Teniendo en cuenta que el Mar
Amarillo no era un lugar hecho para la vida humana, viajar allí implicaba
ciertas dificultades. Esto tenía mucho sentido para Shushou. No hay caminos
adecuados, no hay posadas, no hay tiendas. Los youma vagaban a su
antojo. Pasar una sola noche en el Mar Amarillo era poner la vida del hombre
más fuerte en situación de riesgo.
—Eso es lo
que he oído —dijo Shushou, inclinándose hacia delante mientras subía la
pendiente aparentemente interminable.
El hecho
era que no había carreteras en el Mar Amarillo, como la que ella estaba
caminando en ese momento.
—¿El qué?
—dijo Rikou.
Shushou se
encogió de hombros.
—He oído
que no había ninguna carretera en el Mar Amarillo. Así que pensé que había sido
como entrar en tierras inexploradas. Una vez fui a las montañas para recoger
castañas. Hemos tenido que abrirnos paso a través de la maleza, limpiar de
ramas el camino, agarrarse a los troncos de los árboles en el paso hacia arriba
y aferrarse a las matas de hierba en el camino hacia abajo. Pensé que sería
algo por el estilo. El mayor problema era que estaba perdiendo el sentido de la
orientación. Había que encontrar a alguien que conociera las montañas como la
palma de su mano y sonsacarle la mejor manera de averiguar dónde estaba uno y a
dónde debía ir.
—¿Oh, en
serio?
Rikou le
sonrió. Shushou le dedicó una sonrisa irónica a su vez y suspiró.
—Pero el
Mar Amarillo tiene caminos. Al menos hasta este punto, no es que he estado
pensando acerca de cómo las cosas serían mucho mejor si hubiera una carretera
real. Mucho peor es caminar y caminar y nunca llegar a ningún lugar como una
ciudad o un pueblo.
—¿Cómo es
eso?
—Si estás
caminando en una carretera real y te cansas, puedes buscar la ciudad más
cercana. Las necesidades pueden cubrirse a lo largo del camino. Si tienes
hambre, puedes comprar algo de comer. Si tienes sed, puedes parar en un pueblo
y tomar prestado del cubo de agua de un pozo. Pero eso no es de lo que estoy
hablando. En mi camino a Ken, a menudo dormía en los espacios debajo de los mausoleos.
Pensé que acampar en el Mar Amarillo sería algo por el estilo, pero no tienen
nada en común. Al acampar a lo largo de una carretera siempre hay un pueblo
cercano donde puedes abastecerte de suministros.
Shushou se
inclinó para recoger una pieza prometedora de leña. Kinhaku dijo, medio
sorprendido, medio en broma:
—Un camino
no es una banda plana de tierra que sigue y sigue. Un camino es el camino y lo
que lo rodea, donde los viajeros no tienen ningún miedo de morir de hambre o
morir de sed, donde pueden descansar cuando se cansan. Según esta definición,
sin duda hay carreteras en el Mar Amarillo. —Durante los últimos dos días,
Kinhaku y sus compañeros habían estado aquí y allá y en todas partes, y siempre
a distancia de un grito. Más que eso, los grupos con guía koushu habían
comenzado claramente a cerrar filas—. Tienes muchas agallas. ¿Así que ese es el
tipo de cosas en las que piensas mientras caminas por el Mar Amarillo?
—Por
supuesto. ¿Cómo se convierte uno en un goushi o shushi?
Kinhaku
dedicó una mirada de asombro a Shushou.
—Una cosa
extraña por la que interesarse, ¿tienes pensado convertirte en uno cuando seas
mayor?
Shushou
dijo, dedicando a Gankyuu una aguda mirada de soslayo:
—Bueno,
convertirme en emperatriz tiene prioridad, pero bueno, si el ser emperatriz no
fuera posible, ser un shushi no suena nada mal.
Kinhaku se
echó a reír. Caminando al lado de Shushou, Rikou rio también.
—Adelante,
ríanse. Y entonces me pueden decir que los shushi son únicos entre los koushu
y que si quiero llegar a ser uno se hace así. —Siempre que Shushou decía que
quería llegar a ser algo, los adultos a su alrededor sonreían y decían
exactamente eso—. Los adultos siempre piensan primero en sí mismos. Digamos que
quieres tener un montón de kijuu y convertirte en caballerizo mayor,
ríen y dicen que es infantil. Afirman que el que quiera algo no lo hace así.
Pero supongamos que desea probar para un puesto de gobierno que requiere
simplemente graduarse en una universidad. Te dicen que convertirte en un
funcionario del gobierno no es algo que deba preocupar a tu pequeña cabeza a tu
edad. Realmente, es algo que empieza a ponerme de los nervios.
—Eso no es
lo que iba a decir y no me reí por eso —dijo Kinhaku con una sonrisa y un gesto
de la mano—. Es solo que sopesar esas opciones por el estilo, emperatriz por un
lado y por el otro shushi, me tomó por sorpresa. ¿Te gustan los kijuu,
Shushou?
—Sí. Es por
eso por lo que un shushi o jinete sería una buena profesión. La verdad
es que el entrenar kijuu es algo que me gustaría probar, pero los
adultos no me dirán cómo llegar a ser un jinete, ¿verdad?
—En primer
lugar, los padres tienen que ser itinerantes.
—¿Quieres
decir que se reduce a sus padres? —Shushou dio un vistazo al incómodo Gankyuu,
que asintió.
Kinhaku
solamente se rio entre dientes.
—Sí, eso es
a lo que se reduce. Sus padres se convierten en itinerantes o refugiados, para
poder alimentarse venden a su hijo al padre de familia shushi o clan goushi.
Serías aprendiz de niña y cuando fueras adultas serías un koushu.
—La compra
y venta de gente está en contra de la ley.
—No es
tanto una cuestión de comprar o vender que el hecho de salir para adelante ya
que carecen de los recursos para criar a un niño. Si eres un refugiado, los
orfanatos no te aceptarán así que hay que encontrar a una persona que lo haga.
¿Qué más puedes hacer? Los padres podrían incluso obtener algo de dinero de
consolación, si tienen suerte. Eso es más o menos como va la historia.
—¿Es así
como Gankyuu y Kinhaku se convirtieron en koushu?
—Sí.
—Ya veo.
Así que eso es lo que dio dos personalidades tan opuestas. Teniendo en cuenta
lo que les ha llevado a convertirse en koushu, deben estar orgullosos de
ello.
Kinhaku de
nuevo respondió con una carcajada.
—Independientemente
de cada historia, no creo que nadie se haya convertido en koushu porque
quisiera.
—La gente
hace todo tipo de cosas por todo tipo de razones diferentes. ¿Qué ocurre con
los goushi cuando ya no hay un kirin en el Monte Hou? Si llego a
ser emperatriz, te quedarás sin trabajo.
—Cuando las
personas dejar de ir al Shouzan, los goushi no pierden el tiempo, hacen
de shushi de la noche a la mañana. Cuando no hay trabajo, entran en el
Mar Amarillo y cazan kijuu. A pesar de que no todos hacen el trabajo de
la misma manera.
—¿Cómo es
eso?
—Antes de
tener mi propio negocio, mi maestro tenía a tres de nosotros de la misma edad
que trabajaban para él. No trabajamos como guardianes durante nuestro
aprendizaje, fuimos a cazar kijuu con los viajeros excepto que el camino
que nos rodeaba era el usado por el Shouzan. En eso nos diferenciábamos de los shushi
habituales.
—Ah.
—Siguiendo
el camino de ida y vuelta, mientras que cazábamos kijuu, los detalles
del viaje se nos gravaban en la cabeza. Incluso cuando ya no hay kirin
en el Monte Hou, siguen haciendo lo mismo. Mira, incluso si solo están los goushi,
se atendrán a la rutina o las carreteras pronto desaparecerán.
—¿El camino
desaparecería?
—Es
gracias, en primer lugar, porque la gente limpia los árboles jóvenes, la madera
muerta y corta las malas hierbas. Si nadie entrara aquí, el Mar Amarillo pronto
se tragaría toda señal que siempre hubiera estado allí. Eso dejaría a los goushi
en un verdadero aprieto. Cuando llegara el momento, tendrían que empezar de
nuevo desde cero para forjar una ruta segura.
Shushou
asintió y volvió a mirar por encima del hombro, a la larga columna de gente que
iba en el Shouzan subiendo la pendiente ascendente a través del mar de árboles.
—Así que
este camino ha sido explorado por los goushi.
—¿Qué
opinas, Shushou? Tal vez que vas a crecer hasta convertirte en un goushi.
—Si
convertirme en emperatriz no funciona, eso no sería una mala idea tampoco. Creo
que una vida en la carretera estaría acorde conmigo. Lo que no quiere decir que
encuentre el trabajo atractivo.
—¿Cómo?
—La forma
que tienen los goushi de hacer las cosas puede ser la forma en que
siempre las han hecho, pero no siempre están de acuerdo. Quizá hayan sido
abandonados por sus familias y por eso se convirtieron en koushu, pero
no estaría de más que los goushi y los shushi se reunieran para
ajustar su forma de pensar acerca de algunas cosas.
—Qué
extraña muchacha —rio Kinhaku.
Gankyuu
suspiró.
—Tonterías
sin sentido que van y vienen.
—¿Y si me
toman totalmente en serio?
—Empieza a
dejar de pensar en esas bobadas. Trata de caminar sin hacer ruido.
¿A qué
te refieres?, Shushou estaba a punto de replicar cuando el goushi a
la cabeza de la fila se giró para llamarlos.
—¡Oye!
Shushou
levantó la cabeza. Un árbol se había caído en la cima de una pendiente empinada
y bloqueaba el camino. El pueblo y los kijuu se moverían hacia fuera del
camino. Era una escena que Shushou solía ver con frecuencia a estas alturas.
Sentía la punzada de irritación inevitables en este obstáculo para su avance y
lamentó la carga que pesaba sobre los kijuu y los caballos, pero al
mismo tiempo, el observar su duro trabajo le levantaba el ánimo.
Gankyuu,
junto con Kinhaku y los goushi, corrieron hacia el árbol. Detrás de
ellos, varias personas se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo y corrieron
colina abajo, probablemente para informar a Shitsu Kiwa. Gankyuu y los otros
hicieron un gesto hacia el árbol y señalaron al bosque de la izquierda,
mientras discutían la situación. Mirando más de cerca, Shushou pudo distinguir
un estrecho y sinuoso camino por el bosque.
—¿Qué
estarán hablando? —Shushou se preguntó a sí misma, pero Rikou ladeó la cabeza
hacia un lado y respondió:
—Ni idea.
Gankyuu
indicó el bosque de nuevo, entonces fijó la vista en el cielo, con el rostro
ensombrecido por la preocupación. Shushou por reflejo levantó la vista también.
El sol estaba ya bajo en el oeste, la hora del día estaba más cerca del
crepúsculo que del mediodía.
El comité
reunido finalmente llegó a un acuerdo y Gankyuu regresó.
—¿Cuál es
el problema? —preguntó Shushou.
Gankyuu
tomó las riendas del haku y se dirigió hacia ellos.
—Esta noche
acamparemos aquí.
—Pero
todavía es… —Shushou señaló el cielo.
—El camino
es intransitable. Vamos a tener que desviarnos a través del bosque, pero no hay
un camino bien definido. Acamparemos aquí y abriremos un camino a primera hora
de la mañana.
—¿Por qué?
¿No puedes quitar ese árbol de la misma manera que todos los demás?
—Hay un youma
más adelante. Uno grande.
—¿Eh?
—Ese árbol fue
dejado allí por un goushi anterior. Es nuevo. Probablemente de este
invierno. Los árboles fueron talados tanto a izquierda como derecha. Echando
otra mirada, realmente el camino estaba bloqueado por ambos lados, los troncos
no estaban destrozados o desarraigados, era obra de hachas.
»Esa es la
señal de que hay un youma que no podemos manejar, el tipo de youma
que debe ser evitado en lugar de enfrentarlo.

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