—Así que el camino a seguir es
realmente intransitable.
Una ráfaga
de actividad apareció en forma de un buen número de personas, encabezadas por
Shitsu Kiwa, y se precipitaron hacia adelante. El koushu ya había dado
un paso fuera de la carretera y había instalado el campamento un poco retirado
del bosque.
Como de
costumbre, fue Kinhaku quien sacudió la cabeza.
—Ni
siquiera lo intente. Eso es lo que los árboles dicen, el tipo de cosa que no
queremos encontrarnos.
—Pero…
—Entonces,
¿qué se supone que debemos hacer? —dijo Ren Chodai, entrando en la
conversación.
Shushou
estaba un poco sorprendida de ver a Chodai pidiendo la opinión de un koushu
sobre algo.
—La señal
dada por nuestros colegas es clara. Vamos a dejar la carretera y nos
desviaremos a través del bosque.
—¿Cuánto
tiempo llevará eso? ¿Cómo de seguro es?
—Más seguro
que el que va directamente. Manteniendo un ritmo acelerado, deberíamos cruzar
esta parte del bosque en un día. Se va a ir campo a través hasta que volvamos a
la carretera. Espero que también hayan dejado una señal que nos diga dónde
termina el desvío.
—¿Hay
alguna posibilidad que nos perdamos en este páramo?
—No puedo
decir que no la haya. Así que vamos a hacer todos los preparativos necesarios.
—Significa
que este youma es el tipo de adversario que hace que el riesgo valga la
pena.
—En
realidad, no sabemos lo que hay, excepto que es una amenaza suficiente para que
el camino esté bloqueado para mantenernos fuera de su territorio.
—Ya veo.
—Hay una
solicitud adicional que me gustaría hacer.
Chodai
arqueó las cejas.
—¿Cuál?
—Habla a
los que viajan con tu gente para que se pongan a cubierto en el bosque también.
No enciendan ningún fuego esta noche y, sobre todo, no cocinen nada de pescado
o carne. Desde luego, nada de sacrificar aves u ovejas. Si es posible, que
coman arroz rancio y hagan el menor ruido posible. Espáciense lo suficiente
como para que estén fuera del alcance del oído de los demás. Incluso con eso,
puede no ser suficiente.
Chodai no
parecía feliz con estas condiciones, pero asintió.
—No puedo
prometer nada, pero voy a tomarlo en consideración. —Se volvió sobre sus
talones, se dirigió de nuevo a la carretera y bajó la colina.
Al verlo
salir, Shitsu Kiwa suspiró antes de enfrentarse a Kinhaku con una sonrisa
brillante.
—Goushi,
realmente lo ayudaste. ¿Ser discretos y mantener las cosas en silencio esta
noche debería evitar un ataque?
—No hay
ninguna garantía —Kinhaku respondió sin rodeos—. Esos árboles fueron talados,
probablemente este invierno y con prisa. No hay garantía de que el youma
en cuestión no se haya movido en busca de presas o que se encuentre todavía en
las proximidades y nos espere más adelante. Es decir, esta noche usted querrá
colocar guardias y permanecer alerta.
Kiwa
reaccionó con una breve pero ansiosa expresión antes de asentir con gravedad.
—El camino
abierto a través del bosque no permitirá un carro tirado por caballos.
Kinhaku
negó con la cabeza.
—Se podría
transferir todo a carretillas de mano que su gente podría ir empujando y
tirando. Mejor aún, podrían abandonar el carro y el carruaje y repartir los
paquetes entre su séquito y los caballos, entregando lo que no puedan llevar al
resto de la compañía.
—¡¿Có-cómo?!
¡No puedes ir en serio!
—¿De verdad
creías que serías capaz de conducir la carreta todo el camino al Monte Hou? La
marcha pronto se pondrá mucho peor que esto. Incluso si te mantuvieras en la
carretera, pronto estarías quitando el equipaje.
—Pero…
—Querrás
empezar tranquilamente haciendo carteras, mochilas, eslingas y similares. SI no
tienes el material, rompe las carpas y las cubiertas de los carros. Las cosas
más valiosas que vas a llevar son el agua y los alimentos. Y cuando no se pueda
llevar todo eso, el agua es más importante que la comida.
—¿Cuánta
agua?
Kinhaku
murmuró para sí mismo.
—Ojalá lo
supiera. También estamos a ciegas. No puedo decir cuánto tiempo nos llevará el
desvío o cuándo vamos a terminar. Pero si se queda sin agua también podría
empezar a cavar su propia tumba.
—¿Qué pasa
con el envío de exploradores?
—Se crees
que me ayudaría, no dejes que te detenga. Pero no es algo que hacemos.
Kiwa
penosamente se alejó en un aturdido silencio. Kinhaku y los goushi
volvieron con sus patrones, a ellos se unieron Shushou, Gankyuu y Rikou.
—La
situación por delante es como dije que era. No sabemos cómo van a salir las
cosas después de esto. Lo siento, pero tendrá que soportar las dificultades de
nuestro camino.
El
empleador de Kinhaku, un hombre viejo y bondadoso, asintió en silencio, la
evidencia de su confianza inquebrantable en él. Otros expresaron sus reservas
más verbalmente, pero los goushi parecían calmar sus miedos y los
convencieron.
Claro,
pensó Shushou para sí misma. Esa era la diferencia entre Kiwa y ellos, entre el
empleador y el empleado. Un empleador de goushi empezaba con la creencia
de que no podía cruzar el Mar Amarillo por sí mismo. Así que se buscaba a un
hombre en el que pudiera confiar su vida a la ida y a la vuelta. De ello se
desprendía que cada paso del camino que seguiría tendría que confiar en la
palabra del hombre en el que había puesto su vida.
Shushou dijo
en voz baja a Gankyuu:
—No tiene
sentido ponerse en manos de alguien en quien ya no confías, ¿verdad?
—¿Qué?
—La razón
por la que eres tan inmune a las preocupaciones de los demás. Es difícil salir
de tu camino cuando la gente no confía en ti en primer lugar.
Shushou
creía que Kinhaku era esencialmente una buena persona en el fondo. Y aunque
había mucho que no le gustaba de Gankyuu, no lo podía considerar una persona
odiosa. La había llevado tan lejos en el Mar Amarillo y había cuidado de ella
como un padre sobreprotector. Lo que simplemente no podía soportar era la
necesidad de mantener la frialdad indiferente ante todos los demás.
Saboreó una
pequeña sensación de satisfacción, segura de que había dado con la clave de su
personalidad, pero la respuesta de Gankyuu fue cualquier cosa menos cortés.
—¿Qué clase
de tonta eres?
Esta vez,
fue el turno de Shushou de estar allí con la boca abierta por la sorpresa.
—¿Qué
quieres decir con eso? —dijo, echando humo.
Dedicándole
una única expresión de exasperación, Gankyuu se acercó a Kinhaku para discutir
más a fondo los detalles de esto o aquello.
—Y después
de dar con una explicación que le daba el beneficio de la duda —dijo con mala
cara Shushou.
Rikou le
dio un golpecito en el hombro y dijo con esa sonrisa distraída que nunca
abandonaba su rostro.
—Vamos.
Siéntate. Ahora no es el momento de estar molestando. Somos un estorbo en un
lugar como este.
—Pero estoy
en lo cierto, ¿verdad?
Rikou
sonrió.
—Si bien
son loables tus pensamientos acerca de los goushi, la respuesta que
conllevan no tiene sentido aquí.
—¿Por qué
dices eso?
—Eres una
chica inteligente, Shushou. Por alguna razón, tienes una alta opinión de
Gankyuu. Por lo tanto, deseas creer que sea una buena persona en el fondo. ¿Me
equivoco?
Shushou
asintió a regañadientes. Se sentó abatida junto a Seisai y se apoyó en su
abrigo sucio.
—Podría ser
algo así.
—Pero estoy
bastante seguro de lo que se considera una buena persona y lo que
Gankyuu considera una buena persona no son lo mismo en absoluto. Gankyuu
tiene sus propias expectativas y su lógica. Sin embargo, las conclusiones a las
que llegas son por tus experiencias y tú lógica.
—No
entiendo lo que quieres decir.
—Te gustan
los kijuu, ¿verdad?
—Sí.
—Por lo que
te gustaría ser un jinete o un shushi convirtiéndote en uno de los koushu
no tami.
—Siendo
sincera, me gustaría.
—Eso
piensas —Rikou asintió y sonrió—. ¿Pero comprender que lo que significa ser un koushu
es todo esto?
Shushou
alzó la vista hacia Rikou.
—¿A qué te
refieres con “todo esto”?
Detrás de
ella, Gankyuu suspiró.
—Sobre ese
tema, incluso un hombre que compra libremente y negocia con un suguu es
poco probable que tenga una opinión que valga la pena escuchar.
—Eso es
cruel.
—Y
acertado. No me puedo imaginar que un hombre que viste de seda mientras monta
un suguu en el Mar Amarillo sepa mucho más sobre los malditos koushu.
—Yo no digo
que estuvieras equivocado —repuso ella. Shushou vio ironía en la sonrisa de
Rikou y Gankyuu, compuso una expresión hosca y apretó las manos mientras
decía—. ¿Estás diciendo que no hay forma de que yo lo entienda?
Gankyuu
inclinó la cabeza como si fuera la cosa más obvia en todo el mundo.
—Nunca has
sido una refugiada o itinerante, ¿verdad?
—No. Y tendrías
que ser tonto para no saber la respuesta a esa pregunta.
Gankyuu
sonrió perezosamente a la chica.
—Yo también
sé lo brillante que eres.
—Es verdad
—dijo Shushou sin enmascarar su orgullo—. Soy la hija de Banko. No solo era la
primera en mi clase, era la más inteligente de toda la escuela. No soy yo la
que tiene problemas de comprensión. Eres tú.
—Nadie que
diga algo así entendería jamás la vida de los koushu.
—Lo que no
entiendo es por qué tú nunca has intentado ser una persona mejor o más
inteligente que la cola de un perro.
—¿Un qué?
—Apoyado contra el tronco de un árbol, Gankyuu se enderezó por reflejo.
Shushou se
puso de pie y lo observó con frialdad.
—Los sesenta
y cinco ryou que te di son tuyos para siempre. Gracias por todo lo que
has hecho hasta ahora y adiós.


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