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martes, 28 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 43

 

CAPÍTULO 43

 

 

 

El hombre, la niña y el haku pasaron la noche acurrucados juntos. Se despertaron de madrugada y se prepararon para partir. El Tensen no parecía haber dormido.

Antes de irse, el Tensen le dijo a Shushou que volviera a aplicar el apósito a la herida de Gankyuu. Deshaciendo los envoltorios y los vendajes, ella y Gankyuu fueron igualmente sorprendidos por lo que encontraron. La herida ya había comenzado a sanar y formaba tejido nuevo.

Shushou se asomó a la botella de bambú y luego miró al Tensen.

—Esto es algo increíble.

El Tensen sonrió y dio a Gankyuu el mismo tratamiento médico que la noche anterior.

—Um, ¿no dijiste que los Tensen no interactúan con los seres humanos?

—Yo sí.

—Parece que estás interactuando bastante aquí.

Se rio entre dientes.

—Así es. Bueno, no hay nada de malo en ello. Yo soy curioso, paso los días vagando por el Mar Amarillo. Gyokkei ha renunciado a tratar de cambiarme.

Gyokkei, Shushou se repitió para sí misma. Entonces atender el “asunto en cuestión” y evitar las distracciones innecesarias no era una regla tan estricta después de todo.

Él sonrió y se puso de pie.

—Falta poco para llegar al Monte Hou, pero ahora no es el momento de empezar a tomárselo con calma.

—Gracias por todo.

—Te queda un último esfuerzo que hacer, el más duro, más rocoso que el desierto de la carretera de Ken. No dejes que tu espíritu decaiga.

Shushou dejó la silla y levantó la mirada hacia él.

—¿Así que ya no nos verás en lo que queda de camino?

—¡Hey! —Se oyó la voz de enfado de Gankyuu. Él estaba colocándolos paquetes en las alforjas.

—Me temo que no —dijo el Tensen con una pequeña sonrisa y giró sobre sus talones.

—¿Qué pasa con los youma?

—Bien…

—“Bien”, dice. ¿Reuniéndose sobre nosotros incluso ahora? Eso es lo que dijiste la noche anterior. Si supieras tanto, entonces sabrías si aún están allí.

Sacudió la cabeza.

—Pude haber mentido un poco.

Shushou lo fulminó con la mirada.

—¿Por qué no me sorprende? Eres un canalla de corazón.

—Si me crees un sinvergüenza ten esto en cuenta: una oración no llega a ningún oído so no es sincera.

Por un momento, Shushou lo miró directamente a los ojos suaves.

—Tiene que ser desde el corazón, señorita. En caso contrario, el Cielo retirará su protección divina.

—Los Tensen son muy retorcidos.

Él rio.

—Creo que no soy humano, después de todo.

—¿Y si nos estuvieras mintiendo? ¿Al menos nos acompañarías de vuelta al camino del Shouzan?

—No veo la necesidad.

—Eres un canalla despiadado. Hay un hombre herido aquí, ya sabes.

—Sí, hay un hombre herido aquí, pero, aunque yo no esté los youma no vendrán.

—¿Qué estás tratando de decir?

—Rara vez me encuentro con otras personas.

Shushou frunció el ceño, confusa.

—No tengo la más mínima idea de cómo piensan los sennin.

Él sonrió.

—En otras palabras, tienes la buena fortuna de tu lado.

—¿Y estás diciendo que nos has utilizado?

—En lo más mínimo. Pero no estaría de más que permanecieras en la oscuridad un poco más de tiempo. Estás en tu camino, tienes la protección divina del Señor Dios Creador.

Shushou giró la cabeza y echó un vistazo a Gankyuu. Solo asintió con una mirada de complicidad.

—Hay momentos en que los adultos son simplemente incomprensibles.

Shinkun sonrió y se dirigió hacia el lecho de la corriente.

—Oh, es cierto. ¡Hey! —Shushou se puso de pie y corrió tras él poco después—. ¿Los sennin del Cielo no fueron humanos una vez?

—Sí —dijo por encima del hombro.

—¿Entonces tienes un nombre? Shinkun es un apodo o tu título, ¿verdad?

Él asintió. Como si recordara algo, se quitó el chal que tenía sobre los hombros.

—Lo necesitarás para cruzar el desierto.

Soltó el chal y se lo arrojó a ella, dejando al descubierto su armadura de debajo. La luz del sol caía oblicua a través de las copas de los árboles y sacaba destellos a la cadena de joyas.

—¿Qué es esto?

—Has perdido una manga. Te quemarías con el sol.

—Gracias. ¿Cuál era tu nombre?

—¿Qué conseguirías sabiéndolo?

—Cuando la gente se encuentra, sus nombres se convierten en la base de la relación —dijo Shushou con una ligera inclinación de cabeza—. Mi nombre es Shushou. Él se llama Gankyuu. El haku todavía no tiene nombre, Gankyuu dijo que podía ponerle uno. Si no te importa, creo que el tuyo le irá bien.

Él sonrió. Una brisa le revolvió el pelo negro teñido de azul. Él dijo:

—Mi nombre es Kouya[1].


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