CAPÍTULO 7
Cuando Hirose llegó a la escuela temprano en la mañana, vio una
multitud de personas relacionadas con los medios de comunicación frente a las
puertas del edificio. Había más ahora que cuando ocurrió el incidente con
Iwaki.
Todavía faltaba un tiempo para que los estudiantes llegaran a la
escuela. Ellos tuvieron suerte de encontrar a un puñado de alumnos y profesores
parados frente a la puerta del edificio. Todos los profesores a los que
agarraban agachaban la cabeza y se apresuraban para alejarse, mientras
forzadamente llamaban a los estudiantes que habían sido agarrados al igual que
ellos y los hacían entrar a la escuela. Tal vez fuera la falta de buen juicio
que los estudiantes que entraban se vieran decepcionados. Mientras eran forzados
a entrar a los terrenos de la escuela, miraban a los periodistas con gran
interés.
Hirose se detuvo en un lugar donde podía ver las puertas de la
escuela. Al ver la situación en la entrada, solo pudo suspirar. No quería que
se le hicieran preguntas absurdas, por lo que giró y caminó un tramo corto,
hasta otro lugar donde se podía ver la puerta trasera. Sin embargo, todo el
alrededor de la puerta trasera estaba rodeado de gente. Contó a simple vista y
vio que había menos personas de ese lado. Justo cuando estaba a punto de
caminar oyó el suave sonido de una bocina de coche detrás suyo.
Mirando hacia atrás vio a Totoki sentado en el interior del auto.
—¿Necesitas que te lleve?
—Por favor, eso sería grandioso —Hirose hizo una pequeña
reverencia y entró en el pequeño auto blanco detenido a un lado. Una vez que
estuvo adentro dejó salir un suspiro.
—Que duro período de entrenamiento —dijo Totoki riéndose.
—…Sí.
—Pero terminará mañana. Tengo un poco de envidia.
—Supongo —dijo Hirose sonriendo con ironía. Totoki también sonrió
y llevó al coche a la derecha. Puso el guiñe del auto para girar a la derecha y
esperó a que la luz roja fuera verde.
—¿Tu cuerpo está bien?
—En su mayoría, tengo algunos moretones aquí y allá.
Totoki sonrió y asintió con la cabeza. Al ver que el semáforo
había cambiado, condujo mientras decía en voz baja:
—Oí que a los profesores que ayer fueron a ver a
los estudiantes al hospital los periodistas les hicieron preguntas acerca de
cosas extrañas.
—¿Cosas extrañas?
—Sí. Preguntaron sobre los rumores de un accidente que involucraba
a un estudiante que había caído del segundo piso y si ese estudiante había
venido.
—Pero ese incidente… —Fue acordado como incidente. Los diarios y
la televisión lo ignoraban.
—Probablemente lo oyeron de algún otro lado. Continúan
insistiendo, preguntando donde está la casa de Takasato.
Totoki manejó hasta la entrada trasera, tocó la bocina para
dispersar a los medios de comunicación que se habían reunido en la puerta y
fueron directamente a la escuela.
—Continúan preguntando si realmente
fue un accidente. Parece que están centrando toda su atención allí. Incluso
podrían plantear incidentes relacionados a los estudiantes heridos. Deberías
tener cuidado.
—Lo haré.
Totoki estacionó el auto en el terreno junto a la entrada trasera,
y sonrió diciendo:
—Si no te has dado por vencido para entonces, puedo llevarte
después de la escuela, ya que los alrededores de la escuela están infectados
por este ejército de hormigas.
Hirose sonrió y asintió vagamente.
—Por favor, si no es mucha molestia.
Hirose y Totoki caminaron a la oficina juntos y encontraron que
esta estaba envuelta en una extraña atmósfera. Los profesores estaban dispersos
en la oficina en pequeños grupos, manteniéndose cerca unos de otros. Todos
estaban alterados y eso se veía en sus rostros. Hirose recorrió con la mirada
la oficina entera, y después de ver a Gotou de pie en un rincón, caminó hacia
él.
—Buenos días, ¿…qué es lo que ha estado sucediendo?
Gotou levantó la mano suavemente, y luego, viéndose afligido,
susurró:
—Las noticias deportivas traen un extraño reporte. Es una
aglutinación del incidente de ayer y todos los incidentes juntos, diciendo algo
sobre una maldición.
Hirose sabía que su rostro se había puesto pálido. Totoki se
inclinó con interés.
—¿Una maldición?
No podían estar hablando de Takasato, ¿o sí? Hirose le preguntó
con la mirada. Gotou lo negó.
—Me parece que escucharon sobre el incidente de Takasato y lo
ocurrido en el viaje de campo. Incluso han pensado en Ikuta —Gotou sonrió con
amargura—. Están juntando todo, como si temieran que la situación no fuera
suficientemente mala, escribiendo acerca de una escuela maldita o algo
parecido. Incluso escriben que las personas involucradas dicen que es una
maldición y que están asustadas.
Totoki hizo un ruido de sobresalto.
—¿Las personas involucradas?
—Creo que hablan de mí o del maestro Totoki.
Los ojos de Totoki se abrieron en
sorpresa, y luego sonrió con ironía.
—No sabía que yo mismo estaba tan asustado.
—Yo tampoco —sonrió Gotou, y luego su rostro se endureció—. Qué
problemático. Ayer, el hospital fue un lío por todos esos.
—Así parece.
—Las situaciones dan lugar a más situaciones. No es de extrañar,
ya que el incidente con Iwaki acaba de suceder. Y entonces, creo que hubo esos
pequeños incidentes que ocurrieron ayer.
—¿Ayer?
—Sí. Hubo nueve en nuestra clase que, si no bajaban las escaleras,
entonces caían de un puente peatonal, lo que condujo a unas cuantas ausencias.
Creo que no hay forma de que podamos dar clases hoy —mientras decía eso, Gotou
le dirigió la mirada a Hirose, y justo entonces entró el director.
La hora de inicio de clases fue retrasada, y las reuniones de la
mañana fueron llevadas a cabo para toda la escuela. Según el director, respecto
a los siete que habían saltado del techo, seis de ellos ya estaban muertos.
Hirose se dirigió a la sala de clases para llevar a cabo una
reunión de la mañana y en el aula había una situación lúgubre. Seis personas
habían muerto, y una estaba inconsciente. Desde anteayer hasta esta mañana,
hubo doce estudiantes ausentes por un accidente, y cuatro que llamaron por
enfermedad. Había solo dieciséis estudiantes sentados en el aula, mirando
nerviosamente.
Las dos semanas de entrenamiento estaban por terminar. El
currículum de estudio del maestro estudiante estaba forzado en su aplicación,
pero la mayoría de los otros cursos fueron dejados a los estudiantes en estudio
por cuenta propia. Según el plan ya establecido, durante el quinto período
Hirose fue al primer año de ciencias clase 1, pero en las mentes de la mayoría
de los profesores que habían ido a mirar y las de los estudiantes no estaban
allí.
Cuando Hirose regresó al salón de química después de que el
currículum de estudio hubiese terminad, el teléfono sonó. Era una notificación
de que el último estudiante en el hospital había muerto mientras estaba en
estado de coma.
Gotou colgó el teléfono y abatido se
puso la mano en la frente. No sabía muy bien cómo decirle a Hirose, y por lo
tanto miró en silencio su espalda.
—Hirose —dijo en voz baja, mirando la espalda de Hirose—.
Realmente no me gusta la sensación de tenerle miedo a Takasato. Pero, después
de esto, no puedo evitarlo más.
La espalda de Hirose todavía daba a Gotou, cuando asintió con la
cabeza.
—Detestar a Takasato es mucho más fácil. Siete personas. Siete.
—Todavía no podemos decir con seguridad que Takasato lo esté
haciendo.
Gotou giró la cabeza.
—Tú dijiste antes que Takasato maldecía a los demás.
Hirose sacudió la cabeza.
—Solo dije que Takasato y las
represalias estaban conectados. Primero que nada, esto no es necesariamente
venganza. Podría ser suicidio.
—¿Y sus motivaciones?
—De vez en cuando ni aquellos que se suicidan lo saben. Hay
quienes buscan la muerte por pequeños motivos, como ser la burla de quienes los
rodean.
—¿Realmente crees lo que estás diciendo?
Siendo observado por Gotou, Hirose bajó la cabeza.
—…no es Takasato, señor Gotou.
Después de que Hirose dijera eso, los ojos de Gotou parpadearon en
duda.
—Takasato no es quien maldice a la gente. Es esa cosa que usted
vio anteriormente.
Gotou miró a Hirose, y luego hacia la taquilla donde guardaba los
cuadernos con sus bocetos.
—¿…te refieres a eso?
—Sí. No sé lo que son. Se han encariñado con Takasato y están
constantemente protegiéndolo. No conozco la razón.
—No sé si llamaría a eso protección.
—Sus
métodos son los equivocados, pero sus intenciones son muy evidentes. Están
protegiendo a Takasato a su manera. Son menos tolerantes aún con quienes
identifican como enemigos de Takasato. Creo que utilizan la venganza para
lograr la protección.
—Entonces —Gotou murmuró—. Entonces ¿nunca le harán daño a
Takasato?
—Probablemente.
—Si este es realmente el caso, entonces, ¿no estarían las personas
cercanas a Takasato más seguras? No sé exactamente cómo se vengan, pero
mientras que Takasato esté en el aula, entonces no usarán métodos que hagan al
techo caer o saquen estacas a través del suelo. Incluso si utilizan medios más
improvisados el factor seguridad es mucho más alto cuando están cerca de
Takasato que cuando no. ¿Es así?
Hirose abrió bien los ojos.
—Sí, exactamente eso.
“Si van a proteger a Takasato, entonces, cuanto más cerca de
Takasato estén los estudiantes, más seguros estarán”.
—Takasato… —“debería ser llamado para acá”, estaba a punto
de decir Hirose, pero Gotou lo detuvo.
—Espera —dijo firmemente, y luego desvió la mirada como si aún
estuviera indeciso.
—Déjame llamar a casa.
—¡No! —Gotou estaba claramente un poco consternado. Sin entender,
Hirose ladeó la cabeza hacia un lado y lo miró.
—…es demasiado peligroso. Los estudiantes no entienden la
situación. En este momento todos le temen a Takasato. Están convencidos de que
Takasato mismo es quien maldice a las personas. Puede que haya quienes se
encuentren en una situación sin remedio, pensando que todo estaría mejor si
Takasato no estuviera… Esta es una posibilidad. Pensarán que una vez que se
muera Takasato podrán escapar del infortunio.
—Eso es cierto, pero… —continuó Hirose—. Pero, si algo le fuera a
pasar a Takasato, seguro esas cosas lo protegerían —¿No era por eso por lo que
resultó ileso tras caer de una altura de tres pisos?
Después de que Hirose terminara de hablar, Gotou
desvió la mirada.
—No lo hagas. No creo que haya ningún estudiante que desee
permanecer al lado de Takasato. ¿Qué no es la mejor prueba que se hayan
reportado como enfermos?
—Solo tenemos que explicarles que es de nuestro mayor interés, su
seguridad. Deberían ser capaces de entender eso. Necesitamos encontrar una
oportunidad para persuadir a los ausentes, y hacerles saber que cuando vengan a
la escuela, será más…
—¿Quieres decirles toda la situación?
—¿No podemos?
—No seas absurdo —escupió Gotou secamente. Hirose lo pensó
inconcebible y miró a Gotou.
—¿Por qué?
—¿Quieres decirles que por esto y aquello no deben alejarse de
Takasato? Es inútil. No es como si pudieran permanecer a su lado las 24 horas
del día.
—Pero…
—Cuando digo que no, es no. Espera y lo verás. Si alguien más
muere, cuando vean a Takasato, ¿qué crees que pasará?
—¡Pero no hay nada más que podamos hacer para protegernos!
—No sé qué tan efectivo será. Además, el riesgo es muy alto.
Termina con eso.
—Entonces, ¿qué podemos hacer?
—En cualquier caso, no debemos decirle a los demás sobre esto.
Hirose suspiró. No entendía por qué Gotou había cambiado tan
repentinamente a una actitud tan obstinada.
—Señor Gotou.
Gotou lo miró mientras se paraba frente al caballete. Miró por
encima de la tela con los brazos cruzados.
—Hirose, ¿qué clase de persona crees que soy?
Hirose no sabía por qué Gotou le hacía una pregunta semejante, y
no sabía cómo responder. Se mantuvo en silencio mientras inclinaba la cabeza.
Mirando su lienzo, Gotou murmuró:
—Estoy contento contigo.
—Gracias.
—…por eso, estoy insistiendo en que no le digas a nadie. No quiero
asistir a tu funeral.
Hirose abrió bien los ojos.
—¡Señor Gotou!
—Este es mi ego. Lo conozco. Pero, al menos, no soy una de esas
personas capaces de querer a todo el mundo por igual. Si les dices todo y les
creas un obstáculo, entonces, incluso tú podrás estar maldito. Realmente no
quiero verte, Hirose, convertido en Iwaki.
—¿Sabe a lo que me refiero cuando
dijo que se los quiero explicar?
Gotou aún no lo miraba.
—Lo sé. ¿Quieres que lo diga más simple? …Incluso si les contaras
todo, aún necesitarían un chivo expiatorio. Harán lo que tengan que hacer, con
alguien, y tú deberás pagar el precio de lo que hicieras. Este no es un precio
que puedas pagar.
—Señor Gotou…
Gotou esbozó una sonrisa amarga mientras miraba la lona. Era una
amarga, amarga sonrisa.
—¿Estás sorprendido? ¿O debería decir cosas más inapropiadas?
—No quiero escuchar más.
—Entonces, permíteme preguntarte… si mueres, ¿qué crees que le
pasará a Takasato?
Hirose miró el perfil de Gotou.
—No puedes comparar esto a cuando
Ikuta o Iwaki murieron. Hirose, tú podrías ser posiblemente la primera persona
que Takasato conociera en toda su vida, capaz de entenderlo. ¿Quieres dejar a
Takasato atrás?
—Yo…
Gotou movió la mirada a otra parte, y reveló una expresión dura y
amarga.
—Si fuera posible tratar bien a todo el mundo, entonces nadie
haría eso. Pero, a veces tenemos que decidir por una orden. Que quieras a todos
por igual quiere decir que no quieres a nadie. Al menos es lo que pienso.
Hirose estaba en silencio. Sentía como si le hubieran clavado
donde le dolía. En realidad, Hirose también estaba preocupado porque pensaba
que, si algo pasaba con los estudiantes, todo se sumaría a la carga psicológica
de Takasato. En su mente, también existía algo, el pensamiento de que era
inevitable que aquellos que habían empujado a Takasato recibirían un
determinado castigo. Sin embargo, castigos excesivos se convertirían en una
carga para Takasato. Por lo tanto, si había alguna manera de que pudiera
detenerlo, esperaba ser capaz de hacerlo. No se dio cuenta de que si hubiera
saltado para detenerlo, él también podría haber resultado herido.
—Si sin importa qué, vas a explicarles esto, entonces déjame
hacerlo. Una persona tan joven como tú no debería cruzar un puente tan
peligroso.
Hirose nuevamente sintió ser golpeado donde le dolía.
—…hablas como alguien mayor.
—Sí —de pronto, Gotou pareció ser mucho mayor. Hirose recordaba
que cuando Gotou fue su profesor tutor, ya tenía al menos cincuenta años.
Hirose pensó: “¿se está acercando a la edad de retiro?”.
—No me gusta asistir a los funerales de personas como tú. Es
simplemente una pérdida de dinero en el funeral —dijo Hirose calmadamente, y
Gotou rio forzadamente. No dijo nada, por lo que Hirose no habló más.
El cariño de una persona que piensa en el bien de otra debe ser
algo muy precioso, pero, por otro lado, existe un ego tan feo. “Cada persona
existente en este mundo como persona es en sí misma muy sucia”. Eso es lo
que Hirose sentía en su corazón.
Los funerales de los estudiantes que habían saltado del techo y
muerto habían sido planeados para la tarde. Después de ver a un Gotou de pies
pesados irse, Hirose abrió el registro de asistencia. Después de que cada uno
de los siete nombres, utilizó una regla para dibujar cuidadosamente una línea,
tal como lo había hecho antes con Iwaki.
Ese día constó en nada más que reuniones así que hubo varias horas
de estudio. Incluso aunque las clases continuaban, los terrenos de la escuela
eran bastante ruidosos. Un poco después de que Gotou dejara el salón de
química, el sonido de la gente al hablar se hizo más cercano. Hirose fue
aguzando el oído para escuchar, cuando la puerta se abrió repentinamente, y
Nozue y Sugisaki entraron.
—¿Oh? ¿Maestro, está bien?
—¿Cómo se siente?
Los dos hablaron al mismo tiempo. Hirose sonrió amargamente.
—Estoy bien, supongo.
Nozue miró a Hirose detenidamente.
—¿Está bien? Oí que ayer usted parecía estar a punto de morir.
—¿Quién dijo eso?
—Los chicos de la clase. Dijeron que
el rostro del maestro estudiantes estaba pálido como si hubiera sido él el que
había saltado de un edificio.
—Eso es una exageración.
—¿Es así? Maestro, es porque usted es tan ingenuo.
—¿Sabe lo que significa? —Nozue comenzó a reír.
—¿No deberían estar en clases?
Se suponía que estaban en el cuarto período. Cuando Hirose les
preguntó eso, Nozue abrió los ojos con picardía.
—Es hora de estudio. Por lo que pensamos que estudiaríamos algo de
química.
Hirose miró con el sentimiento de ser rescatado. Mientras, ellos
invadían voluntariamente el gabinete y sacaban algunas tazas. Era deprimente
estar sentado ahí solo, y sus risas lo animaron un poco.
—Oí que la clase 2-6 está vacía, ¿eh? —Nozue se sentó frente a
Hirose, sosteniendo una taza de café.
—Bueno…
—¿Cuántas personas?
—Dieciséis. El aula tiene buena ventilación, ¿no?
—Si me lo preguntas… —Sugisaki bajó repentinamente la voz—. ¿Han
oído acerca de la maldición?
Nozue murmuró:
—¿Vas a continuar con eso?
Sugisaki sacudió la cabeza.
—No, no. No voy a hablar del de segundo año… eh… ¿Takasato?
—Si no es el Señor T, entonces ¿quién?
Sugisaki bajó la voz aún más.
—Iwaki.
Por un instante, Hirose se quedó mudo por el asombro. Nozue
tampoco dijo nada por un rato, y luego rio.
—De ninguna manera. ¿Por qué estaría Iwaki maldito?
—¿Qué la gente de la clase 2-6 continúa siendo herida? ¿No es
porque mataron a Iwaki?
—¡Los de la clase 5 también estuvieron ahí! —dijo Nozue.
Sugisaki sonrió, diciendo:
—¿No estaban ellos tomando ventaja en el momento en que las clases
5 y 6 se juntaron para hacer un simulacro de la pelea a caballito? Por
supuesto, van a separarlos en dos equipos. Quiero decir, la hemos jugado antes.
Usualmente forman equipos basados en la clase a la que pertenecemos, ¿no es
así?
—Me tienes acá arriba.
—Iwaki estaba en la clase 5, así que ¿cómo podría involucrarse con
sus compañeros? Entonces, las personas alrededor de su grupo deberían haber
sido los de la clase 6. Después de una lucha con lo chicos de la clase 6,
cuando Iwaki cayó, la mayoría de los atacantes debieron ser de la clase 6.
—Ah, ya veo.
—Además, hay personas que lo vieron.
—¿Ver qué?
Sugisaki bajó la voz.
—Las
personas que viven cerca de la escuela dicen que a la noche vieron alguien
vistiendo el uniforme de gimnasia sobre el techo del edificio de clases.
—¿Un uniforme de gimnasia?
—Además, unos de otra clase dijeron que cuando estaban entrando al
vestíbulo de entrada vieron a alguien vistiendo el uniforme de gimnasia
caminando detrás de la zapatera. Incluso dijeron que el uniforme estaba sucio y
manchado de sangre.
—Ja, ja.
Hirose sonrió con ironía.
—Parece que después de que la gente muere, si no se convierten en
fantasmas, no estarán satisfechos, ¿eh?
Sugisaki frunció el ceño.
—No soy yo quien lo dice. Yo solo soy el que dice que hay tales
rumores.
—Cuando alguien muere, siempre aparecen ese tipo de rumores.
Después de haber sido burlado por Hirose, Sugisaki infló
desafiantemente las mejillas.
—Pero todo el mundo dice que el incidente de los que saltaron
tiene algo que ver con Iwaki…
—No puede ser.
—No, de verdad. Dicen que los de gimnasia lo oyeron todo.
Escucharon a los que estaban en el techo gritar: “¡Por favor, ayúdanos!
¡Perdónanos, por favor!”.
Hirose frunció el ceño.
—¿Gritar?
—Así es. Fue así como los que estaban en el gimnasio se dieron
cuenta de que había gente en el techo. Dijeron que ellos gritaban
delirantemente: “¡Perdónanos!”. ¿Cómo salvas a un grupo entero de
personas paradas en el borde del techo? Algunos dijeron que parecían estar
controlados.
De repente, una visión atravesó la mente de Hirose. En ese estado,
paralizado, sus cuerpos no se podían mover, ni hacer ruido alguno, excepto que
había movimiento en sus piernas. Ellos no querían ir, pero sus piernas se
abrieron paso hasta el techo. La puerta que no debía estar abierta lo estaba, y
ellos entraron al techo. Sus piernas no respondían a sus comandos y los
llevaron al borde. Pero, debido a que estaban aterrorizados, les fue tal
esfuerzo exprimir un poco de pánico: “¡Por favor, sálvanos!”.
Hirose sacudió la cabeza. Solo había sido una fantasía. Nadie sabe
exactamente lo que pasó allí. Y uno no podía eliminar la posibilidad de que
ellos se hubieran suicidado en base a su propia voluntad.
—Además, esta mañana… —dijo Sugisaki.
Hirose desconcertado dirigió la mirada hacia él.
—¿Qué pasó?
—Alguien dijo que había pisadas de barro frente a la clase del
primer año.
—¿Barro?
—Sí, pisadas de barro que parecían haber sido hechas por algo que
se arrastró por el pasillo del primer piso. Barro, es tan… ¿sabes?
—¿Cuándo oíste eso?
—¡Justo esta mañana! Fue la primera cosa que oí al llegar a la
escuela. Es una lástima que para cuando llegué ya lo habían limpiado. Parece
que un conserje lo limpió o algo así.
—¡¿Oh?! —exclamó Nozue. Sugisaki continuó.
—Las huellas de barro eran de este ancho, desde
el pie de la escalera junto al vestíbulo de entrada hasta el frente de la clase
6 —Sugisaki levantó y separó las manos como un metro—. Después, oí de esto en
el vestíbulo de entrada, corrí allí inmediatamente. Siempre he sido un curioso,
pero no logré ver nada. Aunque había un olor extraño.
—¿Un olor extraño? —Hirose levantó la vista y Sugisaki asintió.
—Era una especie de olor húmedo y pútrido. Sentí como si ya
hubiera olido algo como eso antes.
Hirose preguntó tímidamente.
—¿Fue… como el olor de la marea?
—¡Ah! —gritó Sugisaki mientras se golpeaba los dedos—. Eso es.
Estuve pensando en lo muy familiar que me resultaba ese olor. Es el olor del
mar, el olor a barro sucio cuando estás junto al mar.
Nozue hizo un ruido de sobresalto.
—¿Y entonces? ¿Qué tiene que ver el olor de la costa con Iwaki?
—¿Eh? Eh… Es cierto, eh… ¿Hmm? —Sugisaki ladeó la cabeza, y Nozue
rio. Nozue continuó por un rato sobre cómo la gente no tenía fundamentos para
los rumores, pero Hirose no lo escuchó.
El olor de la marea.
Desde cierta perspectiva, era aterrador considerar que eso fue lo
que Iwaki dejó atrás. ¿No lo había mencionado también Takasato? Él dijo que
siempre los acompañaba el olor del mar.
Cuando la campana sonó, Hashigami llegó inmediatamente.
—¿Lo oíste? —preguntó Hashigami, tan pronto como entró al salón de
química—. Oí lo que pasó, Sugisaki.
Sugisaki rio con orgullo.
—Lo he sabido por un tiempo. Es Iwaki, ¿verdad?
Al oír eso Hashigami se sorprendió.
—¿Iwaki? ¿Qué hay con Iwaki?
Después de recibir esta respuesta de Hashigami, Sugisaki no pudo
evitar abrir bien los ojos.
—¿No hablabas de eso? ¿Qué el fantasma de Iwaki ha estado
apareciendo?
—¿Hay un rumor como ese?
—Sí, lo hay. ¿Estás hablando de algo diferente?
Hashigami se sentó en una silla con una mirada de asombro en el
rostro.
—¿Estás hablando de un rumor que dice que Iwaki se convirtió en
fantasma y ha estado apareciendo? Es la primera vez que oigo eso. No es Iwaki.
Se trata de una joven.
Sugisaki se inclinó hacia adelante con gran interés.
Hashigami sonrió. Nozue le entregó una taza de café, y él levantó
suavemente las manos.
—Es una historia común, pero últimamente parece ser muy popular.
Oí que ella estuvo apareciendo mucho por estos lados.
—¿Qué es? ¿Qué es?
—Es el fantasma de una chica que detiene a las personas y les hace
preguntas: “¿Conoces el ki?”. Cuando ellos responden que no, ella
desaparece inmediatamente, pero, cuando responden que sí, un perro de un solo
ojo aparece de la nada para comérselos.
Sugisaki dejó escapar un sonido de excitación.
—Adoras las historias como esta, ¿no es cierto?
—¡Sí!
Nozue ladeó la cabeza.
—¿Qué es el ki?
—Bueno… —murmuró Hashigami—. ¿Qué hay con oni[1]?
Ki, como en oni.
—¿Por qué piensas en oni?
—No lo sé. Es lo más probable, ¿no?
Sugisaki ladeó la cabeza.
—Me pregunto si será el nombre de alguien. Porque un tiempo atrás,
hubo una historia de fantasmas similar acerca de una mujer que seguía buscando
a un hombre, cuyo nombre comenzaba con hi.
—¿Qué es eso? —justo cuando Hashigami preguntó eso, la puerta del
salón de química se abrió de golpe, y Sakata apareció.
Después de mirar a los tres, se aproximó a Hirose.
—Maestro, ¿sabe dónde está Takasato?
Hirose no sabía qué quería decir con eso, por lo
que inclinó la cabeza.
—Llamé a su casa ayer, pero nadie respondió. ¿Sabe dónde está?
—Sí, lo sé —respondió, y Sakata mostró una sonrisa halagadora.
—Me estaba preguntando si usted me podría decir. Takasato
probablemente no vaya a venir mañana, ¿no? No importa nada, tengo que ir a
verlo y hablar con él.
Hirose lo pensó un rato, y luego simplemente respondió:
—No puedo decirte donde está. Creo que Takasato probablemente
vuelva a la escuela. Cuando lo veas en la escuela, entonces, podrás hablar.
Sakata miró a Hirose desconcertado.
—Parece que el maestro y Takasato se llevan bastante bien.
—¿De verdad?
—Simplemente parece diferente.
Cuando otras personas mencionan a Takasato, es simplemente diferente a cuando
el maestro habla de él.
Hirose no respondió a eso.
—Maestro, si se lleva muy bien con Takasato, me preguntaba si
usted me dejaría verlo. No importa nada, tengo que hablar con él.
Sakata era odiosamente persistente.
—¿De qué quieres hablarle?
—De muchas cosas.
Su tono de anhelo hizo que Hirose sintiera náuseas.
—La situación actual de Takasato es un poco complicada, así que
quería darle un poco de ánimo.
—¿Oh?
—esta voz de Nozue tenía otro tono—. No sabía que Sakata fuera de buen corazón.
Sakata resopló.
—Yo soy de buen corazón… con las personas con las que vale la pena
ser de buen corazón.
—Suena desagradable.
—No es eso lo que quiero decir. Solo que no me gusta tener algo
que ver con personas triviales, porque hay tanta gente allá fuera que es tan
aburrida, pero pretenden ser geniales.
Nozue sostuvo una sonrisa ridícula.
—Así que, si te vuelves buenos con Takasato, quizás no serás
maldito, ¿eh?
—No es eso —Sakata infló las mejillas—. Tan solo pienso que todos
malinterpretamos a Takasato. Él es alguien con talentos únicos, y creo que
tratar a ese tipo de personas como alguien ordinario está mal. Personas
especiales deberían recibir tratos especiales. Si no, Takasato no pensaría
mucho en ello.
Hirose
encontró molestas sus palabras. A Takasato probablemente no le agradaría
Sakata.
—Probablemente
tendrás muchas oportunidades de ver a Takasato en la escuela. No quiero hacer
eso.
Dicho esto, Sakata soltó un bufido.
—Lo que sea. No pretendía ser irrazonable. Pero…
Sakata buscó el rostro de Hirose.
—No estoy feliz con tu actitud.
—¿Qué actitud?
—Nada. Si no lo entiendes, entonces no importa —Hirose sintió que
él era una de esas personas que inquietaba a los demás sin razón alguna. Luego,
Nozue hizo un ruido seco.
—Sakata, ¿por qué te preocupas tanto por Takasato? Cuando te veo,
siento que algo no está bien.
—Estás siendo muy grosero al hablar.
—¿Pero no es así como eres? Sakata, realmente parece que adoraras
a Takasato. ¿Eso no lo molestaría?
—¿Por qué?
—Por lo general, si alguien es
acusado de haber causado la muerte de otro, no creo que se sienta feliz por
eso, mucho menos alguien que ha resultado lesionado como un intento de haber
tratado colgarlo.
—¿No dije que quería verlo y darle ánimo? Puede que no se sienta
bien porque pudo simplemente haber causado la muerte de otros, y me siento mal
por él. No hay nada que hacer. Takasato es especial. Pienso que quienes no lo
entienden y son agresivos con él, son tontos. Takasato no tiene por qué
sentirse responsable de la muerte de nadie —Sakata exageró un suspiro—. Nadie
lo reconoce, y hacen cosas inapropiadas. El punto es, que si nadie fuera en
contra de Takasato, entonces nadie moriría. A pesar de lo que la gente dice,
que Takasato maldice a las personas, nadie realmente piensa en sus corazones,
por qué están pasando estas extrañas cosas. Si todos fueran capaces de entender
lo especial que es Takasato, entonces, absolutamente nada pasaría.
Después
de que hablar, Sakata sonrió de un solo lado. Hashigami espetó:
—Lo siento. No hay forma en que yo quisiera apaciguar a una
persona solo para poder vivir.
—La gente así puede hacer lo que quiera. Porque finalmente, algún
día, serán purgados.
Hashigami miró a Sakata.
—Déjame aclararte esto. Sakata, tienes algún tipo de trastorno.
Hay algo especialmente raro en ti.
Sakata se rio de eso.
—Yo creo que, si no cambias ese tipo de actitud en la que creemos
estar en lo cierto, entonces, algún día, vamos a sentir la ira de Takasato.
Hirose no dijo nada. No podía soportar la presencia de Sakata, y
lo inquietaba. Hashigami parecía decepcionado y también mantuvo la boca
cerrada. Y obviamente, unas miradas de disgusto aparecieron en los rostros de
Nozue y Sugisaki.
Hirose se paró.
—¿Qué pasa? —preguntó Nozue, mientras levantaba la vista
inquietantemente hacia Hirose.
—Mandados —dijo Hirose cortantemente, y abandonó el salón de
química. Cuando entró en el pasillo, teniendo una puerta entre él y Sakata, no
pudo evitar dejar exhalar un profundo suspiro.
Ya que había dejado el salón de química
sin un objetivo en particular, Hirose descendió sin rumbo al primer piso.
Cuando miró hacia fuera desde el pasillo vio a los estudiantes reunidos en el
césped del patio. Desde donde veía nada le dio la impresión de que cosas raras
siguieran sucediendo en la escuela. Cuando se sentó distraídamente en la
entrada, los arbustos frente a él hicieron inmediatamente un ruido y un
estudiante asomó la cabeza desde el otro lado del fino boj[2].
Era Tsuiki.
—¿Qué estás haciendo ahí?
—Tomando un descanso. ¿Almuerzas? —preguntó Hirose. Tsuiki
asintió. Hirose se puso de pie y salió al patio con sus zapatos de interior.
Les dio la vuelta a los arbustos y vio a Tsuiki y a Gotanda sentados en un
banco.
—Ah, sus zapatos de interior.
—Mantengámoslo en secreto.
Tsuiki sonrió e hizo espacio para una persona más. Hirose se
sentó. Los dos tenían sus fiambreras sobre las rodillas, aunque ya casi habían
terminado de comer.
—Probablemente esté un poco caliente para disfrutar del sol.
El sol brillaba intensamente en el banquillo. La luz brillante
hacía a las sombras más oscuras. Hirose sintió que, aunque todo brillaba a su
alrededor, su humor había caído al punto más bajo.
—Es porque acá no hay aire acondicionado.
—Sí.
Tsuiki, no viniste al salón de química, ¿no? —preguntó Hirose. Tsuiki parecía
un poco perturbado.
—Quería, pero no sé cómo enfrentar a Hashigami… Además, Sakata
está allí.
—¿Qué? ¿No te agrada Sakata?
Tsuiki frunció el ceño.
—Nunca ha sido del tipo que me agradara. Aunque, recientemente ha
estado extraño.
—¿Extraño?
Tsuiki vaciló. Gotanda habló por él.
—Porque, últimamente, ha estado poseído, como si hubiera empezado
una nueva religión.
Hirose ladeó la cabeza.
Sin expresión en el rostro, Gotanda dijo:
—Takasatoismo.
—Ah —Hirose asintió. Gotanda se encogió de hombros
con indiferencia.
—Sigo recibiendo llamado.
—¿De Sakata?
—Sí, me dice que me arrepienta.
Sorprendido, Hirose miró a Gotanda y luego a Tsuiki, ambos
parecían hartos.
—Nos conozca o no, sigue llamando a los de nuestro curso, y
predicando que no vallamos en contra de Takasato.
Hirose suspiró.
—¿Así que… planean entrar en la fe?
Gotanda se encogió de hombros una vez más.
—Tienes
que estar bromeando. Sakata tiene una personalidad anormal.
“Totalmente”, murmuró Hirose dentro
de su cabeza.
Tsuiki suspiró exageradamente.
—Dijo que quienes resultaron heridos
recibieron un tipo de bautismo.
—¿Qué cosa?
—Un bautismo del Señor Takasato. Dice que es una oportunidad.
—No lo entiendo.
—Yo tampoco. Dice cosas como esas, no cree que sepamos qué cosas
es Takasato capaz de hacer, así que deberíamos tomar la iniciativa y cambiar
nuestras actitudes. Que, a pesar de haber sido castigados, aún tenemos la
oportunidad de reformarnos. Que, en algún nivel, estamos mejor que aquellos que
los que no tienen idea alguna. Que, si no cambiamos nuestras actitudes,
entonces, cosas aún peores sucederán, y que Takasato ya está cansado de
nosotros… Ese chico no está bien de la cabeza.
—Estoy de acuerdo —murmuró Hirose.
—No estoy seguro, pero me pregunto si bienaventurados
los pobres de espíritu se refiere a él.
—Creo que es un poco diferente.
Gotanda dijo:
—Si vamos a trasladar las palabras de
Sakata en términos de religión, entonces sería como esto: “Ir contra
Takasato es un pecado, y aquellos que hayan cometido un pecado son declarados culpables
por Dios. Esta declaración es un tipo de milagro. Los pecadores han cometido un
pecado, y por lo tanto sus pecados son grandes, pero al ser castigados, tienen
la bendición de estar en presencia de Dios. Entre ellos, están quienes han
cometido pecados imperdonables, y serán condenados a muerte, pero quienes
sobreviven tienen la oportunidad de ver un milagro con ojos propios, por lo que
es un tipo de bendición”.
Tsuiki sonaba sorprendido.
—Pareces entenderlo bien.
—No es solo que lo entiendo bien. Es que he hecho estudios para
poder entenderlo. En toda la clase, soy probablemente el único dispuesto a
pasar una o dos horas en el teléfono tratando con Sakata.
—Vana curiosidad.
—Me pregunto si pudieras llamarlo una vigorosa inquisitiva
naturaleza intelectual… Bueno, lo que sea. Las llamadas de Sakata son
inofensivas para mí. Pero, para otros…
—¿Cómo es eso? —preguntó Hirose, y Gotanda se
encogió de hombros.
—En pocas palabras, incluso aunque continúe hablando de milagros y
condenas, y de cómo si no nos arrepentimos pronto seremos castigados de nuevo,
no estoy principalmente preocupado, porque, ya sea activo o pasivo, yo no
estuve involucrado en el intento de ahorcar a Takasato. Aunque, si fuera uno de
los involucrados, entonces estaría preocupado por las llamadas de Sakata.
Hirose suspiró.
—Por cierto…
—Creo que la mayoría de los ausentes probablemente estén fingiendo
la enfermedad. Incluso los que en realidad resultaron heridos, probablemente
haya muy pocos heridos de gravedad que no puedan venir a la escuela. La gente
simplemente tiene miedo de venir. También creo que los que aún están viniendo,
probablemente sea porque los padres estrictos no les permiten tomarse el día
libre. En cualquier caso, creo que las llamadas de Sakata juegan un papel
importante en la ausencia a la escuela.
—De ninguna manera. Probablemente sea el simple hecho de que le
tienen miedo a la venganza.
Gotanda afirmó.
—No pueden estar tan asustados como
para no venir a la escuela, porque ya hay un chivo expiatorio. Eventualmente
habrá un día en el que regresen.
Hirose ladeó la cabeza, y Gotanda abrió más los ojos.
—Ah, también estuve en el mismo curso que Takasato cuando estaba
en primer año. A propósito, también estuve la mitad del tercer año de la
secundaria media, en la misma clase que él. Había sido transferido ese año. Por
lo que estoy bastante al tanto de la situación de Takasato. No creo que sea
cierto que un castigo llegará una vez que hayas lastimado a Takasato.
—¿Es… así?
Gotanda asintió.
—Es como la última vez. Cuando una gran cantidad de personas
hieren a Takasato, pocas son heridas de gravedad, pero el resto solo resultará
herido levemente, o quizás nada, lo que significa que fueron pasado por alto.
Esa es la regla.
—Ah, así que eso es lo que quieres decir con chivo expiatorio…
—Creo que la intención de Takasato no es la venganza, sino más
bien una advertencia. Está haciendo una amenaza para decir que nada bueno
resultará de meterse con él. Por lo que cuando un grupo lo hiere al mismo
tiempo, solo los menos afortunados reciben su castigo severo, y el resto sale
con unos pocos rasguños. A los afortunados nada les pasa. Aquellos, quienes se
han tomado los días libres debido a lastimaduras no pueden estar seriamente
heridos, ¿no?
—…sí.
—Así que, nada más serio le va a pasar a la gente que ya ha sido
lastimada, y los espectadores, tampoco serán lastimados. Independientemente del
momento, siempre habrá personas que observen sin intentar detenerlo. Por el
contrario, ninguno de esos espectadores ha resultado lastimado. En otras
palabras, es una advertencia. Para una advertencia, un castigo más grave sería
inútil y sin sentido.
Hirose asintió.
—De hecho, es fácil de entender con pensarlo un poco, pero creo
que la razón por la que no vinieron es por el extraño método de persuasión de
Sakata.
A primera vista eso parecía razonable.
—Entonces, ¿sabes cuántas personas están involucradas? —preguntó
Hirose. Gotanda ladeó la cabeza y murmuró algunos nombres.
—Veintiséis, creo. Tsuiki y un par estuvieron ausentes, y yo me
negué inmediatamente a involucrarme. Hubo otros cuatro que intentaron
detenerlos, pero terminaron heridos. Hubo alrededor de cinco espectadores.
Incluyendo a Takasato, eso termina en catorce. Nuestra clase es de cuarenta,
así que veintiséis son los involucrados.
Ya ocurrieron accidentes a doce personas. Siete ya no estaban
vivos, lo que deja a siete personas. ¿…podría ser que esas siete personas
salieran con unas pocas lastimaduras como advertencia?
Hirose sabía en su corazón que las razones de Gotanda tenían
sentido para él ya que no había nada que valiera la pena esperar. Lo peor era
que en realidad, Takasato no era el que llevaba a cabo las represalias.
¿Convencería la lógica humana a los monstruos?
Aun así, Hirose se sintió un poco aliviado. Definitivamente parte
de la tensión en su pecho se había ido.
Corrió por el pasillo del tercer piso hacia las escaleras. El
nivel de luz en el edificio de la escuela ya había disminuido, y las tristes
sombras acechaban de aquí y allá.
Miró su reloj. No pensó que dibujar a Agrip[3] tomaría tanto tiempo. Particularmente antes de que el profesor de arte, Yoneda,
lo hubiera cubierto con una bolsa de plástico. Lo que originalmente era un
busto al que estaba acostumbrado dibujar, se convirtió hoy en un gran problema.
Incluso aunque pudiera tomar un taxi frente a la escuela y correr hasta la
clase de dibujo, no creía que pudiera llegar para el comienzo de la clase. La
lección de hoy iba a ser de bocetos, y no quería llegar tarde. Era terrible
haciendo bocetos, pero el colegio de arte, que fue su primera elección, ponía
el hacer bocetos en el examen de admisión.
Corrió por las escaleras y se hizo paso hacia el vestíbulo de
entrada. No había muchas ventanas y, además, el vestíbulo de entrada estaba en
el lado opuesto al del sol que ya se había puesto.
Estaba de pie en el espacio vacío frente a la zapatera, cuando
pensó en ese rumor que había estado creciendo últimamente. Era acerca de una
historia de fantasmas, de cómo los muertos del martes pasado aparecían por
allí. Solo lo pensó por un segundo, ya que estaba apurado.
Basado en los números del sistema de
evaluación escolar, esta escuela era considerada de buen alto nivel. Él estaba
confiado para el examen escrito, pero lo que decidía la admisión era el
práctico. No había pasado mucho tiempo practicando para el examen práctico, y
tampoco había recibido atención especial por parte de ninguno de sus
profesores.
Se sacó los zapatos con rapidez y al
mismo tiempo metió los de interior. Mientras se ponía los zapatos, y estaba a
punto de cruzar el vestíbulo de entrada, descubrió a una persona parada en las
cercanas sombras.
No era uno de los que había muerto, de eso estaba seguro, no
porque estuviese familiarizado con los que habían muerto, sino porque estaba
seguro de que ninguno era una mujer.
Ella estaba parada con el cuerpo apoyado sobre la zapatera, de
frente a él con su tez blanca.
“¿Quién es ella?”, pensó, aunque no
le pareció especialmente sospechosa. Él conocía los rumores que circulaban por
la escuela, pero no estaba familiarizado con los de la ciudad.
Él ladeó la cabeza.
—Um… ¿Quién eres? ¿Eres miembro de la familia de alguien?
—preguntó él. Ella bajó la cabeza abatidamente, e inmediatamente lo volvió a
mirar.
—Estoy buscando a Taiki.
—¿Taiki?
Ella asintió.
—¿Conoces el ki?
Él no entendió el significado de sus palabras y simplemente se
quedó parado, por lo que ella volvió a bajar la cabeza.
—Estoy muy preocupada. Si no lo encuentro pronto…
Él inclinó la cabeza y dijo:
—Nunca he oído de eso antes. Lo siento.
No pudo evitar disculparse, ya que ella se veía muy triste.
Entonces le preguntó:
—¿Qué es eso? ¿Una persona?
Ella sacudió la cabeza.
—El ki es una bestia, una a la que llamamos Taiki.
—¿Es un perro?
Ella suspiró suavemente.
—El ki es un ki. Bueno, supongo que no lo conoces.
—Sí, lamento no poder ayudarte —mientras decía eso, buscó en sus
memorias. ¿Había una bestia llamada ki?
—Entonces, ¿conoces a Sanshi?
—¿Sanshi?
—Haku Sanshi.
Eso tenía aún menos sentido que ki.
—¿Es también una bestia?
Ella inclinó la cabeza.
—Creo que es más cercana a una
persona que bestia. ¿La has visto?
Él sacudió la cabeza, mientras se preguntaba qué quería decir con más
cercana a una persona que a una bestia.
—Si no los encuentro pronto, cosas muy malas pasarán…
—¿Cosas malas?
—Sí, muy malas. La situación se pondrá grave.
—Grave… —en ese momento las extrañas cosas que habían estado
sucediendo en la escuela pasaron por su mente. No sabía en qué estaba pensando
ella, pero ella sacudió la cabeza.
—La presencia de Taiki se ha ensuciado mucho, pero no es la impureza
de sangre, porque una bestia que odia la sangre se enfermaría por esta —se dijo
ella misma—. Le tomó mucho esfuerzo a Hanshi hallar este lugar por mí…
Él no entendía muy bien de lo que le
estaba hablando. Fue entonces que él finalmente comenzó a sentir como si las
cosas estuvieran un poco lejanas. Algo era diferente, diferente al mundo que él
conocía.
Al menos, pensó que debería alejarse de ella, por lo que dijo:
—De cualquier forma, creo que será mejor que te vayas pronto. El
guardia de seguridad vendrá pronto a cerrar, y si te encuentra, se armará un
gran alboroto.
Después de decir esto, ella asintió y se apartó del zapatero.
Es cierto. Si no me deshago de esta mujer, y si no me apuro,
estaré tarde para la clase.
Ella se dio vuelta, quedando de espaldas a él, y caminó en
dirección al pasillo.
—Eso no es bueno. Un desconocido… —en medio de la charla, él se
tragó sus palabras.
La silueta de la mujer se desvaneció lentamente, y mientras él
olvidaba si debía o no decir algo, la figura se desvaneció como si se estuviera
derritiendo.
Por un tiempo largo, él se quedó allí parado, estupefacto.

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