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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

martes, 16 de mayo de 2023

El Niño Demoníaco - Capítulo 6

 

CAPÍTULO 6

 

 

 

Hirose fue despertado por el sonido de un ruidoso despertador. Cuando abrió los ojos, vio que Takasato ya se había levantado y estaba sentado junto a la ventana, mirando el camino de cemento.

—Buenos días… —dijo Hirose y Takasato sonrió y respondió con un “Buenos días” —. Realmente te despertaste temprano. ¿Cuándo te levantaste?

—Recién.

Su cuerpo se sentía pesado, Hirose se incorporó lentamente.

—¿Dormiste bien? —preguntó Hirose mientras se levantaba.

Takasato asintió y dijo:

—Sí.

—Probablemente no estés acostumbrado a dormir en la casa de otros, ¿eh? —preguntó Hirose.

Takasato ladeó la cabeza diciendo:

—De hecho, fue mejor que dormir en casa.

—¿De verdad?

—Podía oír el sonido de las olas —Hirose asintió y Takasato sonrió—. Me dormí oyendo las olas.

—Ya veo —dijo Hirose mientras se levantaba para lavarse la cara. Con la mente confundida como si estuviera envuelta por una delgada niebla, intentó decidir si los eventos de la noche anterior habían sido reales o un sueño.

…no había sido un sueño.

Llegó a esa conclusión mientras se limpiaba la cara con una toalla, y cuando volvió a la habitación de seis tatamis de ancho, Takasato ya había terminado de doblar el futón.

—Siento molestarte.

—En lo absoluto —Takasato sonrió mientras estiraba su mano para tomar el uniforme que estaba colgado en el dintel.

—Takasato —lo llamó Hirose. Takasato se detuvo y lo miró—. Creo que por ahora sería mejor que no volvieras a la escuela.

Takasato lo miró, Hirose sonrió secamente.

—Siento que es lo mejor esperar hasta que esos idiotas se hayan calmado.

Pensó que el agitado estado de ánimo de los estudiantes debería haberse calmado un poco por el incidente de ayer. No sería gran cosa si el resentimiento que se levantó por el horrible final de Iwaki y las otras muertes asociadas con Takasato fueran puramente una excepción, o si esto solo agregara otro negativo rumor, pero el shock de haber matado personalmente a uno de sus compañeros causó que perdieran el control de sus emociones. Utilizaron la posibilidad de colgar a Takasato para disminuir el shock en sus mentes. El pasar de una noche debería ser suficiente tiempo para calmarlos, y deberían tener tiempo más que suficiente ahora considerando si lo que habían hecho estaba bien o mal.

…y entonces, entenderían lo horrible que fue.

Seguramente comprenderían que, si lastimaban a Takasato, verían los resultados de la venganza. Seguramente se darían cuenta que no podrían salir bien de haber empujado a Takasato por la ventana.

Quizás por detectar el punto de vista de Hirose, Takasato asintió, y mientras él lo hacía, suspiró levemente.

  

 

Dando vueltas por delante de las puertas de la escuela había dos o tres personas que probablemente tuvieran algo que ver con la radio o la televisión, pero en comparación con ayer, el número obviamente había disminuido. Aún faltaba un poco para que comenzaran las clases, y el patio interior antes de que los estudiantes asistieran a clases estaba en silencio.

La reunión matutina de todos los días comenzó treinta minutos antes de lo usual. Los rostros de los miembros del comité tenían un color bastante extraño. El director transmitió con severidad que tenían que calmar la agitación en la mente de los estudiantes lo más pronto posible y reacomodar el horario de la escuela como pudiesen. En cuanto al accidente de anteayer, se había producido simplemente debido a los errores de los directamente involucrados, y, por lo tanto, prohibió la transmisión de rumores irresponsables.

La formación como educador de Hirose terminarían pasado mañana. El día siguiente, un viernes, y en el día siguiente a ese, un sábado, se ajustarían los plantes establecidos y procederían con la publicación de la investigación. Después de la reunión de esa mañana, los futuros docentes se reunieron en la sala de descanso, y los directivos de la escuela pidieron firmemente que, aunque el período de entrenamiento hubiese terminado, no se hablaría inapropiadamente.

En su regreso al salón de química luego de escuchar el anuncio, un miembro del comité lo llamó frente a la oficina.

—¿Es usted el maestro Hirose? —Era un miembro del comité femenino ya pasada la adultez. Su rostro lleno de pómulos transmitía una mirada de angustia intensa—. ¿Puedo pedirle que le transmita esto al maestro Gotou? Son las notificaciones faltantes.

El tutor de segundo año estaba en medio de una reunión. Hirose asintió y tomó el memo. En el pequeño pedazo de papel figuraban seis nombres. Había nombres solo en la parte superior, sin razón de sus ausencias. Entre ellos seguramente estaban aquellos que temían volver a la escuela y se reportaron enfermos, pero no se podía asumir que este era el caso para todos ellos.

Hirose regresó al salón de química y esperó a Gotou. Le entregó el papel una vez que regresó de la reunión. Gotou frunció el ceño, pero no dijo nada en particular.

—También voy a dejar que Takasato se tome algunos días libres.

Respecto a eso, Gotou tampoco dijo nada, y se limitó a asentir débilmente.

  

 

Hirose caminó con Gotou al aula.

—Está tan tranquilo —aunque el primer timbre ya había sonado, la escuela estaba sorprendentemente calma. Gotou se detuvo y miró a su alrededor.

El clamor de los estudiantes no se oía en la escuela. En la quietud, más allá de donde los ojos podían ver, parecía haber ruidos de conmoción. Era un ruido de olas, como si crearan un sinnúmero de tenues voces.

—Parece que todos están extremadamente nerviosos…

—Quizás.

Por alguna razón, Hirose y Gotou también hablaban en voz baja. La ansiedad permanecía en la escuela y presionaba fuertemente sobre la gente. No había forma de romper de manera casual este tipo de silencio.

En toda la escuela, la clase 2-6 estaba aún más solitaria e inmóvil. Todos los estudiantes debían estar en el aula, y además, cada uno de ellos parecía estar conteniendo la respiración, sin hacer sonido alguno. Mientras Hirose se preguntaba si abrir la puerta o no, Gotou levantó la mano. Suspiró y abrió la puerta, poniendo cara de que no pasaba nada. Repentinamente, la atmósfera de la habitación cambió, y los ojos de los estudiantes lo miraron.

—¿Qué pasa? ¿Por qué están tan tranquilos? —Gotou miró a toda la clase. Alrededor de un tercio de los asientos estaban vacíos—. Pocos ausentes. Hirose, pasa lista.

Gotou dijo aquello con su usual fuerte y claro tono de voz, y Hirose asintió a regañadientes. Se acercó al podio y llamó los nombres. Cuando llegó al nombre de Tsuiki, obtuvo una respuesta y no pudo evitar mirar. Vio ese rostro que no había visto en mucho tiempo.

Después de que terminó, descubrió que un total de once alumnos estaban ausentes. Aquellos con notificaciones de ausencia, incluyendo a Takasato, eran siete. Los restantes cuatro no habían contactado a la escuela por sus propios medios.

—Hirose —lo llamó Gotou. Hirose asintió y bajó del podio. Gotou se paró junto al podio y encuestó a la clase—. La escuela no los va a castigar. Sin embargo, no ser castigado no significa que lo que hicieron simplemente desaparecerá. Este asunto está concluyendo como un accidente.

El aula entera se llenó de una atmósfera de alivio.

—Takasato admitió que se cayó por no haber sido cuidadoso… Ustedes, piensen bien en eso.

Al oír eso, los estudiantes apartaron conscientemente la vista. Gotou suspiró levemente. El ambiente del aula no cambió en absoluto. No había forma de que las palabras de Gotou hubieran aliviado la ansiedad en los corazones de los estudiantes.

“Por supuesto”, pensó Hirose. “Los corazones de los estudiantes estaban acurrucados por el miedo extremo. El nerviosismo en el aula surgió de manera natural por el miedo. A lo que le temían no era el castigo de los directivos de la escuela, sino de la venganza directa por haber herido a Takasato. Eso es a lo único a lo que le tienen miedo”.

  

 

Gotou dijo que tenía que ir a la oficina a hacer algunas llamadas, por lo que Hirose volvió al salón de química por su cuenta. No tenía clases en el primer período. Miró distraídamente la libreta de entrenamiento en la que había escrito, y después de un rato, Gotou regresó. Cuando entró en el salón de química, se desplomó sobre la silla como si estuviera paralizado y Hirose le entregó una taza de café que había preparado.

—¿Cómo fue? ¿No hiciste llamadas a las casas de los estudiantes ausentes? —preguntó Hirose. Gotou exhaló un profundo suspiro.

—Tres de ellos fueron lastimados en accidentes. Cuatro están tomando el día por enfermedad, dijeron tener dolores de cabeza o de estómago. Los otros tres no dieron detalles.

“De manera que algo sucedió”, reflexionó Hirose para sí.

—¿Cuál es la situación de los que resultaron lastimados?

—Uno de ellos cayó del balcón de su casa y solo sufrió heridas menores, por lo que no fue nada serio. Otro se cayó en el espacio entre la plataforma y el tren, obteniendo solo unos pocos rasguños. El otro se cayó por las escaleras y está en el hospital por fracturas de huesos complejas.

Todos ellos habían caído desde algún lugar, al igual que Takasato por la ventana. Hirose tuvo una profunda reacción por esto.

—Hirose, ¿cómo lo ves?

Al oír la pregunta de Gotou, Hirose lo miró.

—¿Crees que es la maldición de Takasato?

A Hirose lo tomó desprevenido. Dudó por un rato, y luego respondió honestamente.

—Creo que si fueron por accidente…

Gotou sacó una sonrisa burlona.

—Si lo dices así parece que no creyeras que fueron solo accidentes.

Hirose asintió.

—Mi intuición natural me dice que Takasato es inocente. Él no es ese tipo de persona, incluso habiendo sufrido tanto.

—A veces quienes sufren tanto, arremeten violentamente por un instante —interrumpió Gotou.

—Entiendo eso. Pero no usaría ese tipo de métodos violentos. Pienso que no es la clase de persona que desearía la muerte o el sufrimiento de las personas.

—¿Por qué?

Hirose habló en un tono tranquilo y confiado.

—Porque él es así.

Gotou levantó las cejas mientras miraba a Hirose.

—Señor Gotou, usted dijo que yo sería capaz de entender a Takasato, y estoy bastante seguro de que puedo. Takasato es alguien que perdió su tierra natal.

—¿Perdió… su tierra natal?

—Takasato no recuerda qué pasó cuando desapareció misteriosamente. Pero se dice a sí mismo que ese lugar lo hizo sentir muy feliz. Igual que yo. Las ilusiones se apoderaron de nosotros por igual.

Gotou permaneció en silencio e instó a Hirose a que continuara, sin decir una palabra.

—Nuestras ilusiones son que en este mundo no deberíamos existir. Cuando estoy en desacuerdo con el mundo, no hay forma de que odie al mundo… al menos, es algo que no me atrevo a hacer. Anteriormente pensé: “¿Por qué es así? ¿Por qué las cosas no son más suaves y fáciles para mí?”. Me dije a mí mismo que debía ser porque no era de este mundo, así que no me puedo mezclar en este mundo. Esto siempre estuvo muy forzado.

—Hmm.

—Solo hay una cosa que deseo y esa es regresar a mi hogar. Desde que era un niño, siempre he discutido con mi madre, pero nunca deseé su muerte. Simplemente pensé: “quiero volver”, y eso es todo.

—¿No crees que es algo que todo el mundo haya pensado antes? —preguntó Gotou—. No son solo ustedes. Cuando era joven pensé lo mismo. Aunque, para ser honesto, antes, realmente odiaba a la gente. En silencio, llamé a los otros bastardos, tantas veces, incontables.

Hirose suspiró.

—Lo entiendo, pero nuestra situación es un poco diferente. Una vez estuve al borde de la muerte. En ese momento, estaba seguro de haber visto esas llanuras. En mi corazón, era definitivamente real. Takasato estuvo perdido un año de su vida. No importa si realmente hubiera desaparecido por un año o que ese año hubiera desaparecido de su memoria. Ese pudo ser un tipo de ilusión, pero esta no es una ilusión sin fundamentos. Y, además, estas ilusiones nos permiten hacer frente a la realidad, nos permiten primero que nada tener las intenciones de huir.

Gotou miró fijamente a Hirose e inmediatamente miró hacia otro lado y murmuró para sí:

—¿Así que esto no es una cuestión de que está en el interior y qué en el exterior?

—¿Interior y exterior?

—Ah, no importa.

—Incluso si estos accidentes tienen algo que ver con la caída de Takasato, no tienen nada que ver con su deseo particular. Tan solo es…

Hirose hizo una pausa. ¿Cuál sería la mejor forma de abordar el tema? El brazo blanco que de pronto aparecía alrededor de Takasato. La inusual mujer que vio la noche anterior. Aunque sabía muy claramente que había estado cara a cara con esa mujer, no creía que Gotou fuera capaz de entenderlo.

Algo, que se mantenía junto a Takasato, existía. ¿Era eso lo que administraba los actos de venganza una y otra vez, y no era Takasato? ¿Era la mano que agarró la pierna de Tsuiki de la mujer?

Hirose se quedó consumido en la contemplación, esta vez, mirando al techo. Gotou habló.

—¿Cuántos más crees que serán heridos?

—¿El número de personas o el grado de las lesiones?

—Ambos.

Hirose suspiró. Basándose en ejemplos: Tsuiki solo había sacado a colación el tema de la desaparición misteriosa y Hashigami solo había incitado a Takasato. Como resultado, ambos habían sufrido venganza de gran grado. Incluso sin considerar la muerte de Iwaki, Hirose ya imaginar que el grado de la venganza, sería incomparablemente extraordinario.

—Creo que quizás todos los que estuvieron ahí en su momento van a sufrir algún castigo. En términos de gravedad de las heridas, serán extremadamente brutales.

—¿Cómo la de Iwaki? —Por el tono de Gotou podía entenderse que no había otra alternativa. Hirose no se atrevió a responder fácilmente.

—Ellos realmente se sobrepasaron, lo admito. Sin embargo, estaban muy alterados. Cuando las personas en un grupo comienzan a perder el control, aquellos involucrados no tienen forma de contenerlo. Digamos que se contuvieron, entonces a veces se volvería más peligroso. Hirose, probablemente tú lo entiendes, ¿verdad?

Hirose sacudió la cabeza. Podía entender el análisis de Gotou, pero no podía aceptarlo. Ese algo que estaba junto a Takasato probablemente no evaluara todo tan cuidadosamente. Justo como las acciones que se tomaron en contra de Iwaki, eso no parecía tener misericordia, pena o corazón.

Gotou miró a Hirose como si estuviera esperando el veredicto. Hirose sacudió la cabeza nuevamente. Gotou exhaló un profundo suspiro, y luego un largo silencio.

—…temo por Takasato, Hirose —dijo Gotou con voz aislada.

Al oírlo, Hirose levantó apresuradamente la cabeza. Se quedó mirando al estático Gotou, quien miraba el cielo raso.

—En el salón de química existe una gran variedad de personas que van y vienen. Incluso si algunas de ellas actúan extrañas no hay duda de que son humanas. Pero Takasato… no lo sé. Realmente no puedo analizar el verdadero rostro de Takasato. Es en la medida de que no sé lo que está pensando. ¿O es que no piensa nada en absoluto? Es demasiado anormal. Siendo honesto, me hace sentir incómodo.

—Señor Gotou…

—¿Es extraño oírme decir estas cosas?

—Mucho.

Gotou sonrió ligeramente. Después se recostó poco a poco en la silla y observó el techo.

—Ya veo.

—¿Qué cosa?

—No recuerdo cuando ocurrió. Probablemente fue en el comienzo del primer período. Después de la escuela, estaba paseando por el patio de la escuela y pasé junto a la entrada de un aula —Gotou hizo una breve pausa—…el cielo ya había comenzado a oscurecerse. Alguien permanecía en el aula, y esa persona era Takasato. Estaba a punto de llamarlo, pero no pude pronunciar sonido alguno. Fue porque había visto algo extraño.

Hirose sintió su corazón latir más rápidamente.

—Takasato estaba sentado en su propio asiento, y había algo junto a su mano.

—¿Qué… era?

Gotou asintió, y luego se paró para abrir la taquilla de la cual sacó un cuaderno de bocetos. Pasó las páginas buscando un dibujo, dejando que Hirose lo viera.

Las brutas líneas fueron dibujadas a lápiz, y habían sido coloreadas en acuarela. Sin embargo, no podía decir qué era. Incluso el esquema tenía varias zonas vacías, no comunicaba ninguna forma.

—Me concentré lo más que pude, pero aún no sé lo que era. Sabía que debía haber algo ahí, pero no podía decir qué era. El tamaño de esa cosa era tan grande como el de un perro, y estaba agachado a los pies de Takasato. Esa es toda la impresión que tengo en la cabeza.

Hirose miró el dibujo y le hizo pensar en el dibujo que había hecho Takasato.

—Después de que volví aquí, lo dibujé inmediatamente, pero al final solo dibujé eso. No puedo captar su forma.

Hirose simplemente se limitó a asentir continuamente.

—Sentí que esa cosa estaba acurrucada junto al pie de Takasato, y Takasato tan solo miraba por la ventana. Entonces un brazo apareció de las oscuras zonas del escritorio.

Una vez más, su corazón latió fuertemente como si estuviera a punto de emerger por su garganta.

—Era el brazo blanco de una mujer, no había duda alguna. Parecía estar desnudo hasta el antebrazo, el brazo de una mujer tallado en mármol. Apareció por la parte superior del escritorio. Descansó sobre la mesa mientras intentaba tomar la mano de Takasato. Sin embargo, tanto bajo la mesa como en el escritorio no podían verse ninguna forma humana.

“Era esa mujer”, pensó Hirose. ¿Qué nunca había visto ciertas sombras en el aula? ¿No era eso lo que Gotou estaba mencionando?

—Takasato no parece ver el brazo. Sin embargo, estaba sonriendo. En el momento en el que el brazo hizo contacto con él, estaba definitivamente sonriendo. El brazo inmediatamente retrajo, y al mismo tiempo, lo que estaba junto a su pie se hundió en el suelo.

Hirose no dijo nada.

—Honestamente, estoy muy contento de que te hayas interesado por Takasato. Tenía miedo de que, si yo me dejara llevar por todo eso, no podría soportarlo.

Hirose no respondió, y Gotou sonrió con amargura, diciendo:

Yo pensé que, si tú escuchabas la historia de la desaparición misteriosa, ¿te habrías interesado por Takasato? Yo no puedo entenderlo. Su pasado es demasiado confuso, y eso me hace sentir incómodo… Pero sentí que tú quizás tendrías un tipo diferente de respuesta.

Hirose se limitó a asentir.

—¿O también le temes a Takasato? —preguntó. Hirose sacudió la cabeza.

—No. Nunca pensé en eso —al decir esto, Hirose, por alguna razón, sonrió—. Takasato y yo pertenecemos al mismo mundo. Creo que de toda la gente que he encontrado, él es mi única compañía.

Gotou no dijo nada. Excepto que en el momento en que Hirose dijo esas cosas, su rostro reveló una expresión extremadamente complicada. Hirose le dedicó una mirada curiosa, pero él negó con la cabeza. Como si de repente hubiera perdido interés en el tema, se levantó.

—¿Señor Gotou?

Gotou no lo miró. Se limpió las manos con la toalla a la cintura, y luego se dirigió silenciosamente al caballete. Cruzó los brazos y miró por encima del lienzo.

Hirose suspiró, y cuando abrió su libreta de entrenamiento, Gotou finalmente habló.

—Hirose, ¿puedes hacer algo mal educado por mí?

  

 

El segundo período de ese día era de química, y fue en una clase compartida entre los cursos 2-5 y 2-6. Durante el recreo el representante de la clase 5 fue a preguntar sobre las instrucciones de la clase. Hirose le informó que la clase siguiente iban a usar el laboratorio, y al mismo tiempo, le pidió al representante que se lo comunicara a la clase 6. Luego, él mismo fue al laboratorio y se paró junto a la ventana, mirando el campo de deportes.

Cerca del campo de deportes había un pequeño montículo de arena. Los ramos de flores ya no podían verse allí. Iwaki había tenido química, y antes de que la clase comenzara, Gotou le había pedido que lo ayudara a dibujar una línea. Dibujó una larga línea en la lista de asistencia sobre Iwaki. Esto significaba que nunca volvería a asistir a clases. Hirose usó un bolígrafo y una regla para dibujar la línea, y por alguna razón, pensó en el toque de esa mano. Al mismo tiempo, pensó que después del período el entrenamiento terminaría, iría a la casa de Iwaki y prendería un incienso para él. Debido al lío que se había producido previamente, Hirose no había sido capaz de asistir al funeral de Iwaki.

Los estudiantes de la clase 5 llegaron un poco después, y con su ayuda, Hirose comenzó con los preparativos previos a los experimentos. Justo cuando los utensilios estuvieron listos, la campana de clases sonó, pero ninguno de la clase 6 se presentó.

Hirose se sintió incómodo.

—Voy a ver lo que está pasando —le dijo Hirose a Gotou.

Pero Gotou le respondió.

—Iré yo mismo.

Y luego salió del laboratorio. Hirose escribió el procedimiento en la pizarra, pero estaba muy distraído. Después de que terminó de escribir, Gotou trajo solo a cinco alumnos con él, uno de los cuales era Tsuiki.

—Hirose, ven aquí un minuto —Hirose fue llamado al salón de química por Gotou.

—¿Qué está pasando? ¿Dónde está el resto de los estudiantes? —preguntó Hirose en voz baja. Gotou también respondió en voz baja.

—Es un boicot. Dijeron que hay cosas muy peligrosas en el laboratorio. No quieren venir.

Al escuchar eso, supo que tenían miedo de la venganza.

—Cuando fui, todo lo que vi fue a Tsuiki parado frente del aula, como si hubiera sido echado de allí. Los sermoneé en voz alta. “¿Realmente se van a saltear la clase?”. Pero solo pocos salieron. El resto está boicoteando.

—¿Qué hacemos? —preguntó Hirose. Sin saber qué hacer, Gotou suspiró.

—Por hoy, ¿por qué no solo lo dejamos pasar? ...no hay otra forma.

Hirose solo pudo asentir.

  

 

Excluyendo a Iwaki, había diecisiete alumnos de la clase 6 que tenían química. Los otros veintidós habían elegido biología. Cuando necesitaban utilizar el aula, se había arreglado que biología tomaría lugar en el aula 5, y química en la 6, por lo que, biología debía de estar teniendo lugar en el aula de la clase 5 o en el laboratorio de biología. Entre los dieciocho estudiantes que tenían química, solo cinco se presentaron en el laboratorio. Luego, teniendo en cuenta que otros cinco habían faltado, un total de siete estudiantes permanecieron en el aula.

Mientras Hirose procedía con las instrucciones para el experimento, pensó en ello. Luego, repentinamente, un intenso ruido se escuchó desde algún lugar. Era el sonido de personas gritando fuertemente. Hirose y Gotou detuvieron a los alumnos que se levantaban para correr hasta el pasillo. El gimnasio estaba justo frente a las ventanas del pasillo, y se podía ver a la derecha del edificio de clases. Puede haber sido la clase de gimnasia. Alumnos y sus respectivos profesores se habían reunido frente a la puerta del gimnasio. Todos estaban mirando hacia arriba y gritando continuamente. Cuando Hirose siguió las líneas de sus miradas, no pudo evitar jadear. Vio varias figuras en el techo del edificio.

Hirose se sintió mareado e inmediatamente se agarró del marco de la ventana. Quería apartar la mirada, pero no pudo.

Las uniformadas figuras estaban perfectamente alineadas en el borde del techo, como si solo una ráfaga de viento pudiera hacer que perdieran el equilibrio y hacerlas caer en picada.

La entrada al techo siempre había estado prohibida para todos los estudiantes, por lo que no había barandilla para que hiciera una separación allí. En ese agitado momento, ya no era importante cómo habían abierto la serie de candados para abrir la puerta. Los estudiantes alineados parecían haber sido atados entre sí con una soga. Aunque viéndolos desde lejos, se puede ver que se trataba de las corbatas que formaban parte del uniforme. Hirose inconscientemente contó el número, y cuando llegó a siete, estuvo seguro de que se trataba de los alumnos de la clase 2-6.

“¡No!”, gritó internamente. “¡Tenemos que detenerlos! ¡Debemos! ¡Necesitamos pensar una forma de salvarlos! Pero… ¿qué podemos hacer?”. No había tiempo. No había nada que Hirose pudiera hacer. Incluso si corría hacia allí justo en ese instante, sería demasiado tarde. “¿Qué hay que hacer? ¿Qué puede hacerse?”.

La ansiedad en su corazón congeló todo su cuerpo. Todo lo que podía hacer era mirar a esas siete personas. Se sintió mareado, y su corazón que latía incesantemente le hizo sentir que se ahogaba.

Entre los estudiantes que, como escultura, estaban originalmente inmóviles, uno, que estaba en la izquierda, de pronto se movió. Los pensamientos de Hirose dieron un brinco, y luego su mente se puso en blanco. Ese chico perdió el balance como si hubiera sido empujado desde atrás. Hirose lo escuchó gritar algo, y el resto de los estudiantes que habían sido atados con sus corbatas, se balancearon con él como una gran ola que se eleva. “¡Ah!”, pensó Hirose. Después suspiró, no sabía qué decir. No pudo evitar cerrar los ojos, y no tenía la intención de cubrirse los oídos, pero todos los gritos a su alrededor se desvanecieron para él.

Cuando abrió nuevamente los ojos, ya no podía ver figura alguna en el techo.

  

 

Hirose no pudo recordar la conmoción que surgió después del incidente, mientras pasó ese confuso instante. Cuando regresó en sí, descubrió que estaba aturdido, sentado en el salón de química.

Sintió como que hubiera soñado despierto y luego despertado repentinamente. Su sentido de realidad era muy delicado, y lo único que podía entender era que no estaba soñando.

Además de Hirose, no había nadie más en el salón de química. ¿Dónde había ido Gotou? De pronto recordó que estaba en el medio de preguntar qué había pasado. Y luego pensó: “¿Por qué no me llamaron hasta allí?”. Luego recordó que Gotou lo vio a punto de perder el conocimiento, por lo que le ordenó que se quedara y descansara.

Partes de su memoria continuaron llegando, y contenida entre ellas, en su mente: siete personas alineadas en el techo, el resto de los estudiantes mirándolos, sus corbatas grises que ataban sus muñecas, el laboratorio que se había convertido en un pánico, la ambulancia, la policía, los estudiantes que habían sido conducidos fuera de las puertas de la escuela, los gritos, el alboroto, los tres murieron en la escena, los cuatro que estaban gravemente heridos…

Hirose se tomó la cabeza, y un sollozo sonido llegó a la parte superior de su garganta. No tenía medios para detener el alza de dolor que brotaba, debido a que una pregunta repentinamente llegó a su cabeza.

“¿Cómo podía decirle a Takasato?”.

“¿Cuál era la mejor forma de decirle?”. Takasato mismo debía de saber que algo iba a suceder. Debió haber tenido una idea de ello. Porque, en ese instante cuando Takasato se cayó por la ventana, los acontecimientos de hoy ciertamente ya habían ocurrido. Aunque este fuera el caso, ¿cómo iba a hablarle de la tragedia?

Durante un tiempo, Hirose buscó en su mente las palabras adecuadas, y luego una risa se le escapó. Su estado de ánimo estaba totalmente inclinado hacia Takasato, porque le importaba más Takasato que los otros siete estudiantes, incluso a pesar de que los siete estudiantes que habían saltado del techo, aún había cuatro que actualmente se debatían entre la vida y la muerte.

La sonrisa en su rostro se volvió amarga. Todo lo que Hirose podía hacer era continuar sonriendo amargamente para sí mismo.

  

 

Hirose no volvió a casa hasta después de las nueve. Takasato estaba sentado junto a la ventana con un libro en su regazo. Sin embargo, sus ojos miraban fuera de la ventana.

—Bienvenido.

El sonido de su saludo era reservado y tieso. Hirose intentó lo más que pudo pensar en algo apropiado que decir, pero no pudo. Titubeó un rato, por lo que Takasato habló de nuevo.

—Volviste muy tarde.

—Sí…

—¿Hubo… una reunión? —preguntó Takasato forzadamente. Parecía pensativo. Hirose pensó: “Él lo sabe. Sabía que la venganza sucedería”.

Hirose asintió y señaló el exterior.

—¿Por qué no vamos a comer? Probablemente estés hambriento.

Se dirigieron a una cafetería abierta hasta tarde y consiguieron algo para comer. Hirose realmente no tenía apetito y Takasato parecía estar igual. En el camino de regreso, Hirose le preguntó a Takasato si quería pasear. Una luna había salido y una fuerte brisa provocaba que las nubes se movieran.

Estaban caminando por el camino junto a la presa, y después de un rato, llegaron a la amplia boca del río. El río era ancho, pero después de un largo período de sedimentación, los sedimentos habían hecho que el agua fluyera solo por la mitad del área del río. Probablemente también tuviera algo que ver la marea baja ese día. La oscura agua se deslizaba por el barro negro que parecía tener la mitad del ancho del río. Cerca o lejos, el agua del mar se veía oscura. La reluciente agua fluía sobre el brillante lodo.

—¿Cuántas personas… murieron? —preguntó Takasato mientras permanecía de pie en la parte superior de la presa, mirando el mar.

—Al final, fueron cinco. Los otros dos aún están en coma, aunque dicen que es solo cuestión de tiempo.

—¿Qué pasó?

—No lo sé.

—¿Fue un accidente? —preguntó Takasato. Hirose negó con la cabeza.

—No lo sé realmente. Por alguna razón, los alumnos que se habían negado a ir a las clases de química y se quedaron en el salón, de un momento a otro, saltaron del techo. La distancia de allí hasta abajo es de cuatro pisos, probablemente doce metros o incluso más. Tres murieron allí, y el resto quedó inconsciente, sin siquiera despertar en ningún momento. Uno de ellos murió así, sin abrir los ojos. Nadie sabe lo que pasó en realidad.

—Se supone que no se puede subir al techo.

—Sí. Pero lo vi yo mismo, y parecía que la puerta estaba abierta. En cuanto a por qué estaba abierta, eso nadie lo sabe.

—¿Realmente saltaron por su cuenta?

Hirose suspiró. Una brisa sopló y se llevó su aliento, deslizándose desde la parte superior hacia el barro negro.

—Lo vi con mis propios ojos, Takasato, el momento en el que saltaron con sus cuerpos en posición vertical. Hubo muchos más que presenciaron la escena. Parecía como si algo los hubiera empujado, pero no podía verse nadie más. En cuanto a toda esta situación, solo puede decirse que se trataba de un suicidio colectivo.

Takasato se quedó en silencio por un momento. La húmeda brisa pasaba suavemente sobre el mar nocturno. El movimiento del aire era muy rápido, fue entonces que recordó a alguien diciendo algo acerca de un frente de presión baja.

—¿Fueron solo siete personas?

—Otros tres salieron heridos, pero no tuvieron heridas serias. Supongo que fueron solo siete —“Por ahora”. Hirose se tragó esas palabras con fuerza.

—¿Fue todo culpa mía? —era una voz tranquila y solitaria.

—No fue por tu culpa.

—Si hubiera huido, nada habría pasado.

Hirose lo miró. Takasato estaba mirando más allá de la presa.

—Si me hubiera resistido fuertemente y escapado de ellos, entonces quizás nada hubiera ocurrido. Si no me hubiera dejado empujar obedientemente, si hubiera peleado y corrido, entonces nada hubiera sucedido. Si lo hubiera hecho, entonces al menos podría haber…

—No creo que pudieras haber corrido lejos de ellos.

—Pero…

—Incluso si hubieras escapado, a lo sumo habrías salido golpeado. Al igual que el maestro estudiante X, quien habría ido y tratado de detenerlos —dijo Hirose. A Takasato se le escapó una leve sonrisa, la cual inmediatamente despareció.

—Sin importar qué, la situación no hubiera cambiado. No fue tu culpa.

Ellos habían dicho que tenían miedo de ir a la clase en el laboratorio, que había muchísimas cosas peligrosas, por lo que se negaron a ir a clase. Al igual que los mecheros Bunsen[1] o los químicos, había demasiadas cosas con las que un pequeño error podría tomarse en accidente.

Cuando Gotou fue a buscar a los estudiantes, vio a Tsuiki de pie, solo, en el pasillo. Tsuiki ya lo había verificado previamente. Había dicho que, cuando un alumno de la clase 5 llegó para decirles que la clase sería en el laboratorio, y se levantó para ir, ninguno de los otros se movió. Se quedó parado en la puerta mirándolos y preguntando: “¿No van a ir al laboratorio?”. Entonces fue empujado fuera del aula y le cerraron la puerta. Y así fue como quedó parado afuera en el pasillo, esperando ver que alguno saliera.

También había dicho que el estudiante que lo empujó fuera del aula le dijo: “No estabas allí. Considérate afortunado”.

El día en el que empujaron a Takasato, Tsuiki no estaba allí. El hecho de que le temiera a Takasato y se hubiera negado a ir a la escuela había salvado la vida de Tsuiki. Pensar en ello, era irónico. Muy irónico.

Originalmente, Tsuiki había sido el que había hecho la ofensa, y el resto de ellos los testigos. Fue debido a que Tsuiki lo ofendió anteriormente, que no había herido a Takasato más cruelmente. Y aquellos que sí habían herido a Takasato aún más se suponían ser solo testigos. Debido a que estaban atemorizados, se mantuvieron lejos del laboratorio, pero aquellos que fueron al laboratorio se salvaron. Fueron aquellos, cuyas mentes estaban llenas de ansiedad, los que saltaron del techo.

Takasato habló en voz baja.

—Es mi culpa.

—No, no lo es —dijo Hirose.

Takasato descansó sus brazos sobre la presa y llevó el rostro entre ellos.

—Si tan solo no hubiera vuelto.

—Takasato —Hirose dijo su nombre para confortarlo, pero aun asó bajó la cabeza.

—Si tan solo me hubiera ido, entonces esto no habría sucedido. Si no hubiera vuelto, sería mejor para todos, pero yo…

Esa era la verdad, por lo que Hirose no dijo nada en respuesta. Pensó: “para Takasato hubiera sido mejor si no hubiera vuelto. Para Takasato ‘ese lugar’ era donde sentía que pertenecía. Si hubiera podido permanecer en ‘ese lugar’ por siempre, entonces no tendría que haber sufrido estas dificultades”.

El viento soplaba fuerte y el sonido del mar se elevaba con regularidad. Mientras ellos se perdían en sus pensamientos, la luna y las estrellas habían desaparecido. Sobre el mar oscuro, el cielo de la noche sin luz se extendía. La noche era profunda y densa, y uno podía oler que la lluvia se acercaba. Allí, los dos simplemente estaban respirando en silencio.

  

 

—…Oye, Takasato —Hirose estaba apoyado contra la columna y sentado sobre el futón. Takasato estaba sentado junto a la ventana y miraba hacia afuera entre las cortinas.

Después de que llegaran a la casa, tomase un baño y extendiese el futón, se preparó para dormir, pero no tenía sueño en lo más mínimo. Los acontecimientos diarios estaban ajustando cuentas en Hirose, y su agotamiento mental era peor que el de su cuerpo. Aunque así era, el sueño no podía acogerlo en absoluto. Tenía muy en claro que las razones de esto eran que sus nervios estaban alterados y su sueño estaba inquieto.

Hirose se sentó inexpresivamente sin comprender. Mirando por la ventana, Takasato también parecía estar aturdido.

—Takasato, ¿crees en fantasmas o monstruos?

Takasato sacudió la cabeza.

—No. Pero si habla de cosas fuera de lo común, entonces…

—¿Ese brazo que viste cuando desapareciste misteriosamente?

—Sí.

—Entonces, ¿qué hay de la atmósfera? —Hirose preguntó más. Pronto Takasato frunció el ceño—. ¿Has sentido una extraña atmósfera?

Takasato miró a Hirose, y luego pareció estar pensando en algo.

—He visto algo extraño antes. Estaba a tu lado —Hirose forzó una sonrisa—. Era unbrazo blanco. Y además había una sombra extraña. No los vi claramente, pero creo que hay algo extraño cerca de ti —después de decir esto, Hirose mostró una sonrisa amarga.

—Qué problemático. Yo nunca habría creído este tipo de cosas —Hirose miró a Takasato, quien lo observaba con la cabeza ligeramente inclinada—. Me pregunté si habías sido poseído por algo.

Los ojos de Takasato se abrieron aún más.

—El que está maldito no eres tú, sino esa cosa.

La mano blanca que había sostenido la pierna de Tsuiki, sea lo que fuere, que había atravesado la palma de Hashigami con un clavo, además, lo que sea que había sustituido a Iwaki como soporte para la pierna en la pelea de caballitos y esa extraña mancha que Hirose había visto cuando murió Iwaki. No importaba qué, todos eran sucesos anormales. Eran cosas que no pertenecían a este mundo, cuyas existencias no podían explicarse a través del conocimiento común.

—…hay un grifo —dijo Takasato repentinamente. Hirose lo miró desconcertado—. No sé muy bien cómo decirlo, pero lo llamo grifo. Es como un perro grande… o quizás más grande. Es como de este alto y a veces vuela, así que creo que tiene alas. Es por eso por lo que lo llamo grifo.

—¿Lo has visto antes? —preguntó Hirose. Takasato sacudió la cabeza.

—A veces siento una presencia junto a mí. Realmente es solo una sensación. A veces siento que hay una criatura a mi lado que parece un perro. Ha estado allí desde que era chico, y al principio pensé que solo estaba siendo paranoico.

Takasato rio suavemente.

—Siempre se agacha cerca de mis pies, como un perro manso. En algunas ocasiones siento que grita “¡Ah!”. Pero cuando miro no veo nada. No sé a dónde se va tan de repente. De vez en cuando siento que veo algo como una sombra, pero la mayoría del tiempo no la veo. ¿…no estaba allí cuando me encontré con el maestro después de la escuela?

—Sí.

—Cuando usted me estuvo haciendo todas esas preguntas, estuvo allí. Cuando entró en el aula, miró en dirección a donde había desaparecido, por lo que pensé que otras personas además de mí podían sentirlo.

La sombra que había desaparecido en algún lugar del salón de clases.

—Era como mantener un perro en secreto. Incluso había sido divertido —dijo Takasato con una leve sonrisa, antes de que esa alegre expresión se le borrara casi inmediatamente—. A veces siento la atmósfera de una persona. Hay una presencia de persona y es como si quisiera tocarme. El olor del mar siempre acompaña esos momentos… lo llamo Murgen.

—¿Murgen? —Hirose nunca había oído ese nombre antes.

—¿Sabe algo acerca de las sirenas? En el siglo sexto hubo una sirena que fue atrapada por los humanos. Más tarde, desde que fue bautizada se convirtió en una santa. Su nombre era Murgen.

—Oh…

—Cuando me siento triste, Murgen y el grifo aparecen y acarician gentilmente mis hombros o frotan sus cuerpos contra mis piernas. Creo que me reconfortan.

Para cuando terminó, su voz era temblorosa.

—Pero ¿por qué? —por primera vez, su voz generalmente tranquila estaba llena de emoción. Se llevó consigo los fuertes sentimientos de Takasato—. Estaba agradecido con Iwaki. De verdad.

—Lo sé.

—Pero ¿cómo terminó en eso?

Naturalmente, Hirose no pudo responder a eso.

—¿Por qué hacen algo como eso? Nunca me habían lastimado antes, solo me habían consolado. Pensé que eran mis compañeros.

Esas palabras no eran dirigidas a Hirose. Takasato se había dado cuenta de la causa y el efecto de la situación en su totalidad, esa conexión innegable entre la presencia que aparecía junto a él y los desafortunados accidentes que se producían con frecuencia.

—¿Por qué lo dejaron morir?

“Al igual que los guardaespaldas”, pensó Hirose. Pero guardaespaldas bastante maliciosos. Al igual que el amor de una madre sobreprotectora, usaban esos métodos para proteger a Takasato. Sin misericordia, eliminaban a aquellos que hubieran herido a Takasato. Lo que les importaba más no era que Takasato hubiera resultado herido, sino como juzgaban eso. Habían determinado que Iwaki era el enemigo de Takasato, y por eso se eliminó a Iwaki.

“Finalmente comprendió la situación real”, pensó Hirose. El verdadero carácter de las cosas a las que llamaban maldición. Era necesario separarlos de Takasato, o sino Takasato se vería obligado a enfrentar ese dilema tarde o temprano. No era algo que estuviera muy lejos. Todavía nada más había ocurrido a la mitad de los estudiantes que habían empujado a Takasato, pero si Tsuiki y Hashigami, quienes solo habían sacado a colación un tema desagradable, habían sufrido tal grado de castigo, entonces no había forma de que dejaran a los otros estudiantes ir en paz y concluir de esa manera.

…Sin embargo, ¿qué podía hacerse?

  

 

Esa noche se levantó un fuerte viento. Las olas retumbaron incesantemente. Hirose yacía en la habitación a oscuras, dando vueltas sin poder dormir. Por la atmósfera que sentía, sabía que Takasato, quien dormía junto a él, también tardó en dormirse.

Avanzada la noche, justo cuando Hirose comenzaba a dormir, oyó lo que pareció ser la voz de una mujer junto a su oído.

¿…Es usted enemigo del rey?

Hirose respondió algo.

¿Qué respondió? Hirose pensó mucho una y otra vez después de haberse levantado, pero no podía recordar.

 






 

Un hombre y una mujer estaban de pie sobre una presa, contemplando el mar de noche.

El hombre guardó silencio, y la mujer hablaba para sí misma. Todo lo que ella decía sonaba a charlatanería, pero en realidad, oculto en sus palabras había un grado de sarcasmo intenso. Parecía que la mujer intentaba provocar al hombre, y él no tenía ningún interés en tratar con ella.

Fue entonces que el suave plaf se escuchó de algo chapoteando en el barro.

Sonaba como un pequeño pez saltando sobre el barro. El hombre revisó el área bajo la presa, pero solo había lodo pegajoso allí. No pudo ver al pez en un lugar tan oscuro como ese, pero movido por la curiosidad miró en varias direcciones. Como era de esperarse, no vio nada en la superficie del barro. La mujer seguía farfullando. Quizás estaba echando humo por dentro, mientras su tono se volvía evidentemente sarcástico.

El hombre se aferró a la presa con las manos, y una vez más se oyó un sonido, glup. Esta vez se oyó como si algo se hundiera en el lodo. La mujer finalmente se calló.

—¿Un pez? —preguntó ella, mientras observaba el área que estaba bajo la presa.

—Me pregunto si será una anguila.

“¿Cómo podría ser?”. Antes de que la mujer pudiera responder, llegó otro glup desde abajo.

Glup, glup, glup. Plaf.

El hombre frunció el ceño. De repente el olor a marea se volvió muy fuerte. El sonido no se detuvo; continuó hasta oírse el sonido de algo que se retorcía sobre la superficie del barro. Si los sonidos eran causados por anguilas, debería haber suficientes de ellas para cubrir toda la superficie del barro.

—¿Qué es…?

—No lo sé —susurró el hombre mientras agitaba su mano hacia la mujer para que retrocediera un paso, pero ni una sola vez movió su campo de visión de la presa. Slrrp, sonido de un sorbido, seguido por el sonido de alguien lamiéndose los labios. Pequeñas olas se formaron en el lodo estancado.

Había algo allí.

Había pequeñas e innumerables formas-

El hombre miró fijamente. Un misterioso rayo brilló desde el barro, y todo comenzó a retorcerse. Un grupo de algo surgió del área debajo de ellos. Como el hombre inclinó el cuerpo con mucho cuidado para mirar, la mujer lanzó un grito reprimido.

—¡Mira!

El hombre miró hacia atrás a toda prisa y vio que el rostro de la mujer estaba congelado mientras se asomaba a la superficie del mar. Mirando hacia donde ella estaba mirando, él tampoco pudo apartar sus ojos del mar. En el medio del agua fangosa del mar, algo en el centro del río se elevó como una isla, como si estuviera siendo rajado.

Ambos no estaban a más de doscientos metros de la masa oscura, que se veía como el caparazón de una tortuga gigante. Quizás era porque había flotado debajo de la suciedad o porque la hinchada sombra negra se parecía a un cerro redondo de barro que el montículo parecía estar en el medio de una rápida disolución debido al continuo goteo del fango.

—¿Qué es eso?

El olor del mar se volvió más espeso. El sonido bajo sus pies se volvió más fuerte. Estaba claro que algo se acercaba. El sonido se acercó poco a poco hasta llegar a estar junto a sus oídos, como si estuviera a punto de saltar desde debajo de la presa.

Repentinamente, el hombre agarró el brazo de la mujer y empujó su cuerpo, comenzó a correr como si estuviera rebotando. Empujaba lejos de allí al cuerpo de la mujer que no podía reaccionar debido al fuerte shock. Miraba detrás suyo mientras regresaba a la carretera junto a la presa.

Después de correr diez pasos, miró atrás y todo lo que pudo ver fue algo negro. Podía ver un brillo viscoso como el del barro. Había trepado la presa y hecho el sonido de plaf, plaf mientras goteaba sobre la carretera. La mujer se detuvo en seco, y el hombre también se detuvo. Esa cosa de barro cruzó la carretera haciendo desagradables sonidos y pasó sobre una pendiente de hormigón. Bajó hacia la casa que estaba debajo de la presa y se deslizó entre las varillas doradas haciéndose más espesa y creando una marca negra.

Percibiendo algo diferente, el hombre se dio la vuelta y vio que la cosa que habían visto en la desembocadura del río estaba a punto de hundirse en el barro. Todo lo que vio fue que esa cosa se convertía en una ondulación de lodo, y después desaparecía bajo el fango. Al final, lo único que quedó fue la tersa superficie del mar de barro.

El hombre miró nuevamente en dirección del camino. El camino estaba pavimentado con concreto y no asfalto, solo quedaban los trazos que la cosa de barro dejó atrás mientras se arrastraba.

—¿Qué fue esa cosa de hace un momento? —el hombre quería mirar la huella de barro en el suelo y seguir caminando, pero la mujer lo agarró del brazo. Ella negó con la cabeza, indicándole al hombre para que no fuera. El hombre la miró, luego miró los trazos de lodo, y entonces asintió con la cabeza suavemente.

Todo a su alrededor era el fuerte olor a mar.

—Regresemos —dijo el hombre con determinación. Era una advertencia instintiva. Era mejor no acercarse a esa cosa. Si realmente quería darle un vistazo más de cerca, no sería demasiado tarde esperar hasta el día siguiente. Sería mejor regresar y confirmar que lo que vieron en la oscuridad se había ido y que el día estuviera luminoso, donde nada pudiera ocultarse.

Los dos comenzaron a correr rápidamente. El olor a mar los siguió de cerca como un tentáculo pegado, y con ello incluido el abrumador hedor de la marea.

 

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