Gankyuu y Shushou corrieron
como pudieron, metiéndose entre las rocas y maleza, siguiendo los contornos de
la colina. Tropezando, corriendo con cautela de una sombra a otra, se las
arreglaron para avanzar constantemente.
Odio
esto, pensó Shushou.
Podía oír
relinchar al haku muy por detrás de ellos y sacudió la cabeza. Si ella
podía apartar los ojos, ¿no podía también hacerlo con sus oídos? Bien podría
intentarlo. Esto era menor ir hacia adelante que huir con el haku.
—No llores,
niña.
—Déjame en
paz —refunfuñó Shushou. La visión del haku viéndolos correr lejos la iba
a perseguir el resto de su vida.
—Da a las
cosas nombres y comenzarás a desarrollar sentimientos por ellos. Por eso los koushu
no dan nombre a los kijuu. —Pero su voz era ronca.
—¡No seas
ridículo!
—Sigue así
y fíjate en mí, un ser frío y despiadado.
Shushou lo
fulminó con la mirada.
—Idiota.
Nadie dice eso. —Ella cambió su postura para darle al brazo una mejor sujeción
alrededor de sus hombros—. Es inevitable, ¿verdad? Tuvimos que escapar y eso
significa sacrificar al haku. Si el sol sale en el tiempo en que los youma
lo encuentren, ya habrá amanecido. Seguir con el haku y sentir pena por
él podría hacernos sentir mejor, pero entonces todos estaríamos muertos.
—Entonces,
realmente lo entiendes.
—No me
trates como a una tonta.
Shushou se
secó la frente con la mano libre, agarró el ritmo lo mejor que pudo, cuanto
antes estuvieran lo bastante lejos como para dejar de oír los gritos del haku,
mejor.
—Si alguien
es un tonto, son los koushu. No dar un a un kijuu un nombre es un
error, ¿no es así? —Respondiendo a la expresión dudosa del rostro de Gankyuu,
Shushou alzó la mirada hacia él y le dijo—: Me refiero, referirse a un haku
como “tú” o “él” no es menos íntimo que si le das un nombre.[1]
Gankyuu
miró fijamente a la niña llorosa, pero con su mente enfocada en la tarea más
importante de escapar, no respondió.
En
cualquier caso, no podía decirle que estaba equivocada. Este era el noveno kijuu
que había perdido. No podía olvidar el número o el tipo de kijuu, un
vistazo a otro similar le evocaba recuerdos. Había un montón de shushi
que insistían en montar la misma especie de kijuu, no importaba qué.
Gankyuu nunca había tenido el mismo kijuu dos veces.
Shushou
dijo:
—Lo siento.
Todo es mi culpa.
—¿El qué?
—Había que
sacrificar al haku por mí. Si yo no estuviera aquí, los dos habrían ido
en línea recta hacia esos edificios. Es por eso por lo que querías que Rikou y
yo dejáramos el haku y siguiéramos sin ti, ¿verdad?
Gankyuu
quedó sorprendido ante su bastón humano.
—¿Suponías
que no me daría cuenta? Sé que no podías ir allí por mí.
Gankyuu
permaneció en silencio. La verdad era que estaba respirando con dificultad por
ahora y tratar de mantener una conversación era más molesto de lo que valía.
—Si me
fuera, ahí es donde quieres ir, ¿verdad? ¿Crees que podrías hacerlo por tu
cuenta?
Gankyuu se
detuvo en seco.
—¿Qué estás
diciendo?
—Estoy
diciendo que, si piensas que puedes conseguirlo, entonces iremos por caminos
separados.
—Escucha,
tú…
Gankyuu se
desplomó en el suelo. Había un hueco debajo de la cornisa de piedra y había
caído en ella.
—¿Puedes
hacerlo? Entonces, adelante. Provocaré un alboroto para llamar a los youma
hacia mí mientras estoy esperando a Rikou. Vale la pena intentarlo.
Gankyuu
miró a la chica de rodillas allí, una sensación extraña que brotó dentro de él.
—¿Qué
diablos estás pensando?
—Estoy
pensando que debería asumir la responsabilidad de tener que sacrificar al haku.
Para ser claros, tú tienes cierta responsabilidad también. Podrías haber dicho
algo, como que tenías un refugio seguro donde Rikou y yo no éramos bienvenidos.
Ciertamente, a una explicación como esa le habría dado toda la debida
consideración.
Gankyuu no
pudo evitar una sonrisa irónica.
—Toda la
debida consideración, ¿eh?
—No fuiste
honesto con nosotros. Al mantener tu verdadera intención oculta de ese modo, es
difícil ver cuando se está realmente hablando desde el corazón. Todavía podría
haber creído que solo te hacías el valiente. Aquello serían tus pollos
volviendo al gallinero.
—Ya veo.
—Pero yo
creo que estaba equivocada al insistir en quedarme contigo. El haku ha
tenido que ser sacrificado como resultado. Ambos han sufrido por mi culpa, así
que, para compensar por ello, voy a ser el señuelo mientras que sigues tu
camino. Bueno, eso es lo que estaba pensando, aunque en este momento no parece
que puedas hacerlo.
Gankyuu
rio.
—¿También
te lo parece?
—¿Qué
pasaría si fuera a ese lugar y pidiera ayuda?
—Detente,
es más probable que termines muerta a que consigas que alguien te escuche.
—Entonces
voy a ayudarte a llegar lo suficientemente cerca. Prometo no decir nunca una
palabra sobre ello a nadie. ¿Cuál es ese lugar?
Gankyuu se
acostó y observó el cielo iluminarse por encima de la repisa de roca.
—¿A qué has
venido a lograr al Mar Amarillo?
—Llegar a
ser la próxima emperatriz.
—Así que
ese es tu camino. Me las arreglaré de alguna manera.
—Aunque
esté cerca ese lugar, todavía necesitas un hombro para apoyarte, incluso mis
pequeños hombros. —Ella inclinó la cabeza hacia un lado—. Si yo fuera un koushu,
no habría ningún problema con nosotros para ir allí juntos, ¿verdad?
—Si
tuvieras alguna idea de lo que significa ser un koushu en primer lugar.
Shushou
suspiró.
—¿Sabes lo
insultante que es? Realmente me hace enfadar.
—¿Eh?
—Estás
diciendo que una niña como yo no tiene ni idea acerca de las dificultades que
los koushu tienen que aguantar.
—¿Y?
—Te puedo
perdonar por burlarte de mí porque soy una niña, puedo perdonarte por decir que
conozco relativamente poco sobre el Mar Amarillo, pero no puedo perdonarte por
insistir en que simplemente no entiendo cómo funciona el mundo, ¡es muy grande!
—¿Tú?
—bromeó Gankyuu.
La niña,
furiosa, le devolvió la mirada.
—Tengo
ojos, ¿no? Y orejas. ¿No crees que hay muchas cosas en el mundo que pueden ser
comprendidos solo mirando de cerca y escuchando con atención?
—¿Estás
afirmando tener conocidos entre los koushu?
—Mi familia
son comerciantes ricos, conocidos incluso en Renshou.
—Creo que
eso te convierte en una princesa auténtica, ¿eh? No me sorprende.
—¡Deja de
hablar de mí de esa manera!
Gankyuu
levantó la mano.
—Sigue, por
favor.
—¡Entonces,
deja de decir cosas insultantes! De todos modos, somos lo suficientemente ricos
como para permitirnos un gran personal de criados que se alojan en la casa.
Gankyuu
miraba la cara enrojecida de Shushou.
—Yo llevaba
kimono de seda y asistí a la academia de la prefectura. Mi sierva, Keika,
llevaba un kimono de algodón que siempre estaba sucio. No tengo ningún problema
imaginando lo que significa trabajar desde el amanecer hasta la caída del sol.
El venir en este viaje me enseñó que mi imaginación no andaba muy lejos. —Dos
chicas de la misma edad, una viviendo la vida vestida de seda, la otra viviendo
una vida solo para servirla—. Los servidores que se alojan en la casa son
itinerantes también. Dejaron el lugar donde estaban sus registros genealógicos,
perdieron sus tierras, sus profesiones y sus hogares. Sin nadie a quién
recurrir o depender, tienen que ser contratados para poder comer. Sus empleadores
se encargan de las necesidades básicas, pero no pueden hacer nada sin su
permiso. Mis profesores me enseñaron que es ilegal comprar y vender a la gente,
poseer esclavos. Los sirvientes internos no pueden ser llamados esclavos, pero
eso es lo que son.
La atención
de Gankyuu no se inmutó.
—La gente
ve a estos refugiados e itinerantes que ni siquiera pueden poner comida en la
mesa y los contratan porque sienten lástima por ellos. Los servidores, a su
vez, pagan su bondad trabajando para ellos el resto de sus días. Esa es la
ficción educada que todos nos contamos, pero ambas partes saben que cuando estén
contratados tendrán un estatus poco diferente al de un esclavo.
—Ya veo.
—A cambio
de “venderse” a sí mismo, los criados internos renuncian a sus pasaportes. ¿Lo
sabías?
Gankyuu
asintió. Un pasaporte era emitido por la oficina del gobierno en la prefectura
donde una persona legalmente residía y era el único medio de dar fe de su
identidad. Si él no ocupaba su casa y la tierra por un período de siete años,
era declarado legalmente muerto y la tierra era confiscada. Sin embargo,
mediante la expedición de pasaporte podía volver a casa y presentar una
reclamación de indemnización. Al menos, se podría recurrir al gobierno de la
prefectura para buscar apoyo.
La mayoría
de los refugiados renunciaban a su pasaporte por razones que pasaban por
asegurar un negocio incierto o la tranquilidad, como en el caso del niño
vendido a un señor gremial koushu. Como resultado, los refugiados
también se conocían como indocumentados.
—Renunciar
a un pasaporte es esencialmente una promesa de no huir. Cuando un padre se
convierte en un servidor interno, también lo hacen sus hijos. Ellos trabajarán
cuando aún sean jóvenes. No van a asistir a la escuela y, si tienen un
pasaporte, les será confiscado. Cuando se convierten en adultos, no serán
registrado en el censo y no recibirán una granja, por lo que es difícil llegar
a tener una vida independiente. No pueden casarse y no pueden tener hijos. Su
única esperanza de una recompensa viene de trabajar para su señor. Y porque el
señor no quiere que ahorren dinero y salgan corriendo, no se les pagará en
metálico, solo en especies, y cubrirán las necesidades básicas con eso. Cuando
envejecen, como no están registrados en el censo, no pueden retirarse a un rike.
Trabajarán hasta el día que mueran y serán enterrados en una fosa común.
Gankyuu
asintió en silencio.
—Keika no
será libre hasta que mi padre muera. Incluso cuando se muera, si mi madre
todavía está viva, ella heredará los servidores que se alojan en el domicilio
junto con el resto de la propiedad. Keika seguirá siendo un sirviente interno
hasta que mi madre muera y nadie pueda heredar y la casa sea devuelta al reino.
—Excepto
que este tipo de confiscaciones raramente suceden.
—Está bien.
Bajo la apariencia de una compensación, mi padre va a distribuir los bienes del
hogar y la empresa a mi hermana mayor. Cuando mi padre muera, a los ojos de la
ley, él será un hombre de edad sin dinero viviendo de la caridad de sus hijos.
No habrá nada a lo que renunciar -ni sirvientes-, ya que serán repartido entre
su descendencia.
Gankyuu
asintió de nuevo.
—No puedo
decir que tenga ningún koushu como conocido cercano, pero ser criado por
criados quiere decir ser criado por refugiados. Siempre pensé que era extraño
que me dieran hermosas sedas mientras que a Keika no. ¿Por qué no podía Keika
comer la misma comida en la misma mesa? Y, ¿cómo es que nuestras comidas,
preparadas en la misma cocina, eran tan diferentes? ¿Por qué no podía Keika
vivir en el ala principal de la casa conmigo? A pesar de que nunca he sido una
refugiada o itinerante, nadie me puede decir que no entiendo su suerte en la
vida.
—Por
supuesto.
—A pesar de
que no entiendo a los koushu hasta ese punto, entiendo que, en vez de
negociar su libertad para entrar en la celda de una cárcel segura y protegida
dentro de una familia, los koushu eligen vivir libres en el Mar
Amarillo. Los sirvientes y los koushu comienzan siendo refugiados. Por
un lado, están los que se arrastran ante el dueño de la casa, tratando de
quitarse el estigma de un refugiado y elevándose en la sociedad respetable. Por
otro lado, están lo que renunciaron la respetabilidad y asumieron el nombre de koushu
no Tami. En cuanto a mí, me gustaría tener ese pasaporte rojo antes que
estar bajo el poder de ningún señor de la casa.
—Pero vas
al Monte Hou con el fin de convertirte en emperatriz.
—Es cierto.
Es por eso por lo que estoy aquí, pero si no puedo ser emperatriz, ser un koushu
es bueno también. Ya sabes, no hay nada malo en ser un shushi también.
—Así que
emperatriz a un lado de la escala y koushu por el otro.
—¿Qué
problema hay con eso? ¿No sabes? Los emperadores y emperatrices no tienen
registros del censo tampoco.
Gankyuu
sonrió.
—Un koushu
como yo tampoco lo necesita.
Gankyuu
nació en Ryuu. Expulsado del reino por la guerra civil, sus padres fueron
eliminados del registro del censo. Se trasladaron a En, a excepción de que el
reino de En era para el pueblo de En y los refugiados se limitaban a observar
la vida de los benditos súbditos mientras dormían a un lado de la carretera.
¿Qué podían esperar si no tenían tierra ni para sus propios hijos? Como
vagabundos, fueron separados de todos los aspectos de la sociedad.
—El
emperador no puede hacer nada por nosotros. Por otro lado, si ya no tenemos la
tierra que teníamos, ya no hay lugar que llamar nuestro, ya no tenemos
necesidad de un emperador. Y si Kyou se va al traste, no hay nada que nos quede
por hacer, excepto decir adiós y desearle buena suerte —dijo Gankyuu.
—Supongo
que sí.
—¿Quién
dice que en este mundo realmente se necesite un emperador? Cuando un emperador
se aparta del camino, la calamidad espera. Yo digo que deberían encerrarlos,
arresto domiciliario permanente. Dejar que el gobierno que oprime desaparezca.
Claro, las cosas no pueden mejorar, pero no podrán ir a peor. —Shushou inclinó
la cabeza hacia un lado, como si tratara de librarse de algo del significado de
las palabras de Gankyuu—. ¿La benevolencia del kirin salva alguna vida?
Cualquier persona puede sentir pena por alguien. Si eso es todo lo que el
emperador y el kirin son buenos para hacer, ¿quién los necesita? Todo lo
que importa al final es solucionar cómo vivir tu propia vida y rechazar las
limosnas de un reino. Las personas que desean un emperador lo hacen por
costumbre. Se subyugan ante el emperador de la misma manera que los refugiados
piden la misericordia del señor de la casa.
Rechazando
la ley del emperador, repudiando la voluntad de Tentei, los koushu eran
huéspedes de los youma y su casa era el Mar Amarillo.
—No se
puede desear ser una emperatriz y a la vez ser un koushu, Shushou.
—No seas
tonto —se rio Shushou—. No deseo ser una emperatriz. Quiero ser una
emperatriz. No es lo mismo en absoluto. —Miró hacia el cielo iluminado,
amanecía—. Se está haciendo de día. ¿No deberíamos ponernos en camino? ¿O
quieres que me vaya?
Gankyuu se
puso de pie.
—Préstame
tu hombro —dijo.
—¿Estarás
bien?
—Debería
ser capaz de aguantar hasta que lleguemos allí.
—Allí.
Gankyuu
levantó la cara al cielo.
—El pueblo koushu.

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