Cuando Shushou regresó al
campamento, se acurrucó en el hueco que había en medio del montón de árboles
caídos y tomó una siesta.
Gankyuu la
observó silenciosamente, la vaina en una mano. Rikou se mantuvo de manera
similar en la silla de montar sobre el lomo del suguu. El cielo estaba
amaneciendo cuando Shushou se deslizó en un sueño profundo.
Fue
entonces cuando Gankyuu le preguntó a Rikou:
—¿Te
importa si te hago una pregunta?
—¿Qué?
—¿Piensas
que va a convertirse en la próxima emperatriz?
Rikou
inclinó la cabeza hacia un lado y luego miró hacia el cielo.
—Me lo
pregunto. Para empezar, hay un pequeño detalle para ascender al Monte Hou:
tiene la mayor cantidad de agallas que cualquier niño haya conocido, pero no
importa cómo se mire, ella es muy pequeña para cruzar el Mar Amarillo.
—La forma
en que estuviste hablando con ella antes, sonaba como si esperaras que se
convirtiera en la próxima emperatriz.
Rikou
sonrió.
—Sabes,
Gankyuu, si Shushou llega al Monte Hou, creo que va a ascender al trono.
Los ojos de
Gankyuu se abrieron más.
—¿Y eso?
Rikou rio,
imperturbable como siempre.
—Lo imaginé
desde el momento en que nos encontramos por primera vez.
Gankyuu
suspiró profundamente.
—Qué
confianza tienen tanto Shushou como tú. ¿De dónde viene tanta fe en ustedes
mismos?
—Hmm. Buena
pregunta. —La sonrisa desapareció de su cara—. Llámalos designios de la
providencia.
—Designios
de la providencia. Eh…
—Esa chica
estaba en un aprieto, yo estaba en una posición para ayudarla. Otra persona no
lo haría, pero fue el tipo de capricho que encendió mi imaginación.
—No me
sorprende.
—Shushou
nos reunió. Ese es el tipo de cosas de las que estoy hablando.
—Necesitaba
el dinero.
—Estaban
hecho el uno para el otro: un shushi corto de fondos con un conocimiento
enciclopédico del Mar Amarillo, y Shushou necesitaba de un guardaespaldas.
—Le robaron
el kijuu.
—Pero no su
vida, ni el dinero para contratarte. Es increíble que hiciera todo el camino
hasta el estrecho de Kai en un moukyoku.
Es
posible que tenga razón en eso, pensó Gankyuu. Bromeó en voz alta:
—Ah, así
que evaluaste sus talentos y habilidades y viniste aquí para proteger a la
futura emperatriz. Muy galante el caballero.
—Menos
galantería que suerte. Quisiera advertirte que no pienses en mí en términos tan
caballerosos.
—¿Eh?
—De todos
modos, ¿realmente los invocaste?
Él no los
había invocado, pero tenía sus suposiciones.
—No tengo
ni idea. La conversación fue tal y como le he dicho a Shushou. El resultado fue
el que yo deseaba. Tal vez Kinhaku y los demás hicieron algo.
—¿Quizá
o probablemente?
—No lo
sabría decir.
Las
circunstancias no habían sido tan acuciantes. Aunque Gankyuu había dado la bienvenida
a un ataque youma, no estaba menos sorprendido que los demás al verlos
llegar.
—Ya veo.
Por lo tanto, no era algo de lo que a ninguno de los dos se los pueda
responsabilizar. —Rikou dijo en voz alta lo que Gankyuu no había expresado—. En
ese caso, ¿por qué no se lo explicaste a Shushou? Me atrevo a decir que ella ha
acabado pensando que tú has intervenido.
—Puede
creer lo que quiera.
—¿No te
importa lo que piense de ti? Una actitud ampliamente compartida entre los koushu,
¿no te parece?
Gankyuu respondió
con una leve sonrisa.
—Vas a
estar llamándonos otra vez kyoushishi y koubi en poco tiempo, así
que piensa como quieras. No va a cambiar nada a largo plazo.
—Supongo
que no.
Rikou no
dijo nada más. Gankyuu se puso de pie. Con un ademán dijo:
—Es toda
tuya por ahora. —Luego pasó por encima de las maderas podridas que se
deslizaban bajo él en su camino a través del laberinto de árboles caídos, dio
una vuelta alrededor de una pequeña montaña de madera muerta cubierta de musgo
y llegó a la reunión con Kinhaku y los otros goushi.
—Ya, ahí
está el shushi que se hizo a sí mismo. Un salvador. —Uno de los goushi
levantó el brazo en una especie de saludo—. Te juro que ese fue un gran
momento.
—¿Cuántos
han muerto? —preguntó Gankyuu.
Kinhaku
dijo:
—Una persona
y dos caballos. En toda la confusión, se ensañaron con los animales de carga.
Tuvimos suerte.
—Así que
entiendo que no los convocaste, imagino.
Kinhaku
levantó los ojos y dijo graciosamente:
—Lo que no
significa que tampoco lo hiciera.
Gankyuu se
sentó. Uno de los goushi le entregó una caña de bambú que aceptó
agradecido, tomó un sorbo y se la pasó.
—Hemos
estado hablando sobre cómo esto era demasiado sangriento como para llamarlo
coincidencia. Por lo que deben haber sido convocados. No es que en el estado
actual de las cosas sean necesarias ese tipo de medidas, pero seguro que ayuda,
sin duda.
—Tienes
razón.
—Sí
—murmuró un goushi—. Tenemos uno con nosotros. —Cuando Gankyuu lo
miró, añadió con una sonrisa irónica—. Esta caravana tiene un fénix.
Cuando
Gankyuu volvió a mirar a Kinhaku, asintió también.
—Treinta
víctimas hasta el momento. Eso es bajo, y las víctimas se están espaciando
bastante bien. El río que cruzamos hace un tiempo por lo general es alto y
rápido, con peces youma nadando en la corriente. Un paso difícil.
Pudiendo perder a diez personas en el proceso fácilmente. En esta ocasión, el
agua estaba prácticamente estancada.
—Eso es
verdad —otro intervino—. Este bosque en descomposición es el peor lugar cuando
llegan las lluvias. El suelo se convierte en arenas movedizas y los árboles
caen como si hubiera un ejército de leñadores trabajando, pero apenas hemos
sufrido una llovizna desde que salimos de la fortaleza.
Kinhaku
asintió de nuevo.
—Estamos
montando en las alas del ave fénix, sino nada de esto estaría sucediendo. —El
viaje que precedía a la elección del siguiente emperador solía tener muchas
menos dificultades de lo normal. “Montar en las alas del Fénix[1]”, lo
llamaban los goushi. La persona en el Shouzan destinada a convertirse en
el siguiente emperador era llamada un Fénix o un Polluelo de Fénix.
—Entonces,
¿quién es ese polluelo? —preguntó Gankyuu.
Kinhaku
sonrió.
—La niña
que contrató a un shushi para ser su goushi, por supuesto. ¿Quién
más en esta caravana tiene las papeletas para ser el próximo gobernante?
—Yo no he
tenido opción para tomar ninguna decisión.
—Llámalo
destino, entonces. Ser capaz de trabajar por lograr tu destino es lo que hace o
quiebra a cualquier líder. Las apariencias y las personalidades no significan
nada en el Mar Amarillo. La fuerza de voluntad y la buena suerte une a totales
extraños, une a un reino entero, eso es lo que se necesita para estar a cargo
de todo.
—Bueno,
mantengan esas bobadas para ustedes mismos, si no les importa. Ella ya es lo
bastante cabezota sin que nadie le dé razones para ser aún más insoportable.
—Llámala la
emperatriz provisional, pues. Seguro que ella es como sería uno de verdad.
—Emperador
o emperatriz, nadie ha sido elegido todavía. —Gankyuu miró hacia su mano.
Sentía los músculos profundamente adormecidos, había olvidado lavarse las manos
después de cortar la carne del youma anterior.
Kinhaku
sonrió.
—Bueno, es
bueno de cualquier manera, con tal de devolver a nuestros empleadores con los
brazos y las piernas intactas. De lo contrario un cincuenta por ciento de
nuestro salario se perdería.
—Si tú
mueres —alguien bromeó—, solo déjanos la mitad del salario y que venga con
nosotros.
Hubo un
estallido de risas.
—Está bien,
para nosotros, personalmente, no nos importa mucho quién es el Fénix,
pero cuando se trata de montar en las alas del Fénix y el apacible viaje
que todos deseamos, no nos puede dejar indiferentes.
Kinhaku
echó un vistazo a los rostros de los hombres a su alrededor.
—Sin duda,
la niña no es necesariamente la única. Mantengan una estrecha vigilancia sobre
los que van al Shouzan. No dejen que caiga el Fénix, perder el polluelo
y toda esta buena fortuna nos pasará factura en un instante.

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