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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de febrero de 2023

Mil Millas de Viento, el Cielo del Amanecer - Capítulo 15

 

CAPÍTULO 15

 

 

 

El granero y el pequeño jardín detrás del orfanato estaban cubiertos de nieve. El interior del granero, por lo general, se calentaba un poco con el aliento de los animales, pero sino era frío y tranquilo. Shoukei golpeó en el suelo con los pies congelados para quitarse el frío de los dedos de los pies.

La nieve se acumulaba más todos los días. Los aldeanos se habían reunido recientemente en la ciudad los de las aldeas exterior y el aire estaba cargado con la alegría anterior sobre las noticias del año. Venía el año nuevo, sin embargo, al final de enero la gente se estaba cansando de la compañía del otro. Pasar el invierno encerrados juntos, se trataba de un largo proceso. Sentimientos reprimidos se fueron de las manos, y las disputas mezquinas comenzaban a salir. Con esa mala atmósfera comenzaron a fluir las ganas de que llegara la primavera, y todo el mundo volvería al campo con muchas ganas.

Ella no tiene la menor idea de lo que se siente.

A medida que arrastraba los alimentos de los animales, Shoukei maldijo a la reina lejana del reino oriental.

Lo que se sentía vivir en una vida de un patán, con ropa apestando con el hedor de los animales de granja, con manos agrietadas y congeladas, con grietas en la piel sangrante. Dormir bajo una manta congelada en una casa con corrientes de aire, tablas tan frías que por la mañana las paredes se coloreaban de blanco.

Yo lo sé. ¿Y qué clase de vida tienes tú?

Cortinas de seda, ropa de cama perfumada, una habitación caliente bañada con la luz, no perturbada por una brisa solitaria. Dobladillos de seda en su espalda mientras caminaba a lo largo, las joyas de obidama en la cintura y una brillante tiara. Los sirvientes a su entera disposición y los ministros postándose ante ella. Su trono descansando sobre un suelo pavimentado con piedras preciosas, el trono y las pantallas talladas con una artesanía inigualable y delicada, con incrustaciones de piedras preciosas y llenas de banderitas de oro y plata rota.

Ah, sí, esos eran los tesoros más sublimes de su padre. Y ahora tenía todo lo que Shoukei había perdido. Ella nunca tendría hambre o frío y nunca lo tendrá. Adorada por miles, armada con autoridad sobre todos los oficiales de la tierra…

Con cada paso que daba Shoukei, un agujero más se abría en su alma. Las maldiciones silenciosas se arremolinaban en su boca. En algún momento, sin darse realmente cuenta, había llegado a creer que todo lo que ella había tenido había sido robado por la reciente coronada reina de Kei.

Imperdonable.

—¡Gyokuyou!

La voz aguda y burlona la trajo de nuevo a la realidad. Ella parpadeó, aún con la mente en blanco. Entonces se dio cuenta de que estaban llamando con su nombre. Miró a su alrededor a toda prisa.

Gobo estaba detrás de ella, apuñalándola con la mirada.

—¿Cuánto tiempo más vas a estar repartiendo el alimento? Si estás pensando en perder el tiempo aquí vas a ayudar a hacer el desayuno, tienes otras cosas que hacer.

—Lo siento, solo me distraje por un momento.

—¡No quiero escuchar tus excusas! —Gobo agarró un palo y golpeó a Shoukei cerca de las piernas—. Deberías estar trabajando tres o cuatro veces tan duro como los demás. No podrás hacer que nadie en este pueblo te alimente. Hay que ganarse la manutención con tus sucias manos.

—Lo siento —dijo Shoukei en voz baja.

Ella no tuvo más remedio que aguantarlo. Humildemente bajó la cabeza, porque la golpearía más tarde o más temprano. Había aprendido hace mucho tiempo que era lo único que podía hacer. Estaba esperando que Gobo escupiera repugnantemente a un lado y diera otro golpe rápido por sorpresa.

—¡Como si esas disculpas fueran en serio!

Shoukei cayó de rodillas y se desplomó en la paja, de repente, consciente del fuerte dolor en sus hombros.

—¿Crees que serás recogida por alguna vieja quisquillosa? ¿Qué me alabes de esa forma para así salirte con la tuya?

—Yo…

Gobo, una vez más, bajó el palo hacia ella. Shoukei se hizo un ovillo mientras la golpeaba con fuerza en la espalda.

—¿Por qué arrastrar un peso muerto contigo? ¿Por qué nos toca a nosotros poner comida en tu boca? ¿Por qué los niños de este orfanato perdieron a sus padres, eh? ¿Por lo menos tienes la menor idea?

Shoukei se mordió el labio. No importara lo que le dijera, ella no hablaría.

—¡Todo es culpa de Chuutatsu! ¡Tu padre!

Pero eso no tiene nada que ver conmigo, Shoukei se gritó a sí misma mientras yacía en el suelo. ¡Ah, pero su Alteza, la reina de Kei, no sabe nada de esta vida! Sus dientes seguían apretados juntos, cuando Shoukei oyó una voz débil.

—¿Es cierto?

Levantó la cabeza. Gobo miró hacia atrás por encima de su hombro. Una de las niñas huérfanas se encontraba inmóvil en la puerta del granero.

—¿Qué estás haciendo aquí…?

—¿Quieres decir que, el padre de Gyokuyou, es Chuutatsu? Si es eso, ¿significa que Gyokuyou es la princesa real? —Sus ojos cayeron sobre Shoukei—. ¡Eso significa que es la princesa Shoukei!

Gobo se encontraba perdida en cómo responder. Shoukei se quedó mirando a la chica. La chica comenzó a dar vuelta y correr hacia el orfanato.

—¡La princesa real está aquí! —gritó ella—. ¡La hija de los asesinos!

Los niños llegaron con apuro. Miraron a la estupefacta Shoukei, asombrados. Varios de ellos se lanzaron hacia ella. La cara se le puso blanca a Shoukei. Las voces de los niños resonaban desde el patio delantero. Ella pronto escuchó una fuerte conmoción y el sonido de más pasos que se acercaban.

—¿Ella es la princesa real?

—¿En serio?

La multitud inflamada rodeó a Shoukei, llevándola a la esquina del almacén.

—¡Es cierto! ¡Gobo misma lo dijo!

—¿Es eso cierto, Gobo?

La mirada de todos cayó sobre Gobo. Shoukei la miró suplicante. Cerró los ojos por un segundo. Gobo se dirigió a la multitud reunida.

—Sí, lo es.

Siguió un momento de silencio, y luego los gritos de abucheo sacudieron el granero.

  

 

Shoukei fue sacada de la granja y tirada a la nieve.

—Esperen… por favor…

Tan pronto como las palabras salieron de su boca, los golpes llovieron. Ella gritó y fue lanzada lejos.

—¡Alto!

La voz estridente rasgó el aire. El hecho se hundió en la mente aturdida de Shoukei, la voz le pertenecía a Gobo.

—¿Por qué deberíamos hacerlo?

—Piensen en esto, ¿qué es lo que ella está haciendo aquí?

—¿Qué quieres decir con eso de qué es lo que hace aquí?

—Alguien la ha registrado en el censo. Y habría tenido problemas al hacerlo. Como he dicho, piensen en esto, ¿quién podría lograr hacer algo así?

—¿Quién podría hacer algo así? —Toda la multitud se hizo la misma pregunta y luego todos llegaron a la misma respuesta—: ¡El Marqués de Kei!

El señor provincial de Kei, el comandante de los señores provinciales, el que había matado al rey.

—Si fue él quien lo hizo, ¿creen que quisiera que la golpearan hasta la muerte? El Marqués nos ha librado de ese bastardo. Ya no tenemos miedo a los secuaces del rey. Ya no hay que preocuparse por ser arrastrados a la horca. Todas esas leyes odiosas fueron derogadas. El Marqués nos ha dado una vida de paz y seguridad.

—Pero…

—Yo odio a la pequeña princesa, también. Pero si el Marqués decidió salvarla, no voy a ser yo quien le lleve la contraria. Sería como escupirle en la cara. Yo sé como se sienten, pero he tenido que mantenerme a raya.

Eso es lo que dices tú. Shoukei arañó la nieve.

—¡Eso lo dices ahora! ¡Cuando hasta ahora no has hecho nada, pero me has atormentado para tu propio entretenimiento!

Una bola de nieve la golpeó en la nariz. Shoukei se cubrió la cara con las manos.

—¿Por qué la proteges, Gobo? ¡Si tú le estabas dando una paliza a ella!

—¡Es cierto! ¡Vamos a desquitarnos con ella también!

—Escuchen, todos…

—¡Mientras esta perra estaba descansando en el palacio, estaban asesinando a mi mamá y a mi papá!

Shoukei gritó:

—¡Fueron castigados por haber faltado a la ley! —Siempre había sido así. La gente siempre criticaba a sus padres. Pero su padre no los ejecutaba porque lo disfrutara—. Si quieren que las cosas mejoren, para eso, un reino debe tener leyes. De lo contrario, ¡todos harían lo que les viniera en ganas! ¡Así que por supuesto que iba a ser castigados! ¡Solo molestan a la gente que hizo las leyes porque quedaron atrapados! ¡Si nadie tuviera miedo de ser castigado, entonces no obedecerían las leyes en primer lugar!

Otra bola de nieve llegó volando a ella. Shoukei quedó en cuclillas, recibiendo una bola de nieve tras otra.

—¿Así que está bien matar a la gente, entonces?

—¿Por el hecho de que se enferme y pueda ir a trabajar?

—Tuvimos que dejar el campo antes de la cosecha para cuidar a mis padres. ¿Esa es razón suficiente para cortarles la cabeza?

—¡No sé nada de eso! —gritó Shoukei—. ¡No es mi culpa! ¡No sabía lo que hacía mi padre! ¡Lo único que vi fue lo que me dejó ver!

  

 

La agarraron, la ataron, la echaron a la cárcel de la ciudad y la dejaron ahí. Después de la puesta del sol, Gobo fue a verla.

—He traído carbón —le dijo—. No quiero que te mueras de frío.

Shoukei estaba sentada contra la pared fría.

—Prefiero morir de frío.

—Lo harás demasiado pronto. En este momento, están decidiendo qué hacer contigo.

—Sientes lástima por mí, ¿no es así? Realmente es demasiado tarde para eso.

Gobo le dirigió una mirada fría.

—No siento lástima por ti. No quiero hacer el mal solo por el Marqués.

Shoukei resopló.

—¡Gekkei! ¡Ese chacal!

—¡Basta! —dijo Gobo con voz firme.

Shoukei altivamente levantó su cabeza a su vez.

—Derrocó al rey y se sentó en el trono sin el Mandato del Cielo, eso es regicidio. No importa que lo quieras contar como algo bueno. —Las imágenes terribles de ese día llenaron su mente—. Mató a mi padre. Y ni siquiera eso fue suficiente. A mi madre también. ¡Y a Hourin! Gekkei es un traidor. Mató al rey y al kirin, y le robó el trono.

—¿En serio? —Gobo murmuró para sí—. ¿Entonces el rey y la reina fueron ejecutados delante de ti?

—¡Es un traidor! ¿Acaso no sabes nada?

Incluso si lo supiera, la dura expresión de su rostro no cambió para nada.

—Lo que sé es tú estás podrida hasta la médula de tus huesos.

—Lo que sabes…

—El Marqués no puede tomar el trono para sí mismo. Vive en la capital provincial. El hecho de que eres algo desvergonzada no significa que todo el mundo es tan egoísta como tú. Pero si eso es lo que realmente pasó, maldice todo lo que quieras. No serás capaz de durar mucho tiempo.

—Pero, por supuesto que me van a matar, no importa lo que yo diga.

Cuando Gobo le dio la espalda, Shoukei siguió el resplandor detrás de ella. Será por todos. Me estoy cansando de todos ustedes.

Gobo le dijo:

—Parece que la gente del pueblo no está en sus cabales, no importa lo que diga. Están hablando acerca de descuartizarte.

Shoukei se puso de pie.

—Un momento. ¿Qué están pensando qué? —Gobo cerró la puerta y cortó la luz abruptamente—. ¿Seré descuartizada, es lo que dices?

Eso significaba atar sus brazos a un par de estacas y las piernas a dos carros tirados por bueyes y luego romper su cuerpo en pedazos. El más bárbaro de todos los castigos.

Shoukei gritó, pero no había nadie que la escuchara. En la helada oscuridad de la celda, la única luz provenía de la luz roja de los carbones en el brasero.

 

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