CAPÍTULO
29
El barco pasó por el Monte Koushuu en las fronteras de Kou y de Kei.
Koushuu era la cadena de montañas que demarcaba las fronteras entre cada uno de
los ocho reinos. Había al menos un cruce, y no más de tres, donde la montaña
podía ser atravesada de un reino a otro.
Debido a que cada reino tenía la misma geografía en
sus fronteras, las fronteras eran conocidas como el Koushuu. Suzu se reunió
desde la montaña Koushuu que separa Kou y Kei al puerto de Goto en el norte de
Kei, situado en la costa oriental, que era un viaje de cuatro días y cuatro
noches.
—¡Hey, Suzu, tengo un regalo para ti!
Suzu estaba de pie en la cubierta mirando hacia el
océano. Seishuu corrió hacia ella.
—Aquí —dijo con orgullo con una pieza de fruta
seca, un albaricoque confitado.
—¿Qué es esto?
—Es para ti —dijo con una mirada complacida.
Es un niño extraño. Había sido tan dura con
él, se podría pensar que habría de mantener distancia después. Pero ese no era
el caso. Por el contrario, parecía enterrar el hacha de guerra con bastante
rapidez. Él fue lo bastante atrevido de entrar en el camarote de una mujer y
dormir a su lado. Suzu, de alguna manera, era capaz de mantener su temperamento
bajo control. De todos modos, nadie se metía con Seishuu porque era un niño que
te atrapaba enseguida. El chico realmente tenía boca.
También porque estaban durmiendo en la misma
habitación, Suzu no pudo evitar observar la frecuencia con la que estaba
sufriendo. Casi todas las mañanas lo encontraba agarrándose la cabeza y
gimiendo. No mentía cuando dijo que conseguiría que mejorara si descansaba un
poco, pero incluso cuando estaba encamino de recuperación, se enfermaba con
frecuencia del estómago. Cuando él estaba bien, volvía a comportarse como si no
pasara nada. De lo contrario, apenas podía mantener los pies debajo de él, y
tenía que arrastrarse para poder desplazarse.
Suzu sospechaba que Seishuu no tenía una enfermedad
común. Dijo que había sido atacado por un youma. Suzu le había visto una
vez la herida. Había un pequeño corte en la parte posterior de la cabeza, justo
debajo de su cola de caballo. Ella se sintió aliviada de que no se parecía a
una lesión especialmente grave, pero decía que su cabeza comenzaba a dolerle
solo después de haber sido herido ahí.
—Hey, Seishuu, ¿realmente estás bien?
Él se metió un albaricoque en la boca y la miró con
sorpresa.
—¿Qué?
—Tu lesión. Dices que todavía te duele, por lo que
no debe de estar curada. ¿Cómo estás?
—Tienes razón. No estoy muy bien.
—¿Has visto a un médico?
Seishuu negó con la cabeza, no.
—Nunca he tenido tiempo. Pero está bien. Acabo de
descansar para que pueda mejorar.
—¿Siempre es así de malo? ¿O es que está
empeorando?
Ella se había dado cuenta que los períodos de
tiempo que estuvo con dolor fueron cada vez más largos. Y cuando después se
despertaba, le tomaba más tiempo antes de que pudiera caminar con normalidad.
Seishuu dijo con voz desconcertada:
—Es difícil de decir, supongo.
—Estos últimos días has estado refregándote los
ojos. ¿Tus ojos se sienten mal también?
—Se me está siendo difícil ver.
Suzu se quedó sin aliento.
—Obviamente algo está mal. No digo que cada vez
esté mejor. Cuando lleguemos a Kei vamos a ir a ver inmediatamente a un médico.
—De acuerdo.
—¿Tienes un lugar al que ir?
Seishuu negó con la cabeza.
—Con la muerte de mi madre…
—No lo creo. ¿Así que solo te levantaste para ir a
Kei? ¿No deberías haberte alojado en Sou?
Seishuu se volvió con un resoplido.
—Mamá decía de volver a Kei, así que voy a volver a
Kei.
Suzu respiró hondo.
—De todos modos, cuando lleguemos a Kei, te voy a
llevar al médico para que te examine. Por lo que sabemos, podrías estar a punto
de morir.
Seishuu de repente se estremeció.
—¿Tú lo sabes porque eres una Asistente, Suzu?
¿Realmente estoy muriendo?
Él la miró con el rostro asustado de un niño.
—Quiero decir, Seishuu, no tengo ninguna razón para
pensar en que te estás muriendo.
—No tienes sensibilidad, Suzu.
—Sí, lo sé. Lo siento. Y tú eres un apestoso montón
de niño malo también. Además, sabes que solo los buenos mueres jóvenes.
Seishuu rio y Suzu miró brevemente su rostro
brillante y sonriente.
El marinero se echó a reír.
—¿Sensación de mareo, muchachito?
—De ninguna manera —soltó Seishuu, enderezándose.
Suzu asomó la cabeza fuera de la vivienda y frunció
el ceño en señal de preocupación. Era horrible en la forma que arrastraba su
cuerpo a lo largo. El sol estaba bajo el cielo y sin embargo su condición no
estaba mejorando.
—Pero me siento un poco mareado.
—No conseguirás mejorarte si piensas mucho en eso.
Tómalo con calma. No pareces estar lo bastante bien para regresar a Kei, ¿no?
—¡No, lo estoy!
El marinero lo dijo debido a que vio que Seishuu le
temblaban las manos. Más que un temblor, eran casi convulsiones.
—Lo mejor que puedes hacer cuando estás enfermo es
dormir en tu cuarto. Tambaleándote así por los alrededores te caerás por la
borda.
—Está bien —se rio Seishuu y desapareció en el
camarote.
Suzu vio esto con un poco de alivio. Veía a Seishuu
con gran temor. Un dolor de cabeza o temblores era poco, tal vez no tendría que
estar tan preocupada. Ella siguió a Seishuu al camarote. Estaba sentado con una
mirada vacía en el rostro.
—¿Estás bien?
Seishuu miró por encima del hombro, mirando el
camarote a su alrededor con una mirada de asombro en su rostro. Parpadeó varias
veces y se frotó los ojos.
—¿Qué pasa?
—No estoy bien del todo. Mis ojos están borrosos.
—Pero son solo los ojos, ¿no es así? —Suzu corrió
hacia él. Se arrodilló a su derecha y examinó su rostro—. ¿Te duele? ¿Tienes
dolor de cabeza?
Varias veces, Seishuu miró hacia atrás y hacia
adelante entre Suzu y la pared frente a él.
—Suzu, no te puedo ver.
—¿No puedes?
—Cuando estoy mirando hacia adelante, no puedo ver
nada.
Suzu rápidamente dirigió su mirada hacia el frente.
Normalmente, las personas tenían un amplio campo de visión. Ella podía ver
claramente a Seishuu por las esquinas de sus ojos.
—¿Qué tengo de malo?
Su rostro infantil estaba coloreado por el miedo.
—Seishuu…
Las arrugas de su rostro mostraban dolor. Ella
pensó que iba a llorar, pero se echó a reír. El tinte de miedo todavía estaba
en sus ojos,
—Supongo que soy un buen chico, después de todo.
—Seishuu.
—Sí, parece que me voy a morir.
—¡No, no es así! ¡No digas cosas estúpidas como
esas!
Su rostro volvió a decaer.
—Vamos juntos —Suzu se acercó y agarró sus manos
temblorosas—. Vamos juntos a Gyouten.
—¿Gyouten?
—Voy a Gyouten para ver a la reina de Kei, Sin
duda, la reina será capaz de curarte. Los mejores médicos están en el palacio
real. Entonces, ¿está bien?
Seishuu negó con la cabeza.
—No creo que gente como esa vaya a querer verme.
—Pero duele, ¿no es así? Y tus dolores de cabeza
están muy mal. ¿Qué pasa si las cosas se vuelven cada vez peor y peor?
—¿Crees que me pueda curar?
—Si la reina de Kei no puede, nos vamos a Sai.
Estoy segura de que la reina de Sai sí.
—Está bien —Seishuu asintió con la cabeza. Una
pequeña lágrima rodó por su mejilla—. Tengo miedo de morir.
—Seishuu.
—No importa quién eres, todo el mundo muerte. Pero
uno no se puede reír de su propia muerte.
—Idiota. Vas a estar bien.
Seishuu reía y lloraba al mismo tiempo.
—Parece que voy a tener que practicar un poco más
mi cara de póquer.
—No seas tan inteligentemente molesto —Seishuu
asintió con la cabeza y la apoyó en el regazo de Suzu—. Todo va a estar bien —dijo
ella, acariciando su espalda—. Te lo prometo.
Tres días más tarde, finalmente llegaron a Goto. Aunque llamarlo
“puerto”, Goto no tenía realmente muelles. En cambio, una serie de grandes
rocas se habían hundido frente la costa en un arco suave. El barco se anclaba en
las piedras del arco, y luego salían barcazas desde los acantilados a su
encuentro. Las barcazas iban desde el muelle flotante al pie de los
acantilados. Desde ahí, una escalera de piedra tallada en el acantilado iba en
zigzag hasta la cima.
Suzu ayudó a Seishuu por debajo de las piedras,
sosteniéndolo por el lado derecho. Sus ojos todavía no habían mejorado. Desde
ese día que dijo que no podía verla, la visión de su lado derecho no había
regresado.
Muchas veces sus pies se enredaban y casi se caía.
Un estibador, al ver que Suzu no era capaz de soportar a Seishuu sin perder su
propio paso, se ofreció a llevarlo el resto del camino. Llegaron a la cima del
acantilado sin aliento. Desde ahí se podía estudiar la totalidad de los campos.
Un pueblo largo y estrecho hacia fuera a lo largo del borde de los acantilados.
El reino de Kei, provincia de Wa, pueblo de Goto. Estaban en la zona
oriental que llegaba a la provincia de Wa en el barrio noreste de Kei.
Seishuu se deslizó hacia debajo de la espalda del hombre.
Suzu lo agarró de la mano. Irían a Gyouten y la reina de Kei los iba a ayudar.

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