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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 8

 

CAPÍTULO 8

 

 

 

Rinken era una ciudad costera con un puerto, una vez al día partía un barco hacia la prefectura de Ken. Hakuto no podía saltar a través de la amplia extensión de mar, incluso los kijuu que podían volar eran transportados en barcos de vela, sin duda algo mucho más cómodo para el kijuu.

Cuando la brisa fresca llenaba las desteñidas velas grises, una nave podía cruzar el estrecho hacia Ken en medio día. Saliendo del puerto por la mañana la nave de vuelta a Rinken pasaba poco después del mediodía y se regresaba al puerto de la orilla opuesta al caer la noche.

Shushou pasaba el tiempo en la cubierta mirando las montañas. En varias ocasiones vio youma sobrevolándolos, como barridos por el aire, pero ninguno de ellos atacó al barco así que no tuvo que retirarse a su camarote.

Aprovechando los restos del joufuu -viento de invierno-, el barco surcaba el agua dejando tras de sí una estela blanca. Las sombras proyectaban sobre la cubierta de mástil y las velas, primero se acortaron y cuando giraron hacia el este volvieron a alargarse. Más allá de la silueta de la nave que regresaba a tierra firme, las Montañas Kongou llenaban todo el cielo.

Una campana sonó cuando el barco entró en el puerto. El sonido reverberó a través de las olas antes de ser tragado por su rumor.

—Parece que hemos llegado de una sola pieza —declaró Shushou con aire de triunfo mientras bajaba por la pasarela. De ahí a Ken tardaría tres días a pie y no más de un día a lomos de Hakuto.

El barco había llegado a la ciudad del norte de Ken, la puerta de entrada a la prefectura de Ken. Debido a que este estaba en la frontera, no era demasiado grande, el encontrar alojamiento no debería ser demasiado difícil.

Mezclándose con los otros pasajeros que desembarcaban, entraron en la ciudad y se adentraron en la vía principal donde debían estar las posadas.

Shushou sintió un golpecito en el hombro. Se dio la vuelta para encontrar a un hombre de mediana edad sonriente con una cara redonda mirándola.

—Señorita, es un moukyoku, ¿verdad?

Shushou había oído la pregunta muchas veces durante su viaje, era evidente que no era la única a la que le encantaban los kijuu.

—Sí.

El hombre se agachó y acarició la piel blanca con manos suaves e infantiles.

—Un espléndido kijuu y muy bien entrenado. Qué ojos tan agradables, se ve que está bien cuidado. —El hombre sonrió y rascó a Hakuto detrás de las orejas, luego miró a Shushou y dijo—: Esta es la primera vez que he visto tan espléndido moukyoku. ¿Es tuyo?

—No. Este kijuu es de mi amo.

El hombre se fijó en el desgastado kimono de Shushou, sonrió y asintió con la cabeza.

—¿De verdad? Supongo que sí. Eres responsable de su cuidado, o lo sería tu amo.

—Mi amo lo tiene en gran estima, igual que yo.

—Por supuesto, por supuesto. —El hombre asintió con la cabeza mientras se ponía de pie—. Debe ser un gran señor. El que cuida de su kijuu cuida de sus servidores, no podría ser menos.

—Yo no diría que siempre es así —Shushou alzó la mirada hacia él—. Necesito encontrar una posada.

—¿Qué, estás viajando?

—Sí. ¿Vive en esta ciudad? ¿Tal vez usted me podría indicar una posada con buenos establos?

—No sé sobre lo que hace que sea un buen establo o no lo sea, pero estoy familiarizado con una posada donde a los dueños de kijuu les gusta congregarse. ¿Quieres que te muestre el camino?

—No necesita ir a tal extremo, diciéndome la dirección será suficiente.

—No hay problema, solo por una vez me gustaría llevar las riendas de un kijuu. A cambio de que te muestre el camino, ¿te parece bien?

—Lo siento, pero no puedo hacer eso. Mi maestro me regañaría si permitiera que su moukyoku fuera manejado por cualquiera.

—Eso es malo —dijo el hombre en un tono de pesar, pero sonrió—. Eres una joven prudente, el que te confió el kijuu, sin embargo, definitivamente no lo es.

El rostro del hombre se dividió en una amplia sonrisa y agarró por el brazo a Shushou.

—¡Eh!

¿Qué haces?, estaba a punto de decir, cuando el hombre gritó:

—¡Ladrón!

—¿Qué?

Shushou lo miró con asombro, la gente que pasaba se detuvo y se fijaron en ellos.

—¡Este es mi kijuu! ¡Devuélvemelo, pequeña niña estúpida!

Durante un momento, Shushou se quedó mirando perpleja la cara redonda del hombre, sin habla por la transformación repentina.

—¿Qué está pasando? —preguntó alguien de la creciente multitud.

—¡Esta golfilla quería robar mi kijuu! —Escupió—. ¡Es increíble como son los niños de hoy en día! ¡No se puede apartar la vista de ellos ni por un segundo!

El hombre zarandeó el brazo de Shushou, lo que le provocó un grito de dolor.

—¡No! —se las arregló para gritar, aunque no podía estar segura de que ella se hubiera hecho oír.

—Espera un minuto —la voz de una mujer de la multitud—. Ese kijuu pertenece a la chica. Las dos estábamos en el barco que llegó.

—¡Sí, me lo robó en Rinken! Pensé que había algo sospechoso acerca de la forma en que estaba rondando alrededor de mi kijuu

—Está bien.

—¡Eso no es verdad! —Shushou levantó la voz, pero con su brazo atrapado sintiendo que estaba a punto de arrancárselo de cuajo, no pudo encontrar las palabras para decir nada más.

—¿El qué no es cierto? ¡Mira! ¡Tengo los papeles para demostrarlo! —El hombre sacó los documentos del bolsillo del pecho y los desplegó a la vista de todos—. Esto prueba que el kijuu es mío y este dice que fue robado. ¡Ambos llevan sellos oficiales!

La pared de personas que lo rodeaban cambió el objetivo de sus miradas compasivas: de Shushou al hombre.

—¡Increíble! —dijo el hombre entre dientes, apretando aún más fuerte el brazo de Shushou—. Seguramente hay alguien malicioso que ha planeado todo esto. No puede ser que una chica como ella sea la encargada de llevar un kijuu. ¡Es lo más estúpido que he oído! Tiene que haber algo sospechoso.

El hombre empujó con fuerza a Shushou.

—¡No seas estúpido! —gritó Shushou—. ¡Ese es mi kijuu! —Metió la mano en su bolsillo y sacó el certificado que Rikou había preparado para ella—. ¡Si quieres papeles, tengo papeles también!

Las palabras apenas habían salido de su boca cuando el hombre se lo arrancó de las manos y se lo rompió en pedazos.

—¡Esto no vale nada!

La descarada prepotencia del hombre la sorprendió. Arrojando el papel triturado a un lado, fue junto a Hakuto para retirar los bultos colgados de la espalda y los tiró al suelo.

—¡Agradece que no te entregue a las autoridades! —gritó y saltó a la silla. Hakuto lanzó una breve mirada confundida a Shushou, desconcertado. El hombre clavó sus talones con fuerza en sus lados haciendo que Hakuto saliera volando de puro pánico.

—¡Espere! ¡Espere! ¡Hakuto!

La calle congestionada se separó ante Hakuto y luego se tragó a bestia y jinete. Después rodearon a Shushou y le cerraron el paso, alguien tras ella la agarró por los hombres.

—¡Suéltame!

—¿Qué debemos hacer? ¿Llamar al guardia!

—Pero el hombre dice que se lo había robado.

Shushou gritó a los adultos que farfullaban:

—¡Tengo los documentos notariales aquí! ¡Él es el verdadero ladrón!

Con una curiosa mirada a Shushou y luego a la forma desaparecida de Hakuto, uno de sus compañeros de viaje recuperó los trozos de papel de la calle y los reconstruyeron. Su boca se abrió.

—¡Hey, estos son los de verdad!

—¡Eso es lo que he estado diciendo! ¡¿Cómo puede ser que un grupo de adultos sea tan estúpido?!

Mientras que la mitad de los espectadores que se habían reunido alrededor de ella se escabulleron, la otra mitad se asomaba para ver el certificado.

—Sí, tiene un sello auténtico.

—¿Qué pasa con él?

—Solo he podido echar un vistazo. ¿Alguien lo ha visto bien?

A medida que los adultos que estaban allí charlaban, Shushou se sacudió y corrió en la dirección que había visto por última vez a Hakuto, pero fue imposible distinguir al kijuu en la concurrida calle. Varios adultos fueron tras ella y la ayudaron en una búsqueda superficial, únicamente para llegar a la conclusión de que el ladrón y el moukyoku habían salido por la puerta principal.

—Lo siento, señorita.

Un hombre le tendió las bolsas que había recogido para ella. Shushou las tomó. Las dos bolsas de viaje que había colgado al lomo de Hakuto ahora casi cubrían a Shushou mientras las rodeaba con sus brazos. Se le doblaron las rodillas y dejó escapar un largo suspiro.

—Um, señorita, ¿va a informar de esto a la guardia?

Shushou alzó la vista hacia él.

—¿La oficina gubernamental no están cerradas ahora?

—¿Entonces mañana?

—Yo aprecio su preocupación. Gracias por conseguir mis bolsas y ayudarme a buscar a Hakuto.

—Ah, no hay problema.

Shushou contempló su, cada vez más, desamparado entorno. La oscuridad se había asentado en la ciudad y Hakuto no estaba por ningún lado.

—No hay nada más que pueda hacer ahora, sino seguir avanzando, y más aún sin Hakuto.

Miró a la gente que estaba a su alrededor en el altercado. El resto de su itinerario a un adulto le llevaría tres días a pie, para Shushou, las cosas se pondrían mucho más difíciles, pero no tenía más remedio que luchar y seguir hasta el final.

—¿Alguien puede indicarme una posada tranquila y segura? Supongo que no debe tener establos.


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