Hemos matado al Rey Chuutatsu de Hou. Como regicidas, tenemos que
asumir esa carga juntos. Pero no siento ninguna vergüenza por haberlo hecho.
Teniendo en cuenta las vidas que se perdieron por las crueles leyes de
Chuutatsu y el sufrimiento causado. Lo llaman el producto de la justa indignación
o un mero ajuste de cuentas, por lo menos Chuutatsu ya no se sienta en ese
trono. Marqués de Kei, no piensa diferente. ¿No es por eso por lo que le volvió
la espalda al Camino y condujo esta insurrección?
Gekkei no tenía ninguna respuesta a la pregunta de Shouyou.
—Ocupar el trono sin un Mandato Divino sin duda constituiría una
usurpación de facto. ¿Tiene tanto miedo de ser acusado de robar la corona? Si
es así, entonces, ¿por qué tramó este golpe de Estado en primer lugar? ¿Si
levantó un ejército y derrocó al rey por compasión a sus sufridos súbditos,
entonces, no debería esa compasión llevar a cabo los deberes reales en nombre
del pueblo? ¿A pesar de la etiqueta de usurpador?
Con dificultad para responder, Gekkei miró el suelo en su lugar. En
ese momento, un subsecretario entró en la habitación. Se inclinó y se acercó a
Gekkei y dijo algo en una voz suave.
—El Reino de Kei…
Los ojos de Gekkei se abrieron
de par en par. Se giró para hacer frente al subsecretario, pasando una mirada
de nerviosismo por Shouyou y los otros.
Disculpándose, abandonó rápidamente el Gaiden en compañía del
subsecretario.
—¿Un comunicado personal de la Emperatriz de Kei? —fue su primera
pregunta.
El subsecretario confirmó esto con un afirmativo movimiento de cabeza.
—¿Para mí?
Él era un renegado que había pisoteado la Divina Providencia, asesinó
al rey y usurpó el trono. Y aun así le dijeron que había recibido un comunicado
de la Emperatriz de Kei. Sin mencionar que Kei y Hou no disfrutaban de
relaciones diplomáticas de ningún tipo.
—¿Un emisario de Su Alteza ha llegado con correspondencia dirigida a
mí?
El subsecretario asintió una vez más,
claramente no menos confuso que él. Gekkei reunió sus pensamientos confusos e
instruyó al subsecretario para escoltar al emisario al anexo del palacio.


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