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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 14

 

CAPÍTULO 14

 

 

 

Fueron más allá del área segura de tres días que Gankyuu había prometido, pero el Shouzan todavía estaba en medio del bosque. El río de montaña que estaban siguiendo se había convertido en un pequeño riachuelo.

Igual que habían hecho hasta ahora, cuando el sol rozaba las Montañas Kongou en el oeste, la caravana llegaba a un amplio claro en el bosque y comenzaba a montar el campamento.

Shushou había recogido leña por el camino, como siempre, y colocó las piedras en el lugar que Gankyuu había elegido. Ese día, Gankyuu había decidido acampar a una corta distancia del campamento, en una arboleda que había más allá de unos arbustos y malezas. Detrás de un gran árbol cubierto de hojas puntiagudas había un pequeño prado rodeado de árboles pequeños. Allí fue donde Shushou construyó la hoguera.

Mientras Gankyuu preparaba la cena, Shushou fue a buscar aguan en el río. Gente que iba y venía, esas personas la llamaron:

—Shushou, ¿cómo te sientes? Debes de estar cansada.

—Oh, estoy bien.

Sería una mentira decir que no lo estaba, pero ya se había mentalizado para este tipo de fatiga desde el principio. Más bien, era el hecho de estar andando por aquel monótono bosque, y, sin embargo, lo salvaje era lo que la enervaba.

—¿Cómo llevas la vida en el campo, Shushou!

La pregunta vino de un anciano que se llamaba Shitsu Kiwa, tenía la mayor parte de las pertenencias y el mayor séquito en la caravana.

—Bastante bien, supongo.

—¿Por qué no pasas la noche en mi tienda? ¡Pensar que una niña como tú tiene que dormir cada noche en la hierba! Es un espectáculo triste.

—No puedo decir que no esté tentada —suspiró Shushou. La tienda de Kiwa era grande, los rumores decían que había traído una cama portátil con él, junto con un coche de caballos y un carro para llevarlo todo—. Pero Gankyuu me regañaría.

Kiwa frunció el ceño.

—¿Qué clase de persona es ese Gankyuu?

—Mi guardaespaldas. Lo contraté. ¿No se lo dije?

—¿Un Goushi[1]?

—Parece que fue una vez un cazador de cadáveres, ryoushishi. No hay duda de su conocimiento del Mar Amarillo.

—Un cazador de cadáveres, ¿eh? No es de extrañar que sea un tipo tan poco sociable.

—No voy a decirle que no a eso.

Los guardaespaldas profesionales que acompañaban a la gente al Shouzan eran conocidos como Goushi o Guardianes, eran cazadores de cadáveres que rastreaban y atrapaban youjuu en el Mar Amarillo. Los Goushi eran considerados como fiables durante el viaje, pero todo el mundo se preguntaba por qué un cazador de cadáveres estaba yendo al Shouzan.

—Un cazador de cadáveres no es un guardaespaldas profesional, por no hablar de su reputación de comportamiento escandaloso y grosero. ¿Seguro que estarás a salvo con él? Puedes viajar conmigo, si lo deseas.

—Bueno, si se probara que es poco fiable, entonces es posible que acepte esa oferta.

—Serías más que bienvenida. En caso de que algo malo suceda, no dudes en decírmelo.

—Gracias.

Kiwa no era el único que hacía ese tipo de ofertas. El que fuera una niña era un gran problema para todos. Lamentó tener que rechazarlas todas, pero Gankyuu no permitiría que aceptara ninguna, por lo que no podía hacer otra cosa. No era que buscara escapar de la meticulosidad de Gankyuu en favor a una tienda cómoda y espaciosa, pero se había gastado todo en dinero en su contratación y le sería igualmente doloroso ver que la inversión hubiera sido en vano.

Santo cielo, Shushou se quejó para sí misma después de dejar a Kiwa y regresar a su campamento. Pero al menos parece una persona bastante agradable.

Lejos de ser una persona agradable, Gankyuu protestaba por todo, dio órdenes sin ninguna explicación y, si ella le preguntaba, se quejaba. Tal vez estaba tenso porque estaban en el Mar Amarillo. En cualquier caso, si ella hubiera llegado a Ken antes, hubiera tenido tiempo para encontrar una escolta adecuada.

Eso no es más que una ingenua suposición, se recordó.

No importaba cuánto dinero hubiera ofrecido, era poco probable que hubiera encontrado un guía que hubiera tomado en serio a una niña de doce años que quería viajar a través del Mar Amarillo. De hecho, ella estaba aquí gracias a Gankyuu y, mientras él estuviera cerca, estaba segura de que lo lograrían.

En el camino, otros grupos la llamaron. Dándoles las mismas respuestas superficiales, no pudo dejar de notar que en los últimos dos días más o menos, el estado de ánimo de la caravana había cambiado.

La mayor parte del Shouzan todavía se reunía alrededor de una gran hoguera en el centro del claro, pero, en algún momento, sin embargo, un número creciente empezó a distanciarse más. Quizá no tanto como Gankyuu, pero más o menos con la misma idea. Al anochecer, podían verse aquí y allá alrededor de la arboleda, no tenían tiendas de campaña, usaban cuerdas atadas con piedras, ramas derribadas para usarlas como refugios improvisados o como empalizadas que rodeaban el fuego, dormían cerca de sus kijuu y de los caballos, muchos dispusieron sus campamentos de la misma manera que lo hacía Gankyuu. Preguntándose si estos serían los guardianes, Shushou regresó al campamento con su cubo. Gankyuu estaba llenando un recipiente con gachas de arroz al vapor.

Esto de nuevo. Shushou reprimió un gemido. Gankyuu daba sabor a la papilla con hierbas silvestres arrancadas de su entorno y virutas de carne seca, pero apenas tenía sabor en absoluto. No había percibido ninguna señal por su parte para cambiar la receta o el tamaño de las porciones.

—Voy a quedarme en piel y huesos para cuando llegue al Monte Hou —se quejó para sí misma. Luego dijo en voz alta—: Fui a buscar el agua.

Gankyuu levantó los ojos, pero no hubo palabras de agradecimiento o elogio, ni siquiera un brusco “gracias”.

—Buen trabajo —dijo Rikou, aunque él no era el que se lo había ordenado, Shushou apreció el pensamiento de todos modos. La actitud hosca de Gankyuu desde que había entrado en el Mar Amarillo estaba creciendo hasta hacerse opresiva.

—Sabes que el señor Shitsu dijo que podíamos compartir su tienda.

Gankyuu respondió tan llanamente como de costumbre.

—No.

Rikou rio. No sabía cómo poner una cara de mal humor.

—¿Estás cansada, Shushou?

—No estoy necesariamente cansada, no hemos viajado tan lejos.

—Es verdad.

—Es agradable no tener frío —le dijo a Gankyuu— Oí que el Mar Amarillo es bastante cálido.

Gankyuu asintió mientras limpiaba su copa con un puñado de hierba.

—Por ahora.

—¿Hará más frío?

—Se pone más caliente. Así que, sí, el Mar Amarillo es bastante cálido.

—Hum—dijo Shushou.

Gankyuu terminó con el cuenco, añadió un poco de agua de una cantimplora de cuero, lo agitó y lo vació en el fuego moribundo. Shushou se sorprendió en un primer momento por este método de limpieza, pero armar un escándalo por esa guarrada aquí no conseguiría nada. Esto era el Mar Amarillo, después de todo.

—Oye, ¿por qué tienes que apagar el fuego?

—¿Tienes miedo de la oscuridad?

—De ningún modo.

—Cuanto menor sea el fuego, mejor. En una noche iluminada por la luna como esta, no hay necesidad de ninguna otra luz —Gankyuu echó un vistazo al claro, Shushou y Rikou hicieron lo mismo. La hoguera ardía con fuerza y la gente charlaba en voz igual de fuerte.

—¿Por qué?

—Porque son criaturas inteligentes. Saben muy bien que donde hay fuego, hay gente.

Ellos, Shushou se repitió a sí misma. Youma, debe querer decir.

—En ese caso —miró por encima del hombro—. ¿No deberías avisarles?

—No metas las narices donde no te llaman. No están interesados en lo que tengo que decir.

—¿Cómo lo sabes si no lo intentas?

—Si hay algo que decir, que los guardianes cumplan con su deber y lo digan. Un cazador de cadáveres no tiene nada que decirles sobre cómo hacer su trabajo.

—Pero…

—Deja de quejarte, termina de comer y limpiar y vete a la cama.


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