—Enho —llamó Youko. Ella se
detuvo frente a la puerta del estudio.
—¿Eres tú,
Youko? —recibió una respuesta cálida.
—Disculpe —dijo
y caminó dentro. Enho estaba sentado en su escritorio al lado de la ventana.
Miró por encima del hombro. Ella dijo—: Lo siento, pero ¿podría darme unos
minutos de su tiempo?
—Adelante,
¿qué hay en tu mente?
Era como si
él hubiera anticipado sus preocupaciones. Youko sonrió nerviosamente.
—Estaba
pensando en ir a ver la capital de la provincia de Wa.
—Meikaku.
¿Así que has desarrollado un interés por Wa?
—Sí —respondió
ella con sinceridad—. Rangyoku dijo que preferiría tener un matrimonio a
conveniencia antes de aceptar una granja en Wa. Es mejor casarse y luego
divorciarse. Eso me dio curiosidad sobre lo que hace que la provincia de Wa un
lugar tan podrido. Quiero impedir que pasen esas cosas mientras pueda. Rangyoku
seguramente no lo hace porque quiera. Las condiciones de este reino podrían
conducir a alguien que… —Enho de repente sonrió. Algo desconcertada, Youko
preguntó—: ¿Enho?
—Ya veo. El
matrimonio es una tradición más conservadora en Japón —Enho le indicó que se
sentara, como de costumbre, Youko se sentó a su lado—. No necesitas preocuparte
mucho por eso. El matrimonio no es tan importante en la institución de aquí.
Dime, ¿por qué la gente se casa en Japón?
—Mmm… para
no estar solo con uno mismo.
—¿Y por eso
la gente siente que es necesario casarse? Es cierto que la vida sin casarse es
solitaria. Así que la gente quiere a alguien que esté cerca. Aquí se llama un
matrimonio de derecho común.
—Bueno,
creo que ahí está el problema con los niños.
—En este
mundo hay niños que solo nacen cuando una petición se hace al riboku.
Uno debe estar casado, de lo contrario, el rishi no lo permite. Pero si
simplemente desea vivir con alguien, el matrimonio formal no es necesario.
—Ah.
—Si deseas
tener hijos, tienes que casarte. De lo contrario, un matrimonio no se hace. Con
el fin de la petición de un niño, una pareja debe residir en la misma ciudad y
asistir al mismo rishi. Eso es más o menos en la forma en que funciona.
Así que, si te casas, tienes que mudarte. Uno de los dos tiene que moverse a la
ciudad del otro. Divorciarse en sí no significa que tendrá que volver a la
ciudad de procedencia. Y si su ciudad natal actual es un lugar inhóspito, se
pueden buscar familiares en otra parte.
—¿Así que
puedes mudarte a diferentes reinos de esa manera?
—Sí,
puedes. Pero tienes que transferir el registro del censo para el reino mismo de
su cónyuge. No puedes casarte con un ciudadano de otro reino. Ese es uno de los
Decretos Divinos y debe ser muy observado. Pregúntales a los niños, debes de
estar casado y ser residente de la misma ciudad, y al casarse, ambos deben de
ser ciudadanos del mismo reino. —Enho esbozó una sonrisa de complicidad—.
Cuando se trata del riboku, no hay otro camino que pedirle a Tentei.
Posiblemente tiene que ver con la misma razón de que un rey debe ser el reino
que gobierna. Al parecer, hubo una vez un rey que solemnizó el matrimonio entre
un hombre y una mujer de diferentes reinos. A pesar de que fueron al riboku
y ataron el lazo a la rama, nunca se les dio un hijo. Con el tiempo separaron
la unión. Esa es la razón por la que el mundo lo rechaza.
—Es extraño
—se dijo Youko a sí misma.
Enho sonrió
con indiferencia.
—En Japón,
Dios no es necesario. Pero aquí, Dios está. Tentei es necesario para la lógica
y la razón del mundo que trabaja. ¿Estás familiarizada con el primero de los
Decretos Divinos?
—Que el
mundo temporal se debe descartar con la humanidad, de acuerdo con el camino.
—Correcto.
Da la espalda al camino e, inevitablemente, oprimirás al pueblo. Hay un costo
favorable por apartarse del camino. Se puede dar la espalda a los Decretos
Divinos y establecer sus propias leyes, pero nunca van a funcionar a su
satisfacción. La razón del mundo se teje a través de los Decretos Divinos. Como
dice la leyenda, Tentei mismo dictó los Decretos Divinos para nosotros.
—Tiene
sentido —Qué mundo tan extraño es este, una vez más, Youko pensó para sí
misma.
—En base a
lo que me has dicho, el matrimonio en Japón se ha diseñado para la protección
familiar. Se trata de un sistema estructurado para preservar la integridad de
la línea de sangre de familia. Aquí, sin embargo, no hay nada como un linaje de
familia. Cuando un niño cumple veinte, se separa de la casa. No importa lo rico
que pueda llegar a ser la persona, la riqueza no se les puede transmitir a los
hijos. Cuando una persona cumple los sesenta años, su tierra y casa son
transferidas de vuelta al reino. Si lo desea, puede aferrarse a él durante la
totalidad de su vida, sin embargo, no se lo puede dejar a nadie después de su
muerte. Solo los ahorros acumulados le pueden llegar al cónyuge, pero solo
porque es la riqueza generada por ambos. Y cuando el esposo muere, todo es
transferido de vuelta al reino. A su vez, no importa cuán pobre sea una
persona, se convierte en responsabilidad del reino para darle de comer si no
puede alimentarse por sí mismo.
—Bueno,
entonces, ¿por qué el tener un hijo en primer lugar?
Enho
sonrió.
—Tentei ve
los corazones de los padres y le da niños a cambio. En otras palabras, ser
padres es el camino del cielo de reconocer sus cualidades como seres humanos.
Por la noche, se dice que las almas de los niños escapan de sus cuerpos y
vuelan a las cinco montañas sagradas, donde se dice que Tentei eligió los
padres que tienen en ese momento. Después de la muerte, las personas son juzgadas.
—¿Podría
tal vez ser visto en términos religiosos?
—Es mejor
verlo en términos éticos o morales. La crianza de los niños se da como una
virtud, más cerca del Camino. De hecho, no hay beneficio en tener un hijo. Se
necesita tiempo y dinero.
—Así que es
por eso por lo que un niño sale de su casa a la edad de veinte años.
—Este es el
caso. Y es por eso por lo que los padres se dedican a sus hijos. Despreciar a
un niño es despreciar al cielo. Al servir a sus hijos, están sirviendo al
cielo.
—Ya veo.
—Puede
parecer extraño. Por lo tanto, sería de alguien que habla de la genealogía en
términos de linaje. Lo más parecido a un árbol genealógico es un apellido. Un
matrimonio puede ser registrado en los registros de cualquiera del cónyuge del
censo. Su propio nombre no cambia, pero los registros están unificados bajo el
Registro Unificado. La importancia de esto es que cuando el emperador titular
se encuentra carente de virtud moral y un cambio de dinastía se lleva a cabo,
una persona del mismo apellido no puede aceptar el Mandato Divino[1].
—Oh.
—El nombre
con el que se registró originalmente la anterior reina de Kei, la difunta Yo-ou
fue Jo. Y sus padres no tenían apellido de Jo. En el caso de Kou, el apellido
del rey anterior fue Chou. Por lo tanto, el siguiente rey no llevará el
apellido Chou. El rey de Hou cayó. Su apellido era Son. Puedes estar segura de
que el próximo gobernante de Hou no será Son.
—Ya veo.
Eso significa que mi amigo Rakushun nunca podría convertirse en rey de Kou[2].
—Si su
apellido es Chou, entonces, a lo largo de la historia no conozco ningún caso
que haya ocurrido alguna vez. Esta es la razón inalterable del mundo. No se
puede cambiar el nombre con el que se nació. Incluso si sus padres se
divorcian, no hay cambio. Cuando uno se casa, no cambia. Es por eso por lo que
la gente tiene lo que se llama un nombre de familia inherente. Es la única
función real y el significado del nombre de familia.
—Eso es
completamente diferente a la práctica común en Japón.
—De hecho —se
rio Enho—, en Japón parece que una vez que se casan, están decididos a
aguantarse de una manera u otra. Aquí, la gente se casa y se divorcia muy
regularmente, sin ningún reparo en criar a los hijos de otras personas. De
hecho, volver a contraer matrimonio con hijastros es muy respetado. Quizá
porque tienes lo que uno tiene, debe se ser más bendecido. Para llegar a ser
uno de los mejores padres, debe de tener una cierta calidad de persona.
—Ya veo.
—Al final
del día, también hay personas que no desean niños. Porque no hay necesidad de
casarse, se conforman con un matrimonio correctamente común. Debido a que
casarse se trata de una cantidad desconcertante de papeleo, los que renuncian a
tener hijos aceptan la situación y se conforman con un matrimonio de derecho
común. No es raro que tal acuerdo tenga lugar aun con el mantenimiento de las
familias separadas. Pero si tienes la imprudencia de tener a alguien como
pareja que no vive en su vecindad general, es poco probable que se cumpla,
excepto durante el invierno.
—Cierto.
—Es más
complicado cuando la pareja son funcionarios públicos. Cuando trabajas para el
gobierno, es obvio que tienes que mudarte. No se casarían para obtener un
lugar, por lo que el camino al progreso estaría necesariamente limitado. Para
evitar este tipo de resultado desagradable, muchos evitan el matrimonio.
—¿En serio?
Si eso
fuera verdad, entonces debe de haber una gran cantidad de personas solteras
entre los ministros. Las personas que deciden casarse es poco probable que
elijan a un funcionario como cónyuge.
—Para le
gente de este mundo, así son los límites del matrimonio. Es importante para
aquellos que desean tener hijos, y carente de significado para aquellos que no
lo hacen.
—Ah —dijo
Youko, tomando un respiro. Y ahora, para conseguir una partición en el lugar
correcto, era más importante para Rangyoku que tener un hijo. Esa era la
magnitud del problema—. Es realmente diferente —dijo para sus adentros, y luego
bajó la cabeza—. Pero ¿yo me puedo casar?
Enho le dio
una sonrisa forzada.
—El monarca
no es un ser humano.
—No lo soy…
Supongo.
—Si ya
estuviste casada, técnicamente hablando, una vez que accediste al trono se
haría una anulación de matrimonio y se convertiría en una unión de derecho. En
consecuencia, no se puede tener hijos. Sin embargo, se le puede otorgar el
rango de consorte real a su pareja, como reina o príncipe. Tus hijos, Youko,
son los ciudadanos de Kei. Tú sirves al Cielo por su servicio. Un matrimonio le
sirve al Cielo para la crianza de los niños. No hay ninguna diferencia[3].
—Creo que
no —dijo con la cabeza baja.
Enho
sonrió.
—Ve hacia
donde debas. Está bien y es correcto ver el bienestar de tus hijos.
Youko se
inclinó.
—A partir
de mañana, entonces, voy a pedir tu permiso.
Youko se dio la vuelta en la
cama y miró al techo. Mis hijos son los ciudadanos de Kei. Servir al Cielo
por su servicio.
En Japón,
nunca había pensado mucho en Dios. Ella tenía dificultades para comprender la
existencia de un Dios como Tentei que suponía que significara algo para ella.
—Servir a
Dios —era un concepto con el que no estaba familiarizada. Ella suspiró
profundamente. Oyó desde algún lugar el sonido de una voz firme.
—Su Alteza…
Hay hombres.
—¿Qué?
Pidiéndole
perdón, la presencia de Hankyo se desvaneció y luego apareció en breve.
—Hay por lo
menos cinco hombres fuera del rike.
Youko se
levantó.
—¿Quiénes
son?
—No lo sé.
Ay, ya se fueron.
—Síguelos.
—A sus
órdenes —dijo Hankyo y se escabulló.
Hankyo llegó a la mañana
siguiente.
—Pasaron la
noche en Hokui, dejaron las puertas esta mañana y estaban buscando un carro que
fuera a Takuhou.
Youko
sujetó la correa de su mochila.
—Sin lugar
a duda, debo volver a Takuhou y ver por mí misma qué es lo que está pasando.
—¿Te gustaría hacer un viaje a
Takuhou?
—Takuhou en
la prefectura de Shisui, asumo.
Youko
asintió con la cabeza.
—La capital
de la provincia de Wa, ¿es esa, de nuevo?
—¿Quiere
decir Meikaku?
—Sí. Estoy
pensando en ir a Meikaku e ir a Takuhou en el camino. Me gustaría ver cómo son
las cosas en la provincia de Wa. Puedes ser mi guía.
—Sí, pero… —Keiki
vaciló.
Una vez
más, sus ojos se oscurecieron.
—Me
gustaría que los veas también, Keiki. Yo quiero que veas al Kei que no se ve
desde el palacio.
—Sí.
—Bueno,
entonces, vamos a arreglar todo este papeleo. Lo siento, pero ¿puedes leerlo en
voz alta para mí?

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