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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 19

 

CAPÍTULO 19

 

 

 

Cuando Shushou regresó al campamento, se acurrucó en el hueco que había en medio del montón de árboles caídos y tomó una siesta.

Gankyuu la observó silenciosamente, la vaina en una mano. Rikou se mantuvo de manera similar en la silla de montar sobre el lomo del suguu. El cielo estaba amaneciendo cuando Shushou se deslizó en un sueño profundo.

Fue entonces cuando Gankyuu le preguntó a Rikou:

—¿Te importa si te hago una pregunta?

—¿Qué?

—¿Piensas que va a convertirse en la próxima emperatriz?

Rikou inclinó la cabeza hacia un lado y luego miró hacia el cielo.

—Me lo pregunto. Para empezar, hay un pequeño detalle para ascender al Monte Hou: tiene la mayor cantidad de agallas que cualquier niño haya conocido, pero no importa cómo se mire, ella es muy pequeña para cruzar el Mar Amarillo.

—La forma en que estuviste hablando con ella antes, sonaba como si esperaras que se convirtiera en la próxima emperatriz.

Rikou sonrió.

—Sabes, Gankyuu, si Shushou llega al Monte Hou, creo que va a ascender al trono.

Los ojos de Gankyuu se abrieron más.

—¿Y eso?

Rikou rio, imperturbable como siempre.

—Lo imaginé desde el momento en que nos encontramos por primera vez.

Gankyuu suspiró profundamente.

—Qué confianza tienen tanto Shushou como tú. ¿De dónde viene tanta fe en ustedes mismos?

—Hmm. Buena pregunta. —La sonrisa desapareció de su cara—. Llámalos designios de la providencia.

—Designios de la providencia. Eh…

—Esa chica estaba en un aprieto, yo estaba en una posición para ayudarla. Otra persona no lo haría, pero fue el tipo de capricho que encendió mi imaginación.

—No me sorprende.

—Shushou nos reunió. Ese es el tipo de cosas de las que estoy hablando.

—Necesitaba el dinero.

—Estaban hecho el uno para el otro: un shushi corto de fondos con un conocimiento enciclopédico del Mar Amarillo, y Shushou necesitaba de un guardaespaldas.

—Le robaron el kijuu.

—Pero no su vida, ni el dinero para contratarte. Es increíble que hiciera todo el camino hasta el estrecho de Kai en un moukyoku.

Es posible que tenga razón en eso, pensó Gankyuu. Bromeó en voz alta:

—Ah, así que evaluaste sus talentos y habilidades y viniste aquí para proteger a la futura emperatriz. Muy galante el caballero.

—Menos galantería que suerte. Quisiera advertirte que no pienses en mí en términos tan caballerosos.

—¿Eh?

—De todos modos, ¿realmente los invocaste?

Él no los había invocado, pero tenía sus suposiciones.

—No tengo ni idea. La conversación fue tal y como le he dicho a Shushou. El resultado fue el que yo deseaba. Tal vez Kinhaku y los demás hicieron algo.

—¿Quizá o probablemente?

—No lo sabría decir.

Las circunstancias no habían sido tan acuciantes. Aunque Gankyuu había dado la bienvenida a un ataque youma, no estaba menos sorprendido que los demás al verlos llegar.

—Ya veo. Por lo tanto, no era algo de lo que a ninguno de los dos se los pueda responsabilizar. —Rikou dijo en voz alta lo que Gankyuu no había expresado—. En ese caso, ¿por qué no se lo explicaste a Shushou? Me atrevo a decir que ella ha acabado pensando que tú has intervenido.

—Puede creer lo que quiera.

—¿No te importa lo que piense de ti? Una actitud ampliamente compartida entre los koushu, ¿no te parece?

Gankyuu respondió con una leve sonrisa.

—Vas a estar llamándonos otra vez kyoushishi y koubi en poco tiempo, así que piensa como quieras. No va a cambiar nada a largo plazo.

—Supongo que no.

Rikou no dijo nada más. Gankyuu se puso de pie. Con un ademán dijo:

—Es toda tuya por ahora. —Luego pasó por encima de las maderas podridas que se deslizaban bajo él en su camino a través del laberinto de árboles caídos, dio una vuelta alrededor de una pequeña montaña de madera muerta cubierta de musgo y llegó a la reunión con Kinhaku y los otros goushi.

—Ya, ahí está el shushi que se hizo a sí mismo. Un salvador. —Uno de los goushi levantó el brazo en una especie de saludo—. Te juro que ese fue un gran momento.

—¿Cuántos han muerto? —preguntó Gankyuu.

Kinhaku dijo:

—Una persona y dos caballos. En toda la confusión, se ensañaron con los animales de carga. Tuvimos suerte.

—Así que entiendo que no los convocaste, imagino.

Kinhaku levantó los ojos y dijo graciosamente:

—Lo que no significa que tampoco lo hiciera.

Gankyuu se sentó. Uno de los goushi le entregó una caña de bambú que aceptó agradecido, tomó un sorbo y se la pasó.

—Hemos estado hablando sobre cómo esto era demasiado sangriento como para llamarlo coincidencia. Por lo que deben haber sido convocados. No es que en el estado actual de las cosas sean necesarias ese tipo de medidas, pero seguro que ayuda, sin duda.

—Tienes razón.

—Sí —murmuró un goushi—. Tenemos uno con nosotros. —Cuando Gankyuu lo miró, añadió con una sonrisa irónica—. Esta caravana tiene un fénix.

Cuando Gankyuu volvió a mirar a Kinhaku, asintió también.

—Treinta víctimas hasta el momento. Eso es bajo, y las víctimas se están espaciando bastante bien. El río que cruzamos hace un tiempo por lo general es alto y rápido, con peces youma nadando en la corriente. Un paso difícil. Pudiendo perder a diez personas en el proceso fácilmente. En esta ocasión, el agua estaba prácticamente estancada.

—Eso es verdad —otro intervino—. Este bosque en descomposición es el peor lugar cuando llegan las lluvias. El suelo se convierte en arenas movedizas y los árboles caen como si hubiera un ejército de leñadores trabajando, pero apenas hemos sufrido una llovizna desde que salimos de la fortaleza.

Kinhaku asintió de nuevo.

—Estamos montando en las alas del ave fénix, sino nada de esto estaría sucediendo. —El viaje que precedía a la elección del siguiente emperador solía tener muchas menos dificultades de lo normal. “Montar en las alas del Fénix[1], lo llamaban los goushi. La persona en el Shouzan destinada a convertirse en el siguiente emperador era llamada un Fénix o un Polluelo de Fénix.

—Entonces, ¿quién es ese polluelo? —preguntó Gankyuu.

Kinhaku sonrió.

—La niña que contrató a un shushi para ser su goushi, por supuesto. ¿Quién más en esta caravana tiene las papeletas para ser el próximo gobernante?

—Yo no he tenido opción para tomar ninguna decisión.

—Llámalo destino, entonces. Ser capaz de trabajar por lograr tu destino es lo que hace o quiebra a cualquier líder. Las apariencias y las personalidades no significan nada en el Mar Amarillo. La fuerza de voluntad y la buena suerte une a totales extraños, une a un reino entero, eso es lo que se necesita para estar a cargo de todo.

—Bueno, mantengan esas bobadas para ustedes mismos, si no les importa. Ella ya es lo bastante cabezota sin que nadie le dé razones para ser aún más insoportable.

—Llámala la emperatriz provisional, pues. Seguro que ella es como sería uno de verdad.

—Emperador o emperatriz, nadie ha sido elegido todavía. —Gankyuu miró hacia su mano. Sentía los músculos profundamente adormecidos, había olvidado lavarse las manos después de cortar la carne del youma anterior.

Kinhaku sonrió.

—Bueno, es bueno de cualquier manera, con tal de devolver a nuestros empleadores con los brazos y las piernas intactas. De lo contrario un cincuenta por ciento de nuestro salario se perdería.

—Si tú mueres —alguien bromeó—, solo déjanos la mitad del salario y que venga con nosotros.

Hubo un estallido de risas.

—Está bien, para nosotros, personalmente, no nos importa mucho quién es el Fénix, pero cuando se trata de montar en las alas del Fénix y el apacible viaje que todos deseamos, no nos puede dejar indiferentes.

Kinhaku echó un vistazo a los rostros de los hombres a su alrededor.

—Sin duda, la niña no es necesariamente la única. Mantengan una estrecha vigilancia sobre los que van al Shouzan. No dejen que caiga el Fénix, perder el polluelo y toda esta buena fortuna nos pasará factura en un instante.


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