CAPÍTULO 9
La mañana del equinoccio de
primavera, el dueño observó a la niña y al hombre al que había contratado como
su guardaespaldas con la preocupación reflejada en su rostro.
Gankyuu
llevaba las riendas del haku mientras caminaban por las calles oscuras,
arrastrado por la multitud. Suspiró con fuerza. Había explicado pacientemente
durante el desayuno lo alocado de aquella idea, pero ella no solo demostró que
lo que le decía le entraba por un oído y le salía por el otro, sino que,
además, Shushou apoyó la cabeza sobre la mesa y tomó una siesta.
No tuvo más
remedio que resignarse a la situación.
Gankyuu no
era ajeno a la vida en el Mar Amarillo. Muchas personas iban al Shouzan y muchas
de ellas llevaban personal para protegerse y numerosos kijuu.
Escoltar a
la chica al Monte Hou y viceversa, y no perderse en territorio peligroso en
busca de kijuu era casi imposible. Nunca había trabajado de eso antes,
pero estaba familiarizado con los guardaespaldas conocidos en el mundo laboral
como Guardianes o Goushi, que se ganaban la vida de esta forma y
era amigo de varios de ellos, había escuchado sus historias de mala suerte,
pero creyó que podría conseguirlo. Mientras estuviera en el Monte Hou, podía
intentar cazar algún kijuu, además no era mal trabajo por sesenta y
cinco ryu, se recordó una y otra vez a sí mismo.
—Hey,
Gankyuu.
El puñado
de problemas al que se había unido se había encogido de hombros para protegerse
del frío y miraba inocentemente hacia él.
—¿Qué?
—¿Para qué
lleva puesta la capucha?
En lugar de
responder, Gankyuu chasqueó la lengua. La razón por la que tenía la capucha
puesta sobre su cabeza era para intentar no ser reconocido por sus compañeros,
no quería que se supiera que acompañaba a una niña a través del Mar Amarillo o
jamás terminarían las burlas.
—Pequeña
bastarda… —se quejó.
Shushou
rio.
—No sabes
cuándo ceder ante lo inevitable, necesitas el dinero, ¿verdad?
—Podría
decirse que sí —murmuró desviando la mirada hacia ella. Shushou se había
quitado el rugun de dos piezas y lo había reemplazado por una humilde
chaqueta que Gankyuu se había agenciado la noche anterior y luego puso su
kimono[1] acolchado sobre todo ello. Había protestado al tener que desprenderse
del rugun, y aún más por la chaqueta, pero al señalarle que las mangas
largas serían solo una molestia, finalmente accedió sin más problemas, gracias
al cielo.
—¿De dónde
saca todo ese dinero una chica como tú?
—No lo
robé, si eso es lo que estás insinuando. Tomé todo lo que pude encontrar en mi casa.
—¿Tú qué?
—Un kijuu
también, pero me lo robó un hombre de mal carácter como tú. Un cuento triste y
sórdido y luego casi me quitan el alojamiento ante mis narices. Ustedes, los
adultos, son en realidad un gran inconveniente.
Gankyuu no
pudo evitar pensar cómo se lo habrían arrebatado.
—¿Un kijuu?
—Se llama
Hakuto, es un moukyoku. ¿Conoce la especie?
Shushou
relató cómo le habían robado su moukyoku mientras miraban los puestos de
la calle. Las tiendas abrían tan temprano para los viajeros que había dejado
las compras necesarias para el último minuto. A pesar de que la noche anterior
había adquirido suficientes suministros para dos personas, observaba también
los tenderetes.
—Era dócil
y de buenos modales, rápido, era tan inteligente que parecía como si
comprendiera lo que estuviera pensando. —Los labios de Shushou dibujaron una
mueca de frustración y pesar.
—Ya veo.
Esa fue una mala jugada por tu parte, señorita.
—¿Qué
quieres decir?
Gankyuu
escogió unos albaricoques secos y los escondió, por encima de su hombro dijo:
—Los moukyoku
son buenos con la gente. No solo el tuyo, toda la especie. Los moukyoku
en el Mar Amarillo pueden ser atraídos con tan solo un poco de cebo, eso ya es
una tres cuarta parte del camino para convertirse en un kijuu, están
dispuestos a confiar en cualquiera que los llame. No se puede entregar las
riendas de un moukyoku a nadie, especialmente en una ciudad ocupada.
Tienes que seguir siendo extremadamente cautelosa hasta que estés segura en un
establo con guardias de confianza.
—¿De
verdad?
—De verdad.
El bajar de la silla de montar fue tu primer error. Tienes que considerarte
afortunada de que no llamara a la guardia.
—Si lo
hubiera hecho me habrían dado la razón. Tengo los papeles para demostrarlo.
—Apuesto a
que él también los tiene, tan auténticos como los tuyos.
Shushou
parpadeó.
—¿Auténticos?
¿Cómo podrían ser los suyos auténticos?
—Hay un
montón de cazadores astutos como ellos. Hacen su caza en la provincia de Ken,
no en el Mar Amarillo ya que los cazadores que van allí están obligados a tener
un kijuu. Probablemente tenía sus ojos puestos en ti desde Rinken.
Escogen un kijuu que acaba de abordar el barco y envían una paloma
mensajera al norte de Ken. Algo como esto: Un moukyoku se dirige
hacia ti. Sus colegas en el norte de Ken, a continuación, buscan los
certificados apropiados como los que tú tienes en la mano para atrapar al moukyoku
y hacerse con él. Dado que manejan una gran cantidad de kijuu, tendrá un
certificado para cada uno de los que deben encontrar.
Shushou
cayó en un malhumorado silencio.
—Seguro que
han informado a sus colegas de Rinken del robo. Tienen toda una red dedicada al
robo y venta de kijuu. Es tuyo estará, probablemente, en el reino de Han
ahora mismo, yo no contaría con volverlo a ver otra vez.
—Recordaré
eso —dijo Shushou en voz baja. Cuando Gankyuu la miró, ella dijo—: Cuando suba
al trono los agarraré a todos. Juro que se van a arrepentir de esto.
Gankyuu
dejó caer los hombros, consternado:
—¿El ir al
Shouzan no es suficiente? ¿Ya estás pensando en convertirte en emperatriz?
—¿Para qué
más asistiría al Shouzan?
—¿Y crees
que vas a ser elegida?
—¿Hay algo malo
en que piense eso?
—No, en
absoluto —murmuró Gankyuu.
Un moukyoku
no era un mal kijuu, sin duda, valía el riesgo ya que podía alcanzar un
precio elevado. Una familia que poseía un kijuu era una acomodad. Tras
un vistazo más de cerca, la niña tenía un aire refinado y también parecía
acostumbrada a ordenar a la gente de su alrededor. Esta chica de buena familia
había sido tratada con guantes de seda toda su vida, ignorante de la realidad
del mundo, presuntuosa y con el objetivo de ir al Shouzan. Nunca había oído
nada parecido antes, era algo sin precedentes, pero no imposible.
—Al menos
puedes estar agradecida de que no hicieron nada para quitarte el dinero.
—Por eso me
quito el rugun cuando viajo. Vestida como una pobre, nadie creería que
una niña como yo llevara tanto dinero, ¿verdad?
—Eso es muy
inteligente.
—Es de
sentido común.
—Yo no estaría
tan seguro.
—¿Por qué? —preguntó,
inclinando la cabeza hacia él.
Gankyuu dio
unas palmaditas en el kijuu.
—¿No podría
largarme con todo tu dinero aquí?
Shushou
suspiró.
—No eres
tan inteligente como piensas. Tu nombre es Gankyuu, eres un cazador de cadáveres,
bien conocido por el posadero. Si te fueras, informaría a las autoridades.
¿Sabes qué provincia es esta?
—Provincia
de Ei. —La prefectura de Ken era un territorio administrativo que dependía de
la capital provincial de Ei.
—Eso es. No
soy ajena a los funcionarios públicos de la provincia de Ei, o, mejor dicho, mi
padre no lo es. En el norte de Ken, yo tengo para llegar, pero si perdiera el
equinoccio de primavera entonces, podría perseguirte contando con todas las
opciones legales disponibles.
—Así que
esas tenemos…
Maldita
sea, Gankyuu maldijo para sí mismo. ¡Qué niña astuta!
—Pero ¿y si
alguien te cierra la boca para siempre? No pocas personas entran en el Mar
Amarillo para no ser vistas o escuchadas de nuevo. No podía cargar con su
cuerpo, señoría, y tuve que dejarla allí. Aunque quisieras quejarte
legalmente no podrías.
Shushou
resopló por la nariz.
—Eso no es
probable que vaya a suceder.
—¿Por qué
no?
—Si muero,
entonces nadie se convertirá en emperatriz. Es poco probable que los dioses
dejen pasar una injusticia tal sin una respuesta justa.
Los hombros
de Gankyuu se hundieron de nuevo.
—Mira…
Shushou
sonrió y tomó la mano de Gankyuu.
—Cuando me
robaron el moukyoku, tenía miedo de que no llegaría a tiempo para el
equinoccio de primavera, pero he llegado justo a tiempo. EL cielo debe estar
sonriendo sobre nosotros.
—Parece muy
simple de esa manera.
—Cuando me
convierta en emperatriz no haré cosas malas. Eres un hombre afortunado.
Gankyuu
respiró hondo y soltó el aire. ¿De dónde diablos saca toda esa confianza?
—El Monte
Hou está muy lejos.
—No hay
problema. Sabía que tendríamos un kijuu.
Pero el
tuyo te lo robaron… Estaba a punto de decir. Shushou echó un vistazo a su haku
y le dijo:
—Lo oí
decir que dejó un kijuu en los establos, es por eso por lo que lo
contraté.
Era astuta,
incluso para su edad ella era demasiado maquinadora. No podía seguir ignorando
aquello, finalmente se resignó, derrotado:
—Estoy
impresionado.
Shushou le
dio una palmada en la espalda.
—No te
desanimes comparándote conmigo, de todas formas, en casa también se me conocía
por ser la más brillante.
Gankyuu no
sabía si eso era bueno o malo, solo pudo dejar caer aún más sus hombros.

No hay comentarios:
Publicar un comentario