SUEÑOS DE PROSPERIDAD
CAPÍTULO
1
Shishou[1] levantó a Sairin de apenas ocho años, revelándole el mundo de abajo.
—Voy a mostrarte un sueño de prosperidad.
El sol occidental brillaba a través de Yuunei[2] y el
Palacio Choukan[3]. El
semblante del rey era el de un joven tanto en años como en la duración de su
reinado, brillaba desde el resplandor del rico cobre del Mar de Nubes. Todo lo
que Sairin podía ver en la dirección indicada por el nuevo rey era el caos
dejado por el serpenteante reinado del último Rey Fu[4].
Sin embargo, Sairin no dudó de las palabras de su señor. Si le estaba
mostrando sus sueños, entonces, eso es lo que sería.
El Kasho Kada[5] era el Tesoro Imperial del Reino de Sai[6].
Cuando se colocaba al lado de la almohada, esta rama de melocotonero enjoyada
revelaría en sueños una visión de Kasho -del Paraíso-.
Mucho tiempo atrás, la dinastía del Emperador
Amarillo estaba decayendo. En sus sueños, el emperador habitó en el Reino de la
gente de Kasho. Viendo allí una visión del mundo ideal, corrigió su
Camino.
Y así, dijo que, a través de sus sueños, esta misteriosa rama le
reveló la forma que un reino debía tomar. Shishou estaba diciendo que le
mostraría a ella su sueño en carne y hueso. Crearía un “Reino de Kasho”
en este mundo y se lo daría a ella.
Como prueba de esta promesa, le colocó la
rama de jade en la mano.
—Te estoy dando esto a ti. Noche a noche, podrás ver por ti misma como
el sueño se acerca a la realidad.
Sairin asintió con la cabeza y agarró el Tesoro Imperial. Desde su
perspectiva, Shishou era un hombre grande, altivo y lleno de esperanza y
convicción. Los brazos que la sostenían eran fuertes y su rostro claro. Sus
decididos ojos veían hacia un futuro en constante expansión. La confianza en sí
mismo impregnaba su ser. Si él pudiera pasaría la eternidad en ese espacio
entre el brillante día y la noche adormecida.
Voy a mostrarte un sueño de prosperidad.
Ella presionó la rama de melocotón contra su mejilla. Pero ¿por qué
tenía ese enloquecedor sentimiento de malestar? Cuando cerró los ojos, todavía
podía ver en su mente la imagen brillante de Shishou y a ella misma de pie en
la costa dorada. En la memoria aún tan fresca. Las lágrimas vinieron
espontáneamente a sus ojos.
Un sueño de prosperidad.
La luz la cegó completamente. Pero las
promesas habían sido hechas. Los votos habían sido intercambiados.


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