Las banderas de la Guardia del
Palacio se contaban por toda la ciudad entre los ciudadanos en un alto estado
de agitación. La Guardia del Palacio era diferente a la guardia provincial. La
gente reconocía el estandarte del dragón como el de la reina, teniendo la
autoridad del reino.
El
Ejército Imperial ha llegado a suprimir la rebelión.
Voces de
desesperación llenaron las calles. Incluso si se rendían, el castigo sería
severo. Temiendo que ni una persona se salvaría, se preparaban para huir. Los
compañeros de Koshou y de Kantai no eran la excepción.
Claramente,
la gente decía, la reina protege a Shoukou. Se habían equivocado, otros
lloraban de la frustración. De todos modos, eran los rebeldes, no eran ellos
mismo.
Un
regimiento ya había llegado, y las insignias de dos más se podían ver detrás de
ellos. Los civiles corrieron a las puertas, diciendo que iban a entregarse al
Ejército Imperial.
—Gana el
enojo de la reina y se acabó.
—¡No tengo
intención de ir con la traición de la patria!
—Ganar el
disgusto de Shoukou viene a ser lo mismo. Ganar el desagrado del reino y Dios
sabe qué va a suceder.
Ellos
habían actuado por su cuenta y habían traído calamidad a Takuhou. Esas críticas
cayeron sobre todo a Koshou.
—¡Has
traído cosas malas!
Koshou se
sentó entristecido en la torre de guardia por encima de la puerta principal del
castillo.
—¿Por qué
vienen aquí? —preguntó Koshou. Apenas había un alma presente. La razón era que
habían oído el susurro al respecto de que, si la cabeza de Koshou se presentaba
al Ejército Imperial, el pueblo de Takuhou podría ganarse el perdón.
—¿Qué
hacemos? —preguntó Kantai.
Koshou bajó
la cabeza y suspiró.
—¿Qué
importa lo que hagamos? Bien podrías abrir la Puerta del Caballo y dejar
escapar a aquellos que quieren. —Su tono de voz era casual, pero no había vida
en sus palabras.
—El momento
en que abra las puertas, el Ejército Imperial vendrá corriendo a través.
—Demasiado
tarde para preocuparse por eso —Koshou miró a Kantai, de pie delante de él—.
Kantai, todo el mundo sabe que eres un hanjuu ahora. Es mejor que tomes
tu kitsuryou y salgas de aquí.
—Oye, ¿me
estás llamando cobarde?
—Nah —Koshou
sonrió y miró a su alrededor—. Yo simplemente no creo que haya ningún tipo de
salvación para nosotros. Es mejor no tener a nadie más involucrado en esto —Y
gritó—: ¡Diles a los hombres que están asegurando las puertas que tan pronto
como lleguen aquí, deben de estar listo para escapar! Y cuidado con los
civiles. Están un poco enojados con nosotros.
—Pero, Koshou…
—Incluso si
nos quedamos para ser ejecutados por traidores, todavía tenemos nuestro honor.
No podemos mantener a todos encerrados como si fueran rehenes.
—¡Koshou,
espera! —gritó Suzu—. ¡No te rindas tan pronto!
—Tiene
razón —coincidió Shoukei.
—Espera un
poco más de tiempo. Están esperando a que nos demos por vencido sin luchar. De
lo contrario, habrían atacado. Todavía hay tiempo. No se acaba hasta que se
acabe. No te apresures a sacar conclusiones.
Koshou tomó
aire y levantó la cabeza. Una sonrisa burlona vino a sus labios.
—Soy el
último que quiere que pienses que soy un cobarde.
—Esto no ha
terminado hasta que se acabe —corearon Shoukei y Suzu.
Koshou y
Kantai, ambos estrecharon sus ojos con recelo.
—Hablando
de eso —dijo Koshou, levantando la mano—, ¿dónde está Youshi?
Suzu y
Shoukei intercambiaron miradas. Shoukei fue quien habló primero.
—Ella está
establecida en la Puerta del Caballo. Incluso si dijeras que abran las puertas,
no creo que se abran.
Como Koshou
abrió la boca para decir algo, un hombre subió por las escaleras de la torre de
guardia.
—¡Koshou!
—¿Qué pasa?
—Hay gente
que está aquí. Ellos dicen que representan al pueblo de la ciudad.
Todo el
mundo frunció el ceño ante la perspectiva, pero Koshou, incondicionalmente, los
invitó a subir. Sekki se asentó junto a Koshou. Entonces, todos los demás
hicieron lo mismo. Ellos no podían correr el riesgo de que ninguno de sus
huéspedes pueda estar albergando pensamientos divertidos acerca de tomar la
cabeza de Koshou.
El grupo
estaba formado por seis hombres de mediana edad. En representación de ellos
estabas un hombre llamado Kakugo.
—No te
hagas la idea de que estamos cooperando con ustedes —dijo con desdén—. Nos
consideramos prisioneros de guerra de los rebeldes. Queremos ser libres, y no
podemos soportar ser considerados como rebeldes como ustedes. Tú y tu banda de
forajidos…
Como Kakugo
continuó poniendo en duda a Koshou, los otros cinco se le unieron. En el
momento en que Koshou suspiró con resignación, Suzu habló en voz alta:
—¡Ya basta!
No solo
Kakugo, pero Koshou y Kantai también saltaron de la sorpresa.
—¿No
desprecian a Shoukou? ¿Te ha gustado la forma en que gobernó?
—Contén tu
lengua, señorita.
—¡Yo no
contendré la lengua! ¡Si tú estás tan dispuesto a dar a Shoukou un pase,
entonces no eres mejor que él! ¡No tienes razón para llegar aquí y quejarte!
¡Te amarraré como a un cerdo igual como hicimos con Shoukou!
—Suzu… —Koshou
dijo con voz severa.
Suzu le
devolvió la mirada.
—¿Y cuándo
te convertiste en un ratón? No tienes razón para dudar de ti mismo, de escuchar
a estos tontos —Koshou no había hecho nada malo. Y ninguna persona de esa
ciudad le iba a decir que no odiaba a Shoukou—. Me uní a Koshou después de que
Shoukou matara a un niño que era un hermano para mí. Shoukou pasó por encima de
él con su carro. Nadie culpó a Shoukou. Nadie lo persiguió y lo arrastró de su
carruaje. Pensé que era porque le tenían miedo. Pero si ese no es el caso, si
están dispuestos a pasar por alto sus actos, ¡entonces todos son mis enemigos!
¡No voy a perdonar a ninguno de ustedes!
—Buen
punto, señorita, no estoy diciendo que no odiamos a Shoukou, sino que queremos
vivir —declaró Kakugo—. No teníamos otra opción con un hombre como él, sino a
inclinar la cabeza y seguir de largo. Estamos agradecidos de que ustedes hayan
derrocado a Shoukou, ¡pero no tenemos ningún deseo de lanzar nuestras vidas
lejos del amor de nuestras familias! ¿Crees que hay algo malo en eso? Es posible
que hayan matado a una bestia, pero la reina seguramente nombrará a otro
monstruo más grande en su lugar.
—¡La reina
no es nuestra enemiga!
Kakugo
gritó:
—¿Entonces
qué está haciendo aquí la Guardia del Palacio? ¿Estás diciendo que la reina
perdonará una insurrección en Takuhou? ¿Eso es lo que estás diciendo?
—¡Usted
está equivocado! —gritó Shoukei—. La reina sabe lo que está pasando aquí. ¿Sabe
usted de las tres bestias que merodean por este reino?
Kakugo
lanzó un suspiro y parpadeó varias veces.
—Shoukou,
el gobernador de la prefectura de Shisui. Gahou, el señor de la provincia de
Wa. Y Seikyou, el Chousai.
—Hey —dijo
Koshou. El resto de ellos miraron a Shoukei con expresión dudosa.
Shoukei les
sonrió a su vez.
—Ese es el
caso. La moneda sacada fuera de Shisui desemboca en Wa. Y lo que se recoge en
Wa llena los bolsillos de Seikyou. A cambio de la quema de los seminarios,
mancillando el nombre del Marqués de Baku y de que lo expulsen de la Corte
Imperial, y luego ataca un rike, y les da refugio seguro. La guardia
provincial se ordenó aquí por la misma razón. Si Shoukou o Gahou fueran
detenido alguna vez, las cosas podrían ser muy arriesgadas para Seikyou. Es por
eso por lo que envió a la Guardia del Palacio a Takuhou.
—¿Cómo te
diste cuenta de eso? —le preguntó Kantai.
Suzu y
Shoukei intercambiaron miradas.
—Porque no
es la reina la que envió a la Guardia del Palacio. La reina se solidariza con
la difícil situación del pueblo de Takuhou. Fue solo Seikyou y Seikyou el que
los envió. Es por eso que la Guardia del Palacio se mantiene en sus posiciones
frente a las puertas de la ciudad y no han atacado. No tienen órdenes jurídicos
para hacerlo. Es la esperanza de hacernos salir y que nos rindamos por nuestra
propia cuenta.
—Pero…
—Ya lo ves,
Kantai, con tanto poder que maneja Seikyou, no son fuerzas iguales dispuestas
en contra de la Corte Imperial, el Tribunal está dividido en dos facciones… a
favor y en contra de Seikyou. ¿Crees que quienes se oponen a él permanecerían
en silencio mientras que las órdenes de la Guardia del Palacio se mueven en
torno como si fueran guardaespaldas personal? Pero si solo los moviliza y los
envía a Takuhou siempre podrá decir que era un farol. Y si eso resulta en una
supresión de la rebelión, a continuación, otro punto para él. Pero si se llega
a una pelea, entonces ni siquiera por un ex Chousai meras excusas serán
suficientes. La Guardia del Palacio es el dominio solamente de la reina.
—¡Pero van
a atacar en cualquier momento! —gritó Kakugo—. ¡Y cuando lo hagan, es todo! ¿No
lo entiendes?
—La reina
nos va a salvar. Por favor, no actúen prematuramente.
Kakugo
pinchó la cara de Shoukei con un dedo.
—¿Qué tipo
de seguridad es esa? ¡La reina y Seikyou probablemente han estado juntos en
esto todo el tiempo!
—¡Eso es
imposible! —dijeron al unísono Shoukei y Suzu. Tampoco pudieron contener una
sonrisa.
Kantai se
rio entre dientes.
—Bueno, la
forma en que estas dos están en marcha suena como si estuvieran en regulares
condiciones de hablar con la reina.
Shoukei y
Suzu se miraron. Shoukei dijo:
—Lo
estamos.
—¡No puedes
hablar en serio! —gritó Kakugo—. ¿Desde cuándo la reina concede audiencia a
chicas como ustedes?
Suzu no
sabía cómo responder. Shoukei le llamó la atención, asintiendo con la cabeza y
tomó la palabra en su lugar.
—Tú lo has
dicho, Kakugo. No es necesario atacar para que se me dé una audiencia con la
propia reina.
—¡Por
supuesto que la hay!
Shoukei se
abalanzó sobre él con sus palabras.
—Mi nombre
es Shoukei, hija del rey Hou, el emperador del reino de Hou. ¿Crees que es
extraño que una Princesa Real de un reino se le conceda una audiencia con la
reina? Si tienes alguna duda en cuanto a la legitimidad de mi reclamo, entonces
puedes consultarle a Gekkei, el señor de la provincia de Kei. Pregúntale si
conoce a la Princesa Real de Hou, cuyo nombre completo es Son Shou.
Kakugo y
Kantai y el resto de ellos la miraron con la boca abierta.
—Mi padre
falleció recientemente. Supliqué a la reina de Kei y fui invitada al reino de
Kei. La reina de Kei me pidió que me quedara en Wa, a fin de determinar el
estado de las cosas aquí e informarle a ella. A través de un extraño conjunto
de conexiones, terminamos ayudando a Koshou aquí. Sin embargo, la reina de Kei
es consciente de todo esto. Ella desea aprovechar esta oportunidad para arrestar
a Seikyou. Les prometo que la reina no estará contenta de oír culpar a Koshou y
que lleven a cabo como ratas abandonando un barco que se hunde.
—¡Esto es
un disparate! —la cara de Kakugo mostró claramente su incredulidad.
Suzu metió
la mano en su bolsillo.
—Kakugo,
lee esto.
Kakugo tomó
el elemento que la chica sostenía en alto. Obviamente, era un pasaporte. ¿Y
qué? Dijo su expresión, y Suzu le dijo que buscara del otro lado. Kakugo le
dio la vuelta y se endureció visiblemente.
Un sello en
rojo y tinta china. No, un sello imperial.
—En el
reino de Sai, serví a Lady Suibi del Monte Ha. Tengo el permiso recibido de la
reina de Sai misma, que me estableció en el reino de Kei para visitar a la
reina de Kei. Si deseas confirmar eso, por favor, dirige tus preguntas al
Palacio Choukan. Es decir, solo si dudas de la veracidad del sello imperial.
Kakugo miró
hacia atrás y delante, entre el pasaporte y las dos chicas. Las chicas le
devolvieron la sonrisa.
—Cree en la
reina de Kei y espera. No hay manera de que ella vaya a pensar mal de ti por
hacerlo.
—Ustedes dos causan miedo —les
dijo Koshou, examinando el pasaporte de Suzu. Se lo devolvió a ella y la miró a
los ojos—. Lo que acaban de decir, ¿es todo verdad?
Kakugo y su
comitiva ya habían acordado esperar a la salida de la torre. Los rumores
corrían por la ciudad, y aunque solo sea en lo más mínimo, la sensación de
miedo y temor había comenzado a disminuir.
Suzu y
Shoukei se miraron la una a la otra. Shoukei respondió con un encogimiento de
hombros.
—Mientras
que ellos crean que es verdad, es verdad. El resultado final no voy a mentir.
Koshou se
inclinó hacia delante con curiosidad. Shoukei hizo un gesto con la mano hacia
atrás y hacia delante.
—Yo no sé
realmente si el Ejército Imperial atacará o no. Sin embargo, la caballería
aérea no ha llegado, y ningún ataque ha llegado hasta aquí, así que no tengo
razón para creer que estoy equivocada. Lo que debemos hacer es confiar en la
reina de Kei y esperar. Eso no es mentira. Esa es la verdad completa.
—¡Muy bien,
entonces! —Koshou se dio una palmada en las rodillas—. Tal vez sea una
posibilidad entre mil, pero vamos a mantener nuestras posiciones a lo largo de
las paredes.
—¡Koshou! —dijeron
Suzu y Shoukei juntas.
—Creo en
las dos. Vamos a esperar hasta que la reina de Kei y su séquito lleguen.
—Bueno —Shoukei
suspiró y miró hacia la ciudad. Cuando se volvió de nuevo hacia la Puerta del
Caballo, sus ojos se abrieron por la sorpresa—. ¡Suzu!
—¿Qué? —Suzu
salió corriendo.
Shoukei
salió por la ventana.
—¡No!
Koshou y el
resto de ellos se apilaron junto a la ventana.
—¡No puede
ser!
Todo el
mundo en la ciudad era un manojo de nervios. La ansiedad podía ser tocada en el
aire. El Ejército Imperial era terrible. Pero también lo eran los rebeldes. Los
que querían poner fin a todo temor de un ataque por parte del Ejército Imperial
y se temía también la retribución que le seguía. Los que querían huir de las
represalias temida por los rebeldes. Al final, el temor a hacer nada en
absoluto, las consecuencias de Takuhou por ser gobernado por tanto tiempo por
los gustos de Shoukou.
Durante
todo el día levantaron la vista con aprensión hacia las paredes. Siempre y
cuando no hubiera una gran conmoción a lo largo de los caminos de las paredes,
entonces podrían convencerse de que las cosas estaban bien, por el momento.
Una mujer
levantó la vista hacia las paredes, por enésima vez y su boca se abrió de
asombro.
—¡Miren!
Reaccionando
al sonido de su voz, aquellos a su alrededor miraron también. Junto con la
mujer, la boca abierta y con los ojos grandes de sorpresa.

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