CAPÍTULO
3
Shouyou vio por
primera vez la dura expresión en la cara de Gekkei y luego, desconcertado, miró
la cara del visitante del Reino de Kei, que estaba vestido con túnicas
ministeriales. Sintió la incomodidad en el aire. Pero, la salida enérgica de
Gekkei no le brindaba ninguna oportunidad de volver a llamarlo.
—Yo soy el Chousai del Reino de Hou. Le agradezco por tomarse la
molestia de viajar una gran distancia para visitarnos.
Se inclinó, aunque podría decir que su atención todavía se centraba en
la puerta por la que Gekkei apenas había salido. El séquito del hombre también
susurró con una audible confusión.
—Qué… ¿Qué fue eso?
—Realmente lo siento —dijo Shouyou, moviendo la cabeza—. Me temo que
yo soy responsable del estado de ánimo del Marqués en este momento.
El hombre se arrodilló y se inclinó.
—Me complace presentarme. Mi nombre es Sei Shin, comandante de la
Guardia del Palacio de Kei.
—Y me complace darle la bienvenida. Debe estar muy conmocionado por lo
que ha sucedido hasta ahora.
—Para nada —dijo Sei con una sonrisa—. Estoy seguro de que la culpa es
mía. Yo debo pedirle disculpas al Chousai. El hecho del asunto es que Su Alteza
me confió una carta que va dirigida al Marqués de Kei. Fui informado por el
Marqués que el Chousai rige en la Corte Imperial. En ese caso, supongo que la
carta debe ser entregada a usted. Excepto que esta correspondencia toca un
asunto que se refiere al Marqués personalmente. Me he quedado con un dilema en
cuanto a qué hacer.
Shouyou suspiró y meneó la cabeza.
—Por favor, siéntase cómodo y descanse lo que necesite. Sus ayudantes
también.
Llamó al subsecretario para que les proporcionara cuartos a los
asistentes del general y los atendieran. Luego guio al general a lo más
profundo del anexo, a un patio sombreado por un crecimiento fresco de plantas.
—Ha llegado en el mejor momento del año en Hou. Por favor, tome
asiento. Traeré algunos refrigerios.
—Eso estaría bien.
El general lo siguió al patio. La mesa de piedra estaba situada para
recibir una brisa refrescante.
—Parece que le debo una disculpa, General.
—Para nada. El error parece ser nuestro.
—Sería totalmente lógico que buscara una audiencia con el Marqués.
Estoy seguro de que encontrará esto muy incómodo. No hace mucho se ha instalado
una emperatriz debidamente designada en su Palacio Imperial, y nosotros -con el
Marqués como nuestro líder-, derrocamos a nuestro rey.
—He sido informado de las tiránicas y despiadadas acciones del Rey de
Hou hacia sus súbditos.
Shouyou asintió con la cabeza.
—Sé que es una horrible verdad que aceptar, pero durante el reinado de
Su Alteza, 600.000 personas fueron ejecutadas, a menudo por el más trivial de
los pecados.
—¡600.000…!
Se diría años después que la tierra estaba
cubierta de cadáveres. Se calculaba en promedio que al menos uno de cada hogar
en el Reino.
—Su Alteza odiaba el pecado. No podía haber
ningún perdón, no importaba cuán leve fuera la infracción. Tomar algo del
bolsillo de un hombre o dejar los campos en cosecha para asistir a la feria, la
pena de muerte asistía igualmente a ambos. Es el tipo de lugar que era Hou.
Sei no contradijo esa información. Parecía estar bien informado sobre
el tema.
—Por último, el Marqués de Kei convocó a los otros señores
provinciales y montaron una insurrección. Nosotros asesinamos a nuestro rey. El
Marqués llevó la Alianza. Por lo que sería natural asumir que después de
haberle quitado la vida al Rey y el trono, el Marqués entonces lo ocuparía.
Nosotros asumimos lo mismo.
Cuatro años antes, los otros ocho señores provinciales respondieron al
llamado de Gekkei, así como Shouyou y los ministros. Chuutatsu estaba pisando
su camino a la extinción. Por lo que debía surgir una rebelión. Chuutatsu y la
Reina Kaka fueron asesinados. Hourin fue asesinada. La cortina del reinado de
Chuutatsu cayó.
La enfermedad fue eliminada. Pero Chuutatsu había sido el gobernante
legítimo. Cuando un rey moría, el Reino lo seguiría pronto a la tumba. Entre el
reinado ruinoso de Chuutatsu y los fuegos de la insurrección encendida por
Shouyou y el resto de ellos, la Corte Imperial quedó en ruinas. De alguna forma
tenían que arreglar las cosas sin empeorar la era del trono vacío.
Ese había sido el objetivo de los conspiradores desde el principio.
Habían matado al rey, enviado al reino en su trayectoria a la decadencia. Así
que era su deber el de poner las cosas bien.
Sin embargo, una vez Gekkei, el líder de la revolución ató el mínimo
número de extremos flojos, pasó las riendas del gobierno a la burocracia
imperial -que solo era la mitad de su número original- y se retiró a la
provincia de Kei.
—El Marqués no tenía el más leve deseo de heredar el Reino. Su
objetivo a lo largo era detener la masacre, no para convertirse en Rey
sustituto o gobernar el Reino.
—Y, sin embargo, la noticia que llegó a nuestros oídos fue que el
Marqués de Kei estaba guiando la Corte Imperial de Hou.
—Eso fue la evolución de las cosas. El Marqués cree que, es una ofensa
contra la naturaleza que los traidores gobiernen. En el mundo real, sin
embargo, difiero. Sin la dirección del Marqués, todo se desbarataría. Porque él
es el líder de la Alianza. Al haber aceptado ese papel, sin su dirección, la
Corte dejaría de funcionar.
Ser abandonados por Gekkei en medio del caos tras el asesinato del Rey
los hizo tambalearse. No podían simplemente ascender a otro líder. Él había
llamado a los ministros y a los señores provinciales y una vez que la
insurrección fue lograda, había organizado a sus aliados y dirigido lo que
debían hacer.
Perder un elemento tan crítico arrojó todo a la confusión. Alguien
tenía que entrar en el papel, pero nadie daba un paso adelante para asumir la
responsabilidad.
Las opiniones, expectativas y las complicaciones se multiplicaban. Nadie
podía conseguir nada en absoluto. Shouyou finalmente escribió una petición
desesperada para que Gekkei volviera, el único que podía guiar la Corte
Imperial. Ante estos gritos frenéticos, Gekkei volvió por fin al Palacio
Imperial. En los cuatro años desde entonces, el Reino de Hou se había movido
adelante bajo su dirección.
—Sin embargo, el Marqués no ha buscado ninguna posición dentro del
gobierno. Se niega a nuestras candidaturas. Dice que el trabajo de dirigir el
gobierno pertenece a los ministros, y solo ayudará con lo que pueda. De hecho,
el Marqués es el Señor Provincial de Kei y normalmente reside en su palacio.
Solo en ciertos momentos críticos, y cuando pedimos su presencia, viene al
Palacio Youshun. Pasa la mitad de su tiempo aquí. Y, sin embargo…
Shouyou no terminó el resto de la oración. El viajero de Kei no tenía
ninguna conexión con Hou y ciertamente ninguna con él. Shouyou sabía que era
mejor guardarse sus emociones en una situación como esa. Simplemente cerró la
boca para mantener las cosas bajo control.
—¿Y entonces? —dijo Sei suavemente—. ¿Sería grosero de mi parte pedir
más detalles? Vine aquí con la correspondencia de la Emperatriz. No puedo irme
hasta que lo haya entregado.
Shouyou sujetó sus rodillas.
—El Marqués regresa a la provincia de Kei. Su intención es irse de
aquí para siempre.
—Dejando al resto de ustedes como cabos sueltos.
—Para decir lo menos. Nadie está calificado para gobernar Hou. Y, sin
embargo, el Marqués me pidió que lo hiciera.
Habían pasado cuatro años. El caos estaba bajo control. Las personas
habían sido colocadas en las posiciones correctas. La Corte Imperial estaba
funcionando como debía. Se estaban tomando medidas para proporcionar ayuda a
las personas. Se estaban llevando a cabo metas. Y si para poner fin a estos
logros con una enfática determinación, Gekkei abordó al tema como Chousai por
primera vez.
Shouyou y los demás aceptaron con entusiasmo. Hasta ahora, Gekkei
había actuado como el Chousai en todo menos en el nombre. Ocupando la posición
tanto en nombre como en la realidad -un líder para dirigir ese régimen sin
líder-, sería mucho más apropiado. O eso creían todos los ministros. En cambio,
Gekkei había nominado a Shouyou.
—El Marqués me ordenó que me convirtiera en Chousai. ¿Por qué debería ser
alguien más que él? Nadie estuvo de acuerdo con esa decisión. Pero reprimimos
nuestra indignación e hicimos lo que él ordenó. Habíamos asumido -erróneamente-
que el Marqués al fin estaba preparado para sentarse en el trono.
Hasta entonces, Shouyou y sus colegas le habían solicitado
repetidamente a Gekkei que ocupara el trono vacío. La Emperatriz del reino
vecino de Kyou había recomendado lo mismo. Pero Gekkei profundamente rechazó la
proposición. Ahora parecía que por fin había cambiado de idea.
—Si el Chousai iba a comandar el Reino, entonces el Marqués debería
hacerlo en su lugar. Pero si iba a recomendar a alguien como yo para ser
Chousai, era porque creía que tomaría la posición más alta para sí mismo.
»Nunca explícitamente se negó a que él podría hacerlo. Sin embargo,
hoy, de la nada, ¡declaró que salía de la capital y regresaba a la provincia de
Kei!
Gekkei debió haber entendido que los demás ministros habían
malinterpretado su recomendación. Pero nunca trató de corregir las suposiciones
equivocadas. Cuando lo pensaba ahora, Gekkei debió haber sabido esto desde el
principio. Los ministros fueron los que no captaron lo que estaba pasando, o
nunca habrían acordado nombrar a Shouyou Chousai.
Él no solo había fracasado en corregir estas creencias erróneas, sino
que desde el principio a lo mejor -por omisión- la había fomentado.
—Dice que solo es un Señor Provincial, no un ministro imperial, y su
trabajo es gobernar su provincia, no el Reino. Si bien pudo haber sido
necesario traspasar la autoridad con el fin de calmar el caos, sería
inadmisible para él, como Señor Provincial, el traspasar la autoridad para
gobernar el Reino. ¡Él todavía está pegado a ese mismo argumento!
Lágrimas de rabia y decepción cayeron en sus manos que aun sujetaban
sus rodillas. Shouyou sabía que él no podría llenar los zapatos de Gekkei.
Gekkei había matado a Chuutatsu y detuvo la masacre. La fe de los ministros y
el pueblo en él era absoluta. Al retirarse a su provincia, incluso después de
nombrar a Shouyou Chousai -la gente y los funcionarios del gobierno necesitaban
a alguien que los uniera-. En especial porque no había ningún Rey para mantener
el Reino de deslizarse en el olvido.
Shouyou no podía negar la expectativa de que esto era algo que solo
Gekkei podía hacer, que lo necesitaban. El mismo año que habían derrocado a
Chuutatsu, él había ejecutado a por lo menos trescientos mil de sus súbditos, a
pesar de que el shitsudou[1] afligía a Hourin. Incluso entonces, Shouyou y sus colegas se sentían
acorralados y habían vacilado.
Ellos se compadecían de la gente, lamentaban el estado del Reino, pero
no podían reunir el valor suficiente para hablar de la palabra “regicidio”.
Gekkei fue el único que manifestó la posibilidad, y tomó acción. No
vieron nada de malo en poner su fe y expectativas en él. Ellos creían que él
continuaría liderándolo como lo hizo durante la insurrección. En lo que
respectaba a la gente, sin importar qué pasara con el Reino después de eso,
estaban seguros de que había sido Gekkei quien los había salvado.
Sin embargo, Gekkei parecía determinado a poner toda esa fe y todas
esas expectativas en algo inútil.
Shouyou no podía entender por qué se revolcaba en tal dolor y miseria.
Mirando hacia atrás, cuando Gekkei regresó a su palacio en la provincia de Kei
tras el levantamiento, sus intenciones habían sido claras. Cuando había
regresado al Palacio Imperial en respuesta a sus súplicas, había declarado que
no tenía ninguna inclinación de asumir cualquier cargo imperial y había ido
allí solo para ofrecer asesoramiento. No había renunciado a su título de Señor
Provincial, ni mostraba el menor interés en la búsqueda de un reemplazo.
En retrospectiva, no se podía negar que Gekkei era un Señor
Provincial. A pesar de su resolución al respecto, Shouyou y sus colegas habían
cerrado sus ojos y cubierto sus oídos. Su incapacidad para comprender la
verdadera naturaleza de la situación en la que estaban.
Podía comprender todo esto con su cabeza. Pero no en su corazón. Se
sentía traicionado, echado a un lado como una amante desdeñada. No importaba
cuan irracional fuera su amargura y cólera, no podía ser el único que se sentía
de esa manera. De hecho, cuando Gekkei había pronunciado esas palabras en el
Consejo Privado, la sala entera casi se había congelado. Después de que el
subsecretario llegó a buscar a Gekkei, el lugar estalló en lamentos de dolor y
arrebatos de abuso verbal.
Gekkei probablemente había vuelto al Gaiden. Los ministros restantes
sin duda intentaron llamarlo nuevamente. Y ninguna de sus palabras quiso tocar
su corazón.
En un comienzo, Shouyou levantó su cabeza. Nervioso, se giró y
encontró al General de Kei mirando tranquilamente en el patio.
—Le pido perdón —Shouyou apresuradamente se disculpó—. Me perdí un
poco en mis pensamientos.
Sei lo miró y sonrió.
—¿Qué sucedió?
—Nada —Shouyou respondió en una voz estrangulada.
Sei asintió con la cabeza.
—En cualquier caso, creo que vine en un momento muy inoportuno. Siento
levantar tal alboroto.
—¡Oh, no, nada de eso! He sido…
—Entonces supongo que el Chousai es la persona a quien debo entregar
esta carta. Su Alteza asume que Hou está siendo gobernada por el Marqués, así
que su contenido no puede ser enteramente para usted. Pero agradecería si
acepta esto en nombre del Marqués.
Sei le tendió la carta. Shouyou dudó.
—Pero…
—No dude en entregársela al Marqués. Estoy seguro de que Su Alteza no
pondría objeciones.
Shouyou dudó, pero finalmente tomó la carta.
—No deseo imponerme más a ustedes —Sei continuó—, pero tengo otra
carta para el Chousai. Una vez más, puede encontrar su contenido desagradable,
pero espero que lo acepte.
—No quiero ser grosero, pero ¿de qué trata esta carta?
—Es de una dama de la Corte Imperial de Kei. Fue pensada para
entregársela también al Marqués. Pero sería lógico en esta coyuntura dejarla en
sus manos. Sé que esto puede sonar presuntuoso, pero Su Alteza quiso que ambas
cartas, fueran tratadas con igual de importancia.
Shouyou lo miró boquiabierto. Nunca un ministro de Hou había recibido
un comunicado del Reino de Kei, sin dejar de mencionar una carta de cualquier
Dama de la Corte Imperial de Kei.
—General Sei, yo…
Sei lo interrumpió tranquilamente.
—El nombre de esta dama de la corte es Son Shou[2].
Por un largo rato, Shouyou no podía ubicar ese nombre. Estaba a punto
de preguntar quién era Son Shou cuando de repente vino a él: la hija del
Chuutatsu, la Princesa Real Shoukei, quien había sido desterrada del Palacio
Imperial.
Shouyou sintió sus rodillas débiles por la impresión.
—La señorita Shoukei, ¿ella vive en Kei?
—Sí —el general respondió con una sonrisa que comunicaba que
comprendía las circunstancias que rodeaban a Shoukei—. Sé que he puesto toda
esta carga sobre sus hombros, pero le agradecería si pudiera ver que se
llevaran a cabo apropiadamente.
Sei se levantó de su silla y se inclinó. Shouyou tomó las cartas con
ambas manos.
—General Sei, ¿regresará a Kei de una vez?
—He cumplido mis órdenes. Después de haber visitado el Palacio Youshun
de manera informal y entregado las cartas, mi misión se ha completado. He instruido
a los miembros que viajan conmigo para aprovechar la oportunidad de informarse
acerca de las condiciones del Reino, después de haber estado unos días en la
ciudad.
—Si no tiene demasiada prisa, le pediría que retrasara su salida por
un tiempo. Realmente debo insistir en que se reúna con el Marqués.
—Pero…
—Fue el Marqués quien tuvo la mayor preocupación por el bienestar de
Shoukei. Vaya con él. Por favor.
El general aceptó y Shouyou llamó frenéticamente
por el subsecretario.

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