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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Parte II Capítulo 9

 

PARTE II

CAPÍTULO 9

 

 

 

La mañana del equinoccio de primavera, el dueño observó a la niña y al hombre al que había contratado como su guardaespaldas con la preocupación reflejada en su rostro.

Gankyuu llevaba las riendas del haku mientras caminaban por las calles oscuras, arrastrado por la multitud. Suspiró con fuerza. Había explicado pacientemente durante el desayuno lo alocado de aquella idea, pero ella no solo demostró que lo que le decía le entraba por un oído y le salía por el otro, sino que, además, Shushou apoyó la cabeza sobre la mesa y tomó una siesta.

No tuvo más remedio que resignarse a la situación.

Gankyuu no era ajeno a la vida en el Mar Amarillo. Muchas personas iban al Shouzan y muchas de ellas llevaban personal para protegerse y numerosos kijuu.

Escoltar a la chica al Monte Hou y viceversa, y no perderse en territorio peligroso en busca de kijuu era casi imposible. Nunca había trabajado de eso antes, pero estaba familiarizado con los guardaespaldas conocidos en el mundo laboral como Guardianes o Goushi, que se ganaban la vida de esta forma y era amigo de varios de ellos, había escuchado sus historias de mala suerte, pero creyó que podría conseguirlo. Mientras estuviera en el Monte Hou, podía intentar cazar algún kijuu, además no era mal trabajo por sesenta y cinco ryu, se recordó una y otra vez a sí mismo.

—Hey, Gankyuu.

El puñado de problemas al que se había unido se había encogido de hombros para protegerse del frío y miraba inocentemente hacia él.

—¿Qué?

—¿Para qué lleva puesta la capucha?

En lugar de responder, Gankyuu chasqueó la lengua. La razón por la que tenía la capucha puesta sobre su cabeza era para intentar no ser reconocido por sus compañeros, no quería que se supiera que acompañaba a una niña a través del Mar Amarillo o jamás terminarían las burlas.

—Pequeña bastarda… —se quejó.

Shushou rio.

—No sabes cuándo ceder ante lo inevitable, necesitas el dinero, ¿verdad?

—Podría decirse que sí —murmuró desviando la mirada hacia ella. Shushou se había quitado el rugun de dos piezas y lo había reemplazado por una humilde chaqueta que Gankyuu se había agenciado la noche anterior y luego puso su kimono[1] acolchado sobre todo ello. Había protestado al tener que desprenderse del rugun, y aún más por la chaqueta, pero al señalarle que las mangas largas serían solo una molestia, finalmente accedió sin más problemas, gracias al cielo.

—¿De dónde saca todo ese dinero una chica como tú?

—No lo robé, si eso es lo que estás insinuando. Tomé todo lo que pude encontrar en mi casa.

—¿Tú qué?

—Un kijuu también, pero me lo robó un hombre de mal carácter como tú. Un cuento triste y sórdido y luego casi me quitan el alojamiento ante mis narices. Ustedes, los adultos, son en realidad un gran inconveniente.

Gankyuu no pudo evitar pensar cómo se lo habrían arrebatado.

—¿Un kijuu?

—Se llama Hakuto, es un moukyoku. ¿Conoce la especie?

Shushou relató cómo le habían robado su moukyoku mientras miraban los puestos de la calle. Las tiendas abrían tan temprano para los viajeros que había dejado las compras necesarias para el último minuto. A pesar de que la noche anterior había adquirido suficientes suministros para dos personas, observaba también los tenderetes.

—Era dócil y de buenos modales, rápido, era tan inteligente que parecía como si comprendiera lo que estuviera pensando. —Los labios de Shushou dibujaron una mueca de frustración y pesar.

—Ya veo. Esa fue una mala jugada por tu parte, señorita.

—¿Qué quieres decir?

Gankyuu escogió unos albaricoques secos y los escondió, por encima de su hombro dijo:

—Los moukyoku son buenos con la gente. No solo el tuyo, toda la especie. Los moukyoku en el Mar Amarillo pueden ser atraídos con tan solo un poco de cebo, eso ya es una tres cuarta parte del camino para convertirse en un kijuu, están dispuestos a confiar en cualquiera que los llame. No se puede entregar las riendas de un moukyoku a nadie, especialmente en una ciudad ocupada. Tienes que seguir siendo extremadamente cautelosa hasta que estés segura en un establo con guardias de confianza.

—¿De verdad?

—De verdad. El bajar de la silla de montar fue tu primer error. Tienes que considerarte afortunada de que no llamara a la guardia.

—Si lo hubiera hecho me habrían dado la razón. Tengo los papeles para demostrarlo.

—Apuesto a que él también los tiene, tan auténticos como los tuyos.

Shushou parpadeó.

—¿Auténticos? ¿Cómo podrían ser los suyos auténticos?

—Hay un montón de cazadores astutos como ellos. Hacen su caza en la provincia de Ken, no en el Mar Amarillo ya que los cazadores que van allí están obligados a tener un kijuu. Probablemente tenía sus ojos puestos en ti desde Rinken. Escogen un kijuu que acaba de abordar el barco y envían una paloma mensajera al norte de Ken. Algo como esto: Un moukyoku se dirige hacia ti. Sus colegas en el norte de Ken, a continuación, buscan los certificados apropiados como los que tú tienes en la mano para atrapar al moukyoku y hacerse con él. Dado que manejan una gran cantidad de kijuu, tendrá un certificado para cada uno de los que deben encontrar.

Shushou cayó en un malhumorado silencio.

—Seguro que han informado a sus colegas de Rinken del robo. Tienen toda una red dedicada al robo y venta de kijuu. Es tuyo estará, probablemente, en el reino de Han ahora mismo, yo no contaría con volverlo a ver otra vez.

—Recordaré eso —dijo Shushou en voz baja. Cuando Gankyuu la miró, ella dijo—: Cuando suba al trono los agarraré a todos. Juro que se van a arrepentir de esto.

Gankyuu dejó caer los hombros, consternado:

—¿El ir al Shouzan no es suficiente? ¿Ya estás pensando en convertirte en emperatriz?

—¿Para qué más asistiría al Shouzan?

—¿Y crees que vas a ser elegida?

—¿Hay algo malo en que piense eso?

—No, en absoluto —murmuró Gankyuu.

Un moukyoku no era un mal kijuu, sin duda, valía el riesgo ya que podía alcanzar un precio elevado. Una familia que poseía un kijuu era una acomodad. Tras un vistazo más de cerca, la niña tenía un aire refinado y también parecía acostumbrada a ordenar a la gente de su alrededor. Esta chica de buena familia había sido tratada con guantes de seda toda su vida, ignorante de la realidad del mundo, presuntuosa y con el objetivo de ir al Shouzan. Nunca había oído nada parecido antes, era algo sin precedentes, pero no imposible.

—Al menos puedes estar agradecida de que no hicieron nada para quitarte el dinero.

—Por eso me quito el rugun cuando viajo. Vestida como una pobre, nadie creería que una niña como yo llevara tanto dinero, ¿verdad?

—Eso es muy inteligente.

—Es de sentido común.

—Yo no estaría tan seguro.

—¿Por qué? —preguntó, inclinando la cabeza hacia él.

Gankyuu dio unas palmaditas en el kijuu.

—¿No podría largarme con todo tu dinero aquí?

Shushou suspiró.

—No eres tan inteligente como piensas. Tu nombre es Gankyuu, eres un cazador de cadáveres, bien conocido por el posadero. Si te fueras, informaría a las autoridades. ¿Sabes qué provincia es esta?

—Provincia de Ei. —La prefectura de Ken era un territorio administrativo que dependía de la capital provincial de Ei.

—Eso es. No soy ajena a los funcionarios públicos de la provincia de Ei, o, mejor dicho, mi padre no lo es. En el norte de Ken, yo tengo para llegar, pero si perdiera el equinoccio de primavera entonces, podría perseguirte contando con todas las opciones legales disponibles.

—Así que esas tenemos…

Maldita sea, Gankyuu maldijo para sí mismo. ¡Qué niña astuta!

—Pero ¿y si alguien te cierra la boca para siempre? No pocas personas entran en el Mar Amarillo para no ser vistas o escuchadas de nuevo. No podía cargar con su cuerpo, señoría, y tuve que dejarla allí. Aunque quisieras quejarte legalmente no podrías.

Shushou resopló por la nariz.

—Eso no es probable que vaya a suceder.

—¿Por qué no?

—Si muero, entonces nadie se convertirá en emperatriz. Es poco probable que los dioses dejen pasar una injusticia tal sin una respuesta justa.

Los hombros de Gankyuu se hundieron de nuevo.

—Mira…

Shushou sonrió y tomó la mano de Gankyuu.

—Cuando me robaron el moukyoku, tenía miedo de que no llegaría a tiempo para el equinoccio de primavera, pero he llegado justo a tiempo. EL cielo debe estar sonriendo sobre nosotros.

—Parece muy simple de esa manera.

—Cuando me convierta en emperatriz no haré cosas malas. Eres un hombre afortunado.

Gankyuu respiró hondo y soltó el aire. ¿De dónde diablos saca toda esa confianza?

—El Monte Hou está muy lejos.

—No hay problema. Sabía que tendríamos un kijuu.

Pero el tuyo te lo robaron… Estaba a punto de decir. Shushou echó un vistazo a su haku y le dijo:

—Lo oí decir que dejó un kijuu en los establos, es por eso por lo que lo contraté.

Era astuta, incluso para su edad ella era demasiado maquinadora. No podía seguir ignorando aquello, finalmente se resignó, derrotado:

—Estoy impresionado.

Shushou le dio una palmada en la espalda.

—No te desanimes comparándote conmigo, de todas formas, en casa también se me conocía por ser la más brillante.

Gankyuu no sabía si eso era bueno o malo, solo pudo dejar caer aún más sus hombros.


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