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El Niño Demoníaco

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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 16

 

CAPÍTULO 16

 

 

 

Cuando se hizo el recuento de gente esa noche, vieron que habían perdido a tres personas. Un youchou descendió del cielo y mató a tres de los hombres reunidos alrededor de una fogata en medio del claro.

Al amanecer, el resto de la caravana regresó al campamento con nerviosismo. La mayoría había dejado caer sus pertenencias y habían escapado solo con la ropa que llevaban puesta. No podían continuar el viaje sin comida, agua y medicinas, así que no tenían más remedio que volver sobre sus pasos.

Allí encontraron los restos de los tres hombres y el youma, sus cadáveres reducidos a trozos de hueso y carne. El youma que habían matado era un pájaro gigante. También había esparcidos trozos de youma de varias formas y tamaños, sin duda, las víctimas de la lucha por los cadáveres.

La escena grotesca les provocó un escalofrío por la columna vertebral, al fin comprendieron la verdadera naturaleza de donde estaban.

La caravana empezó a avanzar de nuevo, no tenían más opción que seguir adelante. El único santuario en el Mar Amarillo estaba en el Monte Hou, cualquiera que decidiera regresar a la fortaleza tendría que esperar un año para que el Portón de la Fuerza se abriera en el equinoccio de primavera, y nadie era tan valiente o temerario como para dejar la caravana y actuar por su propia cuenta. El ir por tierra en busca de una de las otras puertas estaba igualmente fuera de cuestión.

No tenían nada que hacer, ordenaron sus pertenencias descorazonados y empezaron a andar, lanzando miradas cautelosas alrededor de ellos a cada paso y maldiciendo a Gankyuu y a los demás que los habían abandonado sin pensarlo dos veces. El que llevaba la voz cantante era Ren Chodai, un próspero hombre que tenía un negocio en el reino de En,

—Si se hubiera molestado en ayudar a los tres, aún podrían estar vivos. Corriendo sin mirar atrás, sin molestarse en comprobar su estado, ¿qué clase de hombre es ese?

Respondió a la pregunta el rokushoku que había hablado brevemente con Shushou la noche anterior. Creía que se llamaba Kinhaku. La docena de los que habían huido unos pasos por delante de los otros no eran una compañía organizada sino un grupo que viajaba más o menos el mismo lugar en la caravana.

Kinhaku dijo:

—Sabíamos los peligros que nos esperaban si nos quedábamos. Nuestro trabajo es proteger a los que nos pagan, no a todo el mundo.

—Entonces, ¿por qué estamos viajando juntos en esta caravana durante todo el camino al Monte Hou?

—Seguramente es porque todos somos unos cobardes —dijo Kinhaku con una sonrisa irónica.

Chodai frunció el ceño.

—Si estamos hablado de cobardes, abandonar a esas desafortunadas personas y correr por las colinas es una buena descripción.

—No me importa cómo se defina la palabra, pero supongo que, por tanto, usted se precipitó rápidamente en su ayuda y resistieron hasta el final…

La sangre se agolpó en la cara demacrada de Chodai.

Koubi

—¿Qué has dicho?

Gankyuu caminaba junto a Shushou con las riendas del haku en sus manos, al ver a los dos adultos enfurecidos, alargó la mano y tiró de su capa.

—Hey, ¿crees que deberíamos dejarlos? Parece como si estuvieran a punto de pelearse.

—Ya son mayorcitos —dijo Gankyuu por encima del hombro—. Solucionarán el problema.

Veintisiete años habían pasado desde la abdicación de la emperatriz. Todos aquellos con los egos y las aspiraciones de grandeza hacía tiempo que ya habían renunciado al Shouzan, habiendo ya determinado que nunca se sentarían en el trono. Hoy en día todos los que intentaban el Shouzan carecían de la aspiración para luchar para ser el primero en llegar al Monte Hou, pero los que se preocupaban de que un rey no apareciera recomendaban encarecidamente que lo intentaran. Había menos figuras heroicas que gente decente. Si no ellos, entonces los de talla aún menor que, al observar cómo regresaban estas buenas personas con el corazón roto desde el Mar Amarillo, eran repentinamente inspirados para hacer realidad sus propias aspiraciones mezquinas. Estas personas, se enmendaban durante un tiempo y eran capaces de hacerse pasar por gente virtuosa y convencer al resto.

Fuera cual fuera el tipo de persona al que Chodai pertenecía, no era la clase de hombre que abandonaba el sentido común para una pelea sangrienta sin sentido.

Shushou dijo:

—Hey, Gankyuu.

—Si vas a preguntar qué es un koubi[1], olvídalo. Cuando se intercambian insultos, hay un montón de palabras despectivas para referirse a nosotros.

—Sí, y creo que no hay nada que se pueda hacer sobre esto tampoco —murmuró Shushou. Gankyuu le echó una mirada de soslayo y alzó las cejas. Ella prosiguió—. El hecho es que huimos. Y, para empeorar las cosas, sabías que las fogatas eran peligrosas y no les dijiste nada.

Gankyuu rezongó para sí mismo y sacudió la cabeza.

—No hubieran escuchado, aunque se lo hubiese dicho.

—Sí lo harían porque eres un experto sobre el Mar Amarillo.

—Me pregunto, incluso si lo hicieran, eso sería una verdadera molestia.

—¿Por qué?

—El fuego es peligroso, pero también es necesario. Puedes estar segura de que incluso si se acepta que encender un fuego es peligroso, si yo fuera a decir a continuación que es necesario, la gente entraría en pánico y me atacarían diciendo que no. Entonces, para los novatos que solo saben que el fuego es peligroso, entrar en el Mar Amarillo sería absurdo. Es cierto que yo he sido contratado por ti, pero yo no quiero ser responsable de la imprudencia de todos los idiotas por aquí.

—¿Y si te lo ordeno como tu contratante?

—Me niego.

—Cobarde.

—Ya está bien —interrumpió Rikou—. Es suficiente.

—¿Te estás poniendo de parte de ese cobarde? —dijo Shushou con voz apagada.

Rikou respondió en voz baja:

—En lo que se refiere a Gankyuu, somos una pareja de idiotas impetuosos que andan por el Mar Amarillo sin saber nada al respecto, probablemente esto le cause muchos quebraderos de cabeza por lo que debemos confiar en la única persona que sabe de lo que está hablando.

Shushou se percató de la expresión molesta de Rikou y suspiró.

—Así que es como los joushin -guardaespaldas-.

¿Joushin?

—Eso es de lo que se trata todo al final. Los que tienen recursos para contratar a un guardaespaldas sobrevivirán, los que carecen de la sabiduría o los recursos no lo hacen. Su destino se quedará en la cuneta.

—Ah, sí —dijo Rikou con una sonrisa tensa—. Ese podría ser el caso.

—En otras palabras, los que entran en el Mar Amarillo, sin contratar a un joushin no pueden culpar a nadie más que a sí mismos. Son las manzanas podridas.

—No necesariamente estoy de acuerdo con eso.

—Pero eso y decir a la gente que las fogatas son peligrosas son dos cosas diferentes. Gankyuu podría haber ayudado a aquellos hombres si hubiera querido, pero no lo hizo. En lo que a mí respecta, la palabra cobarde no está tan lejos de la verdad.

—Yo no estaría tan seguro —dijo Rikou con esa misma sonrisa irónica.

—Está bien. Yo se lo diré a todo el mundo.

—¡Ya es suficiente! —gruñó Gankyuu.

Shushou lo fulminó con la mirada.

—¿No dijiste que no dirías nada ya que solo te ignorarían? Bueno, no me importa si lo hacen. Entonces, ¿cuál es el problema?

—No hacer nada estúpido.

Gankyuu miró a Shushou, los ojos duros como el acero frío.

—Esa es la mejor información que reservamos para nosotros mismos.

Shushou sintió que sus mejillas se ruborizaban.

—¿Quieres decir que, si todo el mundo supiera cómo viajar de forma más segura no valorarían sus servicios tanto? ¿Es así?

—No me importa lo que pienses que significa. No vayas difundiendo malos consejos.

—Haré lo que quiera.

—Si haces grandes avisos y pasa algo, los goushi quizá la pagarían contigo y no podría hacer nada para evitarlo.

—¿Es una amenaza?

Gankyuu frunció el ceño y se encaró con Shushou, cuya cara era igualmente grave:

—Es una advertencia.

—Y yo te digo esto: eso es una excusa miserable para un hombre.

—¿Lo es?

Gankyuu volvió la vista al frente. Finalmente, con una mirada penetrante, Shushou carraspeó y desvió la mirada. Miró a Rikou.

—Un verdadero cobarde. No hay vuelta de hoja.

Pero no encontró apoyo en él ni rastro de ninguna sonrisa. La miró con una expresión grave que levantó un repentino remordimiento en su corazón.

¿Qué? —ella comenzó a decir cuando Rikou murmuró:

—Eres joven todavía.

—¿Qué quieres decir? Ya sé que aún soy una niña.

Rikou asintió y sonrió.

—Significa que esto es algo que debemos dejar que maneje Gankyuu.

Shushou infló sus mejillas en un puchero.

—Lo entiendo, un cobarde dando la cara por otro. Probablemente te estás muriendo por decirme cómo los adultos saben cosas que solo tienen sentido para otros adultos.

—¿Eso es así?

—Por supuesto. Bien, pero hay que tener esto en cuenta: el trono no distingue entre niños y adultos. Cuando me convierta en emperatriz, no creo que vaya a olvidar nada de esto.


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