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jueves, 23 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Parte I Capítulo 1

 

PARTE I

CAPÍTULO 1

 

 

 

El viento sopló desde un mar oscuro que recordaba a la nada.

Al norte de este mar del vacío, las corrientes frías se acumulaban y se estancaban en una masa helada sobre el Kyokai del Norte. El agua de mar perdí calor; las zonas templadas se reducían y pronto el océano adquiría un frío enorme. Llevado a la superficie por las corrientes lentas y tocado por las heladas del invierno, el agua se congeló en parches, moteando el océano oscuro con manchas blancas. El aire se congeló así en un viento helado lleno de partículas congeladas. Una pequeña placa de hielo flotaba en el agua que se agitaba con la fuerza del viento y las olas estaban cubiertas con espuma, hasta que finalmente el vendaval arrastró las olas hasta estrellarlas en la orilla. Era el viento del invierno, el Joufuu.

Desde el noreste del Mar del Vacío el viento azotaba sobre las costas del norte. En la parte noreste del reino de Ryuu, el viento se topó con la ladera de la montaña, acto seguido depositó una gran cantidad de nieve y congeló Ryuu desde atrás. Los últimos restos de nieve cayeron sobre la cordillera limítrofe de Ryuu y comenzaron a desplazarse hacia el reino de Kyou, a salvo hasta el momento.

En la capital de Kyou, Renshou, la Montaña Ryou'un[1] se elevaba sobre la tierra como el mástil de un barco, haciendo honor a su nombre como la “Montaña Gigantesca”. Como dibujados con un pincel de caligrafía, numerosos picos superpuestos creaban un arco bajo la ciudad. Algunos de los picos sobresalían del Mar de Nubes que había encima, creando pequeños islotes en la parte superior del mundo. El viento seco del invierno silbaba entre los picos y susurraba a través de las piedras, penetrando como la lluvia en las grietas y fisuras. Los inviernos en Renshou eran conocidos por que sonaban como algo parecido a la llamada lejana del océano.

Cuando la luz solar disminuía en la calle, el viento soplaba constantemente y las ráfagas que caían por la cara desnuda de las montañas creaban pequeños torbellinos, uno de los cuales hacía revolotear el dobladillo del kimono de una niña.

—Por Dios —la muchacha sostuvo su bolso bajo el brazo mientras se alisaba la ropa con la otra—. Hace mucho frío —murmuró.

Detrás de ella una voz llamó.

—Hey, Shushou, ¿no vas a casa o qué?

Volvió la cabeza y vio a un niño salir de los terrenos del patio desierto de la academia de la prefectura.

—Por supuesto que sí —apoyada en uno de los pilares de la puerta, Shushou evitaba deliberadamente su mirada.

—Sí, pero has estado ahí parada un buen rato.

—¿Y me has estado mirando todo el tiempo?

El muchacho se sonrojó un poco y la miró a su vez.

—No quería decir que te he estado observando todo el tiempo, solo me pareció verte. ¿Por qué lo preguntas, Shushou? ¿Hay algo malo en eso?

—¿Ah, sí…? Solo preguntaba. Está bien.

El chico frunció el ceño ante la expresión remilgada de Shushou, giró sobre sus talones, pero cuando llegó a los pies de la escalera de piedra delante de la puerta se detuvo y miró hacia atrás:

—¿Vienes o no?

—Sí. Vas camino a casa, ¿verdad? Si es así, ¿por qué no te das prisa?

Shushou respondió con un pequeño suspiro.

—Mis guardaespaldas no han llegado. No sé dónde estarán perdiendo el tiempo, pero no puedo irme sin ellos. Así que voy a esperar.

—¡Ja! —exclamó el muchacho—. Lo que pasa es que tienes miedo de ir sola a casa.

—¿Qué tendría que temer? Si es un paseo directamente desde aquí.

—Di la verdad. Una pequeña princesa como Shushou tiene miedo de ir a cualquier parte sin que alguien le acompañe.

Shushou frunció su boca y miró al chico que se burlaba de ella.

—Es verdad. Me criaron para ser una dama, no sería apropiado que caminara por la calle sin un sirviente. Si me fuera sin mis criados, serían regañados.

—Aun así, no significa que no seas una cobardica. Envíalos a casa por delante de ti, entonces.

—¿Es que no entiendes lo que te estoy diciendo?

En ese preciso momento tres hombres corpulentos llegaron corriendo por la carretera: eran los joushin contratados por su padre como escoltas. Impaciente, Shushou se enderezó y dijo levantando la voz ligeramente:

—¿Qué pasó? ¿Eso es sangre?

Los guardaespaldas se miraron. Su armadura de cuero estaba salpicada de pequeñas manchas rojas.

—Por favor, disculpe la demora. Oímos un grito allí.

Señaló hacia la calle principal que llegaba directamente hacia el sur desde la puerta principal. Al acercarse el atardecer, la ancha avenida estaba llena de las habituales aglomeraciones. Pero las caras eran aprensivas y, donde el guardaespaldas estaba señalando, la gente se daba mucha prisa.

—¿Qué ha ocurrido?

—Un enjambre mushi. Nos ocupamos de ellos. Lo siento por hacerla esperar —Shushou frunció el ceño. Habían pasado veintisiete años desde la desaparición de la emperatriz. Incluso ahí en Renshou, la capital, los ataques de youma eran cada vez más frecuentes. Los mushi eran un tipo de youma pequeños y relativamente benignos, pero también eran un presagio de lo peor que estaba por venir. Cuando un enjambre mushi aparecía, un youma mucho más grande a menudo le seguía poco después.

—Mejor apresurémonos. —Instó el guardia.

Shushou asintió y bajó rápidamente por la escalera de piedra, con el chico cerrando la marcha.

—Hey, Shushou, ¿crees que estarás bien?

—¿Qué?

—¿Y si voy con ustedes?

Shushou lanzó una mirada irritada por encima del hombro.

—¿Qué bien haría eso? Sería horrible para los guardias tener que traerte otra vez después de tanto viaje. Tan pronto como llegáramos a casa los guardias tendrían que traerte de vuelta.

—Pero… —el muchacho vaciló y luego sonrió—. Esta es la última vez, después de todo. Por lo que bien podría seguir vigilándote hasta que nos volviéramos a ver aquí.

—No es necesario —murmuró Shushou—. Además, ¿no es hora de que te vayas a casa también? Bien, entonces…

Dejando las palabras en el aire, Shushou bajó saltando los escalones de piedra hasta la puerta principal. El muchacho vio cómo se iba con un suspiro que se llevó el viento.


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