—¿Vas a volver? —le preguntó
Suzu a Youko. Suzu, Youko y Shoukei se alojaban en la vivienda de los
sirvientes en una esquina del complejo castillo. Se estaban preparando para
dormir.
Youko
asintió con la cabeza.
—He estado
lejos por mucho tiempo. Keiki está empezando a tomarlo como algo personal.
—Sí.
Probablemente tienes razón.
—Por fin he
tomado mi decisión. Todavía hay un montón de cosas que no puedo hacer, sin
embargo.
—Es difícil
ser reina.
Youko
asintió de nuevo. Suzu y Shoukei intercambiaron miradas. Youko les preguntó:
—Así que,
ustedes dos, ¿qué van a hacer ahora?
—¿Eh? —dijo
Suzu, con los ojos bien abiertos. Shoukei, con curiosidad inclinó la cabeza
hacia un lado.
—Ustedes
vinieron aquí a conocerme, ¿verdad? Y ya lo hicieron.
—Ah… —Suzu
y Shoukei lo dijeron al mismo tiempo.
—Por
supuesto, ¿qué hacer ahora? —preguntó Suzu. Shoukei permaneció perdida en sus
pensamientos.
—¿Nunca
pensaron sobre eso?
—Nunca se
me pasó por la mente —dijo Suzu—. A pesar de que debería volver a Sai al menos
una vez para expresar mi gratitud a la reina de Sai.
Shoukei
miró al techo.
—Hay gente
que necesito agradecer y pedir disculpas en mi país de origen. Pero me temo que
sigo siendo una persona no grata allí. —Entonces, se echó a reír—. Oh, yo tengo
una promesa que cumplir. Tengo que hacer un viaje a En.
—¿Una
promesa? —se intrigó Suzu.
Shoukei
sonrió.
—Le prometí
a Rakushun que volvería a verlo y le daría un informe sobre lo ocurrido.
Youko
frunció el ceño un poco.
Shoukei
preguntó:
—¿Qué pasa?
—Supongo
que las noticias sobre el disturbio ocurrido en la provincia de Wa habrá
alcanzado a En.
—Sin lugar
a dudad. Rakushun presta mucha atención a las idas y venidas de otros reinos.
—Él estará
probablemente preocupado —dijo Youko—. Asegúrate de decirle todo. Pero
asegúrate de hacer hincapié en que las cosas se resolvieron de una manera menos
desastrosa y que pueda dormir tranquilo —Youko puso los ojos en blanco—. Si se
puede, es posible que minimices mis acciones por mi parte aquí.
Shoukei
rio:
—Entendido.
La suave
risa llenó la sala. La conversación, por un momento llegó a su fin. Youko de
repente anunció:
—Todavía
tengo un problema que necesita solución. —Cuando Suzu y Shoukei se volvieron
hacia ella, Youko inclinó la cabeza hacia un lado y preguntó—: ¿Qué quieren de
un nuevo reino?
—Un reino
sin ningún tipo de bastardos como Shoukou en él —respondió rápidamente Suzu.
Youko
sonrió levemente.
—Ya tengo
esa parte, pero… ¿qué tipo de vida es la que desean llevar y qué clase de reino
desean con el fin de lograr eso?
Shoukei y
Suzu lo pensaron por un minuto. La primera en abrir la boca fue Shoukei.
—No me
gusta el frío y el hambre. Eso es lo que hizo la vida tan difícil en el rike.
Y es difícil no tener a nadie con quien hablar, pero no me gusta ser tratada
mal y que se trate con desprecio a nadie.
Suzu
asintió con la cabeza.
—Estoy
completamente de acuerdo. Es muy bueno dejar de aguantar ese tipo de cosas.
Porque cuando te estás poniendo al día con eso, te hace sentir muy pequeño.
—Sí, simplemente
te enroscas en ti mismo.
—Lo siento —dijo
Suzu—. Pero no creo que estemos respondiendo a tu pregunta.
Como si
estuviera pensando en otra cosa, Youko negó con la cabeza.
—No hay
problema, solo estoy en busca de un consejo.
—¿En serio?
Youko asintió
con la cabeza, y luego dijo con menos certeza.
—En todo
caso, me han dicho lo que piensan hacer, pero ¿qué pasa después de eso?
Suzu y
Shoukei intercambiaron miradas. Shoukei estaba sentada en la cama abrazada a
sus rodillas. Ella se miró las manos.
—Quiero
aprender más. Soy tan tonta y eso es vergonzoso.
—Yo también
—intervino Suzu.
—No
necesariamente significa ir a la escuela y todo. Me refiero a aprender sobre
todo de dondequiera que encuentre. Es una lástima que el Seminario Siempre
Verde ya no esté más por los alrededores.
—Quieres
estudiar… —Youko sonrió—. ¿Qué hay de esto, entonces? Le he pedido a Enho que
sea el Señor del Sello Privado y mi tutor. ¿Qué les parece a ambas trabajar en
el Palacio Kinpa y dejar que Enho les enseñe también?
Suzu y Shoukei
la miraron boquiabiertas.
—Un
momento, ¿estás diciendo de…?
—¿Es en
serio?
Youko las
miró.
—En estos
momentos, podría usar toda la ayuda que puedo conseguir. Incluso un par de
manos más hacen la diferencia. —Miró a Suzu -que parecía estar aguantando la
respiración- y a Shoukei.
—¿Qué
pasará con Koshou y Kantai?
—Por
supuesto. Quiero encontrar un lugar para ellos. Estoy totalmente necesitada de
gente en la que pueda confiar en el interior del palacio, cada uno de ustedes.
Shoukei
lanzó un gran suspiro.
—Bueno, no
se puede luchar contra el destino. Estoy dispuesta a darle una oportunidad.
—Yo también
voy. Podrías preguntarle a la luna, Youko, y sabrás que no lo puedo rechazar.
—¿A la
luna?
Suzu se rio
y Shoukei ahogó una carcajada. Youko no pudo dejar de unirse. La suave risa se
hizo eco en las paredes de la pequeña habitación.

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