Los restantes miembros de la
compañía de Kiwa se quedaron con Kinhaku y los goushi. Gankyuu y Rikou
se quedaron atrás. Dormían descansando apoyados contra sus kijuu -que se
habían intercambiado- y se despertaron al amanecer y prepararon el desayuno.
—Shushou no
tiene comida ni agua. ¿Hay algún pozo por aquí?
—Sí, si lo
excava.
Rikou
observó el entorno que los rodeaba.
—Teniendo
en cuenta el alcance de la búsqueda de ayer, no hay duda, no puede haber nada
en esa pendiente por debajo del acantilado.
Gankyuu le
lanzó una mirada de perplejidad.
—Eres,
¿cómo decirlo?, un bicho raro.
—¿Yo?
—Sí, tú.
¿Quién eres exactamente? Nunca he recibido una respuesta satisfactoria a esa
pregunta.
—Un simple
viajero.
Gankyuu
sonrió.
—Lo que
pensé que dirías. ¿Y por qué serías un simple viajero con la intención de
encontrar a Shushou?
—¿Qué? ¿La
dejarías atrás?
—No iría
tan lejos.
—Eres un
hombre duro, Gankyuu. Pero a pesar de todo, hasta la actualidad, has estado en
la caravana.
A pesar
de todo, se hizo eco Gankyuu a sí mismo.
—Cuando
Shushou te despidió, ¿no ibas a ir por tu cuenta e ir de caza? ¿Por qué sigues
rondando alrededor? A pesar de ser un dolor de cabeza, esa chica te ha llegado
dentro.
—Quizá sea
eso —murmuró Gankyuu—. Tengo mis propias razones. Cuando se trata de la caza,
hay lugares que son mejores que otros. Mantenerse cerca por el momento es
simplemente más conveniente.
—¿Lo es?
Bueno, tengo mis propias razones también.
Gankyuu
dijo con un poderoso suspiro:
—Escucha,
Rikou…
Rikou le
devolvió la sonrisa.
—Eso es
asunto tuyo, Gankyuu, manteniendo tus verdaderas intenciones en tu bolsillo,
mientras que otros pretenden que te abras a ellos. Aunque si esa es tu estrategia,
es necesario trabajar en ello.
—Eso seguro
—dijo Gankyuu con otro suspiro—. No es como que me importen demasiado tus
verdaderas intenciones. Pero…
—¿Pero…?
—No te
entiendo. Nada de lo que haces tiene una pizca de sentido.
—Te
concederé eso, es probable que no lo tenga.
—De vez en
cuando te vez como un perfecto sinvergüenza.
—Me parece
bien.
Frente a la
cara brillante de Rikou, sonriente, Gankyuu se tomó la cabeza entre las manos
simulando angustia.
—Tú eres el
que vio un “algo” en Shushou y vino todo el camino hasta el Mar Amarillo. Y,
sin embargo, cuando se escapó con Kiwa, simplemente la dejaste ir. Dijiste que
valorabas demasiado tu vida, lo entiendo, entonces ¿por qué poner en peligro tu
vida para ir en su búsqueda?
—¿Dónde
está el riesgo? Shushou cazó al shuen —rio Rikou—. Esa chica es algo
más.
—Con el shuen
eliminado, más youma vendrán a llenar el vacío. Si realmente valoraras
tu vida, no estarías vagando por aquí. Te unirías al grupo de Chodai hacia el
Monte Hou, pero en vez de eso, dejaste la caravana e incluso intercambiaste tu suguu
para ir a buscarla. ¿Si vale la pena buscarla, por qué no fuiste con Kiwa en
primer lugar?
—Eso es un
problema diferente —sonrió Rikou. Una amable sonrisa, para estar seguro, aunque
Gankyuu estaba empezando a pensar que pertenecía más a la cara de un
sinvergüenza.
—Conocí a
Shushou en Kyou. Me llamó la atención y eso hizo que la ayudara. Cuando oí que
iba al Monte Hou, de alguna manera sabía que si ella lo hacía se convertiría en
emperatriz. Tal vez la más joven de la historia registrada. Como dije, es por
eso por lo que vine.
—¿Para ver
a Shushou convertirse en emperatriz?
—Bueno, esa
es la forma aburrida de decirlo. A decir verdad, antes de que Shushou fuera
escogida, tenía curiosidad por ver el Mar Amarillo por mí mismo y para saber
qué clase de viaje es el Shouzan.
—Así que es
a eso a todo lo que se reduce —dijo Gankyuu con una sonrisa sardónica.
Rikou rio
en voz alta.
—Lo siento,
Gankyuu. Lo que estás pensando en estos momentos seguramente es un error. No
soy un hombre motivado por esos simples intereses propios.
—Seguro,
claro. Tienes razones propias.
—Eso es
correcto. Tengo un montón de motivos ocultos bajo la manga. Como tú mismo has
dicho, soy un hombre que dispone libremente de su suguu. No necesito una
audiencia con una emperatriz para elevar mi estatus o ampliar mi riqueza.
—Sí,
seguro.
—Pero
desearía una audiencia con Shushou.
—¿Y eso por
qué?
—¿No te he
explicado ya? No fue mi ayuda específica la que era clave en esta ecuación. Fue
lo que concretamente pasó en mi encuentro. Y porque yo era con el que se
encontró, en vez de separarnos, pensé que sería más interesante forjar una
amistad fuera de esa circunstancia fortuita. Eso es a todo lo que se reduce.
—Una
explicación tan clara como el barro.
Rikou se
limitó a reír.
—Por
supuesto. Eso es lo que quiero decir al tener mis propias razones. Pero si
Shushou no se convierte en emperatriz, mis acciones en ese sentido
quedarían vacías de contenido. Si debe continuar con los koushu o unirse
a Kiwa parece haberse convertido en un punto de inflexión en cuanto a si
Shushou levará el cetro.
—Si no
fuera elegida, no habría importado de un modo u otro.
—Al igual
que he estado diciendo, tiene que ser al revés. Si no fuera elegida, entonces
no tendría sentido para mí. Llegué al Mar Amarillo con un conjunto de
expectativas con respecto a Shushou. Su ascenso al trono dará sustancia de esas
expectativas. Si no lo hace, las reducirá a simples fantasías. No estoy a punto
de perder la vida por unas meras fantasías.
—Ahora eso
tiene sentido.
—Pero
todavía no creo que lo hagas, estoy hablando de deberes particulares para mí
solo. Al igual que los goushi encargados de proteger a los que van al
Shouzan. El tipo de cosas que no pueden ser dejadas de lado por un capricho.
Está en la naturaleza de tales cosas que, una vez que las has aceptado, hay que
cargarlas, sin importar qué. ¿No te parece?
—Probablemente.
—Así que,
si Shushou no se convierte en emperatriz, mi propia seguridad tiene prioridad
sobre la de ella. Pero si lo hace, entonces un riesgo ligeramente elevado vale
la pena.
—No, eso no
tiene sentido.
—Supongo
que no —se rio Rikou—. Shushou discutió estúpidamente contigo y se fue con
Kiwa.
—¿Eso fue
tan estúpido?
—¡Idiota!
SI Shushou estuviera destinada a ser emperatriz, lo último que debería hacer
sería discutir con un shushi. La seguridad del señor tiene prioridad
sobre sus vasallos.
—¿Te gusta
parlotear?
—La lógica
del mundo dice que queremos ser gobernados por un soberano. Es posible que vea
a Kiwa como un hombre frío que abandona a su séquito. Pero si él se convierte
en emperador, entonces medios de este tipo serán necesarios para el fin. Porque
la vida de incluso un centenar de sus vasallos no se puede comparar con la del
emperador, no cuando el destino de tres millones descansa sobre sus hombros.
—Aunque es
cierto, sigue siendo una lógica bastante repugnante.
—¿Lo es?
¿No caen en el mismo saco los goushi y sus empleadores? Los goushi
están dispuestos a sacrificar a otros con el fin de preservar la vida de su
señor. Un mundo que exige tener un señor para cada reino sigue el mismo
razonamiento. Kyou no tiene señor. Si sacrificar a unos pocos cientos de aquí
salva la vida de decenas de miles más adelante, entonces que así sea.
—No hace el
razonamiento menos rancio —Gankyuu escupió.
—No estoy
diciendo que no lo sea. Ese es el razonamiento de un mundo que necesita un
emperador. Y ese es el razonamiento de una ley que un mundo así debe vencer.
—¿Eh?
Rikou dijo
con una sonrisa irónica:
—Es el
razonamiento de los vasallos que sirven al señor. El que está sentado en el
trono no es un vasallo. El emperador hace el trono, no al revés. El bufón de la
corte sigue siendo el bufón de la corte, no importa dónde se sienta en el
palacio. Por lo que se deduce que el emperador debe trascender la lógica de sus
vasallos.
Gankyuu
presionó sus manos contra las sienes.
—No
entiendo nada. Pero…
—¿Pero?
—Pero creo
que entiendo por qué te gustaría ir en busca de Shushou después de que ella se
largara con Kiwa y, al parecer, sobrevivió. Los goushi ordinarios
tomaron el desvío. Cualquier persona que no lo hizo fue un tonto. Sin embargo,
los goushi que no tomaron el desvío -que estaban junto a su señor-
mientras que cazaban al youma y garantizaban la seguridad de la ruta
para los demás -ese sería un goushi ejemplar-.
—Ah, qué
espléndida hipótesis.
—Es por eso
por lo que no querías detener a Shushou tan pronto se fue. La querías poner a
prueba. Querías ver si era en efecto un recipiente digno.
Rikou rio.
—Me encanta
un buen experimento.

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