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jueves, 23 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 2

 

CAPÍTULO 2

 

 

 

La casa de Shushou se encontraba en la periferia del norte de Renshou, cerca de la escuela de la prefectura.

Renshou se asentaba a los pies de la Montaña Ryou’un, mirando hacia el norte a medida que ascendía. Subiendo por la calle situada en una zona tranquila llena de templos y santuarios a lo largo del muro que cerraba la ciudad por la parte norte, una hermosa puerta quedó a la vista. Era de dos pisos de altura y los edificios a su izquierda y derecha de tres. Más adentro, los extensos techos del ala principal de la casa se hacían visibles. Las tejas tenían un acabado con esmalte de color verde brillante, la ornamentación multicolor decoraba las puntas de los techos y colgaba de los aleros. El camino circular era ligeramente más ancho frente a la puerta principal. Un gran muro que ofrecía privacidad se levantaba ante la puerta, tallada con símbolos en bajorrelieve que pedían la protección divina. A izquierda y derecha las partes de un hermoso cenador, con ventanas finas y traslúcidas, sobresalían del muro interno[1].

Más allá de la mansión, la ciudad de Renshou terminaba. El dueño de la finca llevaba el nombre de la familia Sou y como sus jardines se extendían a lo largo de la ladera, la finca era conocida como Los Jardines Sou.

Shushou había nacido allí, su nombre de pila formal era Sai y el nombre de su padre era Sou Joshou[2], aunque también era conocido por Sou Banko, un nombre que significaba que no había comercio en donde no estuviera involucrado. Él había resucitado el viejo negocio forestal en Kyou, haciendo sus propios méritos para ganar una reputación como comerciante con considerables medios en Renshou. Se decía en Renshou que era imposible superar las riquezas y honores de Banko, simplemente no existía nada más grande. Eso no se extendía solo a sus bienes materiales. Hajou, su esposa, era conocida por su sabiduría. Tenía tres hijos y tres hijas que poseían cada uno una fuerza de carácter para que coincida con un sentido para los negocios brillantes. Su familia estaba muy unida y sus empleados los veneraban. Ellos decían que era imposible desear más fortuna. Todas las ventanas y aberturas estaban cubiertas por delicados enrejados de hierro que encarnaban dicha fortuna.

Pasando por la puerta, Shushou sacudió la cabeza y murmuró para sí misma:

—Es estúpido.

Se podrían construir los edificios más fuertes del mundo y rodearse de los guardaespaldas más devotos, solo con que apareciera un youma o hubiera un incendio y el lugar quedaría reducido a cenizas. Cuando se trataba de sequías e inundaciones, olas de frío y tifones, toda la riqueza de Banko no serviría para combatir el daño causado por los youma y los desastres naturales.

—Hoh, no puedo permitir que me llames tonto sin decir nada.

Shushou levantó la cabeza ante el comentario inesperado. Al ver la figura de pie en el patio, sus guardaespaldas todos se giraron a la vez. Todo el mundo en Renshou conocía a este hombre de cara amable y mediana edad: Joshou.

—Mi hija menor tendría que contener la lengua.

—¿Debería?

Joshou sonrió y le dio un abrazo.

—He sabido que ha habido un ataque de mushi cerca de la academia de la prefectura y he salido corriendo en busca de mi hija, pero ¿qué es lo que me encuentro? Shushou diciendo palabras muy groseras.

Shushou se encogió de hombros haciendo sonreír a Joshou de nuevo. Este se volvió hacia los guardias y les dio las gracias por sus esfuerzos.

—Parece que se encargaron de los mushi. Buen trabajo.

Los guardaespaldas inclinaron sus cabezas hacia la tierra helada del patio.

—¿Por qué no haces lo que te he dicho? Deberías dejar la academia. No es solo tu bienestar el que me preocupa sino el de tus guardaespaldas también.

—Ya no tienes que preocuparte por eso. Han cerrado la escuela.

Shushou se dirigió a la puerta interior. La espera a sus guardias la había dejado completamente congelada y el camino del colegio a casa no le había hecho entrar en calor precisamente.

—¿Cerrado?

—Sí. El director ha muerto.

En cada prefectura había una escuela también conocida como shougaku. A las academias de distrito, o joushou, ascendían a los que destacaban en los shougaku mediante una recomendación. Shushou había estado a punto de recibir una. Su padre le dijo que no era necesario que ella asistiera a la escuela de la prefectura, una vez que ella hubo acabado la preparatoria o jogaku, por lo que acabaron discutiendo ya que no entendía por qué Shushou deseaba tanto asistir.

Los ojos de Joshou se abrieron por la sorpresa.

—¿El maestro Haku?

—Su casa fue atacada esta mañana por un youma. Dicen que un bafuku se lo comió.

—Shushou —Joshou corrió y se arrodilló a su lado—. ¡Es una noticia terrible!

—No puedes hacer gran cosa por él. Este es el segundo director, si incluimos a los estudiantes que han muerto y a todos los familiares, ya se vuelve algo normal.

—No hables así, Shushou.

—Es la verdad —ella se encogió de hombros—. Pero no es sorprendente. La casa del director no tenía rejas en las ventanas.

Shushou miraba a través del patio. Todas las ventanas y puertas que daban al patio estaban protegidas por celosías de hierro muy bien diseñadas. Las capas adicionales de yeso fresco se añadían diariamente a la ya existente, las puertas habían sido reforzadas con remaches de hierro, centinelas hacían guardia día y noche.

—Dicen que el padre de un niño de un pueblo vecino murió. Estaba muy lejos de casa y se quedaba hasta que entregaba todos los pedidos, por lo que no solía volver antes del anochecer. He oído que cuando él no regresó todo el mundo se preocupó y lo buscaron, descubrieron que la gente de una aldea de invierno a unos diez ri[3] de allí estaba toda muerta. Encontraron su cabeza allí.

—Shushou…

—Pero ¿qué se le va a hacer? Ese niño no tenía joushin en su casa. En el otoño las langostas destruyeron toda la cosecha, si su padre no entregaba los barriles se morirían de hambre. Dicen que llevaba el pago de la mercancía metido en la boca cuando lo atacó el youma, probablemente estaba preocupado por si se le caía mientras huía.

Joshou palmeó la espalda de su hija, consolándola, pero Shushou evitó el contacto y se encaminó hacia el ala principal de la casa.

—Estoy bien. Me he acostumbrado. Además, no importa que muera, no pienso estar asustada. La abuela murió cuando yo era pequeña, sería estúpido tener miedo después de eso.

—Basta, Shushou.

Joshou fue tras ella y pasó sus brazos alrededor de sus hombros. Al llegar a la sala principal se dejó caer en una silla.

—Son tiempos difíciles.

—Eso es lo que dice todo el mundo.

—Entiendo que te duela al ver a la gente que te rodea. Pero no hay que permitir que los pensamientos negativos se apoderen de tu mente.

—Estoy casi resignándome.

—Shushou.

Shushou miró hacia su padre.

—¿No vas al Shouzan?

Los ojos de Joshou se abrieron un poco más.

—¿El Shouzan?

—Estos son tiempos difíciles porque no hay un emperador sentado en el trono. Si tú te convirtieras en el emperador se resolvería el problema, ¿verdad?

Acariciando el cabello de su hija, Joshou sacudió la cabeza y dijo con una sonrisa triste:

—Aunque puedo ser afortunado, Shushou, no soy más que un simple comerciante.


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