CAPÍTULO
7
Al día siguiente,
el Ministerio del Cielo hizo pública la noticia del deceso de Daishou. Nada se
dijo sobre la causa de la muerte. Lo que profundizó la confusión y el malestar.
Por primera vez en mucho tiempo, Shishou no asistió al Consejo Privado en la
Corte Imperial ese día y el siguiente.
Luego, en la noche, de repente apareció como muerto por una borrachera
en las oficinas provinciales de Sesshuu, donde Sairin gobernaba como Marqués
causando un gran revuelo entre los funcionarios.
Esa noche, Shuka y Seiki fueron llamados a la oficina del Naiden de la
Izquierda.
Eishuku estaba esperando allí con el ministro del Cielo. Parecía
muerto allí de pie. No regresó a la mansión desde el anuncio de la muerte de
Daishou. Y no solo Eishuku. Los ministros del Cielo, Verano y Otoño habían
estado yendo y viniendo entre el Naiden y Gaiden sin tener un momento de
descanso. Su agotamiento era de esperarse, pero Shuka no estaba ni un poco
sorprendida por el estado fatigado de su marido.
—Hay algunas cosas que queríamos preguntarles, a Seiki en particular.
—¿A mí? —dijo Seiki, tomando asiento.
Eishuku se sentó, con su escritorio entre ellos. El Taisai y el
Shousai también estaban allí en la sala.
—El día que falleció el Taisai, al parecer tuviste una conversación
con el Taiho, el hermano del rey.
Seiki parpadeó.
—Con el señor Junkou… sí. Nos reunimos en el parque de Shouka[1].
Vine aquí con un cambio de ropa para el señor Eishuku. Nos encontramos en el
camino de regreso. Charlamos brevemente en uno de los gazebos.
—¿De qué hablaron? —interrumpió Shuka nerviosamente—. ¿Qué pasó por su
mente? Desapareció justo después de eso.
—Y su paradero sigue siendo desconocido. Esa noche dejó las oficinas
del Sankou con el Taishi y el Taifu, y regresó brevemente al Palacio Kaei y
luego se fue otra vez. Según sus guardaespaldas, pasó al Palacio Choumei. Como
no estaba seguro de cuándo regresaría, dejó instrucciones para que cerraran las
puertas a lo hora señalada. Nunca regresó a su residencia. No pasó otra vez por
las puertas de ese palacio. Nadie sabe dónde está.
El cadáver de Daishou tenía la marca de un golpe de una espada en su
espalda, lo suficientemente profunda como para matar a un hombre en
circunstancias normales. Pero fue su bendición -o su maldición- la de ser un
inmortal. Después de ser herido, había intentado escapar y su atacante lo
persiguió. Daishou recibió seis heridas de diferentes tamaños. Lo que acabó con
su vida fue un golpe certero en su cuello mientras yacía en el suelo.
Eishuku hizo una mueca mientras retransmitía esa información.
—Por lo tanto, el interior del Palacio Choumei fue salpicado con
sangre, por no hablar de su habitación y los pasillos. Y aun viendo todo esto,
el Daishiba pensó que era un poco extraño. Parecía que era más que un solo
cuerpo humano.
—¿Quieres decir… el Taiho también…?
—No lo sé. Falta una alfombra de la sala principal. Es posible que
también fuera asesinado y su cuerpo envuelto en la alfombra y se lo llevaran.
Tal vez logró derrotar al asesino y luego sobrecogido por el horror del crimen,
huyó. O él asaltó al Taishi y mató a su cómplice para silenciarlo.
—¡¿Cómo puedes…?! —exclamó Shuka—. ¡Él no es ese tipo de persona!
Eishuku suspiró profundamente.
—Shuka, ha habido rumores acerca de que él le tenía mala voluntad
hacia Su Alteza.
—¿Qué? —dijo Shuka, levantando la voz—. ¡Eso es absurdo!
—Yo tampoco quería creerles y no les di ninguna credibilidad. Pero
dicen que estaba celoso de los logros de su hermano mayor. Con Su Alteza
vacilando, decidió aprovechar y algo sucedió. Tomé esas insinuaciones como nada
más que un vulgar chisme, pero ahora… —Eishuku no terminó la frase. En cambio,
se volvió hacia Seiki—. Realmente necesito saber lo que sucedió entre los dos,
en el parque de Shouka. ¿Algo sobre el señor Junkou te impactó como algo fuera
de lo común?
—No —respondió Seiki y luego dudó—.
Aunque ahora que lo mencionas, ese día parecía un poco diferente de lo
habitual.

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