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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 20

 

CAPÍTULO 20

 

 

 

La pendiente descendente, los árboles que se desmoronaban y las piedras sueltas hacían cada paso precario. Al llegar a la parte inferior, la vegetación arraigada con fuerza crecía más alta. Las hojas estaban salpicadas con extrañas líneas púrpura, las ramas retorcidas en formas curiosas. Sin embargo, la suciedad y la hojarasca se volvieron más firmes bajo sus pies.

Los viajeros dieron un suspiro de alivio.

Salieron del bosque, ahora un pantano se abría ante ellos. Gruesos árboles con rugosas hojas y arbustos frondosos con ramas en forma de aguja salpicaban el paisaje. El camino se desvió alrededor del pantano al principio, pero se volvió hacia la orilla y se hundió bajo el agua turbia. Volvía a surgir en la orilla opuesta, que ahora parecía bastante lejos.

En el camino sumergido, en algún momento alguien había cincelado unos escalones, el centro hundido como surcos en la cuneta de un camino. En la zona pantanosa más allá de la orilla opuesta había una pequeña montaña de rocas y quizá un montón de árboles talados, vestigios de esfuerzos abandonados para completar la pasarela.

En lugar de leña, ese día los goushi habían reunido piedras en el camino. Ahora las echaron en la marisma. La mayoría se hundieron en el barro, fuera de la vista. Pero uno logró meter una de ellas en un lugar por encima de la superficie del agua.

La intención, al parecer, era que, si cada persona que va a Shouzan hacía una contribución similar, en algún momento surgiría un camino transitable.

Shushou arrojó su colección de piedras. Kinhaku había protegido las patas del caballo de su empleador y las de los de su séquito con tiras de tela y las afianzó con correas de cuero fino. Shushou observaba con una mezcla de emociones, no estaba segura de si Kinhaku y Gankyuu merecían su odio, ni cuánto.

Kinhaku estaba protegiendo a su contratante. Pero si la protección representaba el llamar a los youma y aceptar las bajas que causaban, ¿no era ir demasiado lejos? Sobre esa base de medidas que estaban dispuestos a tomar, la seguridad de otros que no fueran sus patrones no estaba incluida.

Y, sin embargo, estaban protegiendo a las personas que van al Monte Hou.

Si su patrón sabía lo que había hecho su goushi, seguramente se pondría furioso. O tal vez, simplemente el ser adulto significaba encogerse de hombros, justificando el fin.

Esto apesta, se dijo Shushou a sí misma. Realmente odiaba sentirse de esa manera. Pero el hecho innegable era que estaba convencida de que ella había llegado hasta allí gracias a los goushi y los koushu.

Todavía no había resuelto este dilema moral cuando Gankyuu la llamó. Cruzaron el pantano un paso por delante de los demás y esperaron en la otra orilla para que el resto los alcanzara.

Kinhaku terminó sus preparativos y se metió en el pantano. Lo seguía, por detrás, Shitsu Kiwa y su séquito, que imitaban los movimientos de Kinhaku. Los seguidores de Kiwa bajaron al pantano. Subiendo al primer escalón, uno lanzó un grito.

Shushou volvió la vista hacia Gankyuu.

—No puedo creerlo, ¿youma en el pantano?

Había un toque acusador en la pregunta de Shushou. Gankyuu respondió secamente:

—No.

De hecho, el hombre que había gritado se sacaba de encima el tronco de un árbol. Aunque era evidente que le había dolido, su vida no corría peligro. Un momento después el caballo de detrás se encabritó.

—Hay algo en el agua.

—Las sanguijuelas, tenían que aparecer.

Shushou lo fulminó con la mirada.

—¿Otra de las cosas que sabes y sobre las que no dijiste nada?

—No había razón.

—¿Qué clase de persona eres?

—Un poco tarde para hacer preguntas como esa. Supongo que quieres que diga algo así como: “Hay sanguijuelas en el pantano. Muerden, si no te envuelves las piernas cuando estás vadeando el agua, te harás daño”.

—Sí.

—Como tú… y todas las personas que no llevan consigo el tipo correcto de correas de cuero, ¿qué pasa con ellos?

—Ellos, hum…

—O podrías reírte de ellos: “Tenemos kijuu, así que no es un problema para nosotros. Mala suerte”. ¿Eso te haría sentir mejor?

Shushou lo fulminó con la mirada, pero se tragó su ira:

—¿No podrías al menos cruzarte al otro lado con el haku y el suguu?

—No digas tonterías. Lo último que queremos es que nos pidan ayuda cada vez que las cosas se complican. Eso es un hábito mucho más difícil de dejar. A la hora de la verdad solo te agarraré y huiré rápidamente.

—Pero…

—¿Qué pasa? —dijo Kinhaku, subiendo la orilla del pantano.

—La señorita piensa que hay que darse prisa para ayudar a todos.

—Eso es una locura.

Shushou dejó escapar un fuerte suspiro.

—Ahora que lo mencionas, la cooperación no es una palabra que se encuentre en su vocabulario.

Kinhaku se agarró los costados y se rio.

—¿Qué?

—La cooperación es la clase de palabra que los incompetentes que te rodean usan cuando necesitan ayuda. Entiendo el sentimiento, señorita, pero la gente que puede ayudar a las personas que no pueden por sí mismas, no se califica como cooperación. La palabra que está buscando en este caso es equipaje.

Shushou clavó la mirada en Kinhaku.

—Ya veo. Ya me ha dejado muy claro cómo son los koushu.

  

 

Acamparon esa noche en la subida de una colina en unos de los claros esperados. Los días se habían hecho más largos durante el viaje, aunque dentro del bosque no se podía percibir tan bien, después de la cena todavía había luz suficiente para caminar.

Incluso un simple paseo tranquilo hacía que Shushou tuviera que subirse las mangas.

Se dirigió hacia donde Shitsu Kiwa estaba preparando la cena. Estaba la carreta y el carruaje por el que su séquito había luchado tanto para transportarlo junto con la tienda montada en la parte trasera. El fuego era más pequeño y mucho menos notable. Kiwa finalmente había tomado a pecho el ejemplo dado por los koushu.

—Bueno, ¡¿no es esta Shushou?! —Kiwa la llamó, estaba sentado junto al fuego—. ¿Finalmente has sucumbido a las tentaciones de la tienda de campaña?

—Oh, no. Parece que algunos de sus asistentes se lesionaron al cruzar el pantano.

—Sí, esas extrañas sanguijuelas. Los hombres de a pie fueron mordisqueados por todas partes —y añadió con un suspiro—. Y los caballos también.

—Señor Shitsu, ¿por qué no le preguntas a los goushi sobre la mejor manera de cruzar el pantano?

Kiwa parpadeó sorprendido por la pregunta.

—Yo sabía que los goushi envolvían sus piernas con cuero, hemos observado y copiado lo que hicieron, pero no tienen el mismo tipo de correas que nosotros. Como resultado, hemos terminado con algunas lesiones. —Una sonrisa hizo que su cara se redondeara—. Chodai y su grupo se fueron en busca de un desvío. No han llegado todavía. Por su propia seguridad, espero que lo hagan antes de que sea demasiado oscuro.

—Si hubiera alguien que supiera más sobre el Mar Amarillo que Gankyuu, le estaría pidiendo consejo para saber qué hacer para que el viaje fuera lo más seguro posible.

—No son propensos a hablar, los goushi.

—Eso no es necesariamente el caso. Gankyuu les va a pedir consejo todo el tiempo.

—Gankyuu es un cazador de cadáveres. Son plumas de la misma ave.

—No es así, de verdad. Otras personas hacen lo mismo, no solo Gankyuu. En lugar de simplemente copiar lo que hacen, preguntarles directamente me parece la manera más rápida para obtener la información completa. De esa manera, todo el mundo podría viajar con la mayor seguridad posible.

Kiwa levantó sus manos adornadas con anillos.

—Shushou, mira, envié a uno de mis siervos para que fueran e hicieran preguntas sutiles. Sin embargo, las respuestas de los goushi nunca fueron de utilidad. Puede ser que sea mejor simplemente contratar a uno, incluso a estas alturas. Pero todos ellos están comprometidos a llevar a sus empleadores el resto del camino y no cobrarán el resto de sus salarios si no lo hacen. Los he invitado, incluido a sus jefes, para la cena, me he ofrecido a compartir mi tienda, pero incluso Gankyuu hace oídos sordos.

—Eso hace.

—Entiendo a dónde quieren llegar los goushi. Si todo el mundo supiera lo que saben, el valor de sus servicios iría abajo. No sería bueno para los negocios. Odio decirlo, pero si los aficionados como nosotros no sufren un poco de vez en cuando, los goushi perderían su utilidad delante de la cara de sus patrones. Si ir al Monte Hou y regresar fuera tan fácil, no estarían tan ansiosos por escupir en el resto de sus honorarios.

—Eso podría tener algo que ver con ello.

—Sin embargo, por sórdido que te pueda parecer, Shushou, no es nada personal. Es un negocio.

Shushou frunció el ceño, mientras Kiwa continuaba:

—Es por eso por lo que no contraté a un goushi en primer lugar. Ir al Mar Amarillo por razones comerciales es algo que pueden soportar para ensuciarse las manos. No hay nada malo con eso. Como he dicho, es negocio. Salvo que el uso de tales medidas para protegerme a mí mismo haría que no pudiera mirar a Kyouki a la cara cuando llegara al Monte Hou. Es por eso por lo que decido confiar en mí mismo tanto como sea posible.

Kiwa sonrió y preguntó si había algo que le molestaba, si hubiera algo que necesitara.

—No, en absoluto —respondió Shushou.

Fue entonces cuando llegó la noticia de que Ren Chodai había aparecido. Shushou se puso de pie, le deseó a Kiwa buenas noches y fue a ver por sí misma. En el camino, vio a un grupo de goushi forcejeando con uno de los viajeros, pero no les hizo caso y en su lugar buscó a Chodai entre los recién llegados.

—Señor Ren.

Con una expresión de cansancio en la cara, Chodai estaba supervisando cómo sus asistentes alzaban la tienda de campaña. Se volvió hacia el sonido de su voz, reconociéndola frunció el ceño.

—¿Qué? —dijo.

—¿Ha encontrado un desvío?

—Sí… —mintió, sin embargo, algunos de los suyos se agarraban sus piernas y estaban gimiendo tan fuerte que era imposible que nadie los hubiera escuchado.

—Los goushi saben mucho sobre el Mar Amarillo. ¿Por qué no pide su opinión?

Chodai claramente frunció el ceño.

—Tentei no necesita personas que no pueden tomar un viaje sencillo sin depender de extraños.

—Pero Tentei tampoco necesita personas muertas. Podría pedir a los goushi consejos para su viaje, o al menos observarlos y hacer lo que hacen. ¿No podría evitar el peor de los peligros de esa manera? Eso es lo que hace el señor Shitsu. Ha sufrido menos muertos y heridos gracias a eso.

Chodai alzó las cejas.

—¿Estás diciendo que no estoy a la altura de Kiwa?

—No… Yo… eso no es lo que quería decir.

—Estoy cruzando el Mar Amarillo por mi propio ingenio y mi lógica razón. Esa es la mejor manera que tengo para demostrar mi valía para ser emperador.

—Ya veo —dijo Shushou entre dientes y se volvió para irse—. Aunque no puedo entender tana obstinación, es una lástima que su séquito tenga que sufrir por ello.

Shushou quiso salir corriendo, sentía que algo en ella se revelaba. Chodai era libre de ser tan terco como le diera la gana e ir en busca de desvíos durante todo el día, pero sus asistentes eran los que exploraban el terreno desconocido.

—El emperador tiene que ser una figura heroica. —La voz de Chodai la persiguió, conteniendo a duras penas la ira.

Shushou se detuvo y se volvió hacia él.

—¿No es el más destacado de los ciudadanos de un reino el que se convierte en emperador? ¿Qué hombre que pone la zancadilla a otro podría ser considerado prominente? Mi profesor de escuela solía decir que el hombre que no puede respetar a los demás jamás será respetado.

—¿Así que estás diciendo que respetas a Kiwa y a los goushi copiando lo que hacen? Si respeto es lo que quieres decir, ¿no sería que lo más natural fuera tratar cara a cara con ellos? Los goushi tienen un conocimiento detallado del Mar Amarillo porque es su trabajo, pero si respetas a los goushi, la respuesta correcta es aprender lo que se necesita para cruzar el Mar Amarillo como ellos. No ganarse el favor e imitar lo que hacen y rebajarse al nivel de sus siervos.

Shushou miraba la cara delgada de Chodai.

—Respeto el conocimiento de los goushi del Mar Amarillo. Pero en estos momentos, donde nos encontramos, no tienen intención de correr en ayuda de los que están en peligro. Y yo no tengo ninguna intención de pedir su ayuda. Simplemente porque tengan un conocimiento más profundo del Mar Amarillo no se les puede obligar a asumir la carga de los menos informados.

—Lo sé. Yo lo sé muy bien.

—El por qué no se puede es comprensible. Su trabajo es proteger a sus empleadores, pero es cierto que los viajeros no acostumbrados al Mar Amarillo requieren la asistencia de aquellos que lo conocen bien, al igual que los goushi. Si los goushi no pueden proporcionar ese conocimiento, entonces yo lo haré. Por desgracia, no sé lo que saben. Así que tengo que aprender por ensayo y error.

—¿Preguntarles no sería más rápido que el ensayo y error?

—Cuando estabas en la escuela, ¿tus profesores te daban todas las respuestas a las preguntas de los exámenes?

—Ah, bueno, no —suspiró Shushou, con un movimiento de su mano dijo—: Siento haberte molestado. —Y giró sobre sus talones.

Ella no había ido muy lejos antes de que se topara con Rikou.

—Se está haciendo oscuro, señorita. Gankyuu está furioso.

—Bueno, entonces, le podemos pedir disculpas juntos —bromeó Shushou, pero mientras se ponía al lado de Rikou dejó escapar un largo suspiro.

—¿Qué pasa?

—Es muy complicado, todo esto.


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