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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 23

 

CAPÍTULO 23

 

 

 

—Hola, señorita.

Ren Chodai miró por encima del hombro a Shushou. Él y varios de los suyos estaban sentados en un círculo debajo de un árbol. El estado de ánimo era claramente antipático.

—¿Hay algo que deseas discutir?

Shushou dijo:

—He venido a pedirte un favor.

—¿El qué?

—Ya he tenido suficiente del shushi. Me preguntaba si me podrías contratar, haciendo tareas o lo que sea.

Chodai parpadeó varias veces.

—¿Contratarte?

—Sí. Ya has visto suficiente de mí para saber que estoy en buena condición física. No hay nada malo con mis piernas. Puedo trabajar el día entero. ¿Qué me dices? No me importa cómo de humildes sean las tareas.

Chodai intercambió miradas con los hombres allí reunidos, luego le hizo un gesto a ella.

—No es nada personal, mira, pero creo que es mejor que regreses de nuevo con el shushi.

—Yo creo que no. No puedo soportar la forma en que el shushi y los goushi hacen las cosas.

—¿La forma en que hacen las cosas?

—Está bien. No voy a entrar en detalles. Francamente, no quiero ni pensar en ello.

La cara nublada de Chodai se nubló.

—Señorita Shushou, ¿verdad? Si insistieras no tendría ningún problema en tratarte como a una invitada. Por desgracia, como tú misma has señalado, soy un novato cuando se trata del Mar Amarillo.

—No importa cuánto sabe una persona sobre el Mar Amarillo, en caso de que el conocimiento esté al servicio de un corazón retorcido, entonces no sirve para nada.

—Un corazón retorcido.

Shushou miraba al suelo, con las manos todavía apretadas de rabia.

—Los koushu son itinerantes. Es una vida dura, lo sé, sin familia o emperador para protegerlos. —Levantó la mirada—. No es que no tenga ni idea de cómo puede ser la vida de dura, pero… es difícil vivir sin un emperador. Es difícil tener youma que salen de debajo de las piedras. ¿Por qué sino todas estas personas pondrían sus vidas en fila para viajar al Monte Hou?

Chodai en silencio volvió a mirarla.

—Sí, itinerantes y refugiados tienen una vida muy dura. Se supone que no es posible que la gente como tú o yo entienda lo que es eso, pero, si eso fuera así, nadie volvería a aventurarse en el Mar Amarillo. Son los koushu los que no lo consiguen. Es obvio para cualquiera que se tome unos instantes para pensarlo que los koushu han tenido mala suerte en la vida. Pero eso no es excusa para lamentar su estado de paria, maldecir su suerte, y envidiar a los que son mejores que ellos. Y luego, cuando están en un lugar que conocen como la palma de sus manos, regodearse ante todo el mundo.

—¿Shushou?

—No importa qué tan familiarizados puedan estar con el Mar Amarillo, si van a utilizar ese conocimiento como una especie de castigo, estarían mejor en una situación de ignorancia como el resto de nosotros. Eso es todo lo que voy a decir. Estoy en deuda con ellos por traerme hasta aquí.

—Ya veo —dijo Chodai con un gesto reflexivo.

—Es solo que no quiero estar cerca de ellos en este momento. En cualquier caso, señor Ren, vamos a seguir por la carretera, ¿verdad?

Chodai negó con la cabeza.

—No. Esta vez probablemente nos volveremos a escuchar el consejo de los goushi y los seguiremos.

—¿Por qué? Hasta ahora…

—Debido a que este resultó ser el tipo de cosas que los goushi dijeron que querían que nosotros sepamos.

—¿Los goushi han enviado un mensaje?

Lo que significa que, sorprendentemente, Chodai había hablado con los goushi por su propia voluntad.

—Los goushi vinieron para informarnos que algo realmente peligroso debe de estar por delante. No soy tan imprudente como para querer verlo por mí mismo. No estaba siempre interesado en la búsqueda de rutas alternativas simplemente para desafiar a los goushi.

—Pero…

—Me desvié alrededor del pantano porque sabía que había algo en él que valía la pena evitar. Los goushi evidentemente sabían sobre ellos y tomaron medidas que no estaban disponibles para nosotros. Si los goushi pueden llegar a tales extremos, debo pensar que no hay que pasar. ¿No te parece?

—Eso tiene sentido.

—Nosotros buscamos una alternativa, una vez más, no porque hayamos querido desafiar a los goushi. Así que, si los goushi dicen que el camino está intransitable, vamos a escuchar lo que tienen que decir. En vista de que se van a tomar las molestias de forjar una nueva ruta, también deberíamos seguirla.

—Ya veo.

—Aunque Kiwa y su grupo parecen haber empujado los árboles a un lado y siguen por la carretera.

Shushou empezó a decir, con los ojos como platos.

—¿El señor Shitsu hizo qué? ¿De verdad?

  

 

—¿Estás bien con esto? —preguntó Rikou a Gankyuu.

Gankyuu se puso de pie para seguir a Shushou, pero se detuvo en seco, buscando con los ojos el lugar donde la había visto por última vez.

—Que haga lo que quiera. Me ha pagado por adelantado de todos modos. —Pero había poca sensación de triunfo en sus palabras.

—Eh…

—Por mi vida, no puedo entender cómo piensa esa chica.

—¿De verdad? —dijo Rikou.

Gankyuu volvió a mirarlo.

—¿No decías que viniste para acompañar a ese puñado de problemas a su destino?

—Sí.

—En ese caso, ve —dijo Gankyuu y se sentó.

Rikou sonrió.

—No seas malo. Poner distancia entre tú mismo y un koushu en el Mar Amarillo es peligroso para la salud.

—Quizá.

Una sonrisa insondable subió a la cara de Rikou.

—Aún tengo amor por mi vida. No es algo que, por desgracia, me gustaría dejar a un lado en nombre de otra persona.

—Entonces, ¿por qué has venido todo el camino hasta el Mar Amarillo?

—Creía que mi presencia podría ser necesaria. Aunque sospecho que ya no lo es.

Gankyuu ladeó la cabeza hacia un lado.

—No lo entiendo en absoluto.

—Perseguir después a Shushou sería bastante fácil, pero sin ti allí sería un gesto vacío.

Gankyuu levantó la cabeza. ¿Qué quieres decir? Decía la expresión de su cara.

—Shushou probablemente ha acabado yendo con Chodai o Kiwa. Ella no es tonta como para creer que puede navegar por el Mar Amarillo por sí misma. No creo que ella vaya a llegar al Monte Hou sin un koushu a su lado.

—Ya veo —dijo Gankyuu, torciendo la boca en una mueca—. No hay necesidad de proteger a Shushou si no va a convertirse en emperatriz.

—Si Shushou no se convierte en emperatriz, no tengo razón para estar aquí.

Cuando Shushou le dijo a Rikou que iba al Monte Hou, la sensación de que estaba destinada a convertirse en emperatriz echó raíces en su interior. No había acabado en esa ciudad pensando en reunirse con ella o nadie como ella. Por alguna razón era donde había decidido para por la noche. Por alguna razón, había rodeado la ciudad para echar un ojo al cementerio. Y es que, por alguna razón, había dejado solo a Seisai durante unos minutos.

Gankyuu dijo, como si leyera esos pensamientos:

—Creo que, en general, eso es lo que una persona arriesga todo por otra.

—Aunque no crea que fuera tan importante que me reuniera con Shushou. Si hubiera sido alguien que no fuera yo, esa conexión se habría convertido en igualmente importante.

—Supongo que debe de haber otros alrededor tan caprichosos como tú.

—Pero si tú no hubieras estado allí, Gankyuu, es difícil imaginar cómo habrían resultado las cosas. —Gankyuu le devolvió la mirada. Rikou sonrió—. Eres un koushu, muy alejado de mi rango. Comprendo que estés teniendo problemas para entender que tipos como yo vayan tan lejos.

Gankyuu rio.

—Eh. ¿De verdad lo crees?

Rikou volvió a sonreír.

—Esa es la respuesta de una persona que se niega a la posibilidad de comprender. Sin explicaciones, no hay manera de decir si entiende o no.

—¿Estás diciendo que soy de mente estrecha?

—Yo no iría tan lejos. Los koushu empatizan con los sentimientos de otros koushu. Eso no es menos cierto para todos los demás. Como regla general, si no te pasa a ti, no vas a entenderlo. Al mismo tiempo, sin embargo, también existen aquellas palabras que rechazan la comprensión, mientras ponen en duda a los que no entienden.

Gankyuu se hundió en el silencio.

—Shushou quiere entender.

—No creo que lo haga nunca.

—¿Y no puedes molestarte en ofrecerle una explicación?

—Eso no es lo que quiero decir.

—O tal vez no querías que te comprendiera desde el principio, o temías que no lo entendiera incluso después de la explicación.

Gankyuu suspiró.

—No es eso.

—¿Hmm?

—Lo que no entiendo es porqué todas estas personas que piensan que un rey es importante para un reino y quieran uno tan malo que están dispuestas a ir al Shouzan.

Rikou asintió y dijo con una sonrisa irónica.

—Ese hecho podría interponerse en el camino de un entendimiento mutuo.

Gankyuu no tenía más que añadir. Rikou se reservó algunos pensamientos para sí mismo. No había hogueras ardiendo en los campamentos dispersos. Las personas esparcidas aquí y allá estaban envueltas en la oscuridad, el silencio a su alrededor era como una colcha pesada, quedándose en vela durante toda la noche.

  

 

Al final de la madrugada, después de que los cielos se hubieran aclarado lo suficiente, los koushu se levantaron y se prepararon para viajar. De mala gana y en silencio, Gankyuu hizo lo mismo, colgando los paquetes a la parte posterior de su haku. Fue entonces cuando se le acercó Kinhaku.

—Gankyuu.

Gankyuu alzó la mirada para ver a Chodai por encima del hombro de Kinhaku.

—Shushou.

—La mocosa no está aquí. Me despidió, ¿no lo sabías?

—Lo sé —interrumpió Chodai—. Se fue con Kiwa.

—Me imagino.

—Ayer por la noche, Kiwa retiró los árboles fuera del camino y continuó a lo largo de la carretera.

Gankyuu lanzó a Chodai una mirada de asombro. Chodai asintió. Kinhaku frunció el ceño.

—Parece que el viejo rico no podía soportar la idea de separarse de su carro. Se marchó al amanecer. Él puede ir a donde le da la gana, pero la chica se fue con él. ¿Estás bien con eso?

—Ella podría tirar su vida por la borda y le diría que siguiera. Ya no soy su empleado. No tiene nada que ver conmigo.


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