CAPÍTULO 1
El viento sopló desde un mar
oscuro que recordaba a la nada.
Al norte de
este mar del vacío, las corrientes frías se acumulaban y se estancaban en una
masa helada sobre el Kyokai del Norte. El agua de mar perdí calor; las zonas
templadas se reducían y pronto el océano adquiría un frío enorme. Llevado a la
superficie por las corrientes lentas y tocado por las heladas del invierno, el
agua se congeló en parches, moteando el océano oscuro con manchas blancas. El
aire se congeló así en un viento helado lleno de partículas congeladas. Una
pequeña placa de hielo flotaba en el agua que se agitaba con la fuerza del
viento y las olas estaban cubiertas con espuma, hasta que finalmente el
vendaval arrastró las olas hasta estrellarlas en la orilla. Era el viento del
invierno, el Joufuu.
Desde el
noreste del Mar del Vacío el viento azotaba sobre las costas del norte. En la
parte noreste del reino de Ryuu, el viento se topó con la ladera de la montaña,
acto seguido depositó una gran cantidad de nieve y congeló Ryuu desde atrás.
Los últimos restos de nieve cayeron sobre la cordillera limítrofe de Ryuu y
comenzaron a desplazarse hacia el reino de Kyou, a salvo hasta el momento.
En la
capital de Kyou, Renshou, la Montaña Ryou'un[1] se elevaba sobre la tierra como el
mástil de un barco, haciendo honor a su nombre como la “Montaña Gigantesca”.
Como dibujados con un pincel de caligrafía, numerosos picos superpuestos
creaban un arco bajo la ciudad. Algunos de los picos sobresalían del Mar de
Nubes que había encima, creando pequeños islotes en la parte superior del
mundo. El viento seco del invierno silbaba entre los picos y susurraba a través
de las piedras, penetrando como la lluvia en las grietas y fisuras. Los
inviernos en Renshou eran conocidos por que sonaban como algo parecido a la
llamada lejana del océano.
Cuando la
luz solar disminuía en la calle, el viento soplaba constantemente y las ráfagas
que caían por la cara desnuda de las montañas creaban pequeños torbellinos, uno
de los cuales hacía revolotear el dobladillo del kimono de una niña.
—Por Dios —la
muchacha sostuvo su bolso bajo el brazo mientras se alisaba la ropa con la otra—.
Hace mucho frío —murmuró.
Detrás de
ella una voz llamó.
—Hey,
Shushou, ¿no vas a casa o qué?
Volvió la
cabeza y vio a un niño salir de los terrenos del patio desierto de la academia
de la prefectura.
—Por supuesto
que sí —apoyada en uno de los pilares de la puerta, Shushou evitaba
deliberadamente su mirada.
—Sí, pero
has estado ahí parada un buen rato.
—¿Y me has
estado mirando todo el tiempo?
El muchacho
se sonrojó un poco y la miró a su vez.
—No quería
decir que te he estado observando todo el tiempo, solo me pareció verte.
¿Por qué lo preguntas, Shushou? ¿Hay algo malo en eso?
—¿Ah, sí…?
Solo preguntaba. Está bien.
El chico
frunció el ceño ante la expresión remilgada de Shushou, giró sobre sus talones,
pero cuando llegó a los pies de la escalera de piedra delante de la puerta se
detuvo y miró hacia atrás:
—¿Vienes o
no?
—Sí. Vas
camino a casa, ¿verdad? Si es así, ¿por qué no te das tú prisa?
Shushou
respondió con un pequeño suspiro.
—Mis guardaespaldas
no han llegado. No sé dónde estarán perdiendo el tiempo, pero no puedo irme sin
ellos. Así que voy a esperar.
—¡Ja! —exclamó
el muchacho—. Lo que pasa es que tienes miedo de ir sola a casa.
—¿Qué
tendría que temer? Si es un paseo directamente desde aquí.
—Di la
verdad. Una pequeña princesa como Shushou tiene miedo de ir a cualquier parte
sin que alguien le acompañe.
Shushou
frunció su boca y miró al chico que se burlaba de ella.
—Es verdad.
Me criaron para ser una dama, no sería apropiado que caminara por la calle sin
un sirviente. Si me fuera sin mis criados, serían regañados.
—Aun así,
no significa que no seas una cobardica. Envíalos a casa por delante de ti,
entonces.
—¿Es que no
entiendes lo que te estoy diciendo?
En ese
preciso momento tres hombres corpulentos llegaron corriendo por la carretera:
eran los joushin contratados por su padre como escoltas. Impaciente,
Shushou se enderezó y dijo levantando la voz ligeramente:
—¿Qué pasó?
¿Eso es sangre?
Los
guardaespaldas se miraron. Su armadura de cuero estaba salpicada de pequeñas
manchas rojas.
—Por favor,
disculpe la demora. Oímos un grito allí.
Señaló
hacia la calle principal que llegaba directamente hacia el sur desde la puerta
principal. Al acercarse el atardecer, la ancha avenida estaba llena de las
habituales aglomeraciones. Pero las caras eran aprensivas y, donde el
guardaespaldas estaba señalando, la gente se daba mucha prisa.
—¿Qué ha
ocurrido?
—Un
enjambre mushi. Nos ocupamos de ellos. Lo siento por hacerla esperar —Shushou
frunció el ceño. Habían pasado veintisiete años desde la desaparición de la
emperatriz. Incluso ahí en Renshou, la capital, los ataques de youma
eran cada vez más frecuentes. Los mushi eran un tipo de youma
pequeños y relativamente benignos, pero también eran un presagio de lo peor que
estaba por venir. Cuando un enjambre mushi aparecía, un youma
mucho más grande a menudo le seguía poco después.
—Mejor
apresurémonos. —Instó el guardia.
Shushou
asintió y bajó rápidamente por la escalera de piedra, con el chico cerrando la
marcha.
—Hey,
Shushou, ¿crees que estarás bien?
—¿Qué?
—¿Y si voy
con ustedes?
Shushou
lanzó una mirada irritada por encima del hombro.
—¿Qué bien
haría eso? Sería horrible para los guardias tener que traerte otra vez después
de tanto viaje. Tan pronto como llegáramos a casa los guardias tendrían que
traerte de vuelta.
—Pero… —el
muchacho vaciló y luego sonrió—. Esta es la última vez, después de todo. Por lo
que bien podría seguir vigilándote hasta que nos volviéramos a ver aquí.
—No es
necesario —murmuró Shushou—. Además, ¿no es hora de que te vayas a casa
también? Bien, entonces…
Dejando las
palabras en el aire, Shushou bajó saltando los escalones de piedra hasta la
puerta principal. El muchacho vio cómo se iba con un suspiro que se llevó el
viento.

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