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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 23 de febrero de 2023

Mil Millas de Viento, el Cielo del Amanecer - Capítulo 47

 

CAPÍTULO 47

 

 

 

Shoukei escaló el Monte Koushuu entre la frontera de En y Kei y entró a Kei. El nombre de la ciudad en el puesto fronterizo era Gantou[1]. Gracias a Rakushun, no tuvo problemas para cruzar la frontera.

—Ten cuidado.

Se separó de ella en la ciudad de Kei y Rakushun volvió a En. Shoukei lo vio salir y no podía dejar de bajar la cabeza y decir: “Gracias”.

Había organizado un pasaporte para ella y le había dado dinero para viajar de su propio bolsillo. Él le había dado mucho. Él la trajo hasta ahí y la había dejado sin pedirle nada a cambio. No podía dejar de darle las gracias.

—Oh, maldita sea —se dijo a sí misma, mientras la cola ondeando de Rakushun desaparecía de su vista. Ella nunca le había dado las gracias a ninguna persona. Nunca había pedido disculpas a nadie. De vuelta en Hou, bajo los golpes, ella se había arrastrado ante Gobo. En el palacio de Kyou, ella se había arrastrado ante la reina de Kyou. Pero nunca con sinceridad. Nunca había agradecido desde el fondo de su corazón a nadie. Ella ni siquiera había sido ella misma.

Cuando levantó la cabeza otra vez, Rakushun había desaparecido de entre la amplia calle, con la buena dirección hacia En. Estaba ya probablemente sobre el sugu y galopando de regreso a Kankyuu.

Ella respiró hondo y echó un vistazo por encima de su hombro. El tipo de diferencias que vio ahí en la frontera de En y Kei no era muy diferente a la de la frontera de Ryuu y En.

Así que, esto es Kei.

La ciudad estaba asentada a lo extenso en la cumbre de la montaña de Koushuu. Desde la puerta que separa En y Kei, la ciudad se extendía a lo largo de las laderas adosadas. Una vista imponente de la ciudad se abrió a partir de la calle de delante de la puerta del centro. Al mismo tiempo, el reino se extendía desde el pie de la montaña de Koushuu.

Junto con Shoukei, muchos otros también se detuvieron en la calle y miraron a su alrededor y dieron suspiros de resignación. En comparación con el punto de vista era una tierra desolada. La nieve no cubría los campos en invierno y la falta de nieve no hacía más que acentuar el punto de vista solitario y estéril.

La ciudad fronteriza era grande. Sin embargo, el ajetreo y el bullicio eran muy diferentes. Pequeños edificios apiñados a lo largo de estrechas calles pavimentadas con tierra compactada. Hacía más calor que en comparación con las ciudades del norte, pero todas las ventanas estaban cerradas herméticamente. El acristalamiento de vidrio era escaso, como un perro verde. Parecía una ciudad que obstinadamente se negaba a dar la bienvenida a nadie.

Los edificios destruidos por todas partes, solo los esqueletos restantes de su estructura dejado atrás. El revoltijo de tiendas multicolores que bordeaban la carretera, de los edificios estrechos se derramaba una marea de frascos rotos, jarras, muebles y utensilios del hogar. Un sinnúmero de pequeñas chozas, cerrando el paso del viento con maderas desechadas y trapos viejos, encaramados a lo largo de la carretera circular exterior que abarcaba la ciudad. Gente andrajosa, cansada y sombría en torno a las hogueras.

Kei es un país en crisis. Ahí, el precedente de un rey de larga duración no existía. La diferencia más amarga entre Kei y En era el largo del gobierno de un solo monarca.

Había un gran número de personas que desembocaba en el lado de Kei de la ciudad, la mayor parte de ellos eran refugiados.

—Pensé que podría haber mejorado un poco más —murmuró un hombre abatido, que parecía hablar en nombre de la multitud de gente que fluía por la calle—. Sí, no tendría que haber vuelto.

Shoukei oyó los suspiros de la gente del grupo.

—¿Está todo esto podrido, me pregunto? Por lo que no se ve nada bien.

—Me fui del país después de que la reina murió. No tenía ni idea de que había llegado a estar tan mal.

—Sí, es difícil —pensó Shoukei para sí misma mientras caminaba. Va a ser difícil arreglar este reino.

Los refugiados eran un dolor de cabeza en el reino de En, por lo que volvieron a Kei. Las personas que habían estado en En, no podían dejar de comparar Kei. De hecho, en comparación con su reino natal, Hou, el estado de Kei no era tan malo para su desesperación. Sin embargo, las diferencias entre En y Kei eran tan evidentes como la nariz en su cara. Codo a codo con la prosperidad y la alegría de En, la ciudad de Kei parecía un naufragio.

El grupo de personas continuó por la calle juntos y entraron en una posada barata. Finalmente encontró un edificio de tres pisos con ofertas de empleo. Las habitaciones eran grandes, pero había que compartir alojamiento.

Los refugiados alojados en el albergue expresaron una variedad de sentimientos: de los felices que eran al ser capaces de volver a su país de origen, con seriedad sobre el futuro y con optimismo, de los ancianos con sueños rotos de regresa a un reino bendecido, rico y vivir la fácil vida.

—¿Has oído algo sobre la reina?

—¿Una reina? ¿Otra vez?

—Si hubiera sabido eso, me hubiera quedado en En.

—Las reinas no son buenas. Ellas no tienen lo que se necesita. Todo se está yendo al infierno lo suficientemente pronto.

—En el momento que comience a perder el camino, estaremos haciendo cola para entrar a En otra vez.

—Te lo digo, la próxima vez que nos vayamos, no volveremos nunca.

Sí, realmente era un desastre. Shoukei suspiró. Por alguna razón, la reina de Kei no le parecía una extraña para ella. Cuando pensaba acerca de lo que debía ser como reina, tenía que suspirar de simpatía.

Y ahora está probablemente en el palacio pensando lo mismo.

—Me pregunto si debería volver con la cabeza baja hacia atrás otra vez.

—Nunca sucederá. No hay nada para nosotros en En. No importa cómo se lo mire, no hemos nacido en En.

—Sí, pero no podemos volver a donde nacimos, tampoco.

—Esperemos que algo quede en nuestra ciudad.

—Olvídalo. —Uno de los hombres se inclinó hacia delante. —¿Sabes algo de los barcos que salían de Goto?

—¿Qué es eso?

—Los buques de guerra se dirigen a Tai. Uno de los gobernadores de la provincia de Wa los envía, más o menos eso he oído. Parece que está recogiendo a los refugiados de Tai y los trae aquí.

—Son noticias nuevas para mí. Tienes que estar loco, ¿ir a Tai, ahora? Habría que taponarlo.

—No, no estoy hablando de eso. Vamos a ver, ¿dónde estaba…? Sí, Shisui. El gobernador de Shisui envía esos barcos porque sentía mucho por los refugiados y todo eso. Si abordaban y llegaban a Shisui, él les daba una parcela de tierra y los registraba en el censo.

—Shisui, provincia de Wa… está justo en la frontera de la provincia de Ei.

—Hey, si puede hacerse cargo de los refugiados así, Shisui tendrá que estar haciéndolo bien, ¿no es así? Si preguntamos, tal vez nos dan la bienvenida, ¿no?

—Tonterías —una mujer agitó la mano con desdén—. Se trata de endulzar las cosas. La gente tira la lana sobre los ojos.

—No es así. Escuché lo mismo de otras personas también. ¿Cierto?

Hubo una pausa en la conversación.

—Tienen que creer en cuentos chinos, está bien. Eso es todo lo que son.

—Eso no puede ser verdad. Vamos, ¿qué, nadie ha oído hablar de eso antes? ¿En serio?

En respuesta a su consulta, Shoukei levanto la voz.

—Yo lo hice.

El pequeño grupo apretado de repente se abrió, su atención cayó sobre ella. El hombre se acercó a ella.

—Es verdad, ¿no? ¡Lo sabía!

—Bueno, este, me enteré en Ryuu. Me enteré de un marinero que trabajaba en los barcos que zarpaban de Ryuu a Tai. Dijo que había barcos como esos.

Una ráfaga de conversaciones siguió a eso, todos ellos sosteniendo al mismo tiempo acerca de lo bien que debía de ser Shisui, y cómo su ciudad natal, ni siquiera existía.

—¿Por qué no solo vamos para verlo por nosotros mismos?

—Mi pueblo fue destruido cuando el río inundó las orillas.

—Yo todavía prefiero volver al lugar en donde nací.

Terminaron divididos por la mitad, entre los que querían comenzar en Shisui de inmediato, y aquellos que pensaron que todo era una sarta de mentiras y argumentaron que nada bueno saldría de ello.

—¿De dónde vienes? —le preguntó uno de ellos a Shoukei.

Ella inclinó la cabeza hacia un lado.

—Yo soy de Hou. Ya sabes, me gustaría tener una casa mía, pero no soy lo suficientemente grande. —Ella siempre podía mentir sobre su edad, pero no estaba segura acerca de cómo llevarlo a cabo—. Pero si es que realmente Shisui es rico, no veo daño alguno en averiguarlo por mí misma. —Ella asintió con la cabeza a sí misma mientras hablaba—. Me imagino que tendré que conseguir trabajo en alguna parte, y bien podría ser en Shisui como en cualquier otro lugar.

  

 

Al día siguiente, Shoukei comenzó su viaje a Shisui. Se había acostumbrado a viajar en carro en Ryuu, pero entonces decidió seguir adelante. A diferencia de Ryuu y En, había mucha gente caminando por las calles. De hecho, no estaba demasiado frío como para caminar. El trabajo de caminar por sí solo mantenía el calor suficiente, aparte de las puntas de los pies y las manos, era tolerable.

El camino del sur llevaba hacia Meikaku, la capital de la provincia de Wa. La carretera a Gyouten corría de este a oeste a través de Meikaku y Shisui.

La devastación del campo era grave. Muchas de las casas en las aldeas en el camino estaban destruidas. Los campos de barbechos destrozados, los bosques de ceniza arruinados y quemados. Con tan poca nieve, nada se ocultaba a la vista. De vez en cuando, en los alrededores vivía gente en una aldea, se podía ver la dila de montículos de tierra. Así que mucha gente había muerto.

Eso la hizo estremecerse. Las montañas desbastadas y arroyos, la pérdida de vidas. Esto era debido al rey, porque no había un rey que se sentara en el trono.

—Señorita, ¿de dónde es? —un anciano sentado a su lado en el carro le preguntó.

Shoukei sacó la vista de la parte trasera de la carretera. Muchos de los vagones de Kei viajaban con el dorso descubierto.

—Hou —dijo.

—¿Es verdad, sobre la historia de que el rey de Hou ha muerto?

—Sí.

—Oh —el anciano abrazó el onjaku al pecho—. Así que Hou va a pasar por esto.

Los ojos de Shoukei se abrieron en respuesta a esa declaración hecha. Era cierto. Muchas personas morirían. Víctimas que envidiarían a los asaltantes, de la misma manera que ella odiaba a Gekkei, el Marqués de la provincia de Kei.

Y así debería ser odiado, por traer la destrucción del reino. Ella dijo:

—Kei es mejor ahora, con una nueva reina en el trono.

El anciano se echó a reír.

—Se podría decir que cada vez es mejor. Pero eso es lo que todos pensamos la última vez.

No tenía nada más que decir después de eso.

 

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