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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

martes, 28 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 35

 

CAPÍTULO 35

 

 

 

Shushou avanzaba penosamente. Por la noche dormía al amparo de alguna roca, de madrugada se ponía en camino de nuevo, en busca de los montículos y los marcadores que había dejado atrás. Aunque, como una broma cruel, al hacerlo, invitaba a la probabilidad de que solo se perdería más lejos de la carretera.

—Vaya solución en la que me he metido —murmuró para sí misma—. ¿Qué debería hacer?

Una sombra cayó sobre su camino.

Reaccionó ante un pensamiento consciente que le cruzó la mente, se metió bajo la roca más cercana para cubrirse, apretando su cuerpo entre la piedra y el suelo. Solo después de que se hubiera agachado se le ocurrió la posibilidad de un ataque.

Oyó un grito extraño por encima de su cabeza y no pudo evitar mirar hacia arriba.

Vio alas recortadas contra el cielo. Nadie en el Shouzan montaba un kijuu con alas. Ese mono grande tenía que estar muerto, otros youma acudían a luchar por su territorio.

  

 

Rikou señaló hacia la llanura.

—Gankyuu. Mira.

Gankyuu siguió su mirada y vio una pila de rocas.

—Una señal, ¿de Shushou?

—¿Quién más sino? ¿Ves cómo están estratégicamente separados? ¿Cómo tres de ellos juntos forman una línea recta?

Rikou llegó junto a uno y señaló al siguiente. Los tres juntos iban hacia una única dirección. Se puso en cuclillas para verlo mejor y vio que las piedras estaban apiladas una encima de la otra. No era una forma natural.

—Los marcadores se detienen aquí. Ella vino de esa dirección y volvió atrás. Uno más y habría llegado sobre la loma y hubiera visto la hoguera.

Gankyuu miró por encima del hombro. Detrás de ellos estaba la ladera del acantilado. Subiendo por ella, los restos de la carreta y la fogata estaría a la vista. A raíz de los marcadores más abajo en la pendiente, se encontraron con el primero en lo alto de una roca, sin duda decorado con la rama de un arbusto cercano.

—Este debe ser el punto de partida. —Los marcadores estaban colocados en cinco direcciones desde la roca.

—La chica todavía tiene ingenio. —Gankyuu miró el arbusto cercano—. Rikou.

Se lanzó alrededor de la espesura. La manga de una chaqueta de kimono estaba atada a una rama. Gankyuu miró a su alrededor y se deslizó hacia abajo en el hoyo al otro lado de la espesura. En la parte inferior de la depresión de la roca había una pequeña fisura. Gankyuu se agachó. Era demasiado apretada para que él pudiera meterse, pero consiguió echarle un buen vistazo al interior.

—¿Está ahí?

—No. —Gankyuu se arrastró fuera de la fisura y miró alrededor—. Pero ella estaba allí y salió. Tenía que ser Shushou. Un adulto no podría haberse metido ahí dentro.

—¿Por dónde se fue?

—No se puede decir. No hay pozos allí o en la llanura de hierba, por lo que no se excavan en busca de agua.

—¿Cuánto tiempo podría sobrevivir sin agua?

—Tres días como máximo.

—Ya han pasado.

—La zancada de un niño no podría haberla llevado muy lejos, siempre que un youma no la haya atrapado.

  

 

Shushou dormitaba debajo de una roca. Ya era de tarde, se puso en camino otra vez. Tenía hambre, estaba cansada y sedienta. Todo esto contribuyó a sentirse fatal.

Estar de pie era mejor que estar acostada, aunque no estaba segura de qué hacer, dónde ir o incluso si pudiera encontrar el camino de regreso a la caverna. La llanura no ofrecía señales prometedoras, solo amplias franjas de hierba de las praderas y matorrales interrumpidos por la tierra pálida salpicada de cantos rodados. La falta completa de características únicas solo se añadía a su confusión.

Shushou agarró una piedra e hizo una muesca en la roca bajo la que se había protegido y colocó la piedra lo más alto que pudo alcanzar, a continuación, rompió las ramas de un arbusto cercano. Esta combinación de signos al menos le podía indicar si empezaba a dar vueltas en círculos.

Ella suspiró.

—Solo estoy creando señales para que me hagan sentir mejor.

Cada vez que se detenía a descansar reflexionaba si deseaba permanecer allí sentada y esperar contra toda esperanza que alguien pudiera dar con ella, o seguir caminando. Ella siguió caminando hasta que se fatigó, en ese momento todo lo que había estado andando le pareció una estúpida pérdida de tiempo.

Nunca debería haber salido de la cueva en primer lugar. Si nadie iba a encontrarme allí, seguro que no me encontrarán en ninguna parte.

Ella dijo en voz alta:

—Agua pasada no mueve molino. Al final solo acabaré odiándome a mí misma.

En ese punto, su única opción viable era hacer el camino de regreso a la carretera. Debido a que tenía el estómago vacío y a que había perdido una manga, sus piernas no estaban dispuestas a ir con ella en ese plan. La brisa nocturna era más fría.

Shushou se tambaleaba dolorosamente a través de la llanura, los ánimos por los suelos a causa de los remordimientos y la ansiedad. En medio de su deambular sin rumbo, se desplomó en el suelo, una vez más, oyó una voz humana que la llamaba.

—¡Hey!

Shushou se puso de pie y examinó la pradera oscura.

—¡Hey!

Una voz de hombre. Alegre y al borde de las lágrimas porque alguien había venido a buscarla.

El grito venía de nuevo detrás de ella y Shushou respondió a su vez.

—¡Aquí! ¡Estoy por aquí!

Ella corrió hacia la voz. Tal vez el hombre perdido no podía oírla, porque solo repetía lo mismo. Parecía desconcertado y solo. Tal vez había escapado del mono y, como Shushou, había perdido la pista de la carretera. Eso estaría bien para ella. Tener un compañero de viaje haría el andar por la llanura mucho más tolerable.

—¿Dónde estás? ¡Estoy aquí!

—¿Dónde estás?

Tenía que haberla escuchado. Shushou miró a su alrededor mientras corría. A pesar de sus piernas doloridas y de lo agotada que estaba, sentía como si estuviera volando sobre el suelo.

—¡Estoy aquí! —gritó tan fuerte como pudo.

Muy por delante de ella vislumbró una silueta humana que se desplomaba contra una roca. No debía de haberse dado cuenta de que la voz de ella venía desde detrás de la roca.

—¿Dónde estás?

—¡Estoy aquí! —respondió Shushou mientras corría.

La cabeza del hombre apareció detrás de la roca.

—¡Estoy aquí!

No podía distinguir sus rasgos desde esa distancia, no reconoció su voz. Debía de ser una de las víctimas anteriores del mono, habría huido por su vida y estaba perdido, como ella, en este vacío desierto.

—¿Estás solo?

—Solo.

—También perdí mi camino.

—Perdí mi camino.

El hombre levantó la mano por detrás del canto rodado. Los ojos en ese rostro desconocido se estrecharon. Parecía estar sonriendo.

—¿Estás bien? ¿Ninguna herida?

—Ninguna herida.

Una ráfaga se levantó, como si se alzara un viento fuerte en contra, Shushou ralentizó su paso.

—Um… ¿viniste con el señor Shitsu?

—Con el señor Shitsu.

El hombre no se movió de ese lugar, solo se asomaba por encima de la roca y tenía en alto sus brazos.

—¿Qué ocurre? ¿Qué estás haciendo?

—¿Haciendo?

Shushou aminoró su avance y se detuvo, se restregó los ojos. El hombre mantenía los brazos en alto como antes.

—¿Cómo te llamas?

—¿Cómo te llamas?

—Ya deberías saberlo.

—Ya deberías saberlo.

El siguiente movimiento de Shushou fue en la dirección opuesta. Poco a poco empezó a retroceder.

—Hey, perteneces a la comitiva del señor Shitsu, ¿verdad?

—La comitiva del señor Shitsu.

—Así que deberías de saber cuál es el nombre del señor Shitsu, ¿verdad?

—¿Verdad?

Shushou se retiró aún más.

—No te habrás olvidado, ¿no?

—¿No?

Un escalofrío le recorrió la espalda. Shushou volvió atrás, por donde había venido, retorciendo su cuerpo para mantener la piedra en su punto de mira. Con los brazos en alto, el hombre simplemente la observaba.

—¡Oye!

Algo terrible impregnaba la voz del hombre. Se tambaleó, tropezó con sus propios pies y cayó al suelo. El hombre sacó la cabeza por encima de la roca y agitó los brazos. Shushou plantó sus manos temblorosas en el suelo y trató de ponerse de pie.

El hombre movió los brazos. Y entonces él y ano estaba allí. No había desaparecido, se dio cuenta Shushou un momento después, había dado un salto en el aire, saltó por encima de la roca -tan alta como él- de un solo salto y aterrizó justo al lado de ella.

—¡Hey! —dijo el rostro humano, un rostro humano sin una mota de emoción humana.

Era al menos mitad humano, el grueso cuello, los hombros abultados y los fornidos brazos largos. Escamas cubrían la mitad inferior de su cuerpo y más abajo tenía un par de patas de ave con garras. Tras él la cola de serpiente golpeó contra el suelo.

Shushou gritó. Instintivamente levantó la mano, luego se agachó, acogió un puñado de tierra y lo arrojó a la cara de la arpía. Después de eso, una piedra. Se deslizó hacia atrás mientras arrojaba rodo lo que se pusiera al alcance de sus manos. Logró ponerse de pie y corrió, pero la arpía la agarró por el pelo. Se retorció desesperadamente, logró liberarse y correr lejos hacia la derecha de la roca.

Se aparató de ella y la esquivó a su alrededor. La arpía dio un salto limpio sobre Shushou y la roca. Trató de correr, pero la cosa la tenía agarrada por la cabeza y la arrastró hacia atrás, levantándola del suelo.

Una losa grande, vertical, de piedra estaba justo delante de ella.

Al principio, Shushou pensó que el grito era suyo. La piedra avanzaba hacia adelante. Sus pensamientos se congelaron. Sacudió sus manos en el mismo instante en que su cabeza recibió un fuerte golpe que hizo que se tambaleara. Cayó con fuerza sobre su trasero, pero todo lo que podía sentir en ese momento era un mudo asombro.

Otro grito rasgó el aire. El suelo se sacudió debajo de ella, que sintió que caía contra la roca, vio como algo pálido caía del cielo.

Necesitó un largo instante para darse cuenta de lo que había sucedido.

El objeto pálido era un antebrazo musculoso, separado al nivel del codo. El mismo brazo que la había estado sujetando por la cabeza. El youma había tratado de golpearla contra la piedra, pero había perdido su brazo antes.

Levantó los ojos. La arpía estaba de espaldas a ella. La criatura se retorcía y se balanceaba, su cola lanzando latigazos a Shushou como un látigo.

La arpía chilló de nuevo. Esta vez Shushou sabía que no procedía de ella. Un bramido, un grito de rabia que bien podría ser tomado como humano. Se agazapó sobre sí misma, agitando el brazo que le quedaba. La punta de una cuchilla sobresalía de su espalda. La hoja parecía crecer fuera de la piel.

Al mismo tiempo, alguien se lanzó desde su lado y la puso a salvo. Miró hacia arriba para ver a Rikou mirándola.

—Ah…

Apenas había saboreado el alivio cuando la cola se clavó contra la roca al lado de ellos, seguido por el cuerpo de la arpía chocando con la superficie de la roca, rebotando y estrellándose contra el suelo.

—¡Hey! —La silueta que había ante el youma derrotado la llamó—. ¿Estás viva?

Shushou trató de responder, pero no podía hablar. Ella asintió.

—El Cielo me ayude, pero eres la chica más afortunada que he visto jamás.

Ella estaba de acuerdo y volvió a asentir.

—¿Qué pasa? ¿Pasa algo con tus piernas?

Sacudió la espada, como si sacudiera gotas de rocío, y la metió en la vaina.

—Realmente soy la chica más estúpida que existe.

Gankyuu solamente levantó las cejas.

—Estaba tan asustada.

Las palabras le fallaron, el resto salió como un sollozo. Se abrazó las rodillas y hundió el rostro en sus brazos. Unos pasos pesados subieron laboriosamente junto a ella. Gankyuu se inclinó, la agarró por la parte posterior de su cuello y la puso de pie.

—Levántate. Vamos a salir de aquí.

Muy parecido a un gatito travieso, Shushou no pudo dejar de pensar. Sus ojos se abrieron.

—¡Gankyuu! ¡Tú pierna!

—Sí —dijo Gankyuu con una sonrisa de disgusto—. Cometí un error. Esa cosa tomó un pedazo de mí con una de sus garras.


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