CAPÍTULO
9
Como había prometido, dos semanas después, Riyou, la señora de la gruta
Suibi, regresó a su feudo montañoso.
Cuando llegó al Monte Ha, estaba elevada sobre el
pico Suibi. En el mundo de abajo, al pie del pico Suibi podía ver la mescolanza
de pequeños tejados azules. Si tomaba el túnel de la Gruta Suibi a través del
corazón de la cumbre, surgiría al mundo de abajo. Las empalizadas adjuntaban
los edificios en filas ordenadas, junto a más techos azules de pie delante de
la puerta. Era un santuario dedicado a la Asistente que vivía en el pico Suibi.
Dando vueltas en Setsuko, mirando hacia el cuadro
que tenía abajo, una sonrisa torcida apareció en los labios de Riyou. Todo lo
que estuvo haciendo ahí se acumulaba en los años, nada más. Y, sin embargo,
esas personas del mundo de abajo estaban muy agradecidas por su presencia.
Sus fieles sin duda creían que, si algo malo les
sucedía, Riyou iría en su rescate. En tiempos pasados, ha habido Asistentes
famosos que echaban una mano a los necesitados. Sin embargo, era muy ignorante
de ellos esperar que todos los Asistentes hicieran eso de manera similar.
—Vamos a casa.
Setsuko se estableció en la entrada de la gruta.
Cinco sirvientes se apresuraron a saludarle. Riyou desmontó.
—¿Algún cambio en mi ausencia?
Bien sería si lo hubiera. En un lugar en su
corazón, ella optó por ignorar. Riyou sabía que una vida larga era cosa que
cansaba. Añadir trescientos años más junto con la soledad que viene al ser
abandonados por el mundo. No había un solo mortal que recordara a una mujer
llamada Riyou.
Uno de los criados se inclinó:
—No ha habido cambios.
—Así es.
Recorrió la entrada de la gruta. Por supuesto, ella
recordó todo lo que había pedido antes de irse. La gruta había sido arreglada
considerablemente. Las vigas y las columnas diferentes lucían una capa de
pintura de color rojo, las paredes recién pintadas estaban blancas.
—Así que parece que nadie echó a correr y jugar con
pereza.
Riyou se echó a reír. Dejando al tigre rojo al
cuidado del caballerizo, ella dio la vuelta a la casa principal. Cuando llegó a
su habitación, tres chicas ya estaban esperándola, cabeza gacha sin duda, dado
su estatus de sirvientes.
—Bienvenida de nuevo.
Ella asintió con la cabeza bruscamente y siguió de
pie ahí. Las tres corrieron hacia ella y comenzaron a desvestirla. La
habitación estaba perfectamente en orden. Los pilares y las paredes habían sido
pintadas. Todo esto no hubiera sido posible en apenas un par de semanas.
Pintaron quizá solamente los lugares que ella notaría.
—Honma.
Sorprendida, Suzu levantó la cabeza. El temor de la
niña era palpable desde el momento en que entró en la habitación hasta que la
dejó. Sabiendo esto, Riyou miró a la niña arrodillada arreglando su ropa. Ella
le dijo con puro pesar:
—Fui a ver a la nueva reina de Kei. Yo diría que
tiene tu edad, una reina.
Una reina, Suzu se dijo en voz baja y
temblorosa.
—Como he dicho, acerca de su edad, no está en la
misma sociedad. No es muy ostentosa. Una joven bastante seria.
Suzu asintió con la cabeza. Riyou reprimió una
sonrisa mientras le ponían sus ropas.
—Me encontré con ella en Kaisen, en la gruta del
Monte Ga. Fue justo después de la coronación y fui a presentar mis respetos. La
señora de la gruta Kaisen solo pasaba a ser la madre de la reina de Kei de muchas
generaciones, muchas atrás. La reina es una mujer de modales y buena educación,
en otras palabras, no te gustará en absoluto.
Riyou se sentó cómodamente envuelta en ropas. Al
ver que la atención de Riyou se centraba solo en Suzu, las dos sirvientas dieron
otra reverencia y se marcharon sin decir palabra.
—Al parece, ella nació en Wa.
La cabeza de Suzu se disparó, sus ojos parecían
llenar toda su cara.
—Eso es correcto. De donde vienes, ese lugar al
oriente del Kyokai. Irónico, ¿no? Dos niñas nacidas del mismo Wa. Una se
convierte en una sirvienta humilde y la otra, en la reina del reino oriental de
Kei. Un frugal cómodo, para estar seguro, pero si embargo, de la realeza. Su
ropa y hasta sus horquillas son de la más alta calidad —Riyou sonrió—. Si
resultara al revés, sería una tontería, ni una sola joya se hubiera caído para
cuando ella regrese a su palacio, en las montañas de piedras preciosas, ¿no?
Suzu de nuevo asintió con la cabeza. Ella no
fruncía el ceño ni hacía nada por responder cuando Riyou la ridiculizaba. Solo
se degradaba a fin de provocar más a Riyou. Las bromas de Riyou a la niña
parecían las de un depredador jugando con su presa.
—Oh, he oído todo tipo de cosas. La reina de Kei
vagó por este mundo. En un primero momento, ella estaba perdida completamente.
Sin embargo, sin saber ni una cosa, se puso en viaje y, finalmente, solicitó la
ayuda del rey de En.
Riyou empujó el cuello de Suzu con la punta de su
pie cruzado.
—Bueno, en realidad, no iba a ser un mundo
diferente entre tú y nadie más. Caída en un grupo de actores itinerantes, sin
siquiera el talento necesario para subirse a un escenario, relegada a una vida
de servidumbre. Un don nadie que suplicó y rogó por ser mi dama. —Ella le dio a
la niña otro golpe con los dedos, moviendo la cabeza inclinada de Suzu,
temblando con alguna que otra lágrima—. Ahora, ahora, ¿qué es esto? ¿Imaginando
a la reina de Kei como una especia de alma gemela? Qué impertinente. Estaría
furiosa si supiera la compasión de gente como tú. Sería como una bofetada en la
cara.
Suzu no pudo contener sus sollozos ahogados y Riyou
enarcó las cejas. Al haber forzado a su víctima a ceder, su interés se
desvaneció.
—Ya puedes dejarlo —dijo con desdén—. No quiero
mirarte a esa cara miserable. ¡Fuera de mi vista!
Suzu corrió hacia el jardín, al pino viejo torcido en el corazón del
jardín donde nadie pudiera verla. Ella se aferró al tronco del árbol y lloró.
Wa, el país que deseaba.
—¿Qué te pasó, Mokurin? ¿La ama te dijo algo?
El anciano se apresuró a ella. Suzu solo pudo sacudir
la cabeza. Era solo Riyou en su estado normal. Ella vivía para atormentar así a
Suzu. ¿Acaso encontraba a Suzu tan detestable? No podía imaginar qué tenía ella
para que la odiara tanto.
—No sé lo que te dijo, pero no hay que tomarlo en
serio. Servir a la señora requiere de mucha paciencia.
—Ya lo sé.
Aun sabiendo eso, no era que el ser ridiculizada no
le dolía.
—Entonces, ¿por qué…?
Suzu se desplomó en el suelo llorando. Detrás de
ella, el anciano suspiró.
—La reina de Kei —dijo Suzu entre sollozos. La
reina de Kei era de Wa. Si lo era, entonces, ¿de dónde? ¿Qué había sido de su
país de origen? —Um… —dijo ella,
levantando la cara llena de lágrimas.
Cuando el hombre nervioso se dio la vuelta, ella
dijo:
—La reina de Kei, ¿dónde vive?
—Ella vive en el reino de Kei, por supuesto. En el
Palacio Real.
—Oh.
Una chica había llegado de Wa al igual que ella. Al
igual que ella, probablemente había sido arrastrada hacia las costas de Kei. Y
se convirtió en reina. En ese mundo, con sus respectivas estaciones de vida,
sus caminos nunca se cruzaron.
Quiero conocerla. Tal vez, incluso, saber
qué clase de persona es.
Otra mujer como ella debía de tener alguna simpatía
con su situación. Ella entendía lo que era estar separada de su tierra natal,
la angustia de estar en esa tierra extraña, el dolor de no entender nada, el
tormento de su situación.
—¿Crees que la reina de Kei llegaría a Sai alguna
vez?
El viejo sacudió la cabeza.
—No veo por qué lo haría. Un rey que venga a
visitar otro reino casi nunca sucede.
—Ya veo.
Quiero conocerla, se susurró de nuevo Suzu
dentro de su corazón. ¿Cómo podía hacer que eso suceda? Ir a Kei y buscarla
ahí, ¿cuáles serían las posibilidades? ¿Cómo iba a llegar a Kei? Si ella le
preguntaba a Riyou, la mujer solo se reiría de ella. Si ella le preguntara por
el tiempo necesario para viajar hasta ahí, sin dar una razón por la pregunta,
era muy poco probable que Riyou la dejara ir alguna vez. Basta con que imagine
el abuso de Riyou y el ridículo la hacía temblar a Suzu.
Quiero verla, pero no hay manera de ir a verla.
¿Qué clase de mujer será? Si era lo suficientemente
buena para sentarse en el trono, debía de ser una persona de una gran bondad,
no una bruja cruel como Riyou. Hay tantas cosas que quería hacer. Más que eso,
tantas cosas que quería implorarle.
Vamos. Suzu miró hacia el cielo oriental. Por
favor, ven, ven a Sai. Ven a Sai y rescátame.

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