PARTE
VIII
CAPÍTULO
31
—No recuerdo haberle dado ninguna cosa.
Shoukei estaba sentada, atada con cuerdas, en una
cárcel de Ryuu. La cárcel estaba tan fría que el hielo se formaba en las
paredes. La rata había sido detenida junto a ella.
—Le agradecería si usted pudiera decirme qué es lo
que está pasando.
Shoukei no respondió. Ella no tenía una buena
respuesta. Acusada de un crimen espantoso, había culpado abruptamente a otra
persona. Eso es todo a lo que se reducía.
—¿Cuál es tu nombre?
—Shoukei.
La culpa pesaba tanto en su mente, que ella tiró la
respuesta sin pensar.
—Shoukei… ¿qué no es el nombre de la princesa real
de Hou?
Shoukei inconscientemente asintió con la cabeza.
—Su nombre completo es Son Shou, su azana es
Shoukei.
—Yo…
¿Cómo es que un hanjuu de En sabía esas
cosas? El nombre de la familia imperial no era ampliamente difundido. Los
apellidos de tales personas de alto estatus no estaban en boca suelta a su
alrededor.
—Los rumores decían que habías muerto y otros
rumores de que seguías con vida.
—¿Quién eres tú?
La rata se acarició el bigote.
—Mi nombre es Rakushun. Un estudiante común y
corriente.
—¿Los estudiantes ordinarios se pasean en pegasos
sugu?
—Como he dicho, se trata de un préstamo. ¿Está
usted siendo perseguida porque es la princesa real?
Shoukei no respondió. Recordó lo que había sucedido
la última vez que había confesado ser quién era.
—Si hay algo en tu mente, adelante, pregúntame.
—Yo creo que hay algo más que preocuparse por mí.
Shoukei esbozó una sonrisa torcida.
—¿Sabes por qué estoy en la cárcel? Porque cuando
te equivocas, te crucifican.
Rakushun se tiró de los bigotes.
—¿Crucifixión? Supongo que eso es lo que hacen en
Hou, el único reino en el que se ejecutaba a un criminal por el delito del
robo. De hecho, Hou ya ha derogado esa ley.
—¿En serio?
—Parece que el rey de Hou era disciplinario. El
robo era un delito capital. Robar oro o cosas personales de la familia real
merecía la muerte por flagelación. En caso de gemas y joyas, crucifixión. Robar
comida, te ponían la cabeza sobre una pica. ¿Estoy en lo correcto? Pero solo en
Hou. Normalmente, se trata de un centenar de latigazos. En Ryuu, depende del
delito. Un centenar de golpes con el bastón y noventa días de trabajo duro,
creo.
Shoukei miró a la rata con sorpresa. Él se sabía
las leyes de otros reinos. Ese conocimiento era de los funcionarios
provinciales del gobierno. Y de hecho, había pocos, incluso entre los
encargados de las aplicaciones de leyes que estuvieran bien versados de los
códigos penales de los reinos.
Ella explicó esto y volvió a preguntar.
—¿Realmente eres una persona común?
—Un estudiante común y corriente. Cualquier
estudiante de la escuela de En debe saber mucho.
—¿La escuela secundaria?
—No, la universidad.
Shoukei otra vez lo miró con los ojos muy abiertos.
En Hou no había escuelas secundarias en cada provincia. La universidad nacional
admitía no más de un centenar de estudiantes, por lo que para cada uno de los
estudiantes universitarios era una verdadera hazaña. Después de su graduación,
se convertía en algún funcionario público o en uno de alto rango. Muchos
soñaban con ser aceptados, pero hay aquellos que tomaban el examen de ingreso
todos los años de su vida y nunca pasaban.
—¿Un niño como tú? ¿Cuántos años tienes?
Los bigotes de Rakushun se cayeron.
—Siempre me confunden con un niño. Bueno, no
importa. Tengo 22 años.
Shoukei parpadeó. No era imposible, pero aun así
era joven. No era simplemente una cuestión de primera fase de clasificación
para el proceso de selección y luego pasar los exámenes de ingreso. También se
necesitaba la recomendación del director de su escuela secundaria. No era raro
que los estudiantes sean de más de treinta.
—Eso es bastante impresionante. —Esa rata lo había
hecho. Una vida cómoda como burócrata del gobierno. Shoukei no tenía nada. Ni
una sola cosa. Solo esperaba su juicio, atada en esa cárcel.
—Bueno, ser arrestado como ahora no es una buena
cosa. Probablemente de seguro me expulsen.
Shoukei miró a la rata. Si él era de hecho un
estudiante universitario, no solo su inteligencia, también su integridad sería
cuestionada. Por supuesto, si era castigado de acuerdo con sus crímenes, sin
duda, sería expulsado.
Sin embargo, Shoukei recordaba, que ella sería
probablemente extraditada a Kyou, para disfrutar de la burla y el castigo de la
reina de Kyou. Y lo que era probable que su castigo fuera más grave de lo que
sería normalmente. Esta rata podía perder todo lo que tenía, mientras que
Shoukei solo tenía la vida que le quedaba. Un resbalón y también perdía eso.
—Bueno, me pregunto, ¿qué va a pasar ahora? Y, ¿qué
te ha pasado? ¿Por qué todos los soldados de Ryuu entraron violentamente en la
habitación?
Shoukei no respondió a la pregunta. Le dio la
espalda y se desplomó contra la pared y cerró los ojos, mostrando que no estaba
dispuesta a seguir hablando. Detrás de ella escuchó un pequeño suspiro.
Ella fingió dormir, pero no podía dormir. Temblando, ella pasó la noche
hasta el amanecer. Al día siguiente fue sacada de la cárcel. A medida que fue
arrastrada, echó una mirada atrás hacia la cárcel. Desde el interior de la
cárcel, la rata se inclinó hacia delante y le dio una mirada fija.
La cárcel estaba en el fondo de la sala de la
ciudad. Shoukei no tenía ni idea de si esa cuidad se encontraba en una
prefectura o condado o cualquier otra cosa. Los casos penales eran procesados
en el condado y en los tribunales provinciales, pero una cárcel podía ser
ubicada en cualquier lugar.
Shoukei fue acompañada a la sala principal del
ayuntamiento y, atada aún, se sentó en el suelo. Un gordo, de mediana edad, se
sentó en la tribuna frente a ella. Los carceleros se apoderaron de Shoukei por
las cuerdas que la ataban y la obligaron a inclinarse hasta que su frente
tocara el suelo.
—La princesa real de Hou, Son Shou.
—No, no lo soy. No podría ser una persona como esa.
El hombre sonrió socarronamente.
—¿Es así? Tenemos la palabra de la reina de Kyou de
que la princesa real de Hou robó los objetos del palacio imperial y huyó del
país. También hemos recibido la notificación de una orden expedida por la reina
de su detención. La reina de Kyou amablemente proporcionó un catálogo de los
objetos robados, que junto con la orden fue entregado por una paloma mensajera.
¿Cómo se explica que la mayoría de los artículos que figuran en el catálogo se
encontraron entre sus pertenencias?
—Él fue… el que me lo dio —con la cabeza apoyada en
el suelo, tuvo que escupir las palabras—. El hanjuu con el que compartía
la habitación me lo dio a mí. —Shoukei hizo la afirmación, con la culpa
pesándole en la mente. Lo siento, pero no hay manera en que pueda volver a
Kyou.
El hombre de la tribuna estalló en carcajadas.
—¿De verdad crees que alguien aquí creerá esas
mentiras?
—Pero…
—Por supuesto, es exactamente lo que la ingenua
princesa iría a decir. Ella robó el palacio imperial de Kyou y huyó del reino,
lo suficientemente estúpida como para quedarse en hoteles a lo largo del
camino. En lugar de abandonar a un animal visible como el kitsuryou, se
lo llevó con ella. Objetos que debió haber empeñado de una vez, en lugar de
cuidadosamente ocultarlos en su equipaje.
Shoukei se mordió el labio. Ella realmente lo había
frustrado desde el principio. Estaba tan feliz de estar libre que había dejado
el sentido común en el camino.
—Y todo lo que se robó eran pocas baratijas y
chucherías. Justo como una niña. Una niña muy tonta.
—Kensei —una voz dirigida al hombre de la tribuna.
Un Kensei era un juez de la corte del condado, lo que significaba que estaba en
un tribunal del condado—. ¿La princesa real realmente haría una cosa tan tonta?
Es lógico pensar que esta chica no sea la princesa real.
—Esa es una posibilidad —coincidió el juez
alegremente—. Por supuesto que no. La verdad debe de ser otra. Le preguntaré de
nuevo. ¿Eres tú la Princesa Real, Son Shou?
—¡No lo soy! —gritó en el suelo, agarrándose a esa
última esperanza.
—Así que la verdadera princesa real obligó a que
llevaras esos artículos sobre ti, y lo hizo con el fin de engañar a sus
perseguidores. Pero ¿ha dado semejantes tesoros a un completo extraño? No, no
es probable. Por lo tanto, ¿quién es, señorita? ¿Estos artículos fueron dados realmente
a ti? ¿O es que los robó?
Shoukei no pudo contestar.
—Levante la cabeza y míreme a los ojos. ¿Son estos
bienes robados?
Shoukei levantó la cabeza y miró a la cara roja de
un hombre con la sonrisa complacida.
—No… no lo son.
—¿Y si se te dio a ti? Si así fuera, ¿qué clase de
persona es, corriendo alrededor otorgando tales limosnas idiotas a desconocidos
o no…? —La voz del juez se suavizó para persuadir en un ronroneo—. O a lo mejor,
¿no es cierto que hayan sido suyos desde el principio? ¿Temerosa de que la
posesión de ellos la creyeran incriminada, que dijo que se las habían dado? Fue
mera coincidencia que pasaron a los artículos del catálogo, cuando en realidad
no tienen nada que ver con el botín de Chihiro de Kyou.
Comprendiendo la dirección en la que iba dirigida
la conversación, Shoukei asintió con la cabeza.
—Sí.
—Sin embargo, ¿no son galas un poco demasiado para
una chica como tú?
—Pero… son mías… realmente.
—Dudoso. Sin embargo, estamos ocupados aquí. Cosas
que hacer, lugares a dónde ir. Sencillamente, no tenemos el tiempo ni los
recursos para ir por ahí investigando todos los incidentes un poco sospechosos.
Una vez que el tribunal haya sido compensado por los costos de su
confinamiento, serás liberada.
La implicación estaba clara, en el interior,
Shoukei se encogió. El hombre le estaba pudiendo un soborno. Los empleados y
funcionarios en la sala estaban todos riéndose también.
Ella dijo:
—Señor, si encuentra en su corazón para perdonar
las molestias que he impuesto a la corte, me gustaría dejar los elementos de mi
cartera y al kitsuryou en custodia de su honor.
—¿Es así? —El juez se dio una palmada en las
rodillas—. Tú eres de echo una joven familiarizada con las formas del mundo.
Vamos a dejar del lado la queja. Cualquier parecido entre tus cosas y el
catálogo de elementos antes mencionado se declara pura coincidencia. Sería, por
supuesto, insostenible para proceder a la detención si fueran propiedad de la
reina Kyou, pero a medida que son tuyos mediante una declaración, no veo ningún
problema.
—Son míos —dijo Shoukei, mostrando una sonrisa de
comprensión al juez y a los funcionarios judiciales.
—Entendido. Deberá darse a conocer a su propio
reconocimiento. El tribunal de la presente tendrá en custodia al kitsuryou
y el resto de sus bienes personales. Sus maletas y bolso serán devueltos a
usted. Usted es libre de irse.
—Agradezco al tribunal.
Shoukei inclinó la cabeza, ocultando las emociones
que inundaron su rostro.
Shoukei recogió sus maletas y su bolso del oficial de justicia y se
tambaleó por la congelación, azotada por el viento de la calle.
Estoy salvada.
Ella no había salvado su vida, pero no sería
enviada de vuelta a Kyou. Sus tesoros difíciles de ganar, sin embargo, habían
sido robados justo debajo de ella, junto con el kitsuryou. Y eso no era
todo.
Shoukei puso su mano en el bolsillo y encontró allí
su bolso mucho más ligero. La horquilla que le había dado al posadero había
sido confiscada. Al devolverle el bolso a ella, el alguacil le dijo que su
cuenta en la posada se había resulto con el contenido del bolso.
Pero haberse quedado sin dinero era mucho mejor que
volver a Kyou, más o menos, se dijo mientras se ajustaba el abrigo de cuero y
envolvía su chal alrededor de su cuello.
Pero ¿qué hago ahora?
En sus maletas había una muda de ropa y algunas
joyas que había comprado el otro día. Si ella lo empeñaba todo por dinero en
efectivo, ¿cuánto más podría ir? Con el fin de llegar a Kei, que tendría que ir
a Tai y tener en sus manos un pasaporte. Pero para llegar a Tai, en primer
lugar, tendría que subir a un barco en Ryuu con destino a Tai. Y ella no tenía
suficiente para cubrir sus gastos de viaje de más de cinco días.
¿Y si viajaba a pie y se quedaba en los
alojamientos más baratos? Si eso no funcionaba, ella tendría que viajar
mientras se arrastrara por alojamientos gratuitos en el camino, pidiendo
trabajo al día, y por lo general dependería de la bondad de los extraños. No
era algo que ella siempre había creído poder hacer.
Estaba perdida totalmente en cuanto qué hacer,
Shoukei salió por las puertas del ayuntamiento, con la cabeza colgando.
—Así que estás bien, entonces —dijo una voz afuera.
Shoukei miró sorprendida y vio a la rata que
llevaba las riendas de su sugu espléndido.
—Tú…
—Me preguntaba cómo sucedieron las cosas y me
acerqué a ver cómo estabas. Parece que está todo limpio.
—No necesariamente.
Shoukei se dio la vuelta y se alejó en dirección
opuesta. El sonido de pasos y pisadas se oyeron pronto detrás de ella.
—¿No necesariamente?
—Tuve que pagar un soborno y todo se perdonó. El
resultado fue que se llevaron todo lo que tenía —Shoukei escupió en la calle.
No había ningún sentido de agarrársela con la rata, pero su expresión feliz y
despreocupada en su rostro la irritaba.
—Es extraño —dijo en voz baja. Shoukei se volvió
hacia él—. Y pensar que los funcionarios del gobierno de Ryuu incluso hacen
esas demandas.
—Las hicieron. No hay nada de especial en ellas. En
todo el mundo y reinos hay personas que esgrimen el poder para llenar sus
propios bolsillos.
—Pero Ryuu es conocido por su gobierno
constitucional. El rey de Hou también intentó emular a Ryuu en la creación de
la política nacional. —Shoukei dejó de caminar. —Muchas más leyes fueron
promulgadas sobre la disciplina de la burocracia de la ciudadanía, aunque Hou
difería un poco en la aplicación real. Los servidores públicos de Ryuu no
deberían actuar tan corruptamente. Las leyes lo prohíben. ¿Y estás diciendo que
un juez de la corte del condado tan descaradamente te pidió un soborno? Eso
hace que todo comience a tener sentido.
—¿Qué?
—Que el sistema encargado en supervisar la
burocracia se está desmoronando. Shoukei, ¿dijiste que irías a Tai? ¿Y tu
intención es salir de un puerto de Ryuu?
Shoukei se rio burlonamente.
—No tengo el suficiente dinero para viajar
directamente a Kei.
—Yo te aconsejaría lo contrario.
—¿Por qué?
En medio del ajetreo y el bullicio del tráfico que
se dirigía a la puerta principal, la rata bajó la voz.
—Los youma están apareciendo en el Kyokai.
—Lo he oído ayer.
—La mitad de ellos vienen de Tai, pero la otra
mitad son procedentes de las costas de Ryuu.
—¿Qué?
Shoukei se detuvo de nuevo y miró al hanjuu.
Sus ojos negros le devolvieron la mirada. Él le dijo:
—Ryuu está en declive.
Shoukei lo consideró más de un minuto. El rey de
Ryuu había gobernado su país tanto como la reina de Kyou. Ahora, su reinado
había pasado de ciento veinte años, y se decía de él que era un monarca
ilustrado. Shoukei siempre había pensado que el más cercano de los tres reinos,
Han, Kyou y Ryuu como inviolables. Estos habían sido reinos estables desde el
momento en que nacieron.
—Entonces, ¿cuál es tu próximo paso?
De repente, hizo esa pregunta y Shoukei se volvió
hacia Rakushun. Sin saber realmente lo que estaba haciendo, ella salió del
tráfico de peatones en movimiento a lo largo de la calle.
—¿Mi próximo paso?
—¿No dijo que quería ir a Tai? Y todas sus cosas
las timaron. Así que no tiene dinero para el viaje, ¿no? Yo pasearé por Ryuu un
rato y luego volveré a En. Si está bien con contigo, ¿quieres venir conmigo?
Shoukei lo miró boquiabierta.
—¿Me estás tomando el pelo? ¿Quieres decir que me llevarás
a En?
—Para Kankyuu, si no te importa. Pero yo voy a
tener que ir a pie por un tiempo.
—¿Eres tonto? ¿No estuve a punto de conseguir que
te castigaran por el robo?
Rakushun se echó a reír.
—No, en absoluto. No pensé que iba a ser castigado.
Los respaldos de mi visa llevan un poco de peso.
—Eso no es el problema.
Se rio de nuevo.
—Este tipo de encuentros fortuitos deben ser mi
destino.

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