UNA CÁRCEL DE LUZ
MENGUANTE
CAPÍTULO 1
Desde detrás de él llegó una quejumbrosa
pregunta:
—¿Papá, eres un
asesino?
Eikou se detuvo
en seco. Por una fracción de segundo, se imaginó un cuchillo en la espada y
giró sobre sí mismo, solo para ver a su hija pequeña allí parada, con sus ojos
inocentes mirándolo.
Riri[1] debió haber entrado desde el jardín, cruzado el pasillo y luego se detuvo a
medio camino. Sostenía un florero de vidrio en sus pequeñas manos. El jarrón
estaba lleno hasta el borde con agua clara, en la que flotaba un lirio blanco
de agua.
Era el final del
verano. Los brillantes rayos del sol golpeaban los aleros que sobresalían,
proyectando oscuras sombras oblicuas en el corredor. La flor que flotaba allí
frente al pecho de su hija parecía brillar con su propia luz interior.
—¿De qué se trata
esto? —Eikou forzó una sonrisa en sus labios mientras se agachaba—. No, yo no
voy por ahí matando gente.
Le dio una
palmadita en la cabeza. Riri lo miró con ojos inocentes. Por un momento,
pareció formular otra pregunta. Pero luego lo miró y respondió con un
asentamiento enfático. El lirio se balanceaba de un lado a otro.
Eikou dirigió su
mirada hacia el jarrón.
—¿Se lo estás
llevando a tu madre?
Una sonrisa
apareció en la cara de Riri, la sonrisa despreocupada de un niño.
—Es para Hogetsu.
El hermano mayor regresa hoy de la provincia de Bou.
—No me digas
—dijo Eikou con una sonrisa—. Bueno, entonces, cuídate.
Riri asintió de
nuevo y se alejó con una expresión decidida en su rostro. Siendo muy cuidadosa
de no derramar nada de agua del jarrón, su expresión era la de alguien que se
disponía a realizar una tarea de gran importancia.
Eikou la vio irse
por el pasillo. Bajando por el camino de piedra blanca aplastada en el patio.
Tres pasos después y ella salió de la sombra de los aleros. Su pequeña forma
fue rápidamente absorbida por la brillante luz del sol. Los contornos de la
pequeña figura en retirada se disolvieron en un blanco brumoso, se volvieron
translúcidos y casi parecieron desvanecerse en la distancia.
Eikou apenas
logró evitar llamarla.
Un momento
después, sus ojos se acostumbraron a la luz. La luz del sol llenó el patio.
Rodeado por edificios en los cuatro lados, no era un espacio grande. En el
medio del patio estaba su pequeña hija, envuelta en los brillantes colores de
su kimono, que todavía llevaba una expresión determinada en su rostro mientras
sostenía firmemente el jarrón.
Eikou dejó
escapar un suspiro de alivio. Pero, aun así, sintió una punzada en su corazón.
Por un breve momento, perder de vista a su hija bajo la hechicera luz del sol,
esa sensación de pérdida que pesaba sobre él se hinchó y se endureció de tal
manera que la sensación se quedó en su interior.
Riri tenía ocho
años, la misma edad que otro niño que una vez vivió en Shisou. El nombre de ese
niño era Shunryou. Era quizá el niño más famoso en Shisou, después de haber
sido asesinado por un bruto animal llamado Shudatsu.
Shisou era la
capital del reino más septentrional de Ryuu. Shisou también era la capital de
la provincia de Saku, y albergaba a los gobiernos de la capital del distrito de
Shingen, la capital de la prefectura de En’i y la sede del condado de Ou.
El alguacil de la
prefectura de En’i había arrestado a Shudatsu al comienzo del verano.
Shudatsu fue
acusado de asesinar a una madre y a su hijo en un paso de montaña no lejos de
Shisou. Los transeúntes oyeron los gritos y corrieron, atrapándolo en el acto cuando
revolvía sus pertenencias en busca del dinero. Fue retenido y entregado al
agente local.
Shudatsu estuvo
implicado en cuatro casos adicionales de asalto con intención de asesinato en
las cercanías de Shisou. Los crímenes eran de naturaleza lo suficientemente
grave como para haber sido entregado a las autoridades del distrito de Shingen.
Aunque los
tribunales del distrito podrían juzgarlo por los cargos, de acuerdo con el
cuerpo de leyes conocido como los Cinco Castigos[2], la
sentencia de delitos graves solo podría tener lugar a nivel del tribunal de la
prefectura o superior.
En consecuencia,
Shudatsu fue transferido al Ministerio de Otoño, en el distrito de Shingen, que
tenía jurisdicción sobre la prefectura de En’i. Allí la acusación fue enmendada
para incluir los cuatro cargos mencionados más otro once.
Junto con el
último doble homicidio, la acusación contenía dieciséis cargos por delitos
graves, todos los cuales incluían asesinato. Las víctimas sumaron veintitrés.
Shunryou fue uno de esos veintitrés.
Nacido en Shisou
de una pareja que tenía una pequeña tienda, Shunryou tenía ocho años. De
acuerdo con todos los que lo conocieron, era un niño completamente normal,
brillante y alegre. Luego, aproximadamente un año antes, su cadáver medio
enterrado fue descubierto en un callejón no lejos de su casa.
El niño había
salido de su casa -que era una tienda dirigida por sus padres- para comprar
algunos melocotones. En un mercado al aire libre cercano, se vio a un hombre
acercándose a Shunryou. Con una actitud indiferente, llevó a Shunryou a un
callejón. No mucho después de eso, el hombre salió solo.
La gente del
mercado conocía a Shunryou desde una edad temprana. No reconocieron al hombre y
debieron haberse preguntado quién era. Pero nada en él despertó más sospechas.
Varias horas más tarde, un residente local que pasaba descubrió el cuerpo de
Shunryou.
El pobre muchacho
había sido estrangulado hasta la muerte, su garganta aplastada.
Nadie conocía a
este hombre que había arrastrado a Shunryou a las sombras. Habiendo asesinado a
un niño tan pronto como lo hizo, no había duda de que había atraído a Shunryou
al callejón con el expreso propósito de matarlo.
Excepto que a
nadie se le ocurrió un motivo para matar a un niño de ocho años, aparte del
dinero que tenía en el bolsillo cuando salió de su casa. Una suma de doce sen.
No podría haber
ninguna razón terrenal para asesinar a nadie por unos miserables doce sen[3].
En ese caso, la única explicación restante era que fue asesinado por el simple
hecho de matar.
Y tan cerca de su
casa, prácticamente en el centro de un mercado al aire libre, a la mitad del
día en medio de un intenso tráfico de peatones locales, el crimen atroz tenía a
Shisou alborotado.
El hecho es que
Shunryou había sido asesinado por unos “miserables doce sen”.
Shudatsu
había visto a Shunryou salir de la casa con las monedas en la mano, lo siguió,
lo arrastró fuera de la vista, lo mató y le robó el dinero. Luego gastó esos
doce sen en alcohol y se lo bebió. Todo el tiempo, Shudatsu tenía cerca
de diez ryou en sus bolsillos, tomados de un anciano y una mujer que
había robado y matado unos días antes.
Esta información,
publicada después de una investigación conducida por el Ministerio de Otoño del
distrito de Shingen, dejó al pueblo de Shisou estupefacto e indignado porque
Shunryou fue asesinado en un crimen tan sin sentido.
Eikou no fue la
excepción.
No podía
comprender el acto. La persona promedio en Ryuu ganaba cinco ryou al
mes. Shudatsu tenía el doble de eso cuando fue arrestado. No necesitaba robar a
nadie por doce sen. Y era un hombre adulto. Sin importar su estatura o
fuerza, un niño de ocho años no era rival para él.
Pudo haber arrastrado al niño al callejón, arrancarle el dinero o
haberlo tomado por la fuerza. Sin embargo, Shudatsu lo mató sin pensarlo dos
veces. Matar sin pensarlo dos veces debió de tener algún sentido para él. La
muerte de Shunryou fue simplemente una más de veintitrés.
Dieciséis
crímenes, veintitrés víctimas.
Eikou se volvió
hacia el escritorio de su estudio y examinó la pila de documentos que contenían
todos los detalles de la acusación de Shudatsu.
Un incidente
ocurrió en una aldea contigua a Shisou, el asesinato de una pareja casada y una
abuela mayor, junto con dos niños.
El crimen ocurrió
a fines del año pasado.
El jefe de la
aldea había regresado al pueblo durante la parte más fría del invierno. Esta
era una práctica estándar, ya que las aldeas existían principalmente para alojar
a los agricultores durante la temporada de cultivo. Esta familia en particular
no tenía una casa en el pueblo, y la vendió para cubrir los gastos médicos de
un niño. Solo ellos se quedaron atrás en la aldea[4].
Shudatsu irrumpió
en la casa, masacró a todos los que estaban dentro y se instaló como si viviera
allí.
Estando en medio
del invierno, algunos vecinos pasaron por allí para ver cómo les iba. Cuando
llamaron a la puerta, los atendió un hombre que no conocían. Cortés y afable,
explicó que la familia había viajado a un pueblo cercano y le habían pedido a
uno de sus parientes que se asentaran en su casa.
Excepto que los
vecinos nunca habían oído hablar de un pariente así, ciertamente nadie en
términos tan familiares. Regresaron a la aldea, pero con estas preguntas en sus
mentes, regresaron varios días después. Una vez más, les dijo que la familia no
había regresado.
Esta vez los
vecinos informaron sus sospechas al alguacil del pueblo. Para cuando llegaron
las autoridades, el hombre había desaparecido. Dentro de la casa, encontraron
los cuerpos congelados de sus ocupantes amontonados al azar en uno de los
dormitorios.
Solo el marido
había desaparecido. En una búsqueda por los alrededores encontraron su cuerpo
en una zanja detrás de la casa. Las huellas en la parte posterior del cadáver
eran las más indignantes, exactamente como si el hombre que había asesinado a
la familia hubiera usado el cuerpo congelado como un puente para cruzar la
zanja y llegar al campo de más allá.
El hombre que
decía ser un “pariente” tenía unos treinta años o algo así. Cabello negro, ojos
negros, y no tenía características únicas excepto por un pequeño y prolijo
tatuaje en su sien derecha compuesto de cuatro caracteres.
“Kin Dai Nichi In”.[5]
El tatuaje era
hecho por un castigo por un crimen, prescrito como parte del proceso de
sentencia.
A un criminal que
cometía un delito grave como el asesinato se le afeitaba la cabeza y se le
tatuaba. El tatuaje se desvanecía en una década. Si cometía un crimen similar
en ese lapso, su cabeza era tatuada nuevamente. Una tercera ofensa grave
resultaba en un tatuaje en la sien derecha.
El tatuaje
siempre consistía en cuatro caracteres que explicaban cuándo y dónde se juzgaba
al convicto y quién era. Kin significaba que el juicio se había llevado
a cabo en la provincia de Kin. Dai representaba el año. Nichi
indicaba la prisión donde cumplió su sentencia. In funcionaba como una
especie de número de serie.
Con esta
información a mano, los antecedentes y la identidad del hombre se rastrearon
rápidamente. Su supuesto nombre era Shudatsu. Su nombre completo era Ka Shu.
Nació en la provincia de Dou, en el norte de Ryuu. Había sido juzgado por
crímenes en la provincia de Dou, la provincia de Shuku, y la provincia de Kin.
El cargo en cada caso fue asesinato.
El primer caso
fue por robo y asalto agravado. La víctima murió como resultado de los golpes
que Shudatsu le dio. El incidente en la provincia de Shuku comenzó como un
robo. La víctima murió durante la lucha posterior. Esta fue la única vez que
Shudatsu no se había propuesto matar a alguien. El motivo fue, como siempre,
dinero.
Al leer los
archivos del caso en su escritorio, Eikou se encontró suspirando una y otra
vez. Junto con las penas y castigos impuestos por el juez sentenciador, el
proceso debería alentar a un convicto a reconocer sus crímenes y reformar su
camino. Excepto que el duro servicio no significaba nada Shudatsu.
Solo seis meses
después de completar una sentencia de seis años en la provincia de Kin, cometió
otro delito grave. En los dos años transcurridos desde entonces, su hoja de
antecedentes penales acumuló dieciséis cargos más.
Con base en los crímenes enumerados en la acusación, Shudatsu fue
juzgado en el tribunal del distrito de Shingen. Pero los casos serios de esta
naturaleza tuvieron que ser adjudicados por al menos la próxima jurisdicción
superior. Entonces, según el precedente establecido, Shudatsu fue trasladado al
tribunal provincial.
Allí fue
nuevamente encontrado culpable. Cuando el tribunal provincial prevaleció
durante la fase de sentencia, Shudatsu fue transferido al poder judicial
imperial para ser juzgado por tercera vez. Con los resultados de ese juicio en
la mano, y después de consultar con sus Magistrados de Sentencia y Clemencia,
el presidente del tribunal pronunciaría la decisión final.
En resumen, Eikou sería el que emitiría
el veredicto.


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