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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 12

 

CAPÍTULO 12

 

 

 

El haku caminó hacia el fuerte.

Los suministros habían sido transportados cada equinoccio de primavera durante años y años con el fin de construir el fuerte, la primera y última parada de descanso en el Mar Amarillo. Era un corto vuelo por el aire, pero criaturas aladas poco amistosas ya eran visibles en el cielo sobre las escarpadas paredes del cañón.

Estos eran youma que olfateaban la propagación del caos y la destrucción de Kyou. Tal vez porque no podían ver en las profundidades de los cañones, pocos viajeros eran víctimas de ellos aquí. Los rezagados del cuerpo principal tenían poco de qué preocuparse.

Corriendo a través de las amplias puertas que se extendían ante el camino, entraron en un túnel de piedra. Una débil luz se filtraba por claraboyas. Por encima de la piedra y el mortero duro del cielo raso había un pequeño techado. Había rejas de hierro que obstruían a los youma y que a la vez permitían la circulación del aire y dejaba pasar la luz.

Los agujeros cortados en la piedra y el techo estaban cubiertos con mortero y pequeños tejados se usaban como chimeneas. Rejas de hierro plantado alrededor del perímetro de los techos evitando a los youma, pero en comparación con el tamaño del túnel, sin embargo, la iluminación y ventilación era apenas suficiente. Por encima de sus cabezas, la tierra retumbaba con el sonido de pies de los soldados que se colocaban en sus puestos de vigilancia.

En ese día, debían mantener sus posiciones, no ceder una pulgada y no permitir que los youma cruzaran el Portón de la Fuerza y ni las murallas de Ken. Los largos años de preparación habían reforzado las líneas defensivas de Ken.

Aun así, manteniendo bajo control la devastación en Ken, la única orilla abierta al Mar Amarillo, los youma seguían entrando poco a poco en Kyou. Nadie sabía de dónde provenían, no podían volar sobre las Montañas Kongou y no podían cruzar ninguna de las cuatro puertas del Mar Amarillo, excepto en uno de esos cuatro días.

Sin embargo, cuando la destrucción visitaba un reino, también lo hacían los youma.

Algunos decían que existían túneles secretos a través de las Montañas Kongou que conducían a las Montañas Ryoun de cada reino o que los youma se escondían bajo tierra cuando un nuevo emperador establecía paz y orden. Allí permanecían hibernando hasta que olían la ruina y la decadencia y volaban de vuelta como murciélagos al atardecer.

Todas las teorías eran tan posibles como imposibles.

—Ken es una ciudad en una situación difícil —dijo Shushou, montada en la parte posterior del haku, ya que avanzaban a través del túnel.

—Kyou se parecerá a Ken dentro de poco, solo que algunas ciudades no estarán tan bien protegidas.

—¿Por qué hay youma en primer lugar? Si yo fuera Tentei los eliminaría a todos.

Gankyuu dijo con una sonrisa irónica:

—¿Así que después del trono imperial viene el trono del Cielo? ¿Nunca sabes cuándo detenerte?

—Nadie está haciendo nada para parar todo esto por lo que depende de mí el encontrar la solución.

—Bueno, entonces es mejor asegurarse de que el Mar Amarillo no termine siendo tu cementerio.

—Cuento contigo para vigilar a mi alrededor, por eso te contraté.

No tiene remedio, Gankyuu suspiró, mirando hacia el techo.

Una luz apareció delante de ellos, no de antorchas parpadeantes, sino la radiante luz solar. El túnel daba al interior de la fortaleza, parecía un pequeño pueblo, a medio camino entre un castillo y una ciudad. Alrededor de Gankyuu, los viajeros dejaron escapar suspiros de alivio o aspiraron con sorpresa y asombro.

—Es sorprendente encontrar una ciudad entera aquí.

—No es lo suficientemente grande como para llamarlo ciudad.

Las calles eran estrechas, apenas lo suficientemente amplias como para permitir pasar un par de caballos enjaezados, a lado y lado había edificios bajos de piedra. Al igual que en el túnel, claraboyas se abrían en los techos de piedra por encima de las carreteras. No era oscura, pero tampoco especialmente brillante.

El aire húmedo estaba estancado, las piedras habían envejecido absorbiendo el particular calor del Mar Amarillo. El ambiente era apenas cómodo, pero, a decir verdad, este era el fin de la civilización. Aquí los alojamientos de una noche daban al viajero un techo sobre su cabeza y un piso de tierra debajo de sus pies, humildes, pero alojamientos, al fin y al cabo. Y una comida completa, aunque hecha toscamente.

El fuerte fue construido originalmente para la caballería que protegía a Ken. Sus beneficios se habían extendido a los viajeros ordinarios también. Gankyuu y Shushou se aprovecharon de esos beneficios y pasaron la noche en un irregular suelo de tierra.

Tal vez debido a que los gritos de los youma reunidos fuera la habían desvelado toda la noche anterior, la cara de Shushou en la mañana siguiente estaba un poco pálida. Cuando Gankyuu sugirió, por último, que visitaran un santuario, lo siguió por curiosidad. Una multitud que formaba una larga cola alrededor del templo de la pequeña ciudad también hacía sus peticiones finales para tener un viaje sin incidentes.

Después de una breve espera, Gankyuu y Shushou se detuvieron frente a la capilla. No muy lejos del santuario había un espacio al igual que en Ken, con gente esperando que se abrieran las puertas de la fortaleza.

Entre ellos, dos de los viajeros los observaban y con miradas de sorpresa los señalaron con el dedo y gesticularon. Otro hombre se abrió camino entre la multitud para obtener una mejor visión de la cara de Shushou. Al parecer, ella era ya una presencia conocida en el fuerte.

—¿Qué pasa con la niña?

—¿Van juntos? Tienes que estar bromeando.

—Yo no lo creo. Ella volverá a Ken al mediodía, ¿verdad? Solo estará de visita.

Shushou lanzó una mirada desdeñosa en dirección a las voces susurrantes, se volvió hacia el templo similar a una caverna y se inclinó. El rostro amable y el torso blindado de Kenrou Shinkun, el protector de los que se aventuraban en el Mar Amarillo estaba cubierto por unos mantos parecidos a bufandas.

—¿Qué son esos mantos? —preguntó Shushou en un hilo de voz.

—Las historias dicen que Shinkun llevaba una armadura hecha de la piel de un youma llamado Ko, y tejía las joyas en las bufandas para poder presentarlos al youma.

—¿Los youma y los youjuu desean joyas? Y por youjuu, estamos hablando de un kijuu, ¿verdad?

—Sería más exacto decir que hay un kijuu dentro de cada youma. Y los kijuu y los youma interiormente están embriagados por las joyas.

—¿Embriagados? ¿Cómo cuando la gente bebe demasiado alcohol?

—Algo así. Realmente no lo sé. Parece que actúan como los humanos achispados, por lo que se dice que parece que están ebrios.

—Qué extraño. No es el tipo de cosas que se aprenden en la escuela.

—No me sorprende. Podrían escribirse libros sobre lo que no sabemos sobre los youma y los youjuu. Al igual que la diferencia real entre un youma y un youjuu. Eso es un verdadero quebradero de cabeza.

Los ojos de Shushou se abrieron por la sorpresa. Miró a Gankyuu y dijo:

—Los youma atacan a la gente y los youjuu no lo hacen, ¿verdad?

—Bueno, eso es lo que pasa según el saber popular, pero si agarras un youjuu sin entrenar, te atacará en cuanto te des la vuelta, aunque no cacen activamente a la gente.

—No me digas…

—Entre los cazadores de cadáveres, se dice que los youma y los youjuu son lo mismo, la única diferencia es la cuestión de si cazan humanos o no, pero incluso entre los youma hay los que no salen a buscar y matar seres humanos. También se dice que la diferencia está en que se puede domesticar a un youjuu, pero no a un youma, pero eso no quiere decir que todos los youjuu puedan convertirse en kijuu. Otros dicen que cuando un reino se hunde en el caos los que aparecen son los youma, no los youjuu y, sin embargo, también hay de éstos que también se ven fuera. Realmente lo único que se puede decir con certeza es que un youma no puede ser domesticado. He oído cuentos de cazadores que tratan de capturar y domesticar mushi inofensivos, pero mueren poco después de ser atrapados. Y cuando mueren, es como que emitieran una señal y otros más grandes vienen después de ellos.

—Me pregunto por qué.

—¿Quién sabe? Los youma que merodean alrededor de los pueblos y ciudades no mueren. Así que no es como si fueran vulnerables a la civilización humana. Y a pesar de morir cuando son atrapados, siguen siendo muy difíciles de matar a propósito.

—Hum… —murmuró Shushou, siguiendo a Gankyuu y dejando atrás la capilla.

—Los youma cazan gente. ¿Seguro que estás bien sabiendo eso?

—¿No hay yaboku en el Mar Amarillo?

Cualquier criatura podía encontrar refugio bajo un árbol yaboku, cuyo fruto daba lugar a las bestias y aves en el campo salvaje, estaba a salvo de cualquier youma o youjuu.

—Nadie ha visto jamás un yaboku en el Mar Amarillo. Por otra parte, tampoco hay animales normales o aves ahí. Hay cazadores de cadáveres que han buscado los yaboku que dan lugar a youjuu, pero nadie nunca ha informado de haber encontrado ninguno.

—Ya veo. Si pudiera encontrar un árbol youjuu no sería necesario cazarlo.

—Lo mismo va para los youma. Encuentra un yaboku y te ahorrarás trabajo.

—Sí —dijo Shushou—. Podrías colocarte cerca del yaboku y matarlos tan pronto como nacieran. —Pero entonces ella hizo una mueca. El riboku, cuyo fruto daba a luz a los niños, y los yaboku eran árboles sagrados. Cualquier animal estaba a salvo bajo sus ramas. Ni siquiera un youma atacaría a nadie allí. Tales maravillas exigían respeto, se dijo, y nadie debía matar nada cerca de uno de ellos—. Los youma probablemente no tienen crías. ¿Has oído hablar de una cría de youma?

—No existen, o eso dicen.

—¿De verdad?

Gankyuu asintió.

—Nunca he visto uno. Y nunca se ha sabido que ninguno haya sido visto.

—Eso es extraño.

—Los árboles a partir de los cuales nacen, cuánto tiempo viven en ese primer lugar, por qué son todos machos, cuán inteligentes son, si entienden el lenguaje humano, de dónde salen cuando hay desastres, los olores o las señales que los atraen… No sabemos nada de ellos. La ignorancia hace que sea aún más difícil para protegernos a nosotros mismos.

—Hum… —murmuró Shushou.

En ese momento, una voz resonó alegre.

—Oh, Dios. Veo que has llegado bien.

Shushou se volvió hacia la pared de gente.

—Tú.

Rikou se movió entre la multitud de espectadores con curiosidad hacia Shushou y Gankyuu. Shushou corrió hacia él, con los ojos como platos.

—¿Qué estás haciendo en un lugar como este?

Rikou rio.

—Oh, solo quería averiguar si había llegado aquí de una sola pieza. ¿Qué pasó con Hakuto?

Shushou dejó caer la cabeza.

—Después de todo el esfuerzo que te llevó conseguirme el certificado, finalmente acabaron robándolo.

—Oh —dijo Rikou y le dio una afable palmada en la espalda a Shushou—. Y aun así hiciste todo el camino a Ken, tendría que haberte acompañado.

—Está bien. Realmente adoraba a Hakuto y me dolió mucho perderlo, pero eso solo consiguió enfurecerme más.

—Claro —Rikou sonrió ampliamente.

Shushou preguntó:

—¿Qué haces aquí en el Mar Amarillo?

—No podía dejar de preguntarme qué tipo de problemas podrías estar teniendo.

Shushou miró la cara sonriente de Rikou.

—¿Estás sugiriendo que quieres venir?

—Deberías tener guardaespaldas, ¿no? Eres una chica dura pero apenas podrías enarbolar una espada y mantener a los youma a raya. —Rikou sonriente señaló la espada colgada a la cintura. Shushou le devolvió la sonrisa. Gankyuu palmeó las manos sobre sus hombros.

—¿Quién es este?

—Ah, él vino a mi rescate en mi camino a Ken. Su nombre es Rikou. Dice que quiere venir con nosotros.

—¿Que él qué?

—Debe ser mi carisma natural. Rikou, este es Gankyuu, lo contraté como mi guardaespaldas. Aunque supongo que no se puede tener demasiados guardaespaldas.

—No, supongo que no se puede —dijo Rikou.

Gankyuu mirando al joven de afable sonrisa:

—¿La has estado persiguiendo todo el camino hasta aquí?

—¿No quedaría en la conciencia a cualquier hombre su bienestar? ¿Una niña como Shushou sola, en el vasto Mar Amarillo?

—¿Sabías que iba a venir aquí?

—Ella misma me lo dijo.

Gankyuu ladró en la cara brillante de Rikou:

—¡Entonces deberías haber dejado de sonreír y tendrías que haberla detenido!

Rikou se limitó a sonreír.

—¿Y qué hay de ti? ¿Por qué no la has parado tu?

La rápida réplica atrapó a Gankyuu con la guardia baja que se tambaleó por una respuesta.

—Yo, ah, traté de detenerla… —perdiendo las palabras, Gankyuu frunció el ceño ante el semblante feliz y despreocupado frente a él.

—Gankyuu, no hay nada por qué pelear —Shushou alzó la vista hacia Gankyuu con una sonrisa complaciente—. Él es un buen tipo. Un compañero de guardia que te puede hacer compañía.

—¿No tienes ningún deseo de volver? Podríamos regresar hoy mismo a Ken.

—No importa cuántas veces me lo preguntes, la respuesta siempre será la misma. Te contraté. Es necesario que lo asimiles y que vayas a la cabeza.

Aunque Shushou le pidió que se diera prisa, las puertas de la fortaleza conducían al Mar Amarillo aún tardaron en abrirse. Un aura tenue emanaba de las torres de vigilancia por encima de ellos, voces instaban a la apertura de las puertas procedentes del exterior. Finalmente, los soldados que estaban de guardia descorrieron los cerrojos.

La luz fuerte se derramó, acompañada por el olor fresco de la sangre y la muerte. Shushou entrecerró los ojos. Los soldados les señalaron hacia delante. Después de haber levantado sus paquetes de viaje, las personas que esperaban allí cruzaron tímidamente la puerta.

Shushou y Gankyuu se unieron a la fila. Al salir de la puerta, era difícil pasar por alto el fuerte olor, los cadáveres de animales de aspecto terrible apilados en la esquina de la gran plaza fuera de la fortaleza.

—Gankyuu… —Shushou dijo y señaló.

Gankyuu asintió.

—¿Quieres volver atrás?

—Eso no es divertido —replicó Shushou, pero no pudo resistir echar una mirada por encima del hombro buscando a Rikou entre la multitud cuando fue a retirar su kijuu. Pronto lo descubrió, él la vio y le devolvió el saludo. La visión de esa sonrisa indomable hizo que se sintiera un poco mejor en ese momento.

Los soldados en lo alto de las torres de vigilancia de la fortaleza y en las terrazas de piedra cercanas escrutaban los cielos. Nada era visible en los cálidos cielos azules de encima.

Shushou suspiró mientras miraba a las personas que se congregaban en la plaza. Una pendiente escarpada, bajaba bruscamente desde la plaza y en la base, hasta donde el ojo podía alcanzar había una amplia extensión verde: el Mar Amarillo. Aparte de las Montañas Kongou a izquierda y derecha, no había nada particularmente destacable a la vista.

—El Mar Amarillo me parece muy normal —dijo Shushou.

Al oírla, Gankyuu pensó para sí mismo No juzgues tan rápido. Conocía el Mar Amarillo como la palma de su mano. Un cazador de cadáveres que no lo hiciera pronto se convertiría en un cadáver.

La multitud se separó en grupos de dos o tres por la plaza. Estos eran los cazadores de cadáveres comprometidos con la caza en el Mar Amarillo hasta el siguiente Día de Ankou. Atrás quedaban dudosos, lanzando desconcertadas miradas, la multitud que iba a emprender el Shouzan. Todo el grupo llegaba a unas quinientas personas.

Muchos de los que van hacia el Shouzan estaban acompañados de un líder de grupo. No era raro ver a los viajeros rodeados por una docena de guardaespaldas. La mayoría portaban armas y no pocos tenían carros tirados por caballos muy cargados de suministros. De estos, tal vez solo ochenta iban en realidad al Shouzan.

Confirmando esto, Gankyuu dio un suspiro de alivio. Hace veinte años, el kirin había permitido la ascensión para seleccionar el siguiente emperador o emperatriz, por lo que el Shouzan había comenzado. No era de extrañar que el número de personas que hacían el intento hubiera disminuido en esas dos décadas. Incluso teniendo en cuenta que este era el equinoccio donde se abría la puerta cercana a Kyou, era un buen número de gente. Y dependiendo de la generosidad de esta gente las dificultades del viaje deberían disminuir significativamente para ellos.

En cualquier caso, ninguno de ellos era de los que salvarían su propio pellejo, sus acompañantes estaban allí por su propio bien y todos los suministros eran de ellos. Incluso si lo pensaban, no estaría en su naturaleza decirlo, puesto que estaban demostrando su carácter a los Cielos.

Sus guardaespaldas y sus generosos suministros pronto serían necesarios para Gankyuu y su grupo. Había un límite a la cantidad de comida que un solo haku podía llevar y el camino era largo; aunque lo racionaran no podrían llevar suficientes raciones como para cubrir toda la distancia. Si por cualquier incidente imprevisto huyeran dejando todo atrás, tendría que desaprovechar las espléndidas capacidades del haku para caminar y tendría que cubrir el resto del camino por aire. Sin embargo, con los youma voladores, sería un blanco mucho más fácil por lo que volar era más peligroso que viajar por tierra.

—De acuerdo, entonces. Será mejor que nos pongamos en marcha —dijo Gankyuu, cuando Rikou los alcanzó. Echó un vistazo al kijuu de Rikou y su boca se abrió—. Ese es un suguu.

Rikou sonrió.

—Ah, por lo visto también tiene una afición por los kijuu.

Shushou tiró de la manga de Rikou.

—Gankyuu es un cazador de cadáveres.

—¡¿En serio?! —dijo Rikou, sonando sorprendido e impresionado.

Gankyuu se arrodilló delante del suguu.

—Este tipo es realmente algo importante. ¿Cómo lo conseguiste?

—Nada parecido. Me lo dieron.

—Te lo dieron… —dijo el aún más sorprendido, Gankyuu miró a Rikou, que había dicho tal cosa sin inmutarse. Si Gankyuu pudiera capturar un suguu y venderlo, él nunca tendría que adentrarse en el Mar Amarillo de nuevo—. Lo que daría por tener amigos tan generosos como esos.

—Veo que tienes un haku. ¿Lo cazaste para ti, señor Gankyuu?

—Gankyuu está muy bien, sin el “señor”. El tipo que puede capturar y montar un suguu sí merece un Señor, no alguien como yo.

Moviendo la cabeza con incredulidad, Gankyuu inspeccionó el suguu. Incluso Gankyuu raramente había visto un suguu de cerca. Casi había capturado uno una vez, pero fue demasiado rápido, fuerte e inteligente para caer en la trampa que había puesto. El animal, muy enfadado, había procedido a mutilar a tres de sus compañeros para después huir. Solo podían dar gracias a que nadie hubiera muerto.

Los suguu eran generalmente blancos o negros, éste era de los primeros, con rayas negras por encima, la combinación más frecuente. Cualquiera de estas variedades tenía el mismo torbellino de color en sus ojos y la misma larga cola.


El suguu se volvió a mirar a Gankyuu, no mostró ni recelo ni irritación. Tal vez cierto aire distante, pero no había ni rastro de la ferocidad de la que una vez había sido testigo. Que tal bestia pudiera ser tan dócil ya era extraordinario en sí mismo.

Completamente fascinado, Gankyuu se puso de pie mientras Shushou le dijo sin darle importancia:

—Voy a ir con Rikou. Dice que a Seisai no le importará.

—Sí, sí. Probablemente es mejor que un haku, señorita. Pero…

Shushou ladeó la cabeza hacia un lado.

—¿Cuándo te has vuelto tan estúpido?

—¿Cómo?

—¿Quién ha dicho algo de eso? No vamos de excursión, esto es el Mar Amarillo, ya lo sabes.

Los ojos de Gankyuu parpadeaban perplejos, Rikou rio a carcajadas.

—No peso mucho, aun así, un kijuu sentiría el peso. Lo sé, sin embargo, en caso de necesidad hay que mirar cuál es el kijuu que lo vaya a soportar mejor. A eso es lo que me refería.

—Oh, lo siento.

—Como mi peso no afectará a Seisai lo montaré. De todos modos, ¿cuál es el nombre de tu haku?

—No tiene nombre —Gankyuu dijo con aspereza.

—Deberías darle uno.

—Si piensas que debería tener un nombre, adelante, ponle uno. Pero escucha lo que tengo que decir y no me interrumpas: no debemos prescindir de los kijuu, pero no los montaremos.

—¿Por qué no?

—Porque estaremos acompañados por personas a pie. El grupo no será más rápido que el ritmo de a pie. Hay tareas que solo pueden hacerse mientras se va a pie, no hay tarea fácil una vez que entras en el Mar Amarillo.

—Pero… —Shushou empezó a decir.

Gankyuu la cortó.

—Cállate y haz lo que se te dice.

Shushou fulminó con la mirada a Gankyuu, con la cara de alguien acostumbrado a salirse con la suya:

—¿Has olvidado que te he contratado?

—No lo he olvidado. Mi trabajo es hacerte llegar de forma segura al Monte Hou y volver a la civilización.

—No es necesario que te preocupes por mi regreso.

—Si tú lo dices… Me has contratado como tu guardaespaldas, pero no recuerdo haber incluido mi vida en el negocio, no por una suma tan insignificante. —Como Shushou seguía mirándolo en silencio y con mala cara, Gankyuu dirigió su atención a Rikou—. ¿Alguna vez has estado en el Mar Amarillo antes?

—Ni una sola vez, por desgracia.

—¿Alguna vez te has enfrentado con algún youma?

—Eso lo he hecho en varias ocasiones.

Gankyuu dejó escapar un pequeño suspiro, en otras palabras: estaba con dos aficionados. Tal vez al oír ese suspiro, Rikou añadió en tono de disculpa:

—Voy a hacer lo que nos pidas, tengo la intención de aprender todo lo que pueda sobre el Mar Amarillo.

—Eso espero… —suspiró Gankyuu, aunque sin mucha amabilidad.

Los más cercanos a la pendiente empezaron a bajar, la multitud empezaba a dispersarse y ellos, por fin, comenzaron a moverse.

—Shushou, mantente entre el suguu y el haku. Vámonos.


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