Entrada destacada

El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

lunes, 15 de mayo de 2023

Sueños de Prosperidad - Aliado de la Luna Capítulo 3

 

CAPÍTULO 3

 

 

 

Shouyou vio por primera vez la dura expresión en la cara de Gekkei y luego, desconcertado, miró la cara del visitante del Reino de Kei, que estaba vestido con túnicas ministeriales. Sintió la incomodidad en el aire. Pero, la salida enérgica de Gekkei no le brindaba ninguna oportunidad de volver a llamarlo.

—Yo soy el Chousai del Reino de Hou. Le agradezco por tomarse la molestia de viajar una gran distancia para visitarnos.

Se inclinó, aunque podría decir que su atención todavía se centraba en la puerta por la que Gekkei apenas había salido. El séquito del hombre también susurró con una audible confusión.

—Qué… ¿Qué fue eso?

—Realmente lo siento —dijo Shouyou, moviendo la cabeza—. Me temo que yo soy responsable del estado de ánimo del Marqués en este momento.

El hombre se arrodilló y se inclinó.

—Me complace presentarme. Mi nombre es Sei Shin, comandante de la Guardia del Palacio de Kei.

—Y me complace darle la bienvenida. Debe estar muy conmocionado por lo que ha sucedido hasta ahora.

—Para nada —dijo Sei con una sonrisa—. Estoy seguro de que la culpa es mía. Yo debo pedirle disculpas al Chousai. El hecho del asunto es que Su Alteza me confió una carta que va dirigida al Marqués de Kei. Fui informado por el Marqués que el Chousai rige en la Corte Imperial. En ese caso, supongo que la carta debe ser entregada a usted. Excepto que esta correspondencia toca un asunto que se refiere al Marqués personalmente. Me he quedado con un dilema en cuanto a qué hacer.

Shouyou suspiró y meneó la cabeza.

—Por favor, siéntase cómodo y descanse lo que necesite. Sus ayudantes también.

Llamó al subsecretario para que les proporcionara cuartos a los asistentes del general y los atendieran. Luego guio al general a lo más profundo del anexo, a un patio sombreado por un crecimiento fresco de plantas.

—Ha llegado en el mejor momento del año en Hou. Por favor, tome asiento. Traeré algunos refrigerios.

—Eso estaría bien.

El general lo siguió al patio. La mesa de piedra estaba situada para recibir una brisa refrescante.

—Parece que le debo una disculpa, General.

—Para nada. El error parece ser nuestro.

—Sería totalmente lógico que buscara una audiencia con el Marqués. Estoy seguro de que encontrará esto muy incómodo. No hace mucho se ha instalado una emperatriz debidamente designada en su Palacio Imperial, y nosotros -con el Marqués como nuestro líder-, derrocamos a nuestro rey.

—He sido informado de las tiránicas y despiadadas acciones del Rey de Hou hacia sus súbditos.

Shouyou asintió con la cabeza.

—Sé que es una horrible verdad que aceptar, pero durante el reinado de Su Alteza, 600.000 personas fueron ejecutadas, a menudo por el más trivial de los pecados.

—¡600.000…!

Se diría años después que la tierra estaba cubierta de cadáveres. Se calculaba en promedio que al menos uno de cada hogar en el Reino.

—Su Alteza odiaba el pecado. No podía haber ningún perdón, no importaba cuán leve fuera la infracción. Tomar algo del bolsillo de un hombre o dejar los campos en cosecha para asistir a la feria, la pena de muerte asistía igualmente a ambos. Es el tipo de lugar que era Hou.

Sei no contradijo esa información. Parecía estar bien informado sobre el tema.

—Por último, el Marqués de Kei convocó a los otros señores provinciales y montaron una insurrección. Nosotros asesinamos a nuestro rey. El Marqués llevó la Alianza. Por lo que sería natural asumir que después de haberle quitado la vida al Rey y el trono, el Marqués entonces lo ocuparía. Nosotros asumimos lo mismo.

Cuatro años antes, los otros ocho señores provinciales respondieron al llamado de Gekkei, así como Shouyou y los ministros. Chuutatsu estaba pisando su camino a la extinción. Por lo que debía surgir una rebelión. Chuutatsu y la Reina Kaka fueron asesinados. Hourin fue asesinada. La cortina del reinado de Chuutatsu cayó.

La enfermedad fue eliminada. Pero Chuutatsu había sido el gobernante legítimo. Cuando un rey moría, el Reino lo seguiría pronto a la tumba. Entre el reinado ruinoso de Chuutatsu y los fuegos de la insurrección encendida por Shouyou y el resto de ellos, la Corte Imperial quedó en ruinas. De alguna forma tenían que arreglar las cosas sin empeorar la era del trono vacío.

Ese había sido el objetivo de los conspiradores desde el principio. Habían matado al rey, enviado al reino en su trayectoria a la decadencia. Así que era su deber el de poner las cosas bien.

Sin embargo, una vez Gekkei, el líder de la revolución ató el mínimo número de extremos flojos, pasó las riendas del gobierno a la burocracia imperial -que solo era la mitad de su número original- y se retiró a la provincia de Kei.

—El Marqués no tenía el más leve deseo de heredar el Reino. Su objetivo a lo largo era detener la masacre, no para convertirse en Rey sustituto o gobernar el Reino.

—Y, sin embargo, la noticia que llegó a nuestros oídos fue que el Marqués de Kei estaba guiando la Corte Imperial de Hou.

—Eso fue la evolución de las cosas. El Marqués cree que, es una ofensa contra la naturaleza que los traidores gobiernen. En el mundo real, sin embargo, difiero. Sin la dirección del Marqués, todo se desbarataría. Porque él es el líder de la Alianza. Al haber aceptado ese papel, sin su dirección, la Corte dejaría de funcionar.

Ser abandonados por Gekkei en medio del caos tras el asesinato del Rey los hizo tambalearse. No podían simplemente ascender a otro líder. Él había llamado a los ministros y a los señores provinciales y una vez que la insurrección fue lograda, había organizado a sus aliados y dirigido lo que debían hacer.

Perder un elemento tan crítico arrojó todo a la confusión. Alguien tenía que entrar en el papel, pero nadie daba un paso adelante para asumir la responsabilidad.

Las opiniones, expectativas y las complicaciones se multiplicaban. Nadie podía conseguir nada en absoluto. Shouyou finalmente escribió una petición desesperada para que Gekkei volviera, el único que podía guiar la Corte Imperial. Ante estos gritos frenéticos, Gekkei volvió por fin al Palacio Imperial. En los cuatro años desde entonces, el Reino de Hou se había movido adelante bajo su dirección.

—Sin embargo, el Marqués no ha buscado ninguna posición dentro del gobierno. Se niega a nuestras candidaturas. Dice que el trabajo de dirigir el gobierno pertenece a los ministros, y solo ayudará con lo que pueda. De hecho, el Marqués es el Señor Provincial de Kei y normalmente reside en su palacio. Solo en ciertos momentos críticos, y cuando pedimos su presencia, viene al Palacio Youshun. Pasa la mitad de su tiempo aquí. Y, sin embargo…

Shouyou no terminó el resto de la oración. El viajero de Kei no tenía ninguna conexión con Hou y ciertamente ninguna con él. Shouyou sabía que era mejor guardarse sus emociones en una situación como esa. Simplemente cerró la boca para mantener las cosas bajo control.

—¿Y entonces? —dijo Sei suavemente—. ¿Sería grosero de mi parte pedir más detalles? Vine aquí con la correspondencia de la Emperatriz. No puedo irme hasta que lo haya entregado.

Shouyou sujetó sus rodillas.

—El Marqués regresa a la provincia de Kei. Su intención es irse de aquí para siempre.

—Dejando al resto de ustedes como cabos sueltos.

—Para decir lo menos. Nadie está calificado para gobernar Hou. Y, sin embargo, el Marqués me pidió que lo hiciera.

Habían pasado cuatro años. El caos estaba bajo control. Las personas habían sido colocadas en las posiciones correctas. La Corte Imperial estaba funcionando como debía. Se estaban tomando medidas para proporcionar ayuda a las personas. Se estaban llevando a cabo metas. Y si para poner fin a estos logros con una enfática determinación, Gekkei abordó al tema como Chousai por primera vez.

Shouyou y los demás aceptaron con entusiasmo. Hasta ahora, Gekkei había actuado como el Chousai en todo menos en el nombre. Ocupando la posición tanto en nombre como en la realidad -un líder para dirigir ese régimen sin líder-, sería mucho más apropiado. O eso creían todos los ministros. En cambio, Gekkei había nominado a Shouyou.

—El Marqués me ordenó que me convirtiera en Chousai. ¿Por qué debería ser alguien más que él? Nadie estuvo de acuerdo con esa decisión. Pero reprimimos nuestra indignación e hicimos lo que él ordenó. Habíamos asumido -erróneamente- que el Marqués al fin estaba preparado para sentarse en el trono.

Hasta entonces, Shouyou y sus colegas le habían solicitado repetidamente a Gekkei que ocupara el trono vacío. La Emperatriz del reino vecino de Kyou había recomendado lo mismo. Pero Gekkei profundamente rechazó la proposición. Ahora parecía que por fin había cambiado de idea.

—Si el Chousai iba a comandar el Reino, entonces el Marqués debería hacerlo en su lugar. Pero si iba a recomendar a alguien como yo para ser Chousai, era porque creía que tomaría la posición más alta para sí mismo.

»Nunca explícitamente se negó a que él podría hacerlo. Sin embargo, hoy, de la nada, ¡declaró que salía de la capital y regresaba a la provincia de Kei!

Gekkei debió haber entendido que los demás ministros habían malinterpretado su recomendación. Pero nunca trató de corregir las suposiciones equivocadas. Cuando lo pensaba ahora, Gekkei debió haber sabido esto desde el principio. Los ministros fueron los que no captaron lo que estaba pasando, o nunca habrían acordado nombrar a Shouyou Chousai.

Él no solo había fracasado en corregir estas creencias erróneas, sino que desde el principio a lo mejor -por omisión- la había fomentado.

—Dice que solo es un Señor Provincial, no un ministro imperial, y su trabajo es gobernar su provincia, no el Reino. Si bien pudo haber sido necesario traspasar la autoridad con el fin de calmar el caos, sería inadmisible para él, como Señor Provincial, el traspasar la autoridad para gobernar el Reino. ¡Él todavía está pegado a ese mismo argumento!

Lágrimas de rabia y decepción cayeron en sus manos que aun sujetaban sus rodillas. Shouyou sabía que él no podría llenar los zapatos de Gekkei. Gekkei había matado a Chuutatsu y detuvo la masacre. La fe de los ministros y el pueblo en él era absoluta. Al retirarse a su provincia, incluso después de nombrar a Shouyou Chousai -la gente y los funcionarios del gobierno necesitaban a alguien que los uniera-. En especial porque no había ningún Rey para mantener el Reino de deslizarse en el olvido.

Shouyou no podía negar la expectativa de que esto era algo que solo Gekkei podía hacer, que lo necesitaban. El mismo año que habían derrocado a Chuutatsu, él había ejecutado a por lo menos trescientos mil de sus súbditos, a pesar de que el shitsudou[1] afligía a Hourin. Incluso entonces, Shouyou y sus colegas se sentían acorralados y habían vacilado.

Ellos se compadecían de la gente, lamentaban el estado del Reino, pero no podían reunir el valor suficiente para hablar de la palabra “regicidio”.

Gekkei fue el único que manifestó la posibilidad, y tomó acción. No vieron nada de malo en poner su fe y expectativas en él. Ellos creían que él continuaría liderándolo como lo hizo durante la insurrección. En lo que respectaba a la gente, sin importar qué pasara con el Reino después de eso, estaban seguros de que había sido Gekkei quien los había salvado.

Sin embargo, Gekkei parecía determinado a poner toda esa fe y todas esas expectativas en algo inútil.

Shouyou no podía entender por qué se revolcaba en tal dolor y miseria. Mirando hacia atrás, cuando Gekkei regresó a su palacio en la provincia de Kei tras el levantamiento, sus intenciones habían sido claras. Cuando había regresado al Palacio Imperial en respuesta a sus súplicas, había declarado que no tenía ninguna inclinación de asumir cualquier cargo imperial y había ido allí solo para ofrecer asesoramiento. No había renunciado a su título de Señor Provincial, ni mostraba el menor interés en la búsqueda de un reemplazo.

En retrospectiva, no se podía negar que Gekkei era un Señor Provincial. A pesar de su resolución al respecto, Shouyou y sus colegas habían cerrado sus ojos y cubierto sus oídos. Su incapacidad para comprender la verdadera naturaleza de la situación en la que estaban.

Podía comprender todo esto con su cabeza. Pero no en su corazón. Se sentía traicionado, echado a un lado como una amante desdeñada. No importaba cuan irracional fuera su amargura y cólera, no podía ser el único que se sentía de esa manera. De hecho, cuando Gekkei había pronunciado esas palabras en el Consejo Privado, la sala entera casi se había congelado. Después de que el subsecretario llegó a buscar a Gekkei, el lugar estalló en lamentos de dolor y arrebatos de abuso verbal.

Gekkei probablemente había vuelto al Gaiden. Los ministros restantes sin duda intentaron llamarlo nuevamente. Y ninguna de sus palabras quiso tocar su corazón.

En un comienzo, Shouyou levantó su cabeza. Nervioso, se giró y encontró al General de Kei mirando tranquilamente en el patio.

—Le pido perdón —Shouyou apresuradamente se disculpó—. Me perdí un poco en mis pensamientos.

Sei lo miró y sonrió.

—¿Qué sucedió?

—Nada —Shouyou respondió en una voz estrangulada.

Sei asintió con la cabeza.

—En cualquier caso, creo que vine en un momento muy inoportuno. Siento levantar tal alboroto.

—¡Oh, no, nada de eso! He sido…

—Entonces supongo que el Chousai es la persona a quien debo entregar esta carta. Su Alteza asume que Hou está siendo gobernada por el Marqués, así que su contenido no puede ser enteramente para usted. Pero agradecería si acepta esto en nombre del Marqués.

Sei le tendió la carta. Shouyou dudó.

—Pero…

—No dude en entregársela al Marqués. Estoy seguro de que Su Alteza no pondría objeciones.

Shouyou dudó, pero finalmente tomó la carta.

—No deseo imponerme más a ustedes —Sei continuó—, pero tengo otra carta para el Chousai. Una vez más, puede encontrar su contenido desagradable, pero espero que lo acepte.

—No quiero ser grosero, pero ¿de qué trata esta carta?

—Es de una dama de la Corte Imperial de Kei. Fue pensada para entregársela también al Marqués. Pero sería lógico en esta coyuntura dejarla en sus manos. Sé que esto puede sonar presuntuoso, pero Su Alteza quiso que ambas cartas, fueran tratadas con igual de importancia.

Shouyou lo miró boquiabierto. Nunca un ministro de Hou había recibido un comunicado del Reino de Kei, sin dejar de mencionar una carta de cualquier Dama de la Corte Imperial de Kei.

—General Sei, yo…

Sei lo interrumpió tranquilamente.

—El nombre de esta dama de la corte es Son Shou[2].

Por un largo rato, Shouyou no podía ubicar ese nombre. Estaba a punto de preguntar quién era Son Shou cuando de repente vino a él: la hija del Chuutatsu, la Princesa Real Shoukei, quien había sido desterrada del Palacio Imperial.

Shouyou sintió sus rodillas débiles por la impresión.

—La señorita Shoukei, ¿ella vive en Kei?

—Sí —el general respondió con una sonrisa que comunicaba que comprendía las circunstancias que rodeaban a Shoukei—. Sé que he puesto toda esta carga sobre sus hombros, pero le agradecería si pudiera ver que se llevaran a cabo apropiadamente.

Sei se levantó de su silla y se inclinó. Shouyou tomó las cartas con ambas manos.

—General Sei, ¿regresará a Kei de una vez?

—He cumplido mis órdenes. Después de haber visitado el Palacio Youshun de manera informal y entregado las cartas, mi misión se ha completado. He instruido a los miembros que viajan conmigo para aprovechar la oportunidad de informarse acerca de las condiciones del Reino, después de haber estado unos días en la ciudad.

—Si no tiene demasiada prisa, le pediría que retrasara su salida por un tiempo. Realmente debo insistir en que se reúna con el Marqués.

—Pero…

—Fue el Marqués quien tuvo la mayor preocupación por el bienestar de Shoukei. Vaya con él. Por favor.

      El general aceptó y Shouyou llamó frenéticamente por el subsecretario.



No hay comentarios:

Publicar un comentario