PARTE
V
CAPÍTULO
21
El reino de Kyou se encuentra al sureste del reino de Hou. El Kyokai
separa los dos reinos. El estrecho entre Hou y Kyou es también llamado Kenkai,
pero es más generalmente conocido como simplemente Kyokai. Después de todo, no
se puede ver a Kyou desde Hou, y para los que habitan alrededor de las costas,
el Kyokai y el Kenkai es prácticamente lo mismo.
Shoukei fue escoltada por diez jinetes que volaban desde la guardia de
la provincia de Kei. Mientras se dirigían hacia Kyou, volvió a pensar en su
país de origen. Había tráfico en el mar, por supuesto, entre los dos reinos,
pero el cruzarlo duró tres días. Por primera vez en su vida, se le ocurrió que,
flotando en el Kyokai, Hou sí era una ciudad de destino invernal, aislada del
resto del mundo.
Las especies de criaturas que saben volar eran
limitadas en números. Ya que también debía ajustarse un poco a la disposición
de un caballo para ser montado, esto limita su tipo aún más. Las principales
criaturas que se empleaban eran rokushoku[1] rayados, o los ciervos sichuan,
y que, en definitiva, no eran bestias de carga. Solo se podían montar en la
espalda. A Shoukei se le permitió el uso de un rokushoku, y rodeada por
los jinetes de caballería, se dirigieron a Kyou.
Fue un viaje sin incidentes. En el camino pasaron una
noche en una ciudad a las orillas de Hou, y una noche en una ciudad a las
orillas de Kyou. Después de tres días, llegaron al Palacio Soufuu[2] en Renshou[3],
la capital de Kyou.
La reina de Kyou, reina del Palacio Soufuu, había
gobernado durante noventa años. Shoukei no sabía nada más de ella que eso. Hou
no había disfrutado de productivas relaciones diplomáticas entre otros reinos.
Con el motivo de la coronación de su padre Chuutatsu, los enviados de Ryuu[4],
Kyou[5] y Han[6], los tres reinos más cercanos, habían ido llevando felicitaciones,
pero desde el principio rara vez tenían tratos con otros reinos.
Shoukei y sus escoltas fueron presentados por los
funcionarios del palacio. Pasando a través de las puertas, Shoukei les dio una
mirada dolorosa a los edificios resplandecientes.
No tengo ninguna razón para ser una persona
tímida y modesta ahora.
Ella había vivido en el palacio imperial, después
de todo. Aun acordándose de ese hecho, se encogió. Parte de ella estaba en el
palacio de un reino extranjero. La otra parte estaba, como siempre, con la
vergüenza de su aspecto desaliñado.
Los funcionarios que le dieron la bienvenida y los
acompañaron en el palacio consideraron a Shoukei especialmente sospechosa. Ella
bajó la cabeza, sabiendo que, sin duda, parecía una niña perdida del lado
equivocado de la ciudad.
No, pensó mientras caminaban por los
pasillos de granito negro pulido, ella era más desgraciada que cualquier otra
chica venida del lado equivocado de la ciudad de Kyou. Kyou era un país más
rico que Hou. Se podría decir por lo que había visto hasta ese momento en el
Palacio Soufuu. La ciudad se vestía muy bien. Hoso, la capital de Hou, parecía
un caballo en una ciudad en comparación.
Entrando en el Gaiden, se sentía bastante miserable
para levantar la cabeza. Después de disparar una mirada, el enviado se
arrodilló y se inclinó con la cabeza tocando el suelo. Shoukei tomó su mirada
en el sentido de que tenía que hacer lo mismo. Doblegándose así solo la hacía
sentir más miserable. No era justo que tuviera que humillarse de esa manera.
Debería ser suficiente con arrodillarse. Ella era la princesa real, después de
todo.
El enviado ceremoniosamente desplegó el decreto de
Gekkei y proclamó su saludo.
—El Marqués de Kei, junto con todos sus criados,
con humildad y con gran agradecimiento a la reina de Kyou por su gran
generosidad al poner bajo custodia a la princesa real.
Alguien se rio entre dientes. La reina de Kyou,
Shoukei se dio cuenta, recuperando el aliento.
—Oh, no es nada —dijo—. Somos vecinos, después de
todo.
Shoukei abrió los ojos y miró el suelo. Era la voz
de una mujer muy joven.
—Pero, ya basta de eso. ¿Cómo está Hou en estos
días?
—Afortunadamente, como se puede esperar.
El enviado de nuevo tocó la cabeza en el suelo.
—Bueno, desde mi perspectiva sentada en el trono
siguiendo el Mandato del Cielo, yo diría que el Marqués de Kei está en un lugar
bastante malo. Pero estoy segura de que ustedes lo saben mejor que yo. No puedo
agradecer lo suficiente como para todos sus buenos oficios.
El eco de su voz joven sonó como una campana.
—Por favor, felicite al Marqués por su acción
decidida. El rey era la causa de su propia ruina. Para escapar de su ira,
muchos refugiados huyeron a Kyou en pequeñas embarcaciones y se apegaron a las
balsas. Toda la gente de Hou ahora puede exhalar un suspiro de alivio.
Incapaz de soportarlo más, Shoukei comenzó a
levantar la cabeza. Era una falta de etiqueta elevar la cabeza uno mismo sin
permiso. Pero no solo eso la detuvo. Shoukei no quería ver a la reina de Kyou.
Por su voz, Shoukei se dio cuenta de que era una mujer joven, tal vez de la
misma edad que ella. Ella no quería verla, una chica vestida de seda con joyas,
sentada en el trono.
—Y supongo que ella es Son Shou.
Al oír su nombre de familia normal, de manera
casual dicho por la reina de Kyou, Shoukei se mordió el labio, furiosa. El uso
simplista de su solo nombre lo decía todo.
—Sí, lo es.
—Tomaré a Son Shou en mi custodia. Usted no
necesita preocuparse acerca de ella por más tiempo. La gente de Hou y los
ministros de Hou se pueden olvidar por completo de ella.
Entiendo, dijo el enviado con una
reverencia.
—Por favor, dígale al Marqués de Kei que se ponga
en el lugar del rey y trabaje por el bien del reino, y así expiar sus pecados.
Un reino sin rey puede hundirse en las profundidades a una velocidad alarmante.
Esa es la mejor forma de mantener la nave a flote.
—Se lo informaré de esa forma.
—¿El Marqués todavía reside en la Capital
Provincial? Él debe tomar posesión del trono imperial, tan pronto como sea
posible. Creo que lo mejor es que asuma el trono hasta la coronación del nuevo
rey y trabaje en nombre de todo el pueblo. Yo enviaré a lo largo cartas tomando
nota de lo mismo. Si profesa insatisfacción en el curso del acontecimiento, que
se le diga que se hizo de acuerdo con la recomendación de la reina de Kyou.
Indignada, Shoukei levantó la cabeza. Ella no lo
pudo evitar.
—¡Gekkei es un traidor y cometió regicidio!
Sus ojos se encontraron. La emperatriz, en el
trono, no parecía tener más de doce años. Ella tenía la cara de un ángel.
Detrás de ella había un hombre con el pelo color oro cerca de un trono de
cobre. Kyouki, el kirin de Kyou.
Los labios de color coral de la joven se separaron.
—El rey se destruyó a sí mismo —dijo con desdén—.
Ningún rey es asesinado, excepto como consecuencia de sus propios crímenes. —Volvió
su atención al enviado. —Señor, acelere de nuevo a Hou y de toda la asistencia
posible al Marqués.
El enviado hizo una profunda reverencia. Con una
voz llena de emoción, agradeció a la corte y se retiró, dejando detrás a
Shoukei. Shoukei siguió mirándola a ella.
—Una vez que te registren en el censo, ¿preferirías
vivir en la ciudad o servir en el palacio como una sirvienta?
La sangre se le subió a las mejillas a Shoukei. Una
criada, un trabajo de criada, ni siquiera alcanzaba el rango humilde de un
empleado, ¡ni siquiera figuraría en el registro! Esa niña le estaba pidiendo, a
la princesa real, si quería ser su sirvienta.
Al ver la expresión de su rostro, la muchacha rio.
—Ella todavía tiene su orgullo, y nada más. Sin
embargo, yo no soy tan compasiva como el Marqués. Ir a un orfanato o
convertirte en una sirvienta. Elige. Te alojarás en el orfanato hasta llegar a
la edad adulta, pero ya que no eres una ciudadana de Kyou, no recibirás una
partición, tendrás que encontrar un trabajo, ¿y bien?
—Usted dijo…
—A mí no me importas mucho, tampoco —ella sonrió—.
Hemos tomado la custodia de tu caso porque tu presencia continua en Hou solo
causaría más daño. La lástima para tu difícil situación no tiene nada que ver
con eso, y que no se te olvide. Entonces, ¿qué elegirás?
Shoukei no podía imaginar la entera disposición de
esa chica. Pero sus recuerdos empujaron a un lado sus sentimientos. Terminar
todos los días cubierta de tierra, trabajando hasta que apenas pudiera moverse,
dormir en una choza con corrientes de aire. Todo lo que ella había
experimentado en Hou ahora mitigaba sus sentimientos de indignación.
—Voy a ser una sirvienta.
De verdad, la chica se rio.
—En ese caso, lo primero que vas a aprender es a
postrarte correctamente ante la reina, ya nunca levantarás la cabeza y hablarás
solamente si se te habla.
La reina estaba a punto de volver al Naiden cuando el hombre detrás de
ella abrió la boca para hablar. Shushou[7] miró sobre su hombro.
—¿Qué pasa?
Él dijo, con una mirada nerviosa en su rostro:
—La forma en que trata a la princesa real…
—Oh, tonterías —dijo Shushou con ligereza—. Antes
de empezar a sentir lástima por Shoukei, primero lo siento por la gente de Hou
que tiene mucho motivo para odiarla. Realmente, kirin, deja tu sentido
de compasión, no pongas el carro delante del caballo.
—Pero…
Shushou se echó a reír. Ella levantó la mirada para
ver el rostro de Kyouki, aunque la mayoría de los kirin tenían una
fisonomía esbelta, el kirin de Kyou parecía un hombre grande.
—He tomado mi decisión, ¿de acuerdo?
—Si, pero ¿no es el deber de la reina mostrar
compasión para sus súbditos?
Shushou resopló.
—Cuando me convertí en reina, convertirme en una
gran humanista no era parte del trato. Lo siento. Además, tú eres mi sirviente,
¿verdad?
—Sí, pero…
—Entonces no te quejes. No quiero saber nada más de
ese asunto sobre Shoukei. Gobernar el reino es bastante difícil. No tengo
ninguna simpatía por alguna tonta que tocaba la lira mientras su reino ardía y
totalmente carece de discernimiento cuando se trata de su padre.
Descorazonado, el gran hombre bajó la cabeza y
siguió abatido.
—Pues por lo menos considere la recomendación al
Marqués de usurpar el trono…
—No lo considero. Lo recomiendo. —Shushou
se dejó caer en una silla—. ¿Estás diciendo a que debido a que el Marqués mató
al rey no debe gobernar el país? Francamente, deseo que el hombre solo se llame
a sí mismo rey.
—Es el Cielo el que corona al rey. No se recomienda
que el trono sea usurpado. Si eso llega a pasar, capaz Hou se destruya…
Shushou apoyó sus manos en su barbilla y suspiró.
—Yo, realmente, no sé que hacer. Oleada tras oleada
de refugiados de Hou.
—Usted debe pensar primero en los refugiados.
Shushou inclinó su dedo a Kyouki.
—¡Eres un tonto! ¿No hay espacio en esa cabeza para
considerar otra cosa que no sea compasión? Hou es un caos. ¿Y estás diciendo
que el Marqués no tome las riendas y apuntale el reino? Hou no tiene un kirin,
ya lo sabes.
Kyouki miró ansioso por toda la habitación.
—Su Alteza…
—No te preocupes, no hay nadie aquí. Por supuesto
que no iba a decir eso delante del enviado. No soy estúpida. No hay kirin
en el Monte Hou. ¿Quién sabe cuánto tiempo tomará para que un nuevo rey acceda
al trono? Si la gente de Hou lo sabe, perderían las esperanzas y el reino se
vendría abajo delante de nuestros ojos.
No había kirin en el Monte Hou para elegir
al nuevo rey. Ni siquiera Shushou sabía el por qué. Las nyosen del Monte
Hou eran las siervas de Dios y el Monte Hou era el santuario inviolable de
todos los reyes de los Doce Reinos, aunque no daban más detalles sobre el
incidente que había tenido lugar. Tres años antes, una anomalía había pasado
por Kyou en dirección de Hou. Un shoku[8]. Es posible que ese shoku
se hubiera originado en las cinco montañas sagradas. Cuando las preguntas se
hicieron si este era el caso, se dijo a todos los palacios que el Monte Hou
permanecía cerrado. Ninguna de las puertas fue abierta para darle la bienvenida
al nuevo kirin.
Cuando se preguntó por Houki -palabra que indicaba
que el kirin era barón-, estaba bien y fuerte, ni siquiera una vaga
mentira se escuchó en respuesta. Una mayor investigación lo confirmó. No había kirin
en el Monte Hou.
Shushou dejó escapar un suspiro.
—No tenemos más remedio que dejar que el Marqués
ponga manos a la obra. Tiene una buena cabeza sobre sus hombros. Y no sabemos
cuándo el kirin se mostrará en Hou y elegirá al nevo rey. Por eso es por
lo que estoy tratando de impulsar las cosas. ¿Tienes algún problema con eso?
—Su Majestad…
Shushou giró sobre sus pies de adelante hacia
atrás. Uno de los zapatos salió volando. Ella dijo:
—Chuutatsu nos trajo todo esto a nosotros. No es
solo su culpa, sino también de todos sus criados tontos y parásitos que dejaron
que suceda. Es por eso por lo que no puedo soportar a Shoukei. Incluso tú
deberías ser capaz de entenderlo. Ahora bien, deja de llorar y tráeme mi zapato
y pónmelo de nuevo.

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