Shushou avanzaba penosamente.
Por la noche dormía al amparo de alguna roca, de madrugada se ponía en camino
de nuevo, en busca de los montículos y los marcadores que había dejado atrás.
Aunque, como una broma cruel, al hacerlo, invitaba a la probabilidad de que
solo se perdería más lejos de la carretera.
—Vaya
solución en la que me he metido —murmuró para sí misma—. ¿Qué debería hacer?
Una sombra
cayó sobre su camino.
Reaccionó
ante un pensamiento consciente que le cruzó la mente, se metió bajo la roca más
cercana para cubrirse, apretando su cuerpo entre la piedra y el suelo. Solo
después de que se hubiera agachado se le ocurrió la posibilidad de un ataque.
Oyó un
grito extraño por encima de su cabeza y no pudo evitar mirar hacia arriba.
Vio alas
recortadas contra el cielo. Nadie en el Shouzan montaba un kijuu con
alas. Ese mono grande tenía que estar muerto, otros youma acudían a
luchar por su territorio.
Rikou señaló hacia la llanura.
—Gankyuu.
Mira.
Gankyuu
siguió su mirada y vio una pila de rocas.
—Una señal,
¿de Shushou?
—¿Quién más
sino? ¿Ves cómo están estratégicamente separados? ¿Cómo tres de ellos juntos
forman una línea recta?
Rikou llegó
junto a uno y señaló al siguiente. Los tres juntos iban hacia una única
dirección. Se puso en cuclillas para verlo mejor y vio que las piedras estaban
apiladas una encima de la otra. No era una forma natural.
—Los
marcadores se detienen aquí. Ella vino de esa dirección y volvió atrás. Uno más
y habría llegado sobre la loma y hubiera visto la hoguera.
Gankyuu
miró por encima del hombro. Detrás de ellos estaba la ladera del acantilado.
Subiendo por ella, los restos de la carreta y la fogata estaría a la vista. A
raíz de los marcadores más abajo en la pendiente, se encontraron con el primero
en lo alto de una roca, sin duda decorado con la rama de un arbusto cercano.
—Este debe
ser el punto de partida. —Los marcadores estaban colocados en cinco direcciones
desde la roca.
—La chica
todavía tiene ingenio. —Gankyuu miró el arbusto cercano—. Rikou.
Se lanzó
alrededor de la espesura. La manga de una chaqueta de kimono estaba atada a una
rama. Gankyuu miró a su alrededor y se deslizó hacia abajo en el hoyo al otro
lado de la espesura. En la parte inferior de la depresión de la roca había una
pequeña fisura. Gankyuu se agachó. Era demasiado apretada para que él pudiera
meterse, pero consiguió echarle un buen vistazo al interior.
—¿Está ahí?
—No.
—Gankyuu se arrastró fuera de la fisura y miró alrededor—. Pero ella estaba
allí y salió. Tenía que ser Shushou. Un adulto no podría haberse metido ahí
dentro.
—¿Por dónde
se fue?
—No se
puede decir. No hay pozos allí o en la llanura de hierba, por lo que no se
excavan en busca de agua.
—¿Cuánto
tiempo podría sobrevivir sin agua?
—Tres días
como máximo.
—Ya han
pasado.
—La zancada
de un niño no podría haberla llevado muy lejos, siempre que un youma no
la haya atrapado.
Shushou dormitaba debajo de una
roca. Ya era de tarde, se puso en camino otra vez. Tenía hambre, estaba cansada
y sedienta. Todo esto contribuyó a sentirse fatal.
Estar de
pie era mejor que estar acostada, aunque no estaba segura de qué hacer, dónde
ir o incluso si pudiera encontrar el camino de regreso a la caverna. La llanura
no ofrecía señales prometedoras, solo amplias franjas de hierba de las praderas
y matorrales interrumpidos por la tierra pálida salpicada de cantos rodados. La
falta completa de características únicas solo se añadía a su confusión.
Shushou
agarró una piedra e hizo una muesca en la roca bajo la que se había protegido y
colocó la piedra lo más alto que pudo alcanzar, a continuación, rompió las
ramas de un arbusto cercano. Esta combinación de signos al menos le podía
indicar si empezaba a dar vueltas en círculos.
Ella
suspiró.
—Solo estoy
creando señales para que me hagan sentir mejor.
Cada vez
que se detenía a descansar reflexionaba si deseaba permanecer allí sentada y
esperar contra toda esperanza que alguien pudiera dar con ella, o seguir
caminando. Ella siguió caminando hasta que se fatigó, en ese momento todo lo
que había estado andando le pareció una estúpida pérdida de tiempo.
Nunca
debería haber salido de la cueva en primer lugar. Si nadie iba a encontrarme
allí, seguro que no me encontrarán en ninguna parte.
Ella dijo
en voz alta:
—Agua
pasada no mueve molino. Al final solo acabaré odiándome a mí misma.
En ese
punto, su única opción viable era hacer el camino de regreso a la carretera.
Debido a que tenía el estómago vacío y a que había perdido una manga, sus
piernas no estaban dispuestas a ir con ella en ese plan. La brisa nocturna era
más fría.
Shushou se tambaleaba
dolorosamente a través de la llanura, los ánimos por los suelos a causa de los
remordimientos y la ansiedad. En medio de su deambular sin rumbo, se desplomó
en el suelo, una vez más, oyó una voz humana que la llamaba.
—¡Hey!
Shushou se
puso de pie y examinó la pradera oscura.
—¡Hey!
Una voz de
hombre. Alegre y al borde de las lágrimas porque alguien había venido a
buscarla.
El grito
venía de nuevo detrás de ella y Shushou respondió a su vez.
—¡Aquí!
¡Estoy por aquí!
Ella corrió
hacia la voz. Tal vez el hombre perdido no podía oírla, porque solo repetía lo
mismo. Parecía desconcertado y solo. Tal vez había escapado del mono y, como
Shushou, había perdido la pista de la carretera. Eso estaría bien para ella.
Tener un compañero de viaje haría el andar por la llanura mucho más tolerable.
—¿Dónde
estás? ¡Estoy aquí!
—¿Dónde
estás?
Tenía que
haberla escuchado. Shushou miró a su alrededor mientras corría. A pesar de sus
piernas doloridas y de lo agotada que estaba, sentía como si estuviera volando
sobre el suelo.
—¡Estoy
aquí! —gritó tan fuerte como pudo.
Muy por
delante de ella vislumbró una silueta humana que se desplomaba contra una roca.
No debía de haberse dado cuenta de que la voz de ella venía desde detrás de la
roca.
—¿Dónde
estás?
—¡Estoy
aquí! —respondió Shushou mientras corría.
La cabeza
del hombre apareció detrás de la roca.
—¡Estoy
aquí!
No podía
distinguir sus rasgos desde esa distancia, no reconoció su voz. Debía de ser
una de las víctimas anteriores del mono, habría huido por su vida y estaba
perdido, como ella, en este vacío desierto.
—¿Estás
solo?
—Solo.
—También
perdí mi camino.
—Perdí mi
camino.
El hombre
levantó la mano por detrás del canto rodado. Los ojos en ese rostro desconocido
se estrecharon. Parecía estar sonriendo.
—¿Estás
bien? ¿Ninguna herida?
—Ninguna
herida.
Una ráfaga
se levantó, como si se alzara un viento fuerte en contra, Shushou ralentizó su
paso.
—Um…
¿viniste con el señor Shitsu?
—Con el
señor Shitsu.
El hombre
no se movió de ese lugar, solo se asomaba por encima de la roca y tenía en alto
sus brazos.
—¿Qué
ocurre? ¿Qué estás haciendo?
—¿Haciendo?
Shushou
aminoró su avance y se detuvo, se restregó los ojos. El hombre mantenía los
brazos en alto como antes.
—¿Cómo te
llamas?
—¿Cómo te
llamas?
—Ya
deberías saberlo.
—Ya
deberías saberlo.
El
siguiente movimiento de Shushou fue en la dirección opuesta. Poco a poco empezó
a retroceder.
—Hey,
perteneces a la comitiva del señor Shitsu, ¿verdad?
—La
comitiva del señor Shitsu.
—Así que
deberías de saber cuál es el nombre del señor Shitsu, ¿verdad?
—¿Verdad?
Shushou se
retiró aún más.
—No te
habrás olvidado, ¿no?
—¿No?
Un
escalofrío le recorrió la espalda. Shushou volvió atrás, por donde había
venido, retorciendo su cuerpo para mantener la piedra en su punto de mira. Con
los brazos en alto, el hombre simplemente la observaba.
—¡Oye!
Algo
terrible impregnaba la voz del hombre. Se tambaleó, tropezó con sus propios
pies y cayó al suelo. El hombre sacó la cabeza por encima de la roca y agitó
los brazos. Shushou plantó sus manos temblorosas en el suelo y trató de ponerse
de pie.
El hombre
movió los brazos. Y entonces él y ano estaba allí. No había desaparecido, se
dio cuenta Shushou un momento después, había dado un salto en el aire, saltó
por encima de la roca -tan alta como él- de un solo salto y aterrizó justo al
lado de ella.
—¡Hey!
—dijo el rostro humano, un rostro humano sin una mota de emoción humana.
Era al
menos mitad humano, el grueso cuello, los hombros abultados y los fornidos
brazos largos. Escamas cubrían la mitad inferior de su cuerpo y más abajo tenía
un par de patas de ave con garras. Tras él la cola de serpiente golpeó contra
el suelo.
Shushou
gritó. Instintivamente levantó la mano, luego se agachó, acogió un puñado de tierra
y lo arrojó a la cara de la arpía. Después de eso, una piedra. Se deslizó hacia
atrás mientras arrojaba rodo lo que se pusiera al alcance de sus manos. Logró
ponerse de pie y corrió, pero la arpía la agarró por el pelo. Se retorció
desesperadamente, logró liberarse y correr lejos hacia la derecha de la roca.
Se aparató
de ella y la esquivó a su alrededor. La arpía dio un salto limpio sobre Shushou
y la roca. Trató de correr, pero la cosa la tenía agarrada por la cabeza y la
arrastró hacia atrás, levantándola del suelo.
Una losa
grande, vertical, de piedra estaba justo delante de ella.
Al
principio, Shushou pensó que el grito era suyo. La piedra avanzaba hacia
adelante. Sus pensamientos se congelaron. Sacudió sus manos en el mismo
instante en que su cabeza recibió un fuerte golpe que hizo que se tambaleara.
Cayó con fuerza sobre su trasero, pero todo lo que podía sentir en ese momento
era un mudo asombro.
Otro grito
rasgó el aire. El suelo se sacudió debajo de ella, que sintió que caía contra
la roca, vio como algo pálido caía del cielo.
Necesitó un
largo instante para darse cuenta de lo que había sucedido.
El objeto
pálido era un antebrazo musculoso, separado al nivel del codo. El mismo brazo
que la había estado sujetando por la cabeza. El youma había tratado de
golpearla contra la piedra, pero había perdido su brazo antes.
Levantó los
ojos. La arpía estaba de espaldas a ella. La criatura se retorcía y se
balanceaba, su cola lanzando latigazos a Shushou como un látigo.
La arpía
chilló de nuevo. Esta vez Shushou sabía que no procedía de ella. Un bramido, un
grito de rabia que bien podría ser tomado como humano. Se agazapó sobre sí
misma, agitando el brazo que le quedaba. La punta de una cuchilla sobresalía de
su espalda. La hoja parecía crecer fuera de la piel.
Al mismo
tiempo, alguien se lanzó desde su lado y la puso a salvo. Miró hacia arriba
para ver a Rikou mirándola.
—Ah…
Apenas
había saboreado el alivio cuando la cola se clavó contra la roca al lado de
ellos, seguido por el cuerpo de la arpía chocando con la superficie de la roca,
rebotando y estrellándose contra el suelo.
—¡Hey! —La
silueta que había ante el youma derrotado la llamó—. ¿Estás viva?
Shushou
trató de responder, pero no podía hablar. Ella asintió.
—El Cielo
me ayude, pero eres la chica más afortunada que he visto jamás.
Ella estaba
de acuerdo y volvió a asentir.
—¿Qué pasa?
¿Pasa algo con tus piernas?
Sacudió la
espada, como si sacudiera gotas de rocío, y la metió en la vaina.
—Realmente
soy la chica más estúpida que existe.
Gankyuu
solamente levantó las cejas.
—Estaba tan
asustada.
Las
palabras le fallaron, el resto salió como un sollozo. Se abrazó las rodillas y
hundió el rostro en sus brazos. Unos pasos pesados subieron laboriosamente
junto a ella. Gankyuu se inclinó, la agarró por la parte posterior de su cuello
y la puso de pie.
—Levántate.
Vamos a salir de aquí.
Muy
parecido a un gatito travieso, Shushou no pudo dejar de pensar. Sus ojos se
abrieron.
—¡Gankyuu!
¡Tú pierna!
—Sí —dijo
Gankyuu con una sonrisa de disgusto—. Cometí un error. Esa cosa tomó un pedazo
de mí con una de sus garras.


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