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El Niño Demoníaco

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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 10

 

CAPÍTULO 10

 

 

 

Shushou caminaba junto a Gankyuu mientras éste avanzaba silencioso. A diferencia de Gankyuu, Shushou era ligera de pies. El camino antes del amanecer era frío y estaba cubierto de escarcha, al paso de un niño el viaje era largo. Lo que era peor, había cubierto el viaje de tres días desde la ciudad portuaria en la mitad de tiempo y el descanso de una sola noche no había sido suficiente para aliviar la fatiga, pero Shushou no se quejó.

Realmente se había preocupado por llegar a las puertas antes del equinoccio de primavera, pero no solo había llegado la noche antes, sino que además había conseguido un guía. Shushou sabía que había guías profesionales que acompañaban a la gente en el Shouzan, muy necesarios cuando te adentrabas en el Mar Amarillo. Por desgracia, a pesar de llegar a tiempo, el robo de Hakuto no la había dejado con tiempo suficiente para contratar a un guía adecuado. La buena suerte que había tenido al encontrarlo la había llevado a creer que no importara lo que ocurriera después, todo iría bien.

En ese momento, la curiosidad superaba cualquier sentimiento de ansiedad. En la base de la muralla Gankyuu se dirigió al sur, a pesar de que las avenidas no eran tan grandes como las de Renshou, no había nada en donde las calles se cruzaban. En las intersecciones de Renshou simplemente había un cuadrado de tierra desde donde extendían las calles en las cuatro direcciones. Sin embargo, en esta ciudad, las intersecciones eran dominadas por estructuras más anchas que las carreteras. Algunas estaban hechas de piedra y protegidas por todos los lados por puertas de hierro. Las paredes de la muralla y terraplenes sobresalían aquí y allá. Los almacenes y tiendas que bordean las calles estaban equipados con puertas y rejas resistentes.

Llevados por la marea humana hacia el sureste, Shushou inspeccionó a su alrededor con los ojos curiosos. Al cabo de un rato llegaron a una única puerta.

—Quién podría imaginar que hubiera una puerta en un lugar como este —dijo Shushou, levantando la voz.

El camino que rodeaba la ciudad dentro de las murallas huecas desembocaba en la gran plaza ante la puerta. Ríos de gente se derramaba en la plaza, y se recogían como en el estanque de una esclusa. Frente a ellos, las torres de vigilancia de la enorme pueta ahorquillada se elevaban hacia el cielo.

Shushou volvió la vista hacia Gankyuu.

—¿Esta es la sureste?

Gankyuu dejó escapar un largo suspiro.

—Así es.

Él inclinó la cabeza hacia atrás para disfrutar de las cinco pagodas legendarias. En todas las capitales de prefectura y fortalezas había doce puertas que daban a los doce puntos cardinales, según la costumbre. La ciudad de Ken no tenía una puerta del dragón en el norte o una puerta de la serpiente en el sureste. En su lugar, como si la esquina sureste hubiera sido cercenada limpiamente, había sido colocada una gran puerta que separaba el acceso a las montañas.

—La Puerta de Chi, de la Tierra.

Las montañas que asomaban parecían inclinarse hacia la puerta. Más allá de los estratos en capas, los agudos picos resaltaban contra el cielo antes del amanecer, un gran muro negro bloqueaba el camino. Las cumbres se extendían a izquierda y derecha como los afilados dientes de una sierra de leñador, fundiéndose en la distancia diluyéndose en el aire gris de la mañana. Las Montañas Kongou, con sus picos altísimos y afilados, solo tenían un camino para atravesarlas. Esta era una de las cuatro rutas del Mar Amarillo.

Debido a que daba al Mar Amarillo, esta puerta era más alta y resistente que cualquiera de las otras puertas de la ciudad. Una vez al año, el Portón de la Fuerza se abría y se decía que las bestias mágicas que tenían sus hogares en el Mar Amarillo la desbordaban periódicamente, o, mejor dicho, lo hicieron una vez. Estos eran vestigios de esa época.

Los bordes exteriores del Mar Amarillo y la Puerta de la Tierra habían visto la construcción de torres altas y robustas, pasaron más siglos antes de que una fortaleza resistente fuera construida en el Mar Amarillo. Los youma ya no se escaparon y dejaron allí la puerta en toda su majestuosidad absurda.

—Una puerta impresionante —susurró Shushou con asombro.

—Sabes que todavía no es demasiado tarde para reconsiderarlo. Echa un vistazo a las preparaciones, van hasta estos extremos para abrir la puerta una vez al año por un único día. Todos los edificios de esta ciudad están hechos de piedra, todos los patios están cubiertos. Eso es debido a los youma.

Ni un solo patio estaba a cielo abierto, el tinte azul de los amplios techos venía de las placas de bronce colocados en las baldosas. Las ventanas eran pequeñas y muchas estaban cubiertas con rejas. Las puertas no eran mucho más grandes e invariablemente estaban reforzadas con bandas de hierro. Las vías estaban salpicadas de refugios, al igual que de bastiones en paredes y murallas, que proporcionaban refugio cuando aparecía un youma. Había diez veces más de torres de vigilancia que en una ciudad normal, equipadas con alarmas para advertir de un ataque inminente. La protección contra los youma aquí era una parte natural de la vida diaria.

Shushou respondió a la sugerencia de Gankyuu con una sonrisa despreocupada.

—Sí, la vida aquí sería difícil. Pero no estoy preocupada.

—¿De dónde viene esa confianza que tienes? —preguntó asombrado Gankyuu.

Shushou contestó sin pensarlo dos veces:

—Porque tengo la protección divina de Tentei, el Señor de los Cielos.

—Por supuesto que sí —dijo Gankyuu con cansancio.

Tiró de las riendas del haku. Apelotonados frente a la puerta la multitud se detuvo, como un ejército esperando a que bajaran el puente levadizo, de modo que pudieran pasar a través. Hogueras ardían brillantes en los puestos de vigilancia, había soldados por todas partes.

La plaza estaba llena de gente a pesar de ello, finalmente el estado de ánimo se impuso y cayó el silencio. Solo un ruido bajo y susurrante acechaba, incluso el frío amanecer parecía tenso, como anticipándose.

—Hay tanto silencio.

—Eso es normal. Porque después de esto, solo está el Mar Amarillo. Todo el mundo sabe que una vez que se aventura dentro, no hay ninguna vuelta atrás hasta el solsticio de verano.

—Así es —murmuró Shushou.

Gankyuu la insto a avanzar, abriéndose paso entre la multitud. En el extremo sur de la plaza, al lado de la puerta, había un santuario, humo púrpura flotaba en el aire gris sombrío, las personas se agolpaban alrededor. Shushou nunca había visto un santuario así en Renshou.

La plaza no estaría allí si la puerta no existiera, el templo parecía casi un apéndice de la muralla, más ancho que alto y lleno de docenas de velas votivas.

Gankyuu se situó frente al santuario, juntó las manos y oró. Shushou no podía dejar de mirarlo boquiabierta, escudriñándolo. No había ninguno de los grandes dioses consagrados allí, solo había una única estatua. No podía distinguirla entre las sombras, solo podía ver que llevaba una armadura. Tenía una especie de toga colgada del hombro y le recordaba a la estatua de un guardián feroz que había visto una vez en un templo. Mientras estaba allí mirándolo, Gankyuu la obligó a inclinar la cabeza hacia abajo en una reverencia.

—¡Oye!

—Se cortés y haz tus oraciones. Estamos a punto de entrar en un mundo al que los seres humanos no perteneces.

En el Mar Amarillo, más allá de la Puerta de la Tierra, no se aplicaban las reglas y razones de los hombres. Lo único que podían hacer era pedir a los dioses como este guardián que velara por ellos.

Al lado del altar había un cubo lleno de agua en el que hacer de ramas de durazno habían sido puestas en remojo. Gankyuu sacó una y roció agua sobre sí mismo, a Shushou, al haku y a continuación, la metió en la silla de montar.

La pared de roca al lado del cubo estaba cubierta de pequeños talismanes de madera que colgaban de las grietas, Gankyuu puso uno alrededor del cuello de Shushou.

—¿Qué es esto?

—Quizá pienses que no lo necesites, pero te lo daré por si acaso.

Shushou recogió la pieza del tamaño de una tarjeta de madera y la examinó.

—¿Un amuleto?

—Un talismán Kenrou Shinkun. Protege a las personas que viajan por el Mar Amarillo.

Gankyuu seleccionó dos piezas más de la desgastada madera para sí mismo y para el haku. La tinta negra se había desvanecido y estaba gastada. Los viajeros que regresaban de forma segura desde el Mar Amarillo expresaban su agradecimiento al dejar el talismán ahí, un viejo talismán era uno que había protegido a su portador por largo tiempo. Las manos experimentadas siempre preferían los viejos a los nuevos.

Shushou miró hacia el santuario que dejaban atrás.

—¿Esa estatua se supone que es Kenrou Shinkun? Nunca escuché de él.

—No seas grosera. Él es la única persona en quien puedes confiar absolutamente en el Mar Amarillo.

—¿Pero no hay muchos otros dioses?

—El Mar Amarillo es un lugar abandonado incluso por los dioses, la única persona que va a venir a salvarte es Shinkun.

—Ya veo —dijo Shushou.

El silencio se extendió por la plaza seguido por el bajo sonido de un tambor. La puerta de la Tierra estaba a punto de abrirse.


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