El hombre, la niña y el haku
pasaron la noche acurrucados juntos. Se despertaron de madrugada y se
prepararon para partir. El Tensen no parecía haber dormido.
Antes de
irse, el Tensen le dijo a Shushou que volviera a aplicar el apósito a la
herida de Gankyuu. Deshaciendo los envoltorios y los vendajes, ella y Gankyuu
fueron igualmente sorprendidos por lo que encontraron. La herida ya había
comenzado a sanar y formaba tejido nuevo.
Shushou se
asomó a la botella de bambú y luego miró al Tensen.
—Esto es
algo increíble.
El Tensen
sonrió y dio a Gankyuu el mismo tratamiento médico que la noche anterior.
—Um, ¿no
dijiste que los Tensen no interactúan con los seres humanos?
—Yo sí.
—Parece que
estás interactuando bastante aquí.
Se rio
entre dientes.
—Así es.
Bueno, no hay nada de malo en ello. Yo soy curioso, paso los días vagando por
el Mar Amarillo. Gyokkei ha renunciado a tratar de cambiarme.
Gyokkei,
Shushou se repitió para sí misma. Entonces atender el “asunto en cuestión” y
evitar las distracciones innecesarias no era una regla tan estricta después de
todo.
Él sonrió y
se puso de pie.
—Falta poco
para llegar al Monte Hou, pero ahora no es el momento de empezar a tomárselo
con calma.
—Gracias
por todo.
—Te queda
un último esfuerzo que hacer, el más duro, más rocoso que el desierto de la
carretera de Ken. No dejes que tu espíritu decaiga.
Shushou
dejó la silla y levantó la mirada hacia él.
—¿Así que
ya no nos verás en lo que queda de camino?
—¡Hey! —Se
oyó la voz de enfado de Gankyuu. Él estaba colocándolos paquetes en las
alforjas.
—Me temo
que no —dijo el Tensen con una pequeña sonrisa y giró sobre sus talones.
—¿Qué pasa
con los youma?
—Bien…
—“Bien”,
dice. ¿Reuniéndose sobre nosotros incluso ahora? Eso es lo que dijiste la noche
anterior. Si supieras tanto, entonces sabrías si aún están allí.
Sacudió la
cabeza.
—Pude haber
mentido un poco.
Shushou lo
fulminó con la mirada.
—¿Por qué
no me sorprende? Eres un canalla de corazón.
—Si me
crees un sinvergüenza ten esto en cuenta: una oración no llega a ningún oído so
no es sincera.
Por un
momento, Shushou lo miró directamente a los ojos suaves.
—Tiene que
ser desde el corazón, señorita. En caso contrario, el Cielo retirará su protección
divina.
—Los Tensen
son muy retorcidos.
Él rio.
—Creo que
no soy humano, después de todo.
—¿Y si nos
estuvieras mintiendo? ¿Al menos nos acompañarías de vuelta al camino del
Shouzan?
—No veo la
necesidad.
—Eres un
canalla despiadado. Hay un hombre herido aquí, ya sabes.
—Sí, hay un
hombre herido aquí, pero, aunque yo no esté los youma no vendrán.
—¿Qué estás
tratando de decir?
—Rara vez
me encuentro con otras personas.
Shushou
frunció el ceño, confusa.
—No tengo
la más mínima idea de cómo piensan los sennin.
Él sonrió.
—En otras
palabras, tienes la buena fortuna de tu lado.
—¿Y estás
diciendo que nos has utilizado?
—En lo más
mínimo. Pero no estaría de más que permanecieras en la oscuridad un poco más de
tiempo. Estás en tu camino, tienes la protección divina del Señor Dios Creador.
Shushou
giró la cabeza y echó un vistazo a Gankyuu. Solo asintió con una mirada de
complicidad.
—Hay
momentos en que los adultos son simplemente incomprensibles.
Shinkun sonrió y se dirigió hacia el lecho de la corriente.
—Oh, es
cierto. ¡Hey! —Shushou se puso de pie y corrió tras él poco después—. ¿Los sennin
del Cielo no fueron humanos una vez?
—Sí —dijo
por encima del hombro.
—¿Entonces
tienes un nombre? Shinkun es un apodo o tu título, ¿verdad?
Él asintió.
Como si recordara algo, se quitó el chal que tenía sobre los hombros.
—Lo
necesitarás para cruzar el desierto.
Soltó el
chal y se lo arrojó a ella, dejando al descubierto su armadura de debajo. La
luz del sol caía oblicua a través de las copas de los árboles y sacaba
destellos a la cadena de joyas.
—¿Qué es
esto?
—Has
perdido una manga. Te quemarías con el sol.
—Gracias.
¿Cuál era tu nombre?
—¿Qué
conseguirías sabiéndolo?
—Cuando la
gente se encuentra, sus nombres se convierten en la base de la relación —dijo
Shushou con una ligera inclinación de cabeza—. Mi nombre es Shushou. Él se
llama Gankyuu. El haku todavía no tiene nombre, Gankyuu dijo que podía
ponerle uno. Si no te importa, creo que el tuyo le irá bien.
Él sonrió.
Una brisa le revolvió el pelo negro teñido de azul. Él dijo:
—Mi nombre
es Kouya[1].


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