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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 29

 

CAPÍTULO 29

 

 

 

Kinhaku se puso en cuclillas en la carretera y examinó la tierra apisonada.

—No veo ninguna señal del carro.

—Kiwa no ha llegado todavía.

La caravana había seguido por el bosque, yendo a través de los marcadores anteriormente dejados por los goushi, y se internaron en el bosque. Después de seguir un estrecho valle, regresaron a la carretera. Sin ningún youma que los atacara durante ese tiempo y el curso no fue inusualmente difícil. Pero cuando se unieron de nuevo en la carretera, no había ninguna señal de Kiwa y los demás.

El día era brillante y claro. Kinhaku se volvió hacia Gankyuu.

—¿Piensas que fue atacada?

—Puedo contar con ello —fue la respuesta contundente del shushi.

—¿Qué debemos hacer?

—¿Qué más podemos hacer? El sol ha salido, haremos el campamento. Si están vivos, deberían llegar mientras dormimos. No son lo suficientemente inteligentes como para mantenerse ocultos durante el día y viajar por la noche.

Kinhaku asintió y volvió su atención a la carretera, podían haber sido atacados por el youma o en alguna otra parte.

El camino se desvió alrededor de la colina pequeña rocosa. Al explorar los alrededores desde la loma no pudieron ver ni siquiera una nube de polvo en la distancia. Tragándose su decepción, se volvió hacia Gankyuu. Los shushi ya había ido a buscar un sitio para acampar.

Kinhaku negó con la cabeza.

—Un shushi es como actúa un shushi, ¿eh?

Un shushi no era un goushi. Los goushi conocían lo espantoso que podía resultar el Shouzan cuando se perdía un Fénix. Kinhaku no lo había experimentado por sí mismo, pero en base a lo que había oído de los veteranos, se lo podía imaginar.

Cuando su compañero goushi le hizo la misma pregunta que le había preguntado Gankyuu, les dijo que acamparan.

—¿Y si no aparecen cuando despertemos?

Su respuesta difería un poco de la de Gankyuu.

—¿Qué podemos hacer? Si se encontraron con un youma, tal vez dos o tres, con el tiempo. Todo lo que podemos hacer es cruzar los dedos y esperar.

—¿No sería mejor enviar un grupo de rescate? Por lo menos tener un mensajero.

Kinhaku lo interrumpió con una mirada penetrante.

—¡No vayas a especular sobre lo que podría ocurrir! Hablar podría gafar la suerte que Shinkun nos ha dado hasta ahora.

Permanecieron allí hasta la puesta del sol. Nadie apareció en el camino. Los goushi calmaron a los otros que querían seguir adelante y los convencieron para pasar la noche. Al día siguiente, cuando avanzaba la tarde, una nube de polvo se levantó a la distancia.

El polvo se levantó de los confines de la carretera, ya que bordeaba un acantilado bajo. Podían ver caer piedras en el fondo del río seco en la parte inferior del valle.

—¡Alguien viene!

Una aclamación y tristes excusas surgieron al ver a doce jinetes de caballos y de kijuu bajando por la carretera. Vieron a la multitud que los esperaba y corrieron el resto del camino, el alivio pintado en sus rostros.

Kinhaku dio un paso adelante para recibirlos.

—¡No puede ser que sean los únicos supervivientes!

Sin aliento, el cabecilla de los jinetes dijo:

—No. El resto está atrás.

—Había un youma.

Kinhaku asintió.

—Por eso vinieron así. ¿Dónde están los otros? ¿Cuánto tiempo les queda para que lleguen aquí?

—La compañía de Kiwa debe venir por detrás, pero hay gente a pie.

Kinhaku lo fulminó con la mirada.

—¿Lo que significa que los abandonó y se fue?

Un encogimiento de hombros y una inclinación de cabeza respondieron a esa pregunta. Kinhaku le espetó:

—¿Qué pasa con la chica? ¿Está a salvo?

—No lo sé. Creo que ella estaba con Kiwa.

—¿Y dónde está Kiwa?

—Se ha retrasado.

—No —intervino uno de los jinetes de kijuu—. La vi bajar de la carreta de Kiwa y volver atrás.

—¿Volver? ¿Quieres decir, para unirse a los sirvientes que iban a pie?

—Probablemente.

—¿Y el youma? ¿Está muerto?

—Ni de lejos.

—¡Maldición! —Kinhaku corrió de regreso a sus compañeros—. Cinco que se queden atrás. ¡Va a anochecer, lleven a la caravana de vuelta a la carretera y sigan adelante sin importar qué!

—¿Cuál es el plan?

—Ese youma. Esos bastardos escaparon sin cuidar de ella.

—Lo que significa…

—Seguirán llegando. Está en la naturaleza de un youma, desarrollan un gusto por las cosas. Se aprovechan de los seres humanos porque son más fáciles de cazar que otros youma. —Kinhaku volvió a mirar a Gankyuu—. Entonces, ¿qué piensa el maestro shushi? Parece que la chica sintió pena por los rezagados y regresó para ayudar.

—Eso parece —murmuró Gankyuu. Con una sonrisa irónica añadió—: Tenía la intención de separarme e irme de caza, pero estoy bien quedándome atrás y turnarme para cuidar del resto.

—Bien. —Kinhaku respondió con una expresión igual de jocosa.

Rikou estaba de pie junto a Gankyuu, intervino diciendo.

—Gankyuu, iré contigo.

Gankyuu lo miró.

—¿Oh?

Rikou sonrió.

—Vamos a hacer esto juntos.

—¿No habías perdido el interés por Shushou?

—No recuerdo haber dicho nada por el estilo.

Gankyuu suspiró.

—Lo he dicho antes, pero vale la pena repetirlo: la chica simplemente no te necesita más.

—Cierto. Pero tal vez yo pueda demostrarle mi valía una vez más. No puedo caminar lejos ahora sin poner esa suposición a prueba.

—Es probable que tengamos a un youma tras nuestro. Pensaba que tenías más aprecio a tu vida. En cuanto a mí, no tengo interés en ir al rescate.

—No te estoy preguntando si quieres ir al rescate, te estoy contratando.

Gankyuu dijo con una sonrisa burlona:

—¿Oh? ¿Cuánto cuesta? Tomo la mitad por adelantado, ya sabes. En efectivo.

—¿Qué tal esto? —Rikou le arrojó las riendas de Seisai, desató al haku de la roca cercana—: Te daré la diferencia que hay de valor entre un suguu y un haku. No creo que te opongas a eso. Vamos.


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