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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

martes, 28 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 38

 

CAPÍTULO 38

 

 

 

Gankyuu y Shushou corrieron como pudieron, metiéndose entre las rocas y maleza, siguiendo los contornos de la colina. Tropezando, corriendo con cautela de una sombra a otra, se las arreglaron para avanzar constantemente.

Odio esto, pensó Shushou.

Podía oír relinchar al haku muy por detrás de ellos y sacudió la cabeza. Si ella podía apartar los ojos, ¿no podía también hacerlo con sus oídos? Bien podría intentarlo. Esto era menor ir hacia adelante que huir con el haku.

—No llores, niña.

—Déjame en paz —refunfuñó Shushou. La visión del haku viéndolos correr lejos la iba a perseguir el resto de su vida.

—Da a las cosas nombres y comenzarás a desarrollar sentimientos por ellos. Por eso los koushu no dan nombre a los kijuu. —Pero su voz era ronca.

—¡No seas ridículo!

—Sigue así y fíjate en mí, un ser frío y despiadado.

Shushou lo fulminó con la mirada.

—Idiota. Nadie dice eso. —Ella cambió su postura para darle al brazo una mejor sujeción alrededor de sus hombros—. Es inevitable, ¿verdad? Tuvimos que escapar y eso significa sacrificar al haku. Si el sol sale en el tiempo en que los youma lo encuentren, ya habrá amanecido. Seguir con el haku y sentir pena por él podría hacernos sentir mejor, pero entonces todos estaríamos muertos.

—Entonces, realmente lo entiendes.

—No me trates como a una tonta.

Shushou se secó la frente con la mano libre, agarró el ritmo lo mejor que pudo, cuanto antes estuvieran lo bastante lejos como para dejar de oír los gritos del haku, mejor.

—Si alguien es un tonto, son los koushu. No dar un a un kijuu un nombre es un error, ¿no es así? —Respondiendo a la expresión dudosa del rostro de Gankyuu, Shushou alzó la mirada hacia él y le dijo—: Me refiero, referirse a un haku como “tú” o “él” no es menos íntimo que si le das un nombre.[1]

Gankyuu miró fijamente a la niña llorosa, pero con su mente enfocada en la tarea más importante de escapar, no respondió.

En cualquier caso, no podía decirle que estaba equivocada. Este era el noveno kijuu que había perdido. No podía olvidar el número o el tipo de kijuu, un vistazo a otro similar le evocaba recuerdos. Había un montón de shushi que insistían en montar la misma especie de kijuu, no importaba qué. Gankyuu nunca había tenido el mismo kijuu dos veces.

Shushou dijo:

—Lo siento. Todo es mi culpa.

—¿El qué?

—Había que sacrificar al haku por mí. Si yo no estuviera aquí, los dos habrían ido en línea recta hacia esos edificios. Es por eso por lo que querías que Rikou y yo dejáramos el haku y siguiéramos sin ti, ¿verdad?

Gankyuu quedó sorprendido ante su bastón humano.

—¿Suponías que no me daría cuenta? Sé que no podías ir allí por mí.

Gankyuu permaneció en silencio. La verdad era que estaba respirando con dificultad por ahora y tratar de mantener una conversación era más molesto de lo que valía.

—Si me fuera, ahí es donde quieres ir, ¿verdad? ¿Crees que podrías hacerlo por tu cuenta?

Gankyuu se detuvo en seco.

—¿Qué estás diciendo?

—Estoy diciendo que, si piensas que puedes conseguirlo, entonces iremos por caminos separados.

—Escucha, tú…

Gankyuu se desplomó en el suelo. Había un hueco debajo de la cornisa de piedra y había caído en ella.

—¿Puedes hacerlo? Entonces, adelante. Provocaré un alboroto para llamar a los youma hacia mí mientras estoy esperando a Rikou. Vale la pena intentarlo.

Gankyuu miró a la chica de rodillas allí, una sensación extraña que brotó dentro de él.

—¿Qué diablos estás pensando?

—Estoy pensando que debería asumir la responsabilidad de tener que sacrificar al haku. Para ser claros, tú tienes cierta responsabilidad también. Podrías haber dicho algo, como que tenías un refugio seguro donde Rikou y yo no éramos bienvenidos. Ciertamente, a una explicación como esa le habría dado toda la debida consideración.

Gankyuu no pudo evitar una sonrisa irónica.

—Toda la debida consideración, ¿eh?

—No fuiste honesto con nosotros. Al mantener tu verdadera intención oculta de ese modo, es difícil ver cuando se está realmente hablando desde el corazón. Todavía podría haber creído que solo te hacías el valiente. Aquello serían tus pollos volviendo al gallinero.

—Ya veo.

—Pero yo creo que estaba equivocada al insistir en quedarme contigo. El haku ha tenido que ser sacrificado como resultado. Ambos han sufrido por mi culpa, así que, para compensar por ello, voy a ser el señuelo mientras que sigues tu camino. Bueno, eso es lo que estaba pensando, aunque en este momento no parece que puedas hacerlo.

Gankyuu rio.

—¿También te lo parece?

—¿Qué pasaría si fuera a ese lugar y pidiera ayuda?

—Detente, es más probable que termines muerta a que consigas que alguien te escuche.

—Entonces voy a ayudarte a llegar lo suficientemente cerca. Prometo no decir nunca una palabra sobre ello a nadie. ¿Cuál es ese lugar?

Gankyuu se acostó y observó el cielo iluminarse por encima de la repisa de roca.

—¿A qué has venido a lograr al Mar Amarillo?

—Llegar a ser la próxima emperatriz.

—Así que ese es tu camino. Me las arreglaré de alguna manera.

—Aunque esté cerca ese lugar, todavía necesitas un hombro para apoyarte, incluso mis pequeños hombros. —Ella inclinó la cabeza hacia un lado—. Si yo fuera un koushu, no habría ningún problema con nosotros para ir allí juntos, ¿verdad?

—Si tuvieras alguna idea de lo que significa ser un koushu en primer lugar.

Shushou suspiró.

—¿Sabes lo insultante que es? Realmente me hace enfadar.

—¿Eh?

—Estás diciendo que una niña como yo no tiene ni idea acerca de las dificultades que los koushu tienen que aguantar.

—¿Y?

—Te puedo perdonar por burlarte de mí porque soy una niña, puedo perdonarte por decir que conozco relativamente poco sobre el Mar Amarillo, pero no puedo perdonarte por insistir en que simplemente no entiendo cómo funciona el mundo, ¡es muy grande!

—¿Tú? —bromeó Gankyuu.

La niña, furiosa, le devolvió la mirada.

—Tengo ojos, ¿no? Y orejas. ¿No crees que hay muchas cosas en el mundo que pueden ser comprendidos solo mirando de cerca y escuchando con atención?

—¿Estás afirmando tener conocidos entre los koushu?

—Mi familia son comerciantes ricos, conocidos incluso en Renshou.

—Creo que eso te convierte en una princesa auténtica, ¿eh? No me sorprende.

—¡Deja de hablar de mí de esa manera!

Gankyuu levantó la mano.

—Sigue, por favor.

—¡Entonces, deja de decir cosas insultantes! De todos modos, somos lo suficientemente ricos como para permitirnos un gran personal de criados que se alojan en la casa.

Gankyuu miraba la cara enrojecida de Shushou.

—Yo llevaba kimono de seda y asistí a la academia de la prefectura. Mi sierva, Keika, llevaba un kimono de algodón que siempre estaba sucio. No tengo ningún problema imaginando lo que significa trabajar desde el amanecer hasta la caída del sol. El venir en este viaje me enseñó que mi imaginación no andaba muy lejos. —Dos chicas de la misma edad, una viviendo la vida vestida de seda, la otra viviendo una vida solo para servirla—. Los servidores que se alojan en la casa son itinerantes también. Dejaron el lugar donde estaban sus registros genealógicos, perdieron sus tierras, sus profesiones y sus hogares. Sin nadie a quién recurrir o depender, tienen que ser contratados para poder comer. Sus empleadores se encargan de las necesidades básicas, pero no pueden hacer nada sin su permiso. Mis profesores me enseñaron que es ilegal comprar y vender a la gente, poseer esclavos. Los sirvientes internos no pueden ser llamados esclavos, pero eso es lo que son.

La atención de Gankyuu no se inmutó.

—La gente ve a estos refugiados e itinerantes que ni siquiera pueden poner comida en la mesa y los contratan porque sienten lástima por ellos. Los servidores, a su vez, pagan su bondad trabajando para ellos el resto de sus días. Esa es la ficción educada que todos nos contamos, pero ambas partes saben que cuando estén contratados tendrán un estatus poco diferente al de un esclavo.

—Ya veo.

—A cambio de “venderse” a sí mismo, los criados internos renuncian a sus pasaportes. ¿Lo sabías?

Gankyuu asintió. Un pasaporte era emitido por la oficina del gobierno en la prefectura donde una persona legalmente residía y era el único medio de dar fe de su identidad. Si él no ocupaba su casa y la tierra por un período de siete años, era declarado legalmente muerto y la tierra era confiscada. Sin embargo, mediante la expedición de pasaporte podía volver a casa y presentar una reclamación de indemnización. Al menos, se podría recurrir al gobierno de la prefectura para buscar apoyo.

La mayoría de los refugiados renunciaban a su pasaporte por razones que pasaban por asegurar un negocio incierto o la tranquilidad, como en el caso del niño vendido a un señor gremial koushu. Como resultado, los refugiados también se conocían como indocumentados.

—Renunciar a un pasaporte es esencialmente una promesa de no huir. Cuando un padre se convierte en un servidor interno, también lo hacen sus hijos. Ellos trabajarán cuando aún sean jóvenes. No van a asistir a la escuela y, si tienen un pasaporte, les será confiscado. Cuando se convierten en adultos, no serán registrado en el censo y no recibirán una granja, por lo que es difícil llegar a tener una vida independiente. No pueden casarse y no pueden tener hijos. Su única esperanza de una recompensa viene de trabajar para su señor. Y porque el señor no quiere que ahorren dinero y salgan corriendo, no se les pagará en metálico, solo en especies, y cubrirán las necesidades básicas con eso. Cuando envejecen, como no están registrados en el censo, no pueden retirarse a un rike. Trabajarán hasta el día que mueran y serán enterrados en una fosa común.

Gankyuu asintió en silencio.

—Keika no será libre hasta que mi padre muera. Incluso cuando se muera, si mi madre todavía está viva, ella heredará los servidores que se alojan en el domicilio junto con el resto de la propiedad. Keika seguirá siendo un sirviente interno hasta que mi madre muera y nadie pueda heredar y la casa sea devuelta al reino.

—Excepto que este tipo de confiscaciones raramente suceden.

—Está bien. Bajo la apariencia de una compensación, mi padre va a distribuir los bienes del hogar y la empresa a mi hermana mayor. Cuando mi padre muera, a los ojos de la ley, él será un hombre de edad sin dinero viviendo de la caridad de sus hijos. No habrá nada a lo que renunciar -ni sirvientes-, ya que serán repartido entre su descendencia.

Gankyuu asintió de nuevo.

—No puedo decir que tenga ningún koushu como conocido cercano, pero ser criado por criados quiere decir ser criado por refugiados. Siempre pensé que era extraño que me dieran hermosas sedas mientras que a Keika no. ¿Por qué no podía Keika comer la misma comida en la misma mesa? Y, ¿cómo es que nuestras comidas, preparadas en la misma cocina, eran tan diferentes? ¿Por qué no podía Keika vivir en el ala principal de la casa conmigo? A pesar de que nunca he sido una refugiada o itinerante, nadie me puede decir que no entiendo su suerte en la vida.

—Por supuesto.

—A pesar de que no entiendo a los koushu hasta ese punto, entiendo que, en vez de negociar su libertad para entrar en la celda de una cárcel segura y protegida dentro de una familia, los koushu eligen vivir libres en el Mar Amarillo. Los sirvientes y los koushu comienzan siendo refugiados. Por un lado, están los que se arrastran ante el dueño de la casa, tratando de quitarse el estigma de un refugiado y elevándose en la sociedad respetable. Por otro lado, están lo que renunciaron la respetabilidad y asumieron el nombre de koushu no Tami. En cuanto a mí, me gustaría tener ese pasaporte rojo antes que estar bajo el poder de ningún señor de la casa.

—Pero vas al Monte Hou con el fin de convertirte en emperatriz.

—Es cierto. Es por eso por lo que estoy aquí, pero si no puedo ser emperatriz, ser un koushu es bueno también. Ya sabes, no hay nada malo en ser un shushi también.

—Así que emperatriz a un lado de la escala y koushu por el otro.

—¿Qué problema hay con eso? ¿No sabes? Los emperadores y emperatrices no tienen registros del censo tampoco.

Gankyuu sonrió.

—Un koushu como yo tampoco lo necesita.

Gankyuu nació en Ryuu. Expulsado del reino por la guerra civil, sus padres fueron eliminados del registro del censo. Se trasladaron a En, a excepción de que el reino de En era para el pueblo de En y los refugiados se limitaban a observar la vida de los benditos súbditos mientras dormían a un lado de la carretera. ¿Qué podían esperar si no tenían tierra ni para sus propios hijos? Como vagabundos, fueron separados de todos los aspectos de la sociedad.

—El emperador no puede hacer nada por nosotros. Por otro lado, si ya no tenemos la tierra que teníamos, ya no hay lugar que llamar nuestro, ya no tenemos necesidad de un emperador. Y si Kyou se va al traste, no hay nada que nos quede por hacer, excepto decir adiós y desearle buena suerte —dijo Gankyuu.

—Supongo que sí.

—¿Quién dice que en este mundo realmente se necesite un emperador? Cuando un emperador se aparta del camino, la calamidad espera. Yo digo que deberían encerrarlos, arresto domiciliario permanente. Dejar que el gobierno que oprime desaparezca. Claro, las cosas no pueden mejorar, pero no podrán ir a peor. —Shushou inclinó la cabeza hacia un lado, como si tratara de librarse de algo del significado de las palabras de Gankyuu—. ¿La benevolencia del kirin salva alguna vida? Cualquier persona puede sentir pena por alguien. Si eso es todo lo que el emperador y el kirin son buenos para hacer, ¿quién los necesita? Todo lo que importa al final es solucionar cómo vivir tu propia vida y rechazar las limosnas de un reino. Las personas que desean un emperador lo hacen por costumbre. Se subyugan ante el emperador de la misma manera que los refugiados piden la misericordia del señor de la casa.

Rechazando la ley del emperador, repudiando la voluntad de Tentei, los koushu eran huéspedes de los youma y su casa era el Mar Amarillo.

—No se puede desear ser una emperatriz y a la vez ser un koushu, Shushou.

—No seas tonto —se rio Shushou—. No deseo ser una emperatriz. Quiero ser una emperatriz. No es lo mismo en absoluto. —Miró hacia el cielo iluminado, amanecía—. Se está haciendo de día. ¿No deberíamos ponernos en camino? ¿O quieres que me vaya?

Gankyuu se puso de pie.

—Préstame tu hombro —dijo.

—¿Estarás bien?

—Debería ser capaz de aguantar hasta que lleguemos allí.

—Allí.

Gankyuu levantó la cara al cielo.

—El pueblo koushu.


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