CAPÍTULO 17
Atravesar el bosque les llevó
otros cinco días, durante ese tiempo, dos miembros más de la caravana murieron.
Un río
ancho y poco profundo pasaba por el bosque. Una sola cadena se extendía a
través del río a la orilla opuesta. Aferrándose a la cadena, el fondo del río
bajo los pies era resbaladizo, cruzaba el río y se sumergía de nuevo en el
bosque.
Al igual
que antes, el rastro de pies desgastados corría a lo largo de un tramo del
valle. Su único recurso era subir junto a él también.
Día a día,
las Montañas Kongou se desvanecieron en la distancia detrás de ellos. Cuando la
caravana entró en un claro para descansar y hacer un campamento, las crestas de
las Montañas Kongou eran visibles por encima del dosel del bosque. Pero fueron
haciéndose más y más débiles día a día, hasta que lentamente se hundieron en el
mar de árboles. El sendero finalmente cruzó una montaña, bajando por el otro
lado, las Montañas Kongou fueron tragadas por la gran extensión verde.
Más árboles
caídos se amontonaban en el suelo del bosque, junto con las hojas muertas y
marchitas. En poco tiempo, lo único que podían ver delante de ellos eran
árboles apilados unos sobre otros como palillos, en descomposición y cubiertos
de musgo, los troncos blanqueados que sobresalían de entre ellos como huesos
blanqueados.
Al salir de
este bosque muerto, se encontraron en la orilla de un lago de aguas
inquietantemente cristalinas. Dentro del lago había una depresión larga forrada
de piedra, sumergida bajo el agua como el cristal.
Quince días
habían pasado desde que habían salido de la fortaleza. El número de víctimas
mortales había alcanzado diez.
Durante ese
tiempo, la caravana se había organizado en un sistema de clases. En la cima
estaban los goushi y los koushu como Gankyuu. Le seguían Shitsu
Kiwa y otros sin guías que, junto con su séquito, habían confiado en los koushu.
Además, estaban los que de manera similar esperaban sacar provecho de la buena
voluntad de los goushi. En conjunto, el grupo que encabeza el Shouzan
llegaba a casi doscientos.
Los que
iban después eran un conjunto de alrededor de ciento cincuenta formado por Ren
Chodai. Muchos de ellos no hicieron ningún esfuerzo por ocultar su desprecio
por Kiwa y los goushi.
El resto
tenía la protección de sus guardias y se habían equipado en consecuencia. No se
aliaron con ninguno de los bandos y viajaban en la caravana a la que mejor se
ajustaban.
Una forma
aproximada de liderazgo se había formado entre la veintena de koushu, en
los grupos dirigidos por Kiwa y Chodai, y en las bandas más pequeñas, no
partidarias de ninguno de los dos bandos. Kiwa y el séquito de Chodai también
incluían parásitos que se unieron a este o aquel grupo sobre una base puramente
práctica, como resultado, las peleas y los murmullos no tenían fin.
Los koushu
eran apenas un modelo de organización, pero entendían qué hacer y qué no hacer.
Cuando algo sucedía, unían sus fuerzas sin necesidad de que hubiera nadie
gritando órdenes. En silencio se reunían para despejar árboles caídos fuera del
camino, luego se separaban y continuaban adelante sin más preámbulos. Colocaron
la disposición de sus campamentos de forma parecida. En esos momentos, Kiwa
ordenaba a toda prisa a su pueblo a reunirse alrededor de los koushu,
donde se detenían, él plantaba cerca sus tiendas.
Al mismo
tiempo, Chodai fingía que ni siquiera estaban allí o incluso llegaron a buscar
otros caminos. Levantaban sus campamentos tan lejos como les era razonablemente
posible.
—Es extraño
—murmuró Shushou.
Estaban
limpiando las hojas secas y la hierba de un hueco en la pila de árboles
descompuestos a orillas del lago. Inclinándose para asegurar un árbol con un
trozo largo de cuerda, Rikou se detuvo y preguntó:
—¿El qué?
—El señor
Shitsu y el señor Ren. Especialmente el señor Shitsu. Es un bicho raro.
—¿Cómo es
eso? —Rikou empujó a un lado un tronco podrido, clavó una estaca en el suelo
limpio y fijó el otro extremo de la cuerda en ella.
—Mira dónde
plantó su tienda, junto a estos árboles caídos como nosotros. Imita todo lo que
hacemos.
—Probablemente
piensa que es la forma de actuar más segura.
—Sí, lo
entiendo. Pero el señor Shitsu tiene un séquito de al menos cuarenta personas,
con un grupo tan grande, el que nos imite no tiene sentido.
Shushou
veía el campamento de Kiwa bastante animado. Comprendió por qué Gankyuu había
establecido allí el suyo, siempre había buscado lugares protegidos donde podían
esconderse de la vista. Excepto que el escondite era inútil si Kiwa y sus
seguidores se instalaban alrededor.
—Eso es
verdad.
—¿Por qué
no simplemente le pregunta a Gankyuu o a uno de los goushi su opinión?
Algo así como: ¿cuál sería el mejor lugar para un grupo grande como el
nuestro? Mientras tanto, el señor Shitsu sigue imitando lo que nos ve
hacer, no pregunta qué sería lo mejor para él.
—¿Si fueras
tú, les preguntarías?
—Claro. Las
personas que tiene experiencia en hacer las cosas están obligadas a tener las
mejores respuestas. Los koushu se mueven en pequeños grupos, pero eso no
quiere decir que no sepan nada acerca de la organización de los grandes.
De hecho,
Shushou reflexionó mientras observaba al atardecer caer sobre el lago, Gankyuu
les dijo que el agua cristalina era venenosa. Un bocado no causaría la muerte
inmediata, pero animales y humanos no debían beber de ella. Si Gankyuu no se lo
hubiera dicho, probablemente ella lo hubiera hecho, al igual que Kiwa y su
gente si no hubieran estado escuchando.
—El señor
Ren es demasiado extraño. Los vi en la orilla debatiendo si debían beber o no
el agua.
Rikou
enrolló el exceso de cuerda y se rio entre dientes.
—No me
sorprende.
—Parece que
siempre están discutiendo cosas, como si estuvieran haciendo lo contrario a
nosotros por inercia. Puedo entender que estén enfadados con los goushi,
pero ellos conocen el Mar Amarillo mucho mejor que él. No veo la razón para ser
tan obstinado.
—Para lo
que sirve, yo tampoco.
—Uno es tan
cabezota como el otro. ¿O es que es así como se comportan todos los adultos?
—Probablemente.
Rikou
sujetó la bobina de cuerda para los paquetes de viaje, estos siempre debían
estar listos para ser colocados a los lomos de los kijuu en cualquier
momento. Otra de esas cosas en las que Gankyuu nunca dejaba de insistir…
—Creo que
es un error, por parte de Gankyuu y los otros el no decirle a la gente lo que
saben. El uso de la información como si fuera un gran secreto es egoísta e
interesado. Estoy totalmente en contra de ello.
Rikou se
puso de pie y sin responder a esa declaración, preguntó:
—¿A dónde
ha ido Gankyuu?
—Fue a
hablar con uno de los goushi.
—¿Por qué?
—Gankyuu es
un cazador, eso lo lleva lejos de las rutas utilizadas en el Shouzan. Es
probable que no esté familiarizado con la carretera, así que está preguntando.
Ellos son los que dijeron que no debemos beber el agua del lago.
Rikou
sonrió.
—Así que
eso es…
Shushou
parpadeó.
—¿El qué?
—Si le
preguntas, te lo dirá. Lo mismo para el goushi. He visto hombres que se
acercan a un goushi en nombre de un general provincial de una parte u
otra. El mismo tipo de preguntas. El señor Shitsu no pregunta y tampoco lo hace
el señor Ren.
—Sí, a eso
es a todo lo que se reduce.
—No creo
que a Gankyuu le guste guardar secretos. Es más que no le gusta decirle a la
gente cosas que claramente no quieren saber.
—¿De modo
que no le dirá nada hasta que se lo ruegan? ¿No es darse aires?
—No creo.
—Me lo
pregunto.
Kinhaku se puso en cuclillas
frente a Gankyuu y trazó un mapa en la tierra.
—Después de
tres días más, vamos a descender por el bosque y llegaremos finalmente al punto
más bajo.
Kinhaku era
un hombre robusto que montaba un rokushaku y tenía una larga experiencia
como guía. Debido a su naturaleza robusta, había sido nombrado el líder nominal
de la docena de goushi.
—¿Entonces
será plano?
—Es zona
pantanosa. Debido al suelo fangoso, hay que permanecer en el kijuu.
Cruzar el pantano llevará un día. Volar tanto como sea posible, rozando la
superficie. Los pantanos son el hogar de algunas sanguijuelas virulentas.
—¿Son
venenosas?
—No, pero
se alimentan de la sangre humana.
—¿Cómo es
la visibilidad?
—Pobre. El
lugar está lleno de maleza, troncos podridos y hierba alta.
Gankyuu
asintió.
—¿Avanzar
durante el día no será un problema?
—No creo.
Solo el ir recto será lo problemático, solo hay árboles caídos, no hay buenos
escondites y, para empeorar las cosas, con todos los árboles muertos y piedras
bajo los pies, se puede perder fácilmente el equilibrio. Si un youma
volador se abalanzara en ese momento de la nada, no habría ninguna posibilidad.
—¿Agua?
—No es
buena. Después de esto, no podemos depender de pozos y fuentes de agua potable.
Vamos a tener que utilizar piedras manou -Piedras de Cántaro-.
Las piedras
de cántaro eran originarias del Mar Amarillo, habían sido popularizadas por los
koushu. Colocadas en un frasco o en una jarra, estas piedras purifican
el agua contaminada.
—Así que la
parte más difícil es atravesar el pantano. ¿El mejor momento para hacerlo sería
de noche?
—No
necesariamente. En términos de riesgo, da lo mismo hacerlo de día que de noche.
La gran pregunta es cómo reaccionarán nuestros acompañantes, seguramente dirán
que viajar de noches es peligroso. Si se quejan tendrá que ser durante el día.
—Me lo
imaginaba.
—Tienes kijuu
rápidos, podrías llegar al pantano en un momento.
—¿Y qué
pasa contigo?
—Tenemos
tres personas a pie y el señor en un caballo —la boca de Kinhaku se torció en
una ligera mueca—. Me encantaría que ellos aparecieran esta noche…
—Eso
espero.
Gankyuu
estaba afirmando en voz baja cuando Shushou lo llamó.
—Gankyuu,
la cena está lista.
Gankyuu y
Kinhaku se rebulleron y miraron por encima de sus hombros a la chica que los
estaba observando desde arriba.
—Ya voy —dijo
Gankyuu, poniéndose de pie.
En
cuclillas sobre sus piernas, Kinhaku rio.
—Esa joven
de los tuyos se mantiene bien.
—Sí, bueno.
—La primera
vez que la vi realmente me extrañé, pero es muy persistente, debe de ser su
punto fuerte.
—O al menos
debería serlo… Piensa que es tan terca como decidida.
—¿Estás
diciendo que ella es un problema?
Gankyuu
giró la vista hacia Shushou, lo esperaba en la parte superior de la pendiente.
—Esa niña
es lista como un zorro. Y eso la convierte en un gran dolor en el culo.

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