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jueves, 23 de febrero de 2023

Mil Millas de Viento, el Cielo del Amanecer - Capítulo 80

 

CAPÍTULO 80

 

 

 

—¿Vas a volver? —le preguntó Suzu a Youko. Suzu, Youko y Shoukei se alojaban en la vivienda de los sirvientes en una esquina del complejo castillo. Se estaban preparando para dormir.

Youko asintió con la cabeza.

—He estado lejos por mucho tiempo. Keiki está empezando a tomarlo como algo personal.

—Sí. Probablemente tienes razón.

—Por fin he tomado mi decisión. Todavía hay un montón de cosas que no puedo hacer, sin embargo.

—Es difícil ser reina.

Youko asintió de nuevo. Suzu y Shoukei intercambiaron miradas. Youko les preguntó:

—Así que, ustedes dos, ¿qué van a hacer ahora?

—¿Eh? —dijo Suzu, con los ojos bien abiertos. Shoukei, con curiosidad inclinó la cabeza hacia un lado.

—Ustedes vinieron aquí a conocerme, ¿verdad? Y ya lo hicieron.

—Ah… —Suzu y Shoukei lo dijeron al mismo tiempo.

—Por supuesto, ¿qué hacer ahora? —preguntó Suzu. Shoukei permaneció perdida en sus pensamientos.

—¿Nunca pensaron sobre eso?

—Nunca se me pasó por la mente —dijo Suzu—. A pesar de que debería volver a Sai al menos una vez para expresar mi gratitud a la reina de Sai.

Shoukei miró al techo.

—Hay gente que necesito agradecer y pedir disculpas en mi país de origen. Pero me temo que sigo siendo una persona no grata allí. —Entonces, se echó a reír—. Oh, yo tengo una promesa que cumplir. Tengo que hacer un viaje a En.

—¿Una promesa? —se intrigó Suzu.

Shoukei sonrió.

—Le prometí a Rakushun que volvería a verlo y le daría un informe sobre lo ocurrido.

Youko frunció el ceño un poco.

Shoukei preguntó:

—¿Qué pasa?

—Supongo que las noticias sobre el disturbio ocurrido en la provincia de Wa habrá alcanzado a En.

—Sin lugar a dudad. Rakushun presta mucha atención a las idas y venidas de otros reinos.

—Él estará probablemente preocupado —dijo Youko—. Asegúrate de decirle todo. Pero asegúrate de hacer hincapié en que las cosas se resolvieron de una manera menos desastrosa y que pueda dormir tranquilo —Youko puso los ojos en blanco—. Si se puede, es posible que minimices mis acciones por mi parte aquí.

Shoukei rio:

—Entendido.

La suave risa llenó la sala. La conversación, por un momento llegó a su fin. Youko de repente anunció:

—Todavía tengo un problema que necesita solución. —Cuando Suzu y Shoukei se volvieron hacia ella, Youko inclinó la cabeza hacia un lado y preguntó—: ¿Qué quieren de un nuevo reino?

—Un reino sin ningún tipo de bastardos como Shoukou en él —respondió rápidamente Suzu.

Youko sonrió levemente.

—Ya tengo esa parte, pero… ¿qué tipo de vida es la que desean llevar y qué clase de reino desean con el fin de lograr eso?

Shoukei y Suzu lo pensaron por un minuto. La primera en abrir la boca fue Shoukei.

—No me gusta el frío y el hambre. Eso es lo que hizo la vida tan difícil en el rike. Y es difícil no tener a nadie con quien hablar, pero no me gusta ser tratada mal y que se trate con desprecio a nadie.

Suzu asintió con la cabeza.

—Estoy completamente de acuerdo. Es muy bueno dejar de aguantar ese tipo de cosas. Porque cuando te estás poniendo al día con eso, te hace sentir muy pequeño.

—Sí, simplemente te enroscas en ti mismo.

—Lo siento —dijo Suzu—. Pero no creo que estemos respondiendo a tu pregunta.

Como si estuviera pensando en otra cosa, Youko negó con la cabeza.

—No hay problema, solo estoy en busca de un consejo.

—¿En serio?

Youko asintió con la cabeza, y luego dijo con menos certeza.

—En todo caso, me han dicho lo que piensan hacer, pero ¿qué pasa después de eso?

Suzu y Shoukei intercambiaron miradas. Shoukei estaba sentada en la cama abrazada a sus rodillas. Ella se miró las manos.

—Quiero aprender más. Soy tan tonta y eso es vergonzoso.

—Yo también —intervino Suzu.

—No necesariamente significa ir a la escuela y todo. Me refiero a aprender sobre todo de dondequiera que encuentre. Es una lástima que el Seminario Siempre Verde ya no esté más por los alrededores.

—Quieres estudiar… —Youko sonrió—. ¿Qué hay de esto, entonces? Le he pedido a Enho que sea el Señor del Sello Privado y mi tutor. ¿Qué les parece a ambas trabajar en el Palacio Kinpa y dejar que Enho les enseñe también?

Suzu y Shoukei la miraron boquiabiertas.

—Un momento, ¿estás diciendo de…?

—¿Es en serio?

Youko las miró.

—En estos momentos, podría usar toda la ayuda que puedo conseguir. Incluso un par de manos más hacen la diferencia. —Miró a Suzu -que parecía estar aguantando la respiración- y a Shoukei.

—¿Qué pasará con Koshou y Kantai?

—Por supuesto. Quiero encontrar un lugar para ellos. Estoy totalmente necesitada de gente en la que pueda confiar en el interior del palacio, cada uno de ustedes.

Shoukei lanzó un gran suspiro.

—Bueno, no se puede luchar contra el destino. Estoy dispuesta a darle una oportunidad.

—Yo también voy. Podrías preguntarle a la luna, Youko, y sabrás que no lo puedo rechazar.

—¿A la luna?

Suzu se rio y Shoukei ahogó una carcajada. Youko no pudo dejar de unirse. La suave risa se hizo eco en las paredes de la pequeña habitación.


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