CAPÍTULO
6
Shushou hizo un puchero:
—Esto es lo que la ignorancia de un niño consigue.
Gracias a la ayuda de Rikou estaban en el comedor
de la posada. Shushou acunaba una taza de té con las dos manos, entumecidas de
frío. Tomó aire profundamente y lo dejó escapar.
—Aw, no lo has hecho tan mal —dijo Rikou con una
sonrisa—. He visto cosas peores. —Estaba sentado frente a ella en la mesa,
calentándose con un vaso de sake.
—No tienes que sentir pena por mí. Hice esto porque
quise. Es tan irritante.
—Ese moukyoku es una gran parte del
problema.
—No podría llegar a Ken sin Hakuto, pero usar el
tipo de trajes que el propietario de un moukyoku debería usar me
convertirían en una presa fácil para los bandidos en el camino.
Tras llevarse el vaso de sake a la boca, Rikou
dijo:
—¿Así que realmente vas a Ken?
—Así es.
—¿De dónde vienes?
—Renshou. No estaba dispuesta a andar todo el
camino desde Renshou a Ken. Además, estoy apurada.
—Supongo que tienes padres, ¿no? Y los dejaste
contra su voluntad expresa, ¿no es así?
—Desde luego, ir a Ken no es el tipo de cosas que
podrían pasar por alto. —Se detuvo y miró a Rikou y dijo—: Bueno, ah, no. Eso
no es exactamente cierto. Olvídalo.
Rikou sonrió.
—Demasiado tarde, he oído suficiente. No te
preocupes, no estoy a punto de llamar a la guardia. Si fueras una niña perdida,
sin embargo, sería otra historia.
Shushou suspiró.
—Sé lo suficiente para tener los pies en la tierra,
pero al pensar que eras una persona de buen corazón no controlé mi lengua.
—Me lo tomaré como un cumplido —rio Rikou—. ¿Así
que supongo que te fuiste sin decírselo a nadie?
—Sí. Me escapé de casa.
—O… ahora las cosas se están poniendo serias. ¿Ir a
Ken? ¿Qué asuntos tienes allí?
—El Portón de la Fuerza está ahí, voy al Monte Hou.
Lo que no quiere decir que no conozca a nadie que viva allí.
La sonrisa desapareció del rostro de Rikou y
parpadeó.
—Señorita, ¿vas al Shouzan?
—¿Hay alguna razón por la que no debería hacerlo?
Durante un largo momento Rikou miró fijamente a la
cara de Shushou que sintiéndose cohibida, apartó la mirada.
—No hay razón —Rikou asintió—. No hay ninguna razón
en absoluto. Sin embargo, sigue siendo un largo camino de aquí a Ken. He venido
desde el sur. Las cosas son aún más caóticas allá de lo que son aquí. Encontrar
un lugar donde dormir por la noche será cada vez más difícil.
—Oh —Shushou se mordió el labio. No le gustaba
admitir ante sí misma que había sido ingenuo por su parte pensar que un simple moukyoku
le evitaría la mayor parte de las dificultades del viaje.
—Está bien, necesitas tener algo por escrito: A
la niña que lleva esta carta se le ha confiado un kijuu. Por favor,
recíbala de la forma que pueda. Algo así. Consigue sellarla con un sello
oficial y nadie le echará una segunda mirada. Porque no importa cómo te vistas,
una joven que viaja sola con un kijuu es una imagen extraña.
Los ojos de Shushou se abrieron un poco más.
—¿Me puedes ayudar?
—¿Entiendes qué tipo de viaje tienes por delante
antes de llegar al Monte Hou?
—Lo comprendo, es peligroso, ¿verdad?
—Por supuesto —Rikou asintió y volvió a sonreír—.
Si eres consciente de eso, entonces estoy de acuerdo.
A la mañana siguiente, Rikou tenía una carta de
presentación sellada por el representante local del Ministerio de Otoño.
Shushou no estaba familiarizada con el proceso preciso, el edificio del
gobierno no era el tipo de lugar donde una chica de su edad podría andar
paseando, así que se quedó afuera con Hakuto y con el suguu de Rikou.
El
contenido de la carta que Rikou le mostró reflejaba la conversación que habían
mantenido la noche anterior. El nombre del funcionario y el sello lo convertían
en un documento de aspecto imponente.
—Gracias —dijo,
aunque no sin un movimiento de vacilación.
—¿Hay algo
mal?
—No pasa
nada, pero…
Su padre
estaba identificado como el propietario del kijuu y Shushou como el
servicio de mensajería. Había pensado que Rikou constaría como el antiguo
propietario, lo que era arriesgado por si reclamaba a Hakuto, aunque no pensaba
que Rikou fuera del tipo de persona que hiciera tal cosa. Había temido que, si
el nombre de su padre estuviera escrito con los caracteres formales de su
nombre completo, Sou Joshou, alguien hubiera podido reconocerlo como parte del
imperio de la familia Sou; pero solo estaba el nombre de pila. Una preocupación
menos. En cualquier caso, Shushou todavía no podía imaginar cómo un viajero
como Rikou había logrado obtener un sello oficial.
—¿De dónde
eres? —le preguntó.
—De muy muy
lejos, un largo camino de distancia.
—¿Cuánto de
lejos?
—De Sou.
¿Sabes dónde está Sou?
—Por
supuesto. Es un reino del sur bastante famoso, ¿verdad?
El reino de
Sou era conocido por su dinastía de larga duración y su riqueza. Rikou
definitivamente no provenía de por aquí.
El
Ministerio de Otoño no solo procesaba a transgresores de la ley, también se
ocupaba de los contratos notariales y otros documentos importantes y
públicamente certifica que los papeles oficiales fueran auténticos y correctos.
Shushou había aprendido esto en la escuela de la prefectura. Ahora tenía que
preguntarse cómo de fiable era un documento que llevara el sello del Ministerio
de Otoño.
Teniendo en
cuenta esto, no podía imaginar que un funcionario sellara cualquier papel que
le presentara, por lo menos el portador tendría que establecer su buena fe.
Debido a que Rikou era un viajero, eso significaría que tenía pasaporte, además
de eso, en el documento ni siquiera constaba el nombre de Rikou.
—¿Qué? —preguntó.
—Oh, me
estaba preguntando cómo ha llegado el sello del Ministerio de Otoño a esta
carta.
—Ah —sonrió
Rikou—. Eso es porque soy mucho mejor narrador de mentiras que tú, señorita.
—¿Y me las
has estado contando a mí?
—No —dijo
Rikou con una amplia sonrisa, tomó las riendas del suguu—. Un toque
aquí, un toque allá… Hay una manera de conseguir estas cosas, ya sabes.
Shushou
metió la mano en el bolsillo de su kimono.
—¿Cuánto
cuesta?
—¿Cuánto
cuesta qué? —parpadeó Rikou.
—Es a lo
que todo se reduce, ¿verdad? Voy a pagar lo que costará. ¿Cuánto te ha cobrado
el funcionario?
—¿Dónde una
buena chica como tú aprendería algo por el estilo?
—Soy la
hija de un comerciante, viene con el oficio.
Rikou rio y
le dio unas palmaditas en el brazo a Shushou.
—Me temo
que no me entiendes.
—Pero…
Rikou se
puso en cuclillas frente a ella.
—Las
tiendas abrirán muy pronto, ¿verdad?
—Sí. Es
verdad.
—Y todos
los comerciantes aparecerán con cualquier papeleo que tengan que hacer, a
primera hora de la mañana el Ministerio de Otoño estará desbordado.
—Oh.
Supongo que sí.
—En medio
de la confusión, un hombre llega corriendo con la historia de una desafortunada
muchacha de una ciudad vecina que ha perdido a su padre.
—¿Te
refieres a mí?
—Eso es. El
muerto trabajaba para su hermano, él estaba entregando un kijuu con su
hija cuando, por desgracia, fueron atacados por bandidos en el camino y murió
protegiendo a su querida hija. La chica logró escapar, pero tenía un fuerte
sentido de la responsabilidad por lo que, en lugar de llorar su muerte, se
sintió obligada a completar el trabajo al que se había comprometido su padre.
Ella continuó en el viaje, con tristes lágrimas en sus mejillas congeladas en
este clima de frío invierno, por desgracia, el llevar un kijuu le impide
encontrar alojamiento.
—Um —dijo
Shushou, tirándole de la manga.
Atrapado en
su propia historia, Rikou continuó:
—¡Qué
valiente joven mujer! ¿No te parece? Tales son los tiempos en que vivimos.
Independientemente de para quién estuviera trabajando pienso que el hermano del
difunto era un hombre cruel.
—¿Eso fue
lo que dijiste?
—El
empleado sabe cuándo van a abrir las tiendas por lo que querrá hacerse cargo de
cualquier negocio tan pronto como sea posible. Y aquí está este hombre que
sigue y sigue, y le molesta con la triste historia de una chica desafortunada.
—Y agotando
su paciencia.
Rikou rio
de buena gana.
—Hay
momentos en que el mejor recurso es decir la mentira más grande que puedas
imaginar.
—Todo esto
es muy instructivo —Shushou se encogió de hombros y levantó la mirada hacia él—
¿Te molesta que te pregunte por qué estás haciendo todo esto por mí?
Rikou se
levantó y de nuevo se apoderó de las riendas del suguu.
—No
deberías preguntar eso si no te importa. Yo no te he preguntado por qué vas al
Shouzan, ¿verdad?
—No me
importa, me da igual. Es porque ya que no hay nadie digno, iré yo.
—¿De
verdad? Pues bien, cuídate.
—Gracias a
ti debería estar bien.
—Llegar a
Ken es una cosa, después de eso tendrás que sacar tu verdadero carácter.
—Oh, um,
gracias.
Rikou
sonrió e instó al suguu a partir, Shushou vio como los dos desaparecían
en la distancia.

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