CAPÍTULO
24
Seiki le dijo a
Shuka:
—Hasta ahora, realmente no entendía de lo que
hablaba mi madre. Es fácil culpar a otros. Nadie puede encontrar la falla. Pero
si esa crítica no apunta a una solución viable, entonces nada bueno vendrá de
ella. La reforma engendrará algo. La crítica no engendrará nada.
—No lo sé, Seiki.
Seiki sonrió tristemente.
—¿No lo dijiste tú misma, Shuka? Al final, no pudimos hacer nada.
Desde la época del Rey Fu, nosotros no hemos dado un solo paso hacia adelante.
—No me gusta admitirlo, pero es la verdad.
—¿Y por qué es eso?
—Si lo he entendido es…
—¡La explicación es simple! No tenemos la capacidad de llevar adelante
el reino.
Shuka palideció. Habló, con un grado inusual
de agitación en su voz:
—¿Qué… se supone que significa eso? ¿Qué no tuvimos la capacidad?
¿Shishou? ¿Nosotros?
Seiki dejó escapar un pequeño suspiro.
—No hay nada de malo en no tener la capacidad de hacer algo. No hay
ningún límite para lo que soy incapaz de hacer. No puedo blandir una espada
para salvar mi vida. No podemos todos ser buenos en todo, aunque todos podemos
ser buenos en algo.
—¿Estás diciendo que ejecutar la Corte Imperial es algo en lo que no
éramos buenos? Si ese fue el caso, entonces ¿por qué Shishou recibió el Mandato
del Cielo?
—Bueno, no soy un Dios, así que no lo sé. Tal vez Tentei tuvo en
cuenta el idealismo y la honestidad de Shishou.
—Así que nuestras intenciones eran buenas, pero no teníamos lo que
hacía falta para llevarlo a cabo.
—Nuestros talentos no eran los adecuados para el trabajo.
—No es bueno que las personas que accedan al poder no sean aptas para
llevar las riendas de este. No hay nada malo con estar cualificado, excepto
cuando se trata del rey y del gobierno. ¡Un rey es una contradicción a esa
premisa!
—Es por ello por lo que… —comenzó a decir Seiki, pero no terminó la
frase e inclinó la cabeza en su lugar.
Fue entonces cuando se le ocurrió a Shuka.
Un rey incompetente era una contradicción a la premisa.
Un rey incapaz de gobernar no podría
permitirse sostener el mando.
—Y por ello Shishou perdió el Mandato del Cielo —Shuka cayó al suelo
con estupefacto asombro.
—Umm —le oyó decir a Seiki suavemente—. Sabes, estoy basando esto en
las palabras de despedida que dijo el señor Shishou. Es posible que él
malinterpretara algo en un nivel muy básico.
—¿Un nivel muy básico?
—Que nada se está creando, encontrando fallas. El señor Shishou puede
haberlo entendido mal desde el principio y cada vez más consciente de su
verdad, dejó estas palabras de despedida con nosotros.
—No lo sé —dijo Shuka, sacudiendo su cabeza.
Seiki se sentó frente a ella y sonrió.
—Gobernar un reino significa construir un gobierno. El señor Shishou
debió haber dedicado sus energías a lograr ese objetivo. ¿Qué tipo de gobierno
debía establecer y cómo debía gobernarlo? ¿Qué forma debería tomar el reino?
Pero tengo que preguntarme si el señor Shishou nunca tuvo nada de eso en
consideración.
—¡Eso es ridículo! Desde que Shishou fundó Kouto…
Seiki asintió.
—Siempre estaba hablando sobre cómo debería ser el reino. Era
fascinante cada vez que lo escuchaba hablar. Pero al pensar en cómo han salido
las cosas. ¿Aquellos eran realmente los ideales de Shishou? ¡Oh! Tenía ideales,
pero tal vez no eran más que los ideales del Rey Fu reenvasado.
Shuka lo miró boquiabierta.
—Los tributos impuestos por el Rey Fu eran pesados. Shishou dijo que
debían ser reducidos. Y cuando lo hizo, la Hacienda Imperial estuvo corta de
fondos. No había suficiente dinero para construir un único malecón. Las
hambrunas golpearían, pero no habría nada en los almacenes. Nada sería tomado
de la gente, y nada se les exigiría.
—Sí, bueno…
—Nunca me pareció que el señor Shishou meditara en lo que se usaban
los impuestos, porque estaba mal en que fueran pesados, y por qué era bueno
aligerarlos. Simplemente lo que había agravado el Rey Fu, él lo disminuiría.
Nunca pensó en cuáles serían las causas y los efectos.
Las respuestas se presentaron en la mente de Shuka, pero no sabía cómo
articularlas.
—Creo que es como dijo mi madre. Es fácil criticar a otros.
Especialmente aquellos de nosotros que estamos muy orgullosos de nuestros
elevados ideales. Es muy fácil. Pero ¿tenemos lo necesario para poner esos
ideales en acción? Sospecho que siempre carecimos de la capacidad de arrancar
esos ideales del aire y minuciosamente establecerlos en algo sólido y real.
Observando la mano dura del Rey Fu y diciendo simplemente que debía ser más
ligera es muy ingenuo de nuestra parte.
Seiki suspiró.
—Sí, bajos impuestos es algo bueno. Es un ideal que siempre
anhelaremos. Pero la gente no se beneficia en lo más mínimo. Sufrieron cuando
los impuestos eran pesados. Sufrieron cuando los impuestos se aligeraron.
»Cuando eso ocurre, las políticas deben ser examinadas y analizadas.
Se deben sacar conclusiones y redactar las respuestas. Pero nosotros
simplemente desnatamos la superficie y apenas eso.
Shuka finalmente entendió el argumento de Seiki. Shinshi había
instruido a Shishou repetidamente. La tasa de impuestos apropiada solo podía
determinarse observando de cerca cómo viven las personas y las condiciones
reales a las que se enfrentaban.
Cuando se le preguntó cuánto, se negó a responder. Porque ella
no podía señalarlo en números y decir cuál era la tasa de impuestos adecuada.
Prueba y mira a ver qué pasa, era su única propuesta, a lo que Shishou la rechazó de plano.
Los impuestos que tenían que pagar las personas eran demasiado pesados
y solo deberían reducirse. Esa era su firme posición.
—Creo que el señor Shishou metió la cabeza en
lo que habría sido solo un reino ideal. Estaba al final de ese camino dorado, y
no aceptaría ningún otro. Comenzar a experimentar ahora estaba fuera de
discusión. Su deseo del Shangri-La que vio en el Kasho Kada era
tan fuerte que no podía ceder. Excepto que estas convicciones habían surgido de
sus críticas al Rey Fu y luego se fomentaron en sus sueños.
—Sí, eso fue —se dijo Shuka a sí misma.
La Corte Imperial se derrumbaba ante sus ojos, y solo se habían
contentado con criticar al Rey Fu. Shuka había protestado contra los fuertes
impuestos del Rey Fu junto con el resto de ellos. Sus protestas no eran el
producto de pensamiento cuidadoso, sino del resultado de su justa indignación
de lo que sufrían las personas frente a ella.
Clamaron que los impuestos eran demasiado pesados y debían reducirse.
Pero unas fuertes convicciones por sí solas no ofrecerían soluciones cuando los
impuestos fueran aligerados y no mejorarían la suerte del pueblo.
El curso correcto de acción siempre pareció evidente. Porque el Rey Fu
se había desviado del Camino, simplemente asumieron que todo lo que hizo debió
haber estado equivocado. Había trasnochado en tantas ocasiones pensando en todo
lo que hizo el Rey Fu y hablando acerca de cómo deberían ser las cosas y
soñando con el paraíso.
Sus críticas al Rey Fu habían fertilizado las semillas de los sueños.
Cada error cometido en el gobierno y toda mancha de corrupción que salieron a
la luz los nutrió y formó más concreto en sus mentes. Si el Rey Fu lo había
hecho, entonces ellos debían deshacerlo. Reducir al mundo a una ecuación simple
y descubrir lo que era correcto y lo que era incorrecto se convirtió en algo
sencillo de hacer.
Por más de veinte años habían construido sobre una base formada de convicciones
baratas y habían tenido éxito creando una Corte Imperial aún más frágil que la
del Rey Fu.
—Realmente fuimos incompetentes.
Nunca había entendido qué rayos significaba
realmente un “reino”. No tenían el conocimiento o la dirección necesaria para
gobernar, mientras que todo el tiempo creyeron que lo tenían. Pensaron que
criticar al Rey Fu de alguna manera los había dotado con las capacidades de
dirigir mejor el gobierno, de lo que él lo había hecho.
Shuka se tendió en el suelo, su mano presionada contra su pecho.
Escuchó unos pasos ligeros acercándose. Al sentarse vio la pálida cara de
Shinshi corriendo en el pasillo.
—Shuka… Seiki… dicen que Shishou ha fallecido…
Shuka asintió.
—Se escuchó el canto del faisán blanco. Dejó un testamento para acompañar
su abdicación: “Nada puede ganarse por encontrar fallas en otros”.
Una cruel sorpresa se mostró en la cara de Shinshi. Bajó su cabeza y
enterró su cara en sus manos.
—Así que enmendó su Camino —gimió ella—. Un buen muchacho. Sí, un buen
muchacho.
Por la mirada en su rostro y el tono de su voz, estaba claro que ella
había visto a través de todo desde el principio. Le había enseñado a Seiki que
la crítica no era lo mismo que la reforma. Todo el tiempo se había percatado de
la magnitud de los errores de Shishou. Fue por eso por lo que no había apoyado
a Kouto en primer lugar.
Shuka dijo:
—Sabías que carecía de los requisitos para guiar la Corte Imperial.
Puesto que era tan fácil criticar al Rey Fu, asumimos que sabíamos todo lo que
él no. Desfilando nuestra insensatez, debió haber sido una irritación constante
para ti.
Shinshi se arrodilló al lado de Shuka.
—¡Oh!, yo no iría tan lejos.
—Pero… —dijo Shuka, asfixiándose por el grito de dolor en su garganta.
Su propio estado vergonzoso era exasperante. Ser probada como una
incompetente ya era bastante malo. Pero darse cuenta de que había estado ciega
a sus propias habilidades lo hizo todo peor.
—Atormentarte a ti misma tampoco te beneficiará ni un poco, Shuka. ¿Entiendes
ahora lo que debieron haber hecho entonces?
—No debimos haber tomado la Corte Imperial. Debimos habérsela dado a
alguien calificado.
—¿Y quién podría ser ese? ¿Un reino con un trono vacío todavía
necesita un gobernante, ministros y funcionarios? ¿Y entre más rápido se
instalen mejor?
—Eso es…
Shinshi cubrió la mano de Shuka con las suyas.
—Criticándote a ti misma es, en definitiva, tan productivo como
criticar a otros. Recuerda las palabras de despedida de Shishou. Salar la
tierra solo produce tierra donde nada crecerá.
—Pero…
La compostura de Shuka se disolvió en
lágrimas. El alcance de sus propias deficiencias era doloroso. El alcance de su
propia ignorancia era peor. No sabía qué hacer, o cómo pedir disculpas a la
gente.
—Yo era un miembro de la Corte Imperial también. Y estaba tan fuera de
lugar como el resto de ustedes. No tenía la menor idea de qué hacer con los
impuestos o la organización de la burocracia. Pero aun sabiendo que no sabía
nada sobre el gobierno, acepté el cargo de Taifu. Pero no importa el rey, ¿no
siempre es así al principio de una dinastía?
Shuka levantó su cabeza y parpadeó.
—He escuchado que el Rey de Sou fue una vez un posadero en las
provincias. ¿Crees que él tenía alguna idea acerca de lo que exigía el dirigir
un gobierno? No creo que ninguno de nosotros deba avergonzarse de nuestra
ignorancia. De lo que deberíamos estar avergonzados -de lo que deberíamos
lamentarnos- solo sería de que no mantuvimos nuestras convicciones.
—Nosotros…
—¿Pero no estabas atormentada por las dudas?
¿Por qué realmente no sabías lo que estabas haciendo? ¿Qué estaban cometiendo
un error? Si es así, eso se puede corregir. Como lo hizo Shishou.
—Señora Shinshi…
—Shishou era el Rey. Tenía solo dos medios para corregir sus errores:
reflexionar sobre sus deficiencias y desconocimiento y corregir su Camino, o
decidir que no estaba calificado para el trabajo y abdicar. Shishou eligió el
último. Mis sentimientos personales me dicen que hubiera sido mejor si pudiera
haber reformado su Camino en su lugar. Pero que escogió el último, lo que
también me dice que todavía no tenía que seguir fiel al Camino. Sabía que él
nunca habría permitido que un rey como él permaneciera en el trono.
—¿Porque él carecía de la capacidad…?
—Porque levantó su espada contra su padre y su hermano.
Shuka asintió. Gruñó para sus adentros y cubrió su rostro con sus
manos.
—¿Lo sabías?
—La situación llegó a estar clara después de pensarlo un poco. Así
como quien empujó a Shishou en esa dirección.
Shuka contuvo el aliento, hubo un destello en la mirada de Shinshi.
Luego dijo:
—Seguramente se sintió acorralado, pero lo que Eishuku hizo es
imperdonable. Siento por él como una madre y me culpo a mí misma por no
detenerlo antes de que llegara este momento.
—Señora Shinshi…
—Y tan solo podemos orar para que se encuentre a sí mismo para hacer
lo correcto, que en adelante y para siempre no aumente el peso de sus pecados y
de vergüenza, que nunca más se desvíe del camino recto y estrecho al que se
aferró con tanta convicción.
Al captar el significado de las palabras de Shinshi, Shuka dejó
escapar un grito angustiado.
—¡No! ¡Él no!
Eishuku había dejado la Corte Imperial y se había dirigido al sur.
Shuka intentó levantarse, pero Shinshi la agarró por el brazo.
—Debes contenerte. No pierdas de vista a las personas que realmente
merecen tu simpatía. El destino del resto de la gente todavía está sobre
nuestros hombros. Las personas que han perdido a su rey.
Lágrimas cayeron de los ojos de Shinshi. Pero su aura de determinación
era aún más fuerte.
—Shishou dejó Sai con su Taiho. El trono no se quedará vacío por mucho
tiempo. Al final, Shishou no se olvidó de la carga que llevaba. Si sentimos
lástima de Shishou, entonces no podemos permitirnos olvidarlo. Tendremos un
duelo por Shishou y sufriremos por Eishuku. Pero ahora soportan el peso de sus
pecados y deben expiarlo.
Shinshi se dirigió a Seiki.
—Y tú, Seiki. Ya no puede contentarte con servir como el valet de Shuka,
esquivando todos los demás deberes y responsabilidades. El tiempo de tal
egoísmo se acabó.
—Sí —Seiki respondió mansamente, haciendo una reverencia—. Tu deseo es
mi orden, Kouko.
Shinshi había sido como una suegra de este “Rey Torbellino”, así como
su maestra y mayor influencia. Su porte y semblante dorado se asemejaban al de
un kirin, por lo que un cierto contingente en la Corte Imperial se
refirió a Kouko como “la Suegra de Oro”.
Shinshi respondió con un firme asentimiento. Miró a Shuka y luego como
si la fuerza se hubiera ido de sus piernas, de repente se aferró a ella y
comenzó a llorar. Shuka la atrapó para impedir que cayera. Agarrando el cuello
de la túnica de Shinshi, cerró sus oídos a sus gritos y escuchó pasos
apresurados acercándose.
—¡Señora Shuka, señora Shinshi! —gritó el Shousai.
No tenían que preguntar por lo que venía
a decirles. Seguramente sería la noticia de otra muerte. Shuka creía en su
marido. Silenciosamente, Seiki se puso de pie y rápidamente dejó la sala,
cerrando las puertas detrás de él.

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