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martes, 28 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 34

 

CAPÍTULO 34

 

 

 

Los restantes miembros de la compañía de Kiwa se quedaron con Kinhaku y los goushi. Gankyuu y Rikou se quedaron atrás. Dormían descansando apoyados contra sus kijuu -que se habían intercambiado- y se despertaron al amanecer y prepararon el desayuno.

—Shushou no tiene comida ni agua. ¿Hay algún pozo por aquí?

—Sí, si lo excava.

Rikou observó el entorno que los rodeaba.

—Teniendo en cuenta el alcance de la búsqueda de ayer, no hay duda, no puede haber nada en esa pendiente por debajo del acantilado.

Gankyuu le lanzó una mirada de perplejidad.

—Eres, ¿cómo decirlo?, un bicho raro.

—¿Yo?

—Sí, tú. ¿Quién eres exactamente? Nunca he recibido una respuesta satisfactoria a esa pregunta.

—Un simple viajero.

Gankyuu sonrió.

—Lo que pensé que dirías. ¿Y por qué serías un simple viajero con la intención de encontrar a Shushou?

—¿Qué? ¿La dejarías atrás?

—No iría tan lejos.

—Eres un hombre duro, Gankyuu. Pero a pesar de todo, hasta la actualidad, has estado en la caravana.

A pesar de todo, se hizo eco Gankyuu a sí mismo.

—Cuando Shushou te despidió, ¿no ibas a ir por tu cuenta e ir de caza? ¿Por qué sigues rondando alrededor? A pesar de ser un dolor de cabeza, esa chica te ha llegado dentro.

—Quizá sea eso —murmuró Gankyuu—. Tengo mis propias razones. Cuando se trata de la caza, hay lugares que son mejores que otros. Mantenerse cerca por el momento es simplemente más conveniente.

—¿Lo es? Bueno, tengo mis propias razones también.

Gankyuu dijo con un poderoso suspiro:

—Escucha, Rikou…

Rikou le devolvió la sonrisa.

—Eso es asunto tuyo, Gankyuu, manteniendo tus verdaderas intenciones en tu bolsillo, mientras que otros pretenden que te abras a ellos. Aunque si esa es tu estrategia, es necesario trabajar en ello.

—Eso seguro —dijo Gankyuu con otro suspiro—. No es como que me importen demasiado tus verdaderas intenciones. Pero…

—¿Pero…?

—No te entiendo. Nada de lo que haces tiene una pizca de sentido.

—Te concederé eso, es probable que no lo tenga.

—De vez en cuando te vez como un perfecto sinvergüenza.

—Me parece bien.

Frente a la cara brillante de Rikou, sonriente, Gankyuu se tomó la cabeza entre las manos simulando angustia.

—Tú eres el que vio un “algo” en Shushou y vino todo el camino hasta el Mar Amarillo. Y, sin embargo, cuando se escapó con Kiwa, simplemente la dejaste ir. Dijiste que valorabas demasiado tu vida, lo entiendo, entonces ¿por qué poner en peligro tu vida para ir en su búsqueda?

—¿Dónde está el riesgo? Shushou cazó al shuen —rio Rikou—. Esa chica es algo más.

—Con el shuen eliminado, más youma vendrán a llenar el vacío. Si realmente valoraras tu vida, no estarías vagando por aquí. Te unirías al grupo de Chodai hacia el Monte Hou, pero en vez de eso, dejaste la caravana e incluso intercambiaste tu suguu para ir a buscarla. ¿Si vale la pena buscarla, por qué no fuiste con Kiwa en primer lugar?

—Eso es un problema diferente —sonrió Rikou. Una amable sonrisa, para estar seguro, aunque Gankyuu estaba empezando a pensar que pertenecía más a la cara de un sinvergüenza.

—Conocí a Shushou en Kyou. Me llamó la atención y eso hizo que la ayudara. Cuando oí que iba al Monte Hou, de alguna manera sabía que si ella lo hacía se convertiría en emperatriz. Tal vez la más joven de la historia registrada. Como dije, es por eso por lo que vine.

—¿Para ver a Shushou convertirse en emperatriz?

—Bueno, esa es la forma aburrida de decirlo. A decir verdad, antes de que Shushou fuera escogida, tenía curiosidad por ver el Mar Amarillo por mí mismo y para saber qué clase de viaje es el Shouzan.

—Así que es a eso a todo lo que se reduce —dijo Gankyuu con una sonrisa sardónica.

Rikou rio en voz alta.

—Lo siento, Gankyuu. Lo que estás pensando en estos momentos seguramente es un error. No soy un hombre motivado por esos simples intereses propios.

—Seguro, claro. Tienes razones propias.

—Eso es correcto. Tengo un montón de motivos ocultos bajo la manga. Como tú mismo has dicho, soy un hombre que dispone libremente de su suguu. No necesito una audiencia con una emperatriz para elevar mi estatus o ampliar mi riqueza.

—Sí, seguro.

—Pero desearía una audiencia con Shushou.

—¿Y eso por qué?

—¿No te he explicado ya? No fue mi ayuda específica la que era clave en esta ecuación. Fue lo que concretamente pasó en mi encuentro. Y porque yo era con el que se encontró, en vez de separarnos, pensé que sería más interesante forjar una amistad fuera de esa circunstancia fortuita. Eso es a todo lo que se reduce.

—Una explicación tan clara como el barro.

Rikou se limitó a reír.

—Por supuesto. Eso es lo que quiero decir al tener mis propias razones. Pero si Shushou no se convierte en emperatriz, mis acciones en ese sentido quedarían vacías de contenido. Si debe continuar con los koushu o unirse a Kiwa parece haberse convertido en un punto de inflexión en cuanto a si Shushou levará el cetro.

—Si no fuera elegida, no habría importado de un modo u otro.

—Al igual que he estado diciendo, tiene que ser al revés. Si no fuera elegida, entonces no tendría sentido para mí. Llegué al Mar Amarillo con un conjunto de expectativas con respecto a Shushou. Su ascenso al trono dará sustancia de esas expectativas. Si no lo hace, las reducirá a simples fantasías. No estoy a punto de perder la vida por unas meras fantasías.

—Ahora eso tiene sentido.

—Pero todavía no creo que lo hagas, estoy hablando de deberes particulares para mí solo. Al igual que los goushi encargados de proteger a los que van al Shouzan. El tipo de cosas que no pueden ser dejadas de lado por un capricho. Está en la naturaleza de tales cosas que, una vez que las has aceptado, hay que cargarlas, sin importar qué. ¿No te parece?

—Probablemente.

—Así que, si Shushou no se convierte en emperatriz, mi propia seguridad tiene prioridad sobre la de ella. Pero si lo hace, entonces un riesgo ligeramente elevado vale la pena.

—No, eso no tiene sentido.

—Supongo que no —se rio Rikou—. Shushou discutió estúpidamente contigo y se fue con Kiwa.

—¿Eso fue tan estúpido?

—¡Idiota! SI Shushou estuviera destinada a ser emperatriz, lo último que debería hacer sería discutir con un shushi. La seguridad del señor tiene prioridad sobre sus vasallos.

—¿Te gusta parlotear?

—La lógica del mundo dice que queremos ser gobernados por un soberano. Es posible que vea a Kiwa como un hombre frío que abandona a su séquito. Pero si él se convierte en emperador, entonces medios de este tipo serán necesarios para el fin. Porque la vida de incluso un centenar de sus vasallos no se puede comparar con la del emperador, no cuando el destino de tres millones descansa sobre sus hombros.

—Aunque es cierto, sigue siendo una lógica bastante repugnante.

—¿Lo es? ¿No caen en el mismo saco los goushi y sus empleadores? Los goushi están dispuestos a sacrificar a otros con el fin de preservar la vida de su señor. Un mundo que exige tener un señor para cada reino sigue el mismo razonamiento. Kyou no tiene señor. Si sacrificar a unos pocos cientos de aquí salva la vida de decenas de miles más adelante, entonces que así sea.

—No hace el razonamiento menos rancio —Gankyuu escupió.

—No estoy diciendo que no lo sea. Ese es el razonamiento de un mundo que necesita un emperador. Y ese es el razonamiento de una ley que un mundo así debe vencer.

—¿Eh?

Rikou dijo con una sonrisa irónica:

—Es el razonamiento de los vasallos que sirven al señor. El que está sentado en el trono no es un vasallo. El emperador hace el trono, no al revés. El bufón de la corte sigue siendo el bufón de la corte, no importa dónde se sienta en el palacio. Por lo que se deduce que el emperador debe trascender la lógica de sus vasallos.

Gankyuu presionó sus manos contra las sienes.

—No entiendo nada. Pero…

—¿Pero?

—Pero creo que entiendo por qué te gustaría ir en busca de Shushou después de que ella se largara con Kiwa y, al parecer, sobrevivió. Los goushi ordinarios tomaron el desvío. Cualquier persona que no lo hizo fue un tonto. Sin embargo, los goushi que no tomaron el desvío -que estaban junto a su señor- mientras que cazaban al youma y garantizaban la seguridad de la ruta para los demás -ese sería un goushi ejemplar-.

—Ah, qué espléndida hipótesis.

—Es por eso por lo que no querías detener a Shushou tan pronto se fue. La querías poner a prueba. Querías ver si era en efecto un recipiente digno.

Rikou rio.

—Me encanta un buen experimento.


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