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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 25

 

CAPÍTULO 25

 

 

 

Incluso cuando Kiwa se detuvo al mediodía, levantó una pequeña tienda de campaña y extendió de parte a parte una lona en el suelo. Hicieron masa de harina de trigo, la pusieron sobre la sartén que estaba sobre el fuego haciendo bizcocho y lo sirvieron con sopa, té y frutas.

Shushou no podría soportar la comida. Este no era el tipo de comida que la gente que viajaba en el Mar Amarillo debería estar comiendo. Al caer la noche, Kiwa pensó que había que encender un fuego para cocinar el arroz.

 —Tal vez no deberíamos hacer fuego —dijo Shushou, dejando lo que estaba haciendo.

Pero Kiwa solamente respondió con una expresión de sorpresa.

—Sin una hoguera no podremos comer nada.

—¿No dicen los goushi que no hay que encender ningún fuego después de haber cruzado esos árboles caídos?

—Hemos viajado mucho más allá de ese punto.

Ahora Shushou era la desconcertada. Había un youma por este camino, lo suficientemente peligroso para que los goushi fueran, literalmente, lo más lejos posible para evitarlo. Es por eso por lo que Kinhaku decía que había que ser discretos, no hacer hogueras y no matar ningún tipo de ganado. Cualquier youma de las proximidades detectaría la presencia humana, vería los fuegos y sentiría el olor de la sangre.

Y más aún, ya que podrían haber pasado a un tiro de piedra de la criatura.

—Ellos no quieren decir que solo las hogueras allí sean peligrosas. Son un riesgo en todas partes.

—¿Las hogueras son un riesgo?

—Es por eso por lo que los goushi solo hacen fuegos pequeños y los apagan lo más rápido posible.

—Y nosotros también lo haremos, tan pronto como sea posible.

—Pero en un lugar como este…

Kiwa había detenido el carro debajo de un árbol junto a la carretera. La tienda de campaña que cubría el carro estaba completamente expuesta a la amplia extensión alrededor de ellos. Nada arrojaba sombra a la luz del fuego, como los goushi, que habían cercado el fuego con una pantalla de ramas, pero claramente no habían entendido por qué.

El cuidado con el que Gankyuu lo había hecho así era obvio y no necesitaba explicación. La copa de los árboles enmascaraba la presencia de hogueras, humanos y kijuu, sobre todo a los ojos de youma voladores. Cuando el todo que ocultaba era alto, las ramas podían usarse para formar un saliente a modo de cobertizo.

Del mismo modo, la pantalla alrededor de la fogata ocultaba las llamas tanto como fuera posible. No importa cuántas ramas rodearan el fuego, no tendría ningún efecto si se levantaba a descubierto.

—Señor Shitsu, las ramas que rodean la hoguera…

—Oh, eso —interrumpió Kiwa—. Lo has visto antes, ¿no es así, Shushou? Ese cazador de cadáveres hacía lo mismo. Una barrera contra el viento, me imagino. O tal vez un hechizo de protección. Esos cazadores de cadáveres hacen cosas extrañas. Me pregunto si en realidad valen la pena para algo.

Shushou no podía creer lo que oía. Se había arrastrado tras los goushi durante semanas, imitando servilmente sus acciones sin comprender por qué lo hacían o lo que estaban tratando de lograr. Era como si la seguridad se pudiera encontrar en el mero ritual de copiar a la gente que sabía más que él.

—Señor Shitsu, por favor, apaga ese fuego.

—¿Shushou?

—Los koushu no hacen hogueras cuando es peligroso que haya luz. Donde hay fogatas, los youma saben que hay personas. Una hoguera es como una diana para ellos.

Los ojos de Kiwa se abrieron y su boca boqueó como un pez, luego gritó:

—¡Apaguen el fuego!

Sus asistentes lo miraron con caras neutras, él alzó la voz y les ordenó apagar las fogatas. A medida que las llamas se apagaban, murmullos incómodos llenaron el campamento oscuro. Un número de personas se acercó a Kiwa. No estaban en su séquito, pero habían decidido seguirlo al Shouzan.

—Señor Shitsu, ¿es prudente mantener el campamento en esta oscuridad?

—No hemos terminado de cocinar.

—Entiendo sus reparos, pero por favor, aguanten así de momento. Los youma son conocidos por atacar las hogueras.

Tranquilizada por la explicación de Kiwa, Shushou señaló al bosque.

—Debajo de un árbol grande tendría que estar bien. Uno que tuviera follaje espeso y ramas bajas.

—Debe ser una broma —dijo Kiwa, temblando como si hubiera tenido el susto de su vida—. Los youma se sienten atraídos al fuego como polillas a una llama, ¿verdad?

—Sí. Es por eso por lo que se construye un pequeño fuego debajo de un árbol y lo disponen para que no pueda ser visto.

—¿Piensas que unas ramas van a bloquear toda la luz procedente de un fuego?

—Pero…

—Se puede ver la luz a través de las ramas de un árbol, ¿verdad? ¿Los youma tienen la visión nocturna aguda? No, no, ¡las hogueras están completamente descartadas!

—No ser capaz de ver la zona de su alrededor no es menos peligroso. En una noche sin luna como esta noche, se puede mantener un fuego a una distancia segura desde donde se está durmiendo, ya que está bien oculta y arde bajo.

—Si puedes ver a tu alrededor, entonces, ¿no podría cualquiera verlo?

—Eso es cierto, pero…

—¿No sería como invitar a un ataque youma justo ante sus narices?

—Pero es un fuego a una distancia segura de donde se está durmiendo…

—No. Ese es un riesgo que simplemente no puedo tolerar.

Shushou hizo todo lo posible para explicarse, pero ahora Kiwa tenía la idea de que los youma iban a los fuegos clavada en la cabeza y no hubo forma de hacerle cambiar de opinión. Tenía los oídos para oír y no para escuchar nada.

Increíble, Shushou pensó, disgustada, para sí misma. Igual que hablar con un muñón. Se acercó a uno de los asistentes de Kiwa y le pidió prestada una cabra.

—No la voy a robar ni nada. Lo necesito en lugar de una cama.

Corrió a un árbol de aspecto correcto, se metió debajo de las ramas y ató a la cabra a un arbusto.

—Señorita…

Cuando se volvió a ver quién la llamaba, Shushou se encontró con varias de las personas que acompañaban a Kiwa al Shouzan allí de pie.

—Viajabas con ese cazador de cadáveres, seguro que has aprendido la manera más segura de preparar el lecho para pasar la noche, ¿verdad?

—No estoy segura de lo que he aprendido.

—Has estado más cerca de él que el resto de nosotros, al menos comparte con nosotros lo que ha observado.

—Bueno, dormir debajo de un árbol, cuanto más frondoso, mejor. Ocultarse a uno mismo con arbustos como estos, o con rocas o árboles caídos. Incluso en un agujero en la tierra cuando no queda más remedio.

—Por supuesto.

—Las tiendas blancas son fáciles de detectar. En la mayoría de los casos, se debe prescindir de ellas. Si las ramas son altas y largas, utilizar una cuerda para doblarlas hacia abajo a tu alrededor. O bien cortar unas ramas y cubrirse con ella como una manta.

—Eso tiene sentido.

—Mantenerse cerca de los árboles que emiten un aroma fuerte y mantener un fuego encendido no es una mala idea.

—Pero un fuego…

—No estoy hablando de una hoguera crepitantes. Hay que construir un hogar y encender el fuego a una buena distancia, pero todavía a la vista. Gankyuu reduce ramas de pino y las coloca sobre el fuego, aunque no sé cómo hace para que arda lentamente sin que se apague.

—Así que una hoguera es mejor.

—Los incendios son siempre peligrosos. Pero en una noche como esta, no hacerlo sería peor. No se puede ver a ningún youma que se acerque. Cuanto más oscuro está, el fuego debe estar más alejado. Eso da un margen de seguridad sin dejar de ser visible. Los youma tienen una buena visión nocturna por lo que hacer el tipo de luz correcta hace que sea más difícil para ellos ver los detalles. Duerman con los caballos y los kijuu, los animales tienen sentidos más agudos que los humanos. Reaccionan en primer lugar si un youma se acerca. Esa será la alarma que los despierte.

—Sí, es de imaginar —acordó su público.

Shushou sintió una repentina sensación de malestar. Ellos estaban escuchando cada palabra. Gankyuu dijo que no lo harían, pero eso no era cierto. La mayoría de la gente realmente valoraba lo que sabían los koushu. Pero ¿debía de ser ella la que compartiera ese conocimiento?

Ellos ansiosamente la dejaron hablar, sin embargo, conseguir la atención que quería la hizo sentir mal. Shushou no había crecido en el Mar Amarillo como los koushu. Su conocimiento provenía de la observación de Gankyuu, escuchándolo y leyendo entre líneas. Y allí estaba parloteando como una sabelotodo.

—Hum… —se apresuró a decir Shushou modificando su discurso—. No es posible que pueda saber tanto sobre el Mar Amarillo como los koushu. No traten todo lo que digo como si fuera una especie de experta.

—Está bien. Gracias.

—No hay problema —Shushou respondió con una sonrisa de alivio. Cuando los vio irse, rodeó el cuello de la cabra con los brazos—. Bueno, esta noche solo vamos a ser tú y yo.

Excepto que la cabra había tomado evidentemente una aversión hacia ella y trató de sacudirse. Tratando de calmarla, la luz de un fuego apareció creciendo visible a través de los árboles. Pronto le siguieron el sonido de unos pies corriendo y gritos de ira y hombres discutiendo, el siseo del agua sobre las brasas y los pies pisando con fuerza las brasas. Observó atónita cómo la oscuridad llenaba de nuevo el bosque.

—Asombroso. La única persona a la que el señor Shitsu va a escuchar es a él mismo.


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