CAPÍTULO
29
Kinhaku se puso en cuclillas en la carretera y examinó la tierra
apisonada.
—No veo ninguna señal del carro.
—Kiwa no ha llegado todavía.
La caravana había seguido por el bosque, yendo a
través de los marcadores anteriormente dejados por los goushi, y se
internaron en el bosque. Después de seguir un estrecho valle, regresaron a la
carretera. Sin ningún youma que los atacara durante ese tiempo y el
curso no fue inusualmente difícil. Pero cuando se unieron de nuevo en la
carretera, no había ninguna señal de Kiwa y los demás.
El día era brillante y claro. Kinhaku se volvió
hacia Gankyuu.
—¿Piensas que fue atacada?
—Puedo contar con ello —fue la respuesta
contundente del shushi.
—¿Qué debemos hacer?
—¿Qué más podemos hacer? El sol ha salido, haremos
el campamento. Si están vivos, deberían llegar mientras dormimos. No son lo
suficientemente inteligentes como para mantenerse ocultos durante el día y
viajar por la noche.
Kinhaku asintió y volvió su atención a la
carretera, podían haber sido atacados por el youma o en alguna otra
parte.
El camino se desvió alrededor de la colina pequeña
rocosa. Al explorar los alrededores desde la loma no pudieron ver ni siquiera
una nube de polvo en la distancia. Tragándose su decepción, se volvió hacia
Gankyuu. Los shushi ya había ido a buscar un sitio para acampar.
Kinhaku negó con la cabeza.
—Un shushi es como actúa un shushi,
¿eh?
Un shushi no era un goushi. Los goushi
conocían lo espantoso que podía resultar el Shouzan cuando se perdía un Fénix.
Kinhaku no lo había experimentado por sí mismo, pero en base a lo que había
oído de los veteranos, se lo podía imaginar.
Cuando su compañero goushi le hizo la misma
pregunta que le había preguntado Gankyuu, les dijo que acamparan.
—¿Y si no aparecen cuando despertemos?
Su respuesta difería un poco de la de Gankyuu.
—¿Qué podemos hacer? Si se encontraron con un youma,
tal vez dos o tres, con el tiempo. Todo lo que podemos hacer es cruzar los
dedos y esperar.
—¿No sería mejor enviar un grupo de rescate? Por lo
menos tener un mensajero.
Kinhaku lo interrumpió con una mirada penetrante.
—¡No vayas a especular sobre lo que podría ocurrir!
Hablar podría gafar la suerte que Shinkun nos ha dado hasta ahora.
Permanecieron allí hasta la puesta del sol. Nadie
apareció en el camino. Los goushi calmaron a los otros que querían
seguir adelante y los convencieron para pasar la noche. Al día siguiente,
cuando avanzaba la tarde, una nube de polvo se levantó a la distancia.
El polvo se levantó de los confines de la
carretera, ya que bordeaba un acantilado bajo. Podían ver caer piedras en el
fondo del río seco en la parte inferior del valle.
—¡Alguien viene!
Una aclamación y tristes excusas surgieron al ver a
doce jinetes de caballos y de kijuu bajando por la carretera. Vieron a
la multitud que los esperaba y corrieron el resto del camino, el alivio pintado
en sus rostros.
Kinhaku dio un paso adelante para recibirlos.
—¡No puede ser que sean los únicos supervivientes!
Sin aliento, el cabecilla de los jinetes dijo:
—No. El resto está atrás.
—Había un youma.
Kinhaku asintió.
—Por eso vinieron así. ¿Dónde están los otros?
¿Cuánto tiempo les queda para que lleguen aquí?
—La compañía de Kiwa debe venir por detrás, pero
hay gente a pie.
Kinhaku lo fulminó con la mirada.
—¿Lo que significa que los abandonó y se fue?
Un encogimiento de hombros y una inclinación de
cabeza respondieron a esa pregunta. Kinhaku le espetó:
—¿Qué pasa con la chica? ¿Está a salvo?
—No lo sé. Creo que ella estaba con Kiwa.
—¿Y dónde está Kiwa?
—Se ha retrasado.
—No —intervino uno de los jinetes de kijuu—.
La vi bajar de la carreta de Kiwa y volver atrás.
—¿Volver? ¿Quieres decir, para unirse a los
sirvientes que iban a pie?
—Probablemente.
—¿Y el youma? ¿Está muerto?
—Ni de lejos.
—¡Maldición! —Kinhaku corrió de regreso a sus
compañeros—. Cinco que se queden atrás. ¡Va a anochecer, lleven a la caravana
de vuelta a la carretera y sigan adelante sin importar qué!
—¿Cuál es el plan?
—Ese youma. Esos bastardos escaparon sin
cuidar de ella.
—Lo que significa…
—Seguirán llegando. Está en la naturaleza de un youma,
desarrollan un gusto por las cosas. Se aprovechan de los seres humanos porque
son más fáciles de cazar que otros youma. —Kinhaku volvió a mirar a
Gankyuu—. Entonces, ¿qué piensa el maestro shushi? Parece que la chica
sintió pena por los rezagados y regresó para ayudar.
—Eso parece —murmuró Gankyuu. Con una sonrisa
irónica añadió—: Tenía la intención de separarme e irme de caza, pero estoy
bien quedándome atrás y turnarme para cuidar del resto.
—Bien. —Kinhaku respondió con una expresión igual
de jocosa.
Rikou estaba de pie junto a Gankyuu, intervino
diciendo.
—Gankyuu, iré contigo.
Gankyuu lo miró.
—¿Oh?
Rikou sonrió.
—Vamos a hacer esto juntos.
—¿No habías perdido el interés por Shushou?
—No recuerdo haber dicho nada por el estilo.
Gankyuu suspiró.
—Lo he dicho antes, pero vale la pena repetirlo: la
chica simplemente no te necesita más.
—Cierto. Pero tal vez yo pueda demostrarle mi valía
una vez más. No puedo caminar lejos ahora sin poner esa suposición a prueba.
—Es probable que tengamos a un youma tras
nuestro. Pensaba que tenías más aprecio a tu vida. En cuanto a mí, no tengo
interés en ir al rescate.
—No te estoy preguntando si quieres ir al
rescate, te estoy contratando.
Gankyuu dijo con una sonrisa burlona:
—¿Oh? ¿Cuánto cuesta? Tomo la mitad por adelantado,
ya sabes. En efectivo.
—¿Qué tal esto? —Rikou le arrojó las riendas de
Seisai, desató al haku de la roca cercana—: Te daré la diferencia que
hay de valor entre un suguu y un haku. No creo que te opongas a
eso. Vamos.


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