En horas de la noche, Suzu
llevó al sansui a la carretera curva interna. Dio la vuelta a un
callejón adyacente a la casa de Shoukou y miró hacia el edificio de varios
pisos que se levantaba contra la pared.
Tendría que
saltar la pared e ir a la carga hacia el edificio. Ella ejecutaría a Shoukou y luego
saltaría a la carretera e iría de cabeza a Gyouten. Y ahí organizaría una
audiencia con la reina de Kei.
No los
voy a perdonar. Ni a Shoukou ni a la reina de Kei.
Repitió las
palabras como si quisiera convencerse y tomó las riendas del sansui.
Una mano se
cerró sobre ella.
—No.
Suzu saltó
hacia atrás, chocando con el sansui. El sansui relinchó y gruñó
descontento. Ella miró hacia atrás. La sombra a su espalda tenía la altura y
anchura de una gran roca.
—Koshou.
Otra
persona apareció detrás de ella y le sacó las riendas de la mano. Un hombre que
recordaba haber visto en la posada.
—¿Por qué…?
Simplemente
no era Koshou y otro hombre. Varios otros se ocultaban en las sombras a lo
largo del estrecho callejón.
Koshou
suavemente envolvió los nudillos de Suzu. Dijo en voz baja.
—Shoukou no
es el único dentro de la casa. Hay guardias por todas partes. ¿Vas a matarlos a
todos? —Tiró de su brazo—. Vamos. Nos vamos a casa.
—No.
Déjenme ir.
Koshou la
fulminó con la mirada.
—Si Shoukou
se entera de que has estado viviendo con nosotros, todos estaremos muertos.
Suzu se
quedó sin aliento.
—No te
mataría en ese mismo momento. Ése es el problema. Sería causar todo tipo de
problemas.
—Yo…
Suzu miró
el edificio que se levantaba sobre la pared y luego a Koshou. Ella no tenía la
intención de causar a Sekki o a Koshou cualquier tipo de dolor, pero justo
enfrente de ella estaba la casa del enemigo.
Koshou le
dio unas palmaditas en la espalda.
—Sé cómo te
sientes, niña. Así que, te estoy pidiendo que vuelvas con nosotros.
Los hombres estaban acampando
frente a la posada. Cuando Koshou regresó junto con Suzu, Sekki corrió hacia
ellos desde detrás de la pared de hombres. Llevaba una lámpara.
—Suzu…
Gracias a Dios.
Los hombres
hicieron eco esa opinión. Suzu se inclinó ante ellos. Koshou nuevamente le dio
unas palmaditas en la espalda.
—Lo siento
por esto, a todos. Pero la traje de vuelta bien.
El público
suspiró de alivio. Cuando salían en uno en uno y a veces de dos, le dieron unas
palmaditas en la espalda.
—Es bueno
ver que estás bien.
—Ahora, eso
no es seguro que lo hagas de esa manera.
—Nos diste
un infernal susto, chica.
Ella había
puesto realmente a Koshou y al resto de ellos en una situación difícil. Pero a
medida que los veía alejarse, le faltaba la censura de su voz perpleja.
A
instancias de Koshou, Suzu entró en la posada y se sentaron en la taberna. Uno
de los hombres tomó el sansui y lo llevó atrás.
Un número
de hombres estaba en la cocina. Diez más entraron en la taberna con ella. Un
hombre mayor salió corriendo de la cocina y colocó una taza humeante de té
delante de ella. Se dio cuenta de que su cuerpo estaba helado hasta la médula y
sus dientes castañeaban. Ella envolvió sus manos alrededor de la taza de té
caliente con sus manos congeladas.
—Entonces —dijo
Koshou, apoyando las manos sobre la mesa y mirándola a ella. Sus ojos se
centraron en el anillo de acero de su dedo—. ¿Tú odias a Shoukou?
Suzu
arrancó los ojos del anillo y levantó la vista.
—Lo odio.
—Tú no eres
la única. No eres la única que sabe qué es tener ese tipo de odio en tu
corazón. Te conseguiste un arma significante. ¿Sabes cómo se utiliza? ¿Qué es
lo que exactamente pensabas que ibas a hacer a Shoukou?
—Yo…
—¿Sabes los
muchos guardias que tiene en esa casa, y cómo contra muchos de ellos tendrías
que luchar para llegar a su habitación?
Ella
inclinó la cabeza.
—Suzu, no
es posible. No es el tipo de enemigo que cualquiera puede detener con un ataque
de ira.
—Pero…
Sus ojos se
suavizaron.
—Es
realmente muy malo lo que pasó con el niño.
Suzu lo miró
fijamente. Su visión estaba borrosa. De repente, todo se embotelló en su
interior intentando salir de golpe.
—Seishuu… —Sollozó—.
Estaba muy enfermo. Y yo lo maté. Tuvo que huir de Kei y escapó a Kou. Entonces
su pueblo en Kou fue destruido y tuvo que huir de nuevo. Su padre fue asesinado
por un youma delante de él y luego su madre murió. Estaba enfermo por
tener una herida por un youma. Estaba muy, muy enfermo. Un pequeño
rasguño de ese tamaño y lo hizo sufrir tanto.
—Lo sé —Koshou
le dio unas palmaditas a sus manos apretadas.
—Yo iba a
encontrar una cura para él. Nos quedamos en el camino a Gyouten. Solo se puso
peor y peor cada día. No importaba lo que comiera, no lo podía retener. Estaba
tan delgado. Él no podía caminar en línea recta, apenas podía ver… —Las
lágrimas calientes quemaron sus mejillas—. No debería haberlo dejado ahí. Yo
estaba buscando una posada, pero debería haberlo llevado conmigo. Si lo hubiera
hecho, no habría terminado perdiendo la vida.
Él estaba
tan delgado, casi no pesaba nada.
—No debería
haber venido aquí en primer lugar. Lo habría tenido que llevar a un médico en
otra ciudad.
—No te
odies a ti misma, Suzu —le dijo Sekki. Suzu se volvió hacia él. Estaba sentado
junto a ella, mirándola fijamente. Él le dijo—: Te estás odiando más a ti misma
que lo que odias a Shoukou. Más que castigar a Shoukou, querías castigarte a ti
misma.
Suzu
parpadeó.
—Sí. Eso es
cierto —las lágrimas continuaron como si fuera lluvia—. Yo no tenía que haberlo
dejado ahí. No debería haber venido aquí. Es mi culpa. ¡Si tan solo no lo
hubiera traído conmigo! —Ella había estado envuelta en sus fantasías y Seishuu
había muerto a causa de ella—. ¡Él no quería morir! ¡Oh, nunca dejó de burlarse
de eso, pero tenía miedo de morir también! Pero lo hizo. Es mi culpa y no hay
fijación para mí ahora. ¡No sirve de nada pedir perdón o lamentarme por eso
ahora!
Sacudida
por los sollozos, ella no podía hablar por largo rato.
—Esa chica,
ella me dijo que él me perdonaba. ¡Pero yo no me perdono!
—Pero,
Suzu, no importa lo duro que sufras o luches, no resucitarás a los muertos. Esa
es la manera que es.
—Pero…
—Lo que
trataste de hacer no lograría nada y eso está mal. Si toda la ira y el
resentimiento, si piensas que está bien matar a la gente por venganza por un
rencor personal, entonces no eres mejor que un asesino como Shoukou.
—¿Así que
estás diciendo que debo perdonarlo? He oído la clase de persona que es. Ha
hecho sufrir a un montón de personas al igual que a Seishuu. Es por eso que lo
iba a matar. ¿Esperas que perdone algo así?
Koshou le
dio una palmada en la espalda.
—No dijo
nada acerca de perdonarlo. —Cuando ella levantó la vista, se echó a reír—.
Muestra tu odio por Shoukou y tendrás ocasión de disfrutar de su retribución.
Eso es de lo que todo el mundo tiene miedo, el porqué de que todos se callen la
boca. No ves el mal ni escuchas ningún mal. Pero no se puede pensar que
solamente hay cobardes en Shisui.
—Koshou,
tú… —Suzu levantó la cabeza. Echó un vistazo a Sekki. Luego, a todos los
hombres en la taberna que estaban todos en silencio mirándola a ella—. Todos
ustedes…
Todos
llevaban los mismos anillos de acero.
—Shoukou
caerá. Solo estamos esperando el momento adecuado. Teníamos miedo de que
llegaras al extremo de esto —Koshou tomó una cadena del bolsillo de su
chaqueta. Él arrancó un enlace de la cadena y se lo ofreció a Suzu—. Olvídate
de Shoukou y vete a otro sitio y vive una vida sin preocupaciones. O toma esto —Y
agregó con una expresión severa en el rostro—. Pero si lo haces, puede que
nunca te retires. Traiciónanos a nosotros, y tendrás que estar preparada para
aceptar las consecuencias.
—Dámelo —Suzu
alargó la mano—. Nunca los voy a traicionar. ¡Lo que sea para librarme -y
también Seishuu- de este rencor!

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