PARTE
XI
CAPÍTULO
41
En está situación al sureste de Ryuu, pero los inviernos no diferían
mucho. Al igual que en Ryuu, era una dificultad viajar, salvo por el carro
tirado por caballos. Aunque en el reino de En, la gente utilizaba carros. El equipo
de caballos tiraba de un coche sólidamente construido y los llevó hacia el sur
por caminos bien arreglados.
Los más pobres andaban a lo largo de la carretera a
pie. El viento era frío, y uno se podía congelar incluso si se mantenía en
movimiento. Se aferró al onjaku contra el pecho, con la cabeza
esquivando al viento, llevaba sobre sus hombros los sacos llenos de un poco de
carbón y leña. Aquí y allá, a lo largo de la carretera, la leña alimentaba las
hogueras donde podía entrar el calor. Echaron miradas de reojo a la diligencia,
ya que los precipitaba al pasado.
—Debe de ser duro tener que viajar a pie —le dijo
Shoukei a Rakushun, sentado frente a ella.
El coche en el que estaban sentados los dos tenían
asientos blancos en los que cada uno podían sentarse tres personas. Shoukei y
Rakushun eran los únicos pasajeros.
—Shoukei, ¿todavía quieres ir a Tai?
Shoukei dejo escapar un suspiro.
—Tenía muchas ganas de ir a Kei.
—¿Eh?
—Yo quería ir a Kei, trabajar para un ministro y
así llegar a la reina de Kei. Quería congraciarme con ella. Y cuando la
oportunidad se presentara, usurpar el trono. O algo así. Estoy bastante segura
de que eso estaba en mi imaginación. Pero la mitad de eso era serio. ¿Estás
enojado conmigo?
—No. Pero si realmente es en serio, no hay forma de
que yo pueda verte de nuevo.
—Tienes razón —Shoukei se echó a reír—. Yo
necesitaba inscribirme en el censo. Oí que, si ibas a Tai y tomabas un barco a
Kei, podías obtener tierras y registrarte en Kei.
Rakushun le dio una mirada de sorpresa.
—Yo no había oído hablar de eso.
—El objetivo inicial era ir a Tai en el kitsuryou.
Pero por el momento, solo ir a Kei y buscar algo de tierra ahí —Shoukei se miró
las manos cruzadas sobre el regazo—. De hecho, ser la princesa real fue una
gran cosa para mí. No quería renunciar a vivir en el palacio y mi estilo de
vida lujoso. Era realmente vergonzoso trabajar en los campos y con ropa común.
Cuando me enteré de que la reina de Kei tenía la misma edad que yo, la envidié
tanto. No podía perdonarla por tener todo lo que yo había perdido.
—Ya veo.
—A decir verdad, aún es difícil para mí quedarme en
hoteles baratos. Es humillante el tener que usar lana. Pero es la penitencia
que tengo que pagar —Ella apretó las manos, girando la punta de los dedos
entrelazados—. Todo lo que hice fue jugar en el palacio. No hice gran cosa. Yo
no sabía que la gente odiaba tanto a mi padre que quería matarlo. Yo no quería
saber. Y ahora lo estoy pagando. Por eso Gekkei, el Marqués de la provincia de
Kei, me borró del Registro de Inmortales. Lo entiendo ahora.
—Sí.
—Si no hubiera sido la princesa real, yo no sería
más que otra chica en el orfanato. Todavía estaría en minoría, sin el ingenio
para convertirme en un funcionario del gobierno. Por eso me enviaron a un
orfanato. No tenía ni una pista. Yo no entendía el por qué.
—Mejor entenderlo ahora que nunca.
—Sí —se rio Shoukei—. La reina de Kei, ¿qué clase
de persona es?
—Ella tiene tu misma edad.
—Pero no es una idiota como yo.
—Oh, ella se llama a sí misma idiota. Y entonces
ella diría: “¡Pero me hicieron reina, después de todo!”.
Shoukei volvió a reír.
—Suena como yo.
—Tal vez. Pero tú eres, bueno, más femenina. La
reina es una especia de tosca al borde.
Shoukei rio y miró por la ventana al paisaje.
—Me gustaría ir a Kei —ella quería conocer a esa
reina. Y si no la conocía, ella quería ver qué tipo de reino crearía.
—Los grupos repatriados se están formando en todo
En y se dirigen a Kei.
—¿Quieres decir que, desde que la reina de Kei fue
coronada, la gente está volviendo?
—Un buen número de personas. No se sabe muy bien
qué tipo de rey va a ser, pero, en cualquier caso, con el rey de En echándole
una mano a su ascensión, el pueblo de Kei está bastante seguro de ella. Ella va
a ser una buena reina.
—Ése es el rumor. Pero eso apenas está tallado en
piedra de que vaya a ser un monarca ilustrado.
—Es cierto, pero la casa es mejor que quedarse en
En. Tienen sus tierras ahí, y si bien podrían no ser grandes, pueden plantar
sus propios pies en su propio terreno y comenzar una vida —Rakushun esbozó una
sonrisa irónica—. No era nada malo de Kei, mientras que al conseguirlo se
conseguía algo bueno, pero cuando se trata, a fin de cuentas, la vida es
difícil para un refugiado en En. Es mejor que quedarse atrás en un reino que va
a la ruina. Y En hace lo posible para cuidar a la gente. Al ver lo rico que es
En, tiene que herir. Sin embargo, la única manera de convertirse en ciudadano
de En es la compra de tierras o convertirse en un funcionario público, y
ninguno de ello es fácil. De lo contrario, si se desea establecerse en En,
tendría que ser contratado por un rico propietario de la tierra y trabajar como
agricultor itinerante, o conseguir un trabajo en una tienda. Así que la gente
anhela su país de origen.
—Tiene sentido.
—He sido muy afortunado. He tenido la suerte de
entrar en la universidad. La gente de Kei es bastante afortunada, también, en
comparación con el promedio de los refugiados de otros lugares.
—¿En serio?
—La reina de Kei y el rey En tienen una buena
relación. La reina de Kei le dijo al rey de En que transmita sus mejores deseos
a sus súbditos y el rey de En ha reconocido sus deseos. Eso ya es mucho para
estar agradecido. Se ha hecho mucho para ayudar a reasentar a las personas de
vuelta a Kei, a su reino de origen. Es lo que sale de los presupuestos
nacionales de En y Kei, un compromiso alcanzado entre En y Kei. No hace la vida
más fácil a la gente de otros reinos, sin embargo.
—En efecto.
—La reina de Kei tiene un montón de cosas a su
favor. Ella tiene a En observándole la espalda, animándola.
Shoukei se preguntaba qué clase de geografía tenía
Kei, siendo muchos más al sur que Hou. Ella dijo:
—¿Crees que los que retornan se sepa si alguien que
no es de Kei vaya con ellos?
—No lo creo. No tienen forma de comprobar si tienes
un pasaporte válido o no. Muchos de los hogares fueron destruidos y huyeron sin
papeles. Aun así, si quieres ir a Kei, te voy a llevar hasta la frontera.
—Rakushun.
—Tama espera en la siguiente ciudad. El sugu
quiero decir. Ese es su nombre. Con Tama, puedo volar a la montaña Koushuu y
volver a Kankyuu en dos días.
Shoukei miró hacia el sureste.
—¿No tienes dudas de que yo vaya a Kei?
—No, en absoluto. Compruébalo tú misma. Ve a ver
cómo es.
—Lo haré.
—Una vez que hayas visto lo que tengas que ver,
¿qué te parece si vuelves a Kankyuu y me dices cómo van las cosas allí?
Shoukei asintió con la cabeza.

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