CAPÍTULO
9
Eishuku se quedó
sentado allí en un profundo silencio. Seiki se movió en su puesto, incómodo.
—Lo que el Taiho dijo ciertamente suena como una crítica hacia Su
Alteza. Pero aun suponiendo que tuviera una mala voluntad hacia el rey, ¿qué
ganaría al asesinar al Taishi?
—Tienes un buen punto.
—Aunque… —empezó a decir Shuka, pero mantuvo la terrorífica idea para
sí misma.
Al regresar del Sankou, Junkou se dirigió al Palacio Choumei. Shuka
imaginó que querría compartir sus pensamientos con Daishou -quien era su padre
y el Taishi- o consultar con él. Suponiendo que estuvieran de acuerdo en el
asunto y entonces apareciera Shishou o le pidieran que fuera y sacaron esas
críticas a la luz, por lo que se produjo una discusión. Shishou enfurecido mató
a Daishou y Junkou escapó, y temiendo por su vida, huyó del Palacio Imperial.
—No creo que fuera el señor Junkou. Después de todo, el Taishi fue
prácticamente decapitado.
Eishuku asintió con la cabeza, su expresión mostraba dudas.
—¿Sería físicamente capaz de tal cosa? Desde nuestro tiempo juntos en Kouto,
nunca lo observé esgrimir un arma de ningún tipo de competencia. ¿Alguno de
ustedes lo vio?
Al luchar con la gente, Junkou parecía más asustado de agarrar una
espada que de sus enemigos. No pocos lo llamaban cobarde a su espalda.
—No, nunca lo vi.
—No podría esgrimir una espada para salvar su vida, no tenía el corazón
para eso. No puedo creer que pudiera herir a nadie seriamente, y mucho menos
quitarle la cabeza —Eishuku reflexionó sobre el asunto durante un minuto—.
Definitivamente, tendría que haber sido alguien que sabía cómo utilizar una
espada.
—Entonces, no fue Junkou, Eishuku. Sería imposible.
—Probablemente —dijo Eishuku, con un asentimiento. Miraba hacia el
techo y murmuró—: Entonces, ¿quién? —Sus ojos se abrieron de par en par y miró
a Shuka.
Ella respondió con un pequeño asentimiento. Al darse cuenta de esa
posible verdad, la realidad debió afectarlo también.
Eishuku le dio al Taisai un vistazo nervioso y tomó una respiración
profunda. Shuka, suspiró también, un suspiro teñido de decepción y
disconformidad.
Un segundo más tarde, la puerta de la habitación se abrió
abruptamente. Soldados armados de la Guardia del Palacio entraron. Liderados
por un comandante de la Guardia del Palacio de la Izquierda. Sostuvo en alto
una orden que todos debían ver.
—He sido autorizado para llevarme al
Chousai, al Daishito, al Taisai y al Shousai detenidos bajo sospecha de
traición.

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