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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 15 de mayo de 2023

Sueños de Prosperidad - Capítulo 24

 

CAPÍTULO 24

 

 

 

Seiki le dijo a Shuka:

—Hasta ahora, realmente no entendía de lo que hablaba mi madre. Es fácil culpar a otros. Nadie puede encontrar la falla. Pero si esa crítica no apunta a una solución viable, entonces nada bueno vendrá de ella. La reforma engendrará algo. La crítica no engendrará nada.

—No lo sé, Seiki.

Seiki sonrió tristemente.

—¿No lo dijiste tú misma, Shuka? Al final, no pudimos hacer nada. Desde la época del Rey Fu, nosotros no hemos dado un solo paso hacia adelante.

—No me gusta admitirlo, pero es la verdad.

—¿Y por qué es eso?

—Si lo he entendido es…

—¡La explicación es simple! No tenemos la capacidad de llevar adelante el reino.

Shuka palideció. Habló, con un grado inusual de agitación en su voz:

—¿Qué… se supone que significa eso? ¿Qué no tuvimos la capacidad? ¿Shishou? ¿Nosotros?

Seiki dejó escapar un pequeño suspiro.

—No hay nada de malo en no tener la capacidad de hacer algo. No hay ningún límite para lo que soy incapaz de hacer. No puedo blandir una espada para salvar mi vida. No podemos todos ser buenos en todo, aunque todos podemos ser buenos en algo.

—¿Estás diciendo que ejecutar la Corte Imperial es algo en lo que no éramos buenos? Si ese fue el caso, entonces ¿por qué Shishou recibió el Mandato del Cielo?

—Bueno, no soy un Dios, así que no lo sé. Tal vez Tentei tuvo en cuenta el idealismo y la honestidad de Shishou.

—Así que nuestras intenciones eran buenas, pero no teníamos lo que hacía falta para llevarlo a cabo.

—Nuestros talentos no eran los adecuados para el trabajo.

—No es bueno que las personas que accedan al poder no sean aptas para llevar las riendas de este. No hay nada malo con estar cualificado, excepto cuando se trata del rey y del gobierno. ¡Un rey es una contradicción a esa premisa!

—Es por ello por lo que… —comenzó a decir Seiki, pero no terminó la frase e inclinó la cabeza en su lugar.

Fue entonces cuando se le ocurrió a Shuka.

Un rey incompetente era una contradicción a la premisa.

Un rey incapaz de gobernar no podría permitirse sostener el mando.

—Y por ello Shishou perdió el Mandato del Cielo —Shuka cayó al suelo con estupefacto asombro.

—Umm —le oyó decir a Seiki suavemente—. Sabes, estoy basando esto en las palabras de despedida que dijo el señor Shishou. Es posible que él malinterpretara algo en un nivel muy básico.

—¿Un nivel muy básico?

—Que nada se está creando, encontrando fallas. El señor Shishou puede haberlo entendido mal desde el principio y cada vez más consciente de su verdad, dejó estas palabras de despedida con nosotros.

—No lo sé —dijo Shuka, sacudiendo su cabeza.

Seiki se sentó frente a ella y sonrió.

—Gobernar un reino significa construir un gobierno. El señor Shishou debió haber dedicado sus energías a lograr ese objetivo. ¿Qué tipo de gobierno debía establecer y cómo debía gobernarlo? ¿Qué forma debería tomar el reino? Pero tengo que preguntarme si el señor Shishou nunca tuvo nada de eso en consideración.

—¡Eso es ridículo! Desde que Shishou fundó Kouto…

Seiki asintió.

—Siempre estaba hablando sobre cómo debería ser el reino. Era fascinante cada vez que lo escuchaba hablar. Pero al pensar en cómo han salido las cosas. ¿Aquellos eran realmente los ideales de Shishou? ¡Oh! Tenía ideales, pero tal vez no eran más que los ideales del Rey Fu reenvasado.

Shuka lo miró boquiabierta.

—Los tributos impuestos por el Rey Fu eran pesados. Shishou dijo que debían ser reducidos. Y cuando lo hizo, la Hacienda Imperial estuvo corta de fondos. No había suficiente dinero para construir un único malecón. Las hambrunas golpearían, pero no habría nada en los almacenes. Nada sería tomado de la gente, y nada se les exigiría.

—Sí, bueno…

—Nunca me pareció que el señor Shishou meditara en lo que se usaban los impuestos, porque estaba mal en que fueran pesados, y por qué era bueno aligerarlos. Simplemente lo que había agravado el Rey Fu, él lo disminuiría. Nunca pensó en cuáles serían las causas y los efectos.

Las respuestas se presentaron en la mente de Shuka, pero no sabía cómo articularlas.

—Creo que es como dijo mi madre. Es fácil criticar a otros. Especialmente aquellos de nosotros que estamos muy orgullosos de nuestros elevados ideales. Es muy fácil. Pero ¿tenemos lo necesario para poner esos ideales en acción? Sospecho que siempre carecimos de la capacidad de arrancar esos ideales del aire y minuciosamente establecerlos en algo sólido y real. Observando la mano dura del Rey Fu y diciendo simplemente que debía ser más ligera es muy ingenuo de nuestra parte.

Seiki suspiró.

—Sí, bajos impuestos es algo bueno. Es un ideal que siempre anhelaremos. Pero la gente no se beneficia en lo más mínimo. Sufrieron cuando los impuestos eran pesados. Sufrieron cuando los impuestos se aligeraron.

»Cuando eso ocurre, las políticas deben ser examinadas y analizadas. Se deben sacar conclusiones y redactar las respuestas. Pero nosotros simplemente desnatamos la superficie y apenas eso.

Shuka finalmente entendió el argumento de Seiki. Shinshi había instruido a Shishou repetidamente. La tasa de impuestos apropiada solo podía determinarse observando de cerca cómo viven las personas y las condiciones reales a las que se enfrentaban.

Cuando se le preguntó cuánto, se negó a responder. Porque ella no podía señalarlo en números y decir cuál era la tasa de impuestos adecuada.

Prueba y mira a ver qué pasa, era su única propuesta, a lo que Shishou la rechazó de plano.

Los impuestos que tenían que pagar las personas eran demasiado pesados y solo deberían reducirse. Esa era su firme posición.

—Creo que el señor Shishou metió la cabeza en lo que habría sido solo un reino ideal. Estaba al final de ese camino dorado, y no aceptaría ningún otro. Comenzar a experimentar ahora estaba fuera de discusión. Su deseo del Shangri-La que vio en el Kasho Kada era tan fuerte que no podía ceder. Excepto que estas convicciones habían surgido de sus críticas al Rey Fu y luego se fomentaron en sus sueños.

—Sí, eso fue —se dijo Shuka a sí misma.

La Corte Imperial se derrumbaba ante sus ojos, y solo se habían contentado con criticar al Rey Fu. Shuka había protestado contra los fuertes impuestos del Rey Fu junto con el resto de ellos. Sus protestas no eran el producto de pensamiento cuidadoso, sino del resultado de su justa indignación de lo que sufrían las personas frente a ella.

Clamaron que los impuestos eran demasiado pesados y debían reducirse. Pero unas fuertes convicciones por sí solas no ofrecerían soluciones cuando los impuestos fueran aligerados y no mejorarían la suerte del pueblo.

El curso correcto de acción siempre pareció evidente. Porque el Rey Fu se había desviado del Camino, simplemente asumieron que todo lo que hizo debió haber estado equivocado. Había trasnochado en tantas ocasiones pensando en todo lo que hizo el Rey Fu y hablando acerca de cómo deberían ser las cosas y soñando con el paraíso.

Sus críticas al Rey Fu habían fertilizado las semillas de los sueños. Cada error cometido en el gobierno y toda mancha de corrupción que salieron a la luz los nutrió y formó más concreto en sus mentes. Si el Rey Fu lo había hecho, entonces ellos debían deshacerlo. Reducir al mundo a una ecuación simple y descubrir lo que era correcto y lo que era incorrecto se convirtió en algo sencillo de hacer.

Por más de veinte años habían construido sobre una base formada de convicciones baratas y habían tenido éxito creando una Corte Imperial aún más frágil que la del Rey Fu.

—Realmente fuimos incompetentes.

Nunca había entendido qué rayos significaba realmente un “reino”. No tenían el conocimiento o la dirección necesaria para gobernar, mientras que todo el tiempo creyeron que lo tenían. Pensaron que criticar al Rey Fu de alguna manera los había dotado con las capacidades de dirigir mejor el gobierno, de lo que él lo había hecho.

Shuka se tendió en el suelo, su mano presionada contra su pecho. Escuchó unos pasos ligeros acercándose. Al sentarse vio la pálida cara de Shinshi corriendo en el pasillo.

—Shuka… Seiki… dicen que Shishou ha fallecido…

Shuka asintió.

—Se escuchó el canto del faisán blanco. Dejó un testamento para acompañar su abdicación: “Nada puede ganarse por encontrar fallas en otros”.

Una cruel sorpresa se mostró en la cara de Shinshi. Bajó su cabeza y enterró su cara en sus manos.

—Así que enmendó su Camino —gimió ella—. Un buen muchacho. Sí, un buen muchacho.

Por la mirada en su rostro y el tono de su voz, estaba claro que ella había visto a través de todo desde el principio. Le había enseñado a Seiki que la crítica no era lo mismo que la reforma. Todo el tiempo se había percatado de la magnitud de los errores de Shishou. Fue por eso por lo que no había apoyado a Kouto en primer lugar.

Shuka dijo:

—Sabías que carecía de los requisitos para guiar la Corte Imperial. Puesto que era tan fácil criticar al Rey Fu, asumimos que sabíamos todo lo que él no. Desfilando nuestra insensatez, debió haber sido una irritación constante para ti.

Shinshi se arrodilló al lado de Shuka.

—¡Oh!, yo no iría tan lejos.

—Pero… —dijo Shuka, asfixiándose por el grito de dolor en su garganta.

Su propio estado vergonzoso era exasperante. Ser probada como una incompetente ya era bastante malo. Pero darse cuenta de que había estado ciega a sus propias habilidades lo hizo todo peor.

—Atormentarte a ti misma tampoco te beneficiará ni un poco, Shuka. ¿Entiendes ahora lo que debieron haber hecho entonces?

—No debimos haber tomado la Corte Imperial. Debimos habérsela dado a alguien calificado.

—¿Y quién podría ser ese? ¿Un reino con un trono vacío todavía necesita un gobernante, ministros y funcionarios? ¿Y entre más rápido se instalen mejor?

—Eso es…

Shinshi cubrió la mano de Shuka con las suyas.

—Criticándote a ti misma es, en definitiva, tan productivo como criticar a otros. Recuerda las palabras de despedida de Shishou. Salar la tierra solo produce tierra donde nada crecerá.

—Pero…

La compostura de Shuka se disolvió en lágrimas. El alcance de sus propias deficiencias era doloroso. El alcance de su propia ignorancia era peor. No sabía qué hacer, o cómo pedir disculpas a la gente.

—Yo era un miembro de la Corte Imperial también. Y estaba tan fuera de lugar como el resto de ustedes. No tenía la menor idea de qué hacer con los impuestos o la organización de la burocracia. Pero aun sabiendo que no sabía nada sobre el gobierno, acepté el cargo de Taifu. Pero no importa el rey, ¿no siempre es así al principio de una dinastía?

Shuka levantó su cabeza y parpadeó.

—He escuchado que el Rey de Sou fue una vez un posadero en las provincias. ¿Crees que él tenía alguna idea acerca de lo que exigía el dirigir un gobierno? No creo que ninguno de nosotros deba avergonzarse de nuestra ignorancia. De lo que deberíamos estar avergonzados -de lo que deberíamos lamentarnos- solo sería de que no mantuvimos nuestras convicciones.

—Nosotros…

—¿Pero no estabas atormentada por las dudas? ¿Por qué realmente no sabías lo que estabas haciendo? ¿Qué estaban cometiendo un error? Si es así, eso se puede corregir. Como lo hizo Shishou.

—Señora Shinshi…

—Shishou era el Rey. Tenía solo dos medios para corregir sus errores: reflexionar sobre sus deficiencias y desconocimiento y corregir su Camino, o decidir que no estaba calificado para el trabajo y abdicar. Shishou eligió el último. Mis sentimientos personales me dicen que hubiera sido mejor si pudiera haber reformado su Camino en su lugar. Pero que escogió el último, lo que también me dice que todavía no tenía que seguir fiel al Camino. Sabía que él nunca habría permitido que un rey como él permaneciera en el trono.

—¿Porque él carecía de la capacidad…?

—Porque levantó su espada contra su padre y su hermano.

Shuka asintió. Gruñó para sus adentros y cubrió su rostro con sus manos.

—¿Lo sabías?

—La situación llegó a estar clara después de pensarlo un poco. Así como quien empujó a Shishou en esa dirección.

Shuka contuvo el aliento, hubo un destello en la mirada de Shinshi. Luego dijo:

—Seguramente se sintió acorralado, pero lo que Eishuku hizo es imperdonable. Siento por él como una madre y me culpo a mí misma por no detenerlo antes de que llegara este momento.

—Señora Shinshi…

—Y tan solo podemos orar para que se encuentre a sí mismo para hacer lo correcto, que en adelante y para siempre no aumente el peso de sus pecados y de vergüenza, que nunca más se desvíe del camino recto y estrecho al que se aferró con tanta convicción.

Al captar el significado de las palabras de Shinshi, Shuka dejó escapar un grito angustiado.

—¡No! ¡Él no!

Eishuku había dejado la Corte Imperial y se había dirigido al sur. Shuka intentó levantarse, pero Shinshi la agarró por el brazo.

—Debes contenerte. No pierdas de vista a las personas que realmente merecen tu simpatía. El destino del resto de la gente todavía está sobre nuestros hombros. Las personas que han perdido a su rey.

Lágrimas cayeron de los ojos de Shinshi. Pero su aura de determinación era aún más fuerte.

—Shishou dejó Sai con su Taiho. El trono no se quedará vacío por mucho tiempo. Al final, Shishou no se olvidó de la carga que llevaba. Si sentimos lástima de Shishou, entonces no podemos permitirnos olvidarlo. Tendremos un duelo por Shishou y sufriremos por Eishuku. Pero ahora soportan el peso de sus pecados y deben expiarlo.

Shinshi se dirigió a Seiki.

—Y tú, Seiki. Ya no puede contentarte con servir como el valet de Shuka, esquivando todos los demás deberes y responsabilidades. El tiempo de tal egoísmo se acabó.

—Sí —Seiki respondió mansamente, haciendo una reverencia—. Tu deseo es mi orden, Kouko.

Shinshi había sido como una suegra de este “Rey Torbellino”, así como su maestra y mayor influencia. Su porte y semblante dorado se asemejaban al de un kirin, por lo que un cierto contingente en la Corte Imperial se refirió a Kouko como “la Suegra de Oro”.

Shinshi respondió con un firme asentimiento. Miró a Shuka y luego como si la fuerza se hubiera ido de sus piernas, de repente se aferró a ella y comenzó a llorar. Shuka la atrapó para impedir que cayera. Agarrando el cuello de la túnica de Shinshi, cerró sus oídos a sus gritos y escuchó pasos apresurados acercándose.

—¡Señora Shuka, señora Shinshi! —gritó el Shousai.

     No tenían que preguntar por lo que venía a decirles. Seguramente sería la noticia de otra muerte. Shuka creía en su marido. Silenciosamente, Seiki se puso de pie y rápidamente dejó la sala, cerrando las puertas detrás de él.


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