Los youma atacaron el
campamento a orillas del lago esa misma noche.
Al sentir a
Rikou y Gankyuu moverse, Shushou despertó de un sueño ligero. No lo puedo
creer, pensó, se había levantado antes de que los gritos llenaran el aire.
El puro asombro eclipsó el escalofrío de miedo.
Al igual
que antes, apenas se habían oído gritos y exclamaciones, que ya habían recogido
las bolsas, saltado a los kijuu y antes de que los gritos y exultaciones
volvieran, ya habían hecho las maletas, saltaron a los kijuu y bajaron
por la colina.
El resto,
estando acostumbrados a la rutina, el número de personas que huían de los
campamentos había crecido con cada ataque. En silencio huyeron, descendiendo
por la cresta y rápidamente pusieron distancia entre ellos y la costa.
Al
amanecer, los que viajaban en kijuu desaceleraron el ritmo por lo que el
resto de la caravana los alcanzó. Habiendo escapado a la velocidad de un
caballo al galope, la espera les dio un respiro.
Como
siempre, Gankyuu buscó el lugar adecuado para descansar y asegurar su haku.
Miró por encima del hombro. “Vamos a hacer un descanso aquí”, iba a
decir, pero en su lugar encontró a Shushou allí de pie fulminándolo con la
mirada.
—Tenemos
que hablar —dijo.
—¿Qué pasa?
—Vamos a ir
a algún sitio donde no haya gente alrededor.
—No seas
tonta.
—No, quiero
que vengas. No creo que quieras que nadie oiga lo que tengo que decir.
Durante un
largo momento, Gankyuu miró a los ojos de la joven enfurecida allí de pie a la
luz gris de la mañana.
—Bien.
Desató el haku
aún cargado con los paquetes de viaje sobre él y se subió. Luego se volvió a
Shushou y extendió su mano y se montó.
—También
iré —se ofreció Rikou.
—Prefiero
que no lo hagas —dijo Shushou.
—No me
malinterpretes, no voy a interrumpir. Prometo observar simplemente sin decir
una palabra.
Sin
detenerse para ver si aceptaban o no, Rikou ya había montado. Shushou no dijo
nada más. Gankyuu no se opuso e instó al haku a partir, tomó el camino a
través del laberinto de árboles caídos. Un minuto más tarde, llegaron a una
pequeña colina con vistas al resto de la caravana, que se había detenido a
mitad de camino de la pendiente.
En la
cresta de la loma se levantaba un bosque cubierto por árboles todavía verdes,
las ramas viejas amontonándose alrededor de sus troncos. Gankyuu se detuvo
detrás de la arboleda. Rikou llevó al suguu a detenerse a unos metros y
se sentó en un árbol caído. La caravana acampada era visible a través de las
ramas de la espesa maleza.
Gankyuu se
sentó en el hueco formado por el árbol muerto. Shushou se colocó frente a él.
Con una mirada a Rikou, Shushou respiró hondo y volvió a mirar a Gankyuu,
sentado en un tronco cubierto de musgo.
—¿De qué
estaban hablando Kinhaku y tú anoche?
Abriendo la
bolsa de cuero que llevaba, Gankyuu respondió a la directa pregunta con una
débil sonrisa.
—¿Me has
hecho venir aquí para hablar de eso? Estoy seguro de que escuchaste lo que
estábamos hablando.
—Estaban
discutiendo sobre cómo les gustaría que aparecieran youma.
—De hecho,
lo hicimos —dijo Gankyuu quien volcó la bolsa delante de haku. Una parte
de un ala con plumas rodó sobre el suelo con un ruido sordo.
—Espera.
¿Qué es eso?
—Eso es un
trozo de youma.
—¡¿Qué
estás haciendo con eso?!
Gankyuu le
devolvió la mirada, la expresión de su cara le decía que era una pregunta
estúpida. Como si esperara su ración, el haku enterró el hocico en el
cadáver.
—¿El haku
lo come? ¿Un youma?
Gankyuu se
encogió de hombros.
—Al kijuu
no le importa el sabor. —Cortó un trozo del ala con su espada y la lanzó al
aire, trazó un arco largo y aterrizó frente a Seisai.
Viendo el
entusiasmo con que lo comía el kijuu, Shushou se estremeció.
—No les
hagas comer cosas raras como esa.
—Incluso un
kijuu se consumiría si no es alimentado con regularidad. Los haku
son omnívoros. Los suguu pueden sobrevivir con una dieta vegetal, pero
necesitan carne. Sus cuerpos no funcionarán correctamente sin ella.
Shushou
hizo una mueca. Miró hacia atrás y hacia delante, desde el haku hasta el
suguu y, con un solo movimiento de cabeza, volvió su atención a Gankyuu.
—Esperaban
que aparecieran más youma y aparecieron. ¿Qué está pasando?
—Lo que
está pasando es que tuvimos suerte —dijo Gankyuu, limpiando la espada con un
puñado de hierba.
Shushou
apretó los puños.
—¿Esperas
que crea que fue mera casualidad?
—Bueno, si
es así, ¿qué quieres que diga?
—Estás
mintiendo. No creo en las casualidades y ciertamente no cuando se trata de
coincidencias de ese estilo. Ayer por la noche, tú y Kinhaku deseaban un
ataque. No hay otra manera de interpretarlo. Y un ataque sucedió. Un ataque
sucedió y la gente murió.
—No sabes
si alguien murió.
—¡Ese no es
el problema! —La voz de Shushou se hizo más fuerte—. ¿Por qué estabas deseando
un ataque youma? Ustedes esperaban que se presentara y pasó. ¿De qué va
todo esto?
Oh,
santo cielo, dijo el suspiro de Gankyuu.
—También
dije que eras lo suficientemente inteligente como para ser un puñado de
problemas y un gran dolor de culo.
—¡Responde
a mi pregunta! —La niña levantó la vista hacia él, pero lista para patearlo.
—Sí, yo
quería que los youma atacaran. Los próximos tres días por la pendiente
de ese lago no van a ser peligrosos.
—¿Me estás
diciendo que querías el olor de la sangre en el aire?
—Está bien.
Los próximos tres días no serán bastante malos, esto quita al menos una
preocupación de en medio.
Shushou
fijó sus ojos en él.
—¿Así que
los llamaste?
Gankyuu se
encogió de hombros.
—¿Quién
sabe? Kinhaku esperaba que pudiera aparecer, y yo estaba de acuerdo. Eso es
todo lo que hicimos.
—Entonces
voy a preguntarlo de una manera diferente: ¿hay formas de convocar a los youma?
—Existen.
Sacrificar una cabra, un caballo o un ave por lo general lo hace. Pero yo no lo
llamaría convocar.
—¡Tú-tú…
bestia! —dejando que su ira la embargara, Shushou sacudió sus brazos con rabia.
Gankyuu los agarró fácilmente.
—Voy a
decirte algo: me contrataste y me dijiste que te llevara al Monte Hou.
—¿Qué se
supone que significa eso?
—Tú eres la
que me contrató, y yo fui contratado para protegerte, el resultado final no es
diferente de lo que sería protegerse a sí mismo.
Shushou se
le quedó mirando.
—¡Debes de
estar bromeando!
—¿Por qué?
Es lo que es. No estamos aquí por mi cuenta, sino por la tuya.
Intenta usar esa mente imaginativa tuya antes de hablar.
—Yo no… —Shushou
logró soltar un brazo, pero no podía liberar la otra muñeca de las garras de
Gankyuu—. Aquí nadie te ha dicho que tengas que hacer esas cosas horribles.
—Eso es lo
que pasa cuando pides medios para pasar con seguridad. Para que un goushi
proteja a la persona que lo contrató tiene que hacer el máximo uso de todos los
recursos, persona o cosa, a su disposición. No hay excepciones. Ninguna.
—Eso no
puede ser.
Gankyuu la
soltó. De pronto, al verse tirando contra la nada, Shushou cayó sobre su
trasero. Sin embargo, aunque quería ponerse en pie y abalanzarse sobre él, sus
piernas ya no tenían fuerzas para sostenerla.
—No
esperaba este tipo de medios despreciables.
—¿Piensas
que es despreciable? Eres ingenua.
Gankyuu
volvió la vista hacia Rikou, sentado en el amplio tronco del árbol caído, con
los brazos cruzados sobre el pecho, en silencio mirando hacia abajo a Gankyuu.
—El Mar
Amarillo no es un lugar donde los seres humanos deben estar. Poner un pie aquí
era una locura en primer lugar. ¿Piensas que acabar con todos los youma
sería el final? Debe de ser broma. Piensa así y tu guía, refiriéndose a mí,
acabará muerto a tus pies en algún momento. Pero olvidándote de mí, hay youma
por ahí que ni un regimiento armado de dos mil quinientos hombres podría
manejar. Y, sin embargo, me dices que ponga mi propia vida delante y te
proteja. Entonces, ¿vas a usarme como escudo mientras corres a ponerte a
cubierto?
Shushou no
encontraba las palabras.
—¿Crees
que, con un goushi a mano, el youma simplemente te dejará pasar?
Ese es el tipo de pensamiento que hace que un mocoso sea molesto. Esto es
territorio de youma. Nosotros somos lo que cruzaron la línea en su
propio terreno. Ellos van a venir por nosotros, no importa qué hagamos. Hay un
mes y medio al Monte Hou. ¿Pensaste que serías tan afortunada que ninguno de
ellos se encontraría contigo? ¿Cuánto tiempo te llevó llegar desde Kyou? ¿Fue
un camino fácil?
—Eso es un…
—No podías
llegar desde Kyou sin montar un kijuu robado. ¿Te pareció que ya no
había riesgo para tu vida después de viajar durante un mes y medio en el Mar
Amarillo?
—Solo
porque…
—¿No ves
cómo me estás usando como un escudo no es diferente de usarlos a ellos
para los mismos fines? En el momento en que pusiste tu confianza en los demás y
pusiste un pie en el Mar Amarillo, elegiste sacrificarlos para garantizar la
seguridad del viaje para ti misma.
—¡No! ¡No
lo hice!
—Desafortunadamente,
la seguridad y la protección tienen un coste más grande que el simple dinero.
¿Por qué los que van al Shouzan van en grupos? Una gran multitud hace que sea
sencillo para un youma muerto de hambre olfatearlos, pueden detectarnos
a un kilómetro de distancia. Y, sin embargo, en lugar de estar solos,
preferimos ser uno entre muchos. ¿Por qué?
—Para…
—Debido a
sus mejores probabilidades de huir mientras el tipo de al lado está siendo
atacado.
Shushou se
mordió el labio, la verdad era amarga.
—No solo
las personas, sino a todos los seres vivos que son incapaces por sí mismos
forman grupos y manadas. Al dividirse el riesgo entre todos ellos, se aseguran
la máxima seguridad para el mayor número de individuos.
—Esta es
una conversación grotesca.
—¿Grotesco?
No seas estúpida. No hay nada grotesco al respecto, es el orden natural.
El orden
natural, Shushou repitió para sí misma.
—Al
reunirnos durante el viaje en el Mar Amarillo, los riesgos son sufridos por
solo unos pocos de la cantidad total. Casi no puedo guiar a quinientos hacia el
Monte Hou. ¿Crees que una docena de goushi podría hacer el trabajo? Todo
lo que puedo hacer es proteger a la persona que me contrató. Mientras mi patrón
se mantiene a salvo, habré hecho mi trabajo. Si algún otro pobre hombre muere y
su sangre lleva a los youma lejos de mí y mi señor, entonces solo puedo
estar agradecido.
—Bueno. Ya
basta.
Shushou
puso sus brazos alrededor de sus rodillas y bajó la cabeza. Gankyuu suspiró.
Miró a Rikou sentado en el árbol sin decir nada, Rikou tampoco dijo nada a
excepción de un movimiento de cabeza. La luna se alzó flotando misteriosamente
desde atrás de Rikou, ocultando su rostro en la sombra, enmascarando su
expresión.
—Shushou.
—Está bien.
Ya sé lo ingenua que soy.
—¿Por qué
viniste al Mar Amarillo?
Shushou
levantó la cabeza. No podía ver la cara de Rikou, pero por su tono de voz le
parecía que no sonreía.
—¿Has
olvidado por qué se va al Monte Hou?
—No lo he
olvidado, es por eso.
—Con el fin
de que una dinastía resista, para asegurar la paz y el orden público en todo el
reino, una ley tiene que aceptar el derramamiento de sangre. Incluso si el
gobernante no se desprende de su propia sangre, cuando sus subordinados lo
hagan en su nombre, la responsabilidad recaerá sobre sus hombros. No importa
cómo lo definas, nunca ha existido un reino sin sangre.
Shushou le
devolvió la mirada.
—Vas a
derramar la sangre de los demás por tu propio bien. Eso es lo que significa
sentarse en el trono.
—Yo… —Shushou
empezó a decir. Ella bajó los ojos—. Sí. Sí, eso es probablemente muy cierto.


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