CAPÍTULO
20
La pendiente descendente, los árboles que se desmoronaban y las piedras
sueltas hacían cada paso precario. Al llegar a la parte inferior, la vegetación
arraigada con fuerza crecía más alta. Las hojas estaban salpicadas con extrañas
líneas púrpura, las ramas retorcidas en formas curiosas. Sin embargo, la
suciedad y la hojarasca se volvieron más firmes bajo sus pies.
Los viajeros dieron un suspiro de alivio.
Salieron del bosque, ahora un pantano se abría ante
ellos. Gruesos árboles con rugosas hojas y arbustos frondosos con ramas en
forma de aguja salpicaban el paisaje. El camino se desvió alrededor del pantano
al principio, pero se volvió hacia la orilla y se hundió bajo el agua turbia.
Volvía a surgir en la orilla opuesta, que ahora parecía bastante lejos.
En el camino sumergido, en algún momento alguien
había cincelado unos escalones, el centro hundido como surcos en la cuneta de
un camino. En la zona pantanosa más allá de la orilla opuesta había una pequeña
montaña de rocas y quizá un montón de árboles talados, vestigios de esfuerzos
abandonados para completar la pasarela.
En lugar de leña, ese día los goushi habían
reunido piedras en el camino. Ahora las echaron en la marisma. La mayoría se
hundieron en el barro, fuera de la vista. Pero uno logró meter una de ellas en
un lugar por encima de la superficie del agua.
La intención, al parecer, era que, si cada persona
que va a Shouzan hacía una contribución similar, en algún momento surgiría un
camino transitable.
Shushou arrojó su colección de piedras. Kinhaku
había protegido las patas del caballo de su empleador y las de los de su
séquito con tiras de tela y las afianzó con correas de cuero fino. Shushou
observaba con una mezcla de emociones, no estaba segura de si Kinhaku y Gankyuu
merecían su odio, ni cuánto.
Kinhaku estaba protegiendo a su contratante. Pero
si la protección representaba el llamar a los youma y aceptar las bajas
que causaban, ¿no era ir demasiado lejos? Sobre esa base de medidas que estaban
dispuestos a tomar, la seguridad de otros que no fueran sus patrones no estaba
incluida.
Y, sin embargo, estaban protegiendo a las
personas que van al Monte Hou.
Si su patrón sabía lo que había hecho su goushi,
seguramente se pondría furioso. O tal vez, simplemente el ser adulto significaba
encogerse de hombros, justificando el fin.
Esto apesta, se dijo Shushou a sí misma.
Realmente odiaba sentirse de esa manera. Pero el hecho innegable era que estaba
convencida de que ella había llegado hasta allí gracias a los goushi y
los koushu.
Todavía no había resuelto este dilema moral cuando
Gankyuu la llamó. Cruzaron el pantano un paso por delante de los demás y
esperaron en la otra orilla para que el resto los alcanzara.
Kinhaku terminó sus preparativos y se metió en el
pantano. Lo seguía, por detrás, Shitsu Kiwa y su séquito, que imitaban los
movimientos de Kinhaku. Los seguidores de Kiwa bajaron al pantano. Subiendo al
primer escalón, uno lanzó un grito.
Shushou volvió la vista hacia Gankyuu.
—No puedo creerlo, ¿youma en el pantano?
Había un toque acusador en la pregunta de Shushou.
Gankyuu respondió secamente:
—No.
De hecho, el hombre que había gritado se sacaba de
encima el tronco de un árbol. Aunque era evidente que le había dolido, su vida
no corría peligro. Un momento después el caballo de detrás se encabritó.
—Hay algo en el agua.
—Las sanguijuelas, tenían que aparecer.
Shushou lo fulminó con la mirada.
—¿Otra de las cosas que sabes y sobre las que no
dijiste nada?
—No había razón.
—¿Qué clase de persona eres?
—Un poco tarde para hacer preguntas como esa.
Supongo que quieres que diga algo así como: “Hay sanguijuelas en el pantano.
Muerden, si no te envuelves las piernas cuando estás vadeando el agua, te harás
daño”.
—Sí.
—Como tú… y todas las personas que no llevan
consigo el tipo correcto de correas de cuero, ¿qué pasa con ellos?
—Ellos, hum…
—O podrías reírte de ellos: “Tenemos kijuu,
así que no es un problema para nosotros. Mala suerte”. ¿Eso te haría sentir
mejor?
Shushou lo fulminó con la mirada, pero se tragó su
ira:
—¿No podrías al menos cruzarte al otro lado con el haku
y el suguu?
—No digas tonterías. Lo último que queremos es que
nos pidan ayuda cada vez que las cosas se complican. Eso es un hábito mucho más
difícil de dejar. A la hora de la verdad solo te agarraré y huiré rápidamente.
—Pero…
—¿Qué pasa? —dijo Kinhaku, subiendo la orilla del
pantano.
—La señorita piensa que hay que darse prisa para
ayudar a todos.
—Eso es una locura.
Shushou dejó escapar un fuerte suspiro.
—Ahora que lo mencionas, la cooperación no es una
palabra que se encuentre en su vocabulario.
Kinhaku se agarró los costados y se rio.
—¿Qué?
—La cooperación es la clase de palabra que los
incompetentes que te rodean usan cuando necesitan ayuda. Entiendo el
sentimiento, señorita, pero la gente que puede ayudar a las personas que no
pueden por sí mismas, no se califica como cooperación. La palabra que está
buscando en este caso es equipaje.
Shushou clavó la mirada en Kinhaku.
—Ya veo. Ya me ha dejado muy claro cómo son los koushu.
Acamparon esa noche en la subida de una colina en unos de los claros
esperados. Los días se habían hecho más largos durante el viaje, aunque dentro
del bosque no se podía percibir tan bien, después de la cena todavía había luz
suficiente para caminar.
Incluso un simple paseo tranquilo hacía que Shushou
tuviera que subirse las mangas.
Se dirigió hacia donde Shitsu Kiwa estaba
preparando la cena. Estaba la carreta y el carruaje por el que su séquito había
luchado tanto para transportarlo junto con la tienda montada en la parte trasera.
El fuego era más pequeño y mucho menos notable. Kiwa finalmente había tomado a
pecho el ejemplo dado por los koushu.
—Bueno, ¡¿no es esta Shushou?! —Kiwa la llamó,
estaba sentado junto al fuego—. ¿Finalmente has sucumbido a las tentaciones de
la tienda de campaña?
—Oh, no. Parece que algunos de sus asistentes se
lesionaron al cruzar el pantano.
—Sí, esas extrañas sanguijuelas. Los hombres de a
pie fueron mordisqueados por todas partes —y añadió con un suspiro—. Y los
caballos también.
—Señor Shitsu, ¿por qué no le preguntas a los goushi
sobre la mejor manera de cruzar el pantano?
Kiwa parpadeó sorprendido por la pregunta.
—Yo sabía que los goushi envolvían sus
piernas con cuero, hemos observado y copiado lo que hicieron, pero no tienen el
mismo tipo de correas que nosotros. Como resultado, hemos terminado con algunas
lesiones. —Una sonrisa hizo que su cara se redondeara—. Chodai y su grupo se
fueron en busca de un desvío. No han llegado todavía. Por su propia seguridad,
espero que lo hagan antes de que sea demasiado oscuro.
—Si hubiera alguien que supiera más sobre el Mar
Amarillo que Gankyuu, le estaría pidiendo consejo para saber qué hacer para que
el viaje fuera lo más seguro posible.
—No son propensos a hablar, los goushi.
—Eso no es necesariamente el caso. Gankyuu les va a
pedir consejo todo el tiempo.
—Gankyuu es un cazador de cadáveres. Son plumas de
la misma ave.
—No es así, de verdad. Otras personas hacen lo
mismo, no solo Gankyuu. En lugar de simplemente copiar lo que hacen,
preguntarles directamente me parece la manera más rápida para obtener la
información completa. De esa manera, todo el mundo podría viajar con la mayor
seguridad posible.
Kiwa levantó sus manos adornadas con anillos.
—Shushou, mira, envié a uno de mis siervos para que
fueran e hicieran preguntas sutiles. Sin embargo, las respuestas de los goushi
nunca fueron de utilidad. Puede ser que sea mejor simplemente contratar a uno,
incluso a estas alturas. Pero todos ellos están comprometidos a llevar a sus
empleadores el resto del camino y no cobrarán el resto de sus salarios si no lo
hacen. Los he invitado, incluido a sus jefes, para la cena, me he ofrecido a
compartir mi tienda, pero incluso Gankyuu hace oídos sordos.
—Eso hace.
—Entiendo a dónde quieren llegar los goushi.
Si todo el mundo supiera lo que saben, el valor de sus servicios iría abajo. No
sería bueno para los negocios. Odio decirlo, pero si los aficionados como
nosotros no sufren un poco de vez en cuando, los goushi perderían su
utilidad delante de la cara de sus patrones. Si ir al Monte Hou y regresar
fuera tan fácil, no estarían tan ansiosos por escupir en el resto de sus
honorarios.
—Eso podría tener algo que ver con ello.
—Sin embargo, por sórdido que te pueda parecer,
Shushou, no es nada personal. Es un negocio.
Shushou frunció el ceño, mientras Kiwa continuaba:
—Es por eso por lo que no contraté a un goushi
en primer lugar. Ir al Mar Amarillo por razones comerciales es algo que pueden
soportar para ensuciarse las manos. No hay nada malo con eso. Como he dicho, es
negocio. Salvo que el uso de tales medidas para protegerme a mí mismo haría que
no pudiera mirar a Kyouki a la cara cuando llegara al Monte Hou. Es por eso por
lo que decido confiar en mí mismo tanto como sea posible.
Kiwa sonrió y preguntó si había algo que le
molestaba, si hubiera algo que necesitara.
—No, en absoluto —respondió Shushou.
Fue entonces cuando llegó la noticia de que Ren
Chodai había aparecido. Shushou se puso de pie, le deseó a Kiwa buenas noches y
fue a ver por sí misma. En el camino, vio a un grupo de goushi
forcejeando con uno de los viajeros, pero no les hizo caso y en su lugar buscó
a Chodai entre los recién llegados.
—Señor Ren.
Con una expresión de cansancio en la cara, Chodai
estaba supervisando cómo sus asistentes alzaban la tienda de campaña. Se volvió
hacia el sonido de su voz, reconociéndola frunció el ceño.
—¿Qué? —dijo.
—¿Ha encontrado un desvío?
—Sí… —mintió, sin embargo, algunos de los suyos se
agarraban sus piernas y estaban gimiendo tan fuerte que era imposible que nadie
los hubiera escuchado.
—Los goushi saben mucho sobre el Mar
Amarillo. ¿Por qué no pide su opinión?
Chodai claramente frunció el ceño.
—Tentei no necesita personas que no pueden tomar un
viaje sencillo sin depender de extraños.
—Pero Tentei tampoco necesita personas muertas.
Podría pedir a los goushi consejos para su viaje, o al menos observarlos
y hacer lo que hacen. ¿No podría evitar el peor de los peligros de esa manera?
Eso es lo que hace el señor Shitsu. Ha sufrido menos muertos y heridos gracias
a eso.
Chodai alzó las cejas.
—¿Estás diciendo que no estoy a la altura de Kiwa?
—No… Yo… eso no es lo que quería decir.
—Estoy cruzando el Mar Amarillo por mi propio
ingenio y mi lógica razón. Esa es la mejor manera que tengo para demostrar mi
valía para ser emperador.
—Ya veo —dijo Shushou entre dientes y se volvió
para irse—. Aunque no puedo entender tana obstinación, es una lástima que su
séquito tenga que sufrir por ello.
Shushou quiso salir corriendo, sentía que algo en
ella se revelaba. Chodai era libre de ser tan terco como le diera la gana e ir
en busca de desvíos durante todo el día, pero sus asistentes eran los que
exploraban el terreno desconocido.
—El emperador tiene que ser una figura heroica. —La
voz de Chodai la persiguió, conteniendo a duras penas la ira.
Shushou se detuvo y se volvió hacia él.
—¿No es el más destacado de los ciudadanos de un
reino el que se convierte en emperador? ¿Qué hombre que pone la zancadilla a
otro podría ser considerado prominente? Mi profesor de escuela solía decir que
el hombre que no puede respetar a los demás jamás será respetado.
—¿Así que estás diciendo que respetas a Kiwa y a
los goushi copiando lo que hacen? Si respeto es lo que quieres
decir, ¿no sería que lo más natural fuera tratar cara a cara con ellos? Los goushi
tienen un conocimiento detallado del Mar Amarillo porque es su trabajo, pero si
respetas a los goushi, la respuesta correcta es aprender lo que se
necesita para cruzar el Mar Amarillo como ellos. No ganarse el favor e imitar
lo que hacen y rebajarse al nivel de sus siervos.
Shushou miraba la cara delgada de Chodai.
—Respeto el conocimiento de los goushi del
Mar Amarillo. Pero en estos momentos, donde nos encontramos, no tienen
intención de correr en ayuda de los que están en peligro. Y yo no tengo ninguna
intención de pedir su ayuda. Simplemente porque tengan un conocimiento más
profundo del Mar Amarillo no se les puede obligar a asumir la carga de los
menos informados.
—Lo sé. Yo lo sé muy bien.
—El por qué no se puede es comprensible. Su trabajo
es proteger a sus empleadores, pero es cierto que los viajeros no acostumbrados
al Mar Amarillo requieren la asistencia de aquellos que lo conocen bien, al
igual que los goushi. Si los goushi no pueden proporcionar ese
conocimiento, entonces yo lo haré. Por desgracia, no sé lo que saben. Así que
tengo que aprender por ensayo y error.
—¿Preguntarles no sería más rápido que el ensayo y error?
—Cuando estabas en la escuela, ¿tus profesores te
daban todas las respuestas a las preguntas de los exámenes?
—Ah, bueno, no —suspiró Shushou, con un movimiento
de su mano dijo—: Siento haberte molestado. —Y giró sobre sus talones.
Ella no había ido muy lejos antes de que se topara
con Rikou.
—Se está haciendo oscuro, señorita. Gankyuu está
furioso.
—Bueno, entonces, le podemos pedir disculpas juntos
—bromeó Shushou, pero mientras se ponía al lado de Rikou dejó escapar un largo
suspiro.
—¿Qué pasa?
—Es muy complicado, todo esto.

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