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El Niño Demoníaco

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jueves, 23 de febrero de 2023

Mil Millas de Viento, el Cielo del Amanecer - Capítulo 55

 

CAPÍTULO 55

 

 

 

—Ya pueden irse.

Keiki habló en voz baja a sus shirei. Los dos youma, sin decir palabra, desaparecieron. Kokei y Hokui eran visibles, no muy lejos a la distancia. Como de costumbre, había descendido de un bosque a una prudente distancia de la carretera.

La señora de Keiki estaba junto a él, huraña y silenciosa. ¿Qué clase de persona es el Marqués de Baku?, ella le había preguntado.

Algo pasó en Takuhou. No sabía lo que había oído, pero cuando llegó a donde él estaba esperando fuera de la ciudad, fue la pregunta que le había preparado para él. Keiki no había entrado en la ciudad. El olor a muerte era demasiado abrumador.

Youko había vuelto con una especie de rabia. Él no le preguntó al shirei que la había acompañado los detalles de la situación. No tenía ni idea de por qué su Alteza le hizo esa pregunta con tal vehemencia, y ella no quiso revelar sus intenciones reales.

—Su Alteza ha estado completamente informada, ¿o no?

—Claro que no. Por eso te pregunté.

—¿Usted despidió a Koukan sin saber nada de su temperamento?

Youko no tenía la respuesta.

—Le recomendaré a su Alteza que actúe solo después de haber hecho una investigación exhaustiva, que no se base únicamente en la palabra de sus ministros. Y, sin embargo, en este momento, ¿usted me plantea esa pregunta a mí?

—Y las investigaciones se realizaron. Koukan se negó a cooperar con la impostora, porque deseaba el trono. Él me envidia y trató de asesinarme. El complot fue revelado y huyó.

—Sí, así es como están las cosas.

—Pero ahora oigo que Koukan es amado por la gente de Baku.

—He oído cosas así.

—¡¿Entonces por qué no me lo dijiste?!

—Yo estudié el asunto. Sin embargo, si me hubiera dignado a defender a Koukan, ¿su Alteza me hubiera escuchado?

Youko, esta vez, estaba perdida con las palabras.

—En términos de protección a Koukan, le pedí muchas veces a su Alteza que reconsidere el despido. ¿Valora más las palabras de los ministros que la mía? Yo dije que no creo que Koukan es el hombre el cual describen. ¿Por qué me pregunta a estas alturas, que ya lo despidió?

—¿Qué piensas tú de él?

—Me parece un hombre capaz, aunque solo me reuní con él dos veces. Ésa fue la impresión que dejó en mí.

—¡Maldita sea, Keiki!

—¿Tomo eso como que ha modificado su opinión sobre él? Entre otros, usted tiene la palabra de los ministros, el testimonio de los testigos, y mi propio consejo. ¿No tiene en cuanta todos los puntos de vista?

—Ya es suficiente —le espetó.

Viajando desde Takuhou a Kokei, ella no dijo ni una palabra. Y ahora miraba hoscamente hacia Kokei.

—Su Alteza, las puertas se están cerrando.

—Ya sé —gruñó.

—¿Su Alteza está molesta conmigo?

Ella estaba de espaldas a él.

—No —ella sacudió la cabeza—. Estoy enojada conmigo misma.

Keiki suspiró. Sus palabras no eran suficiente. No era que él era escaso con las palabras, pero nunca eran adecuadas para el momento. Solo después se dio cuenta de su insuficiencia.

—Pido disculpas.

—No es tu culpa —Ella lo miró con una sonrisa confusa en su cara—. Siento perder los estribos. Ya me conoces, agarrando fuera del mango.

—Debería haber dicho mucho más.

—Nah. Yo no te habría escuchado. Lo siento por todo eso. Vamos.

La expresión en el rostro de su señora le insistía y brevemente, Keiki se encontró sonriendo. Su corazón resuelto con el perdón de su señora le dio muchos motivos para alegrarse. Pero, al mismo tiempo, sus pensamientos estaban teñidos de nostalgia y arrepentimiento.

No, dijo la voz joven, profundamente extrañada. No voy a saltar a conclusiones. Es mejor preguntar directamente. Keiki se quedó mirando el oscuro cielo añil. El reino de los Cielos está allá.

  

 

Youko pensaba mientras caminaba de regreso a Kokei: Estoy tan incompleta en muchos aspectos. Y el no confiar en Keiki estaba primero en la lista.

—¿Vas a regresar? —preguntó ella al pasar por la puerta.

Keiki miró hacia el cielo.

—Creo que hay tiempo suficiente para saludar a Enho. Volveré más tarde.

—Ese es el tipo de persona que es Enho, ¿eh?

—De hecho, es así —Una mirada de preocupación cruzó por su rostro—. Es originario de Baku. Un hombre muy versado sobre el Camino, la lógica y la razón. A decir verdad, he recibido una petición del Marqués. Hay quienes envidiaban la popularidad de Enho y el gran respeto que él llevaba a cabo, y quisieron hacerle daño. En consecuencia, he recibido un comunicado del Marqués pidiendo que se lo transfiriera a la provincia de Ei.

—Por Koukan. Ya veo.

Y temiendo que Youko tuviera un resentimiento hacia él, Keiki no le había revelado esto a ella. Teniendo en cuenta todo eso, ella se rio de sí misma, burlándose. Realmente, tiene algunas maneras de irse.

Girando con esos pensamientos en su mente, ella dobló la esquina adyacente al rike y continuó varios pasos cuando Keiki se detuvo de repente.

—¿Qué pasa?

—Huelo… sangre —dijo, frunciendo la frente profundamente.

Youko examinó su entorno. Era una ciudad en invierno y las calles estaban desiertas.

—Estás bromeando —Ella sintió un golpe en el corazón y echó a correr. Corrió a través de la puerta hacia el rike, corrió por la sala principal y se congeló.

Gotas de sangre salpicaban el suelo.

El cuarto estaba completamente vacío. No sentía la presencia de otros en el rike.

—¡Rangyoku! ¡Keikei!

El rastro de sangre continuaba por el pasillo.

—¡Enho!

Corrió hacia la parte posterior del rike. A sus pies, un youma apareció, diciendo:

—El enemigo no está aquí —Reconoció la voz y siguió corriendo. Al doblar una esquina, se encontró con Keikei, se derrumbó en el pasillo.

—¡Keikei!

—No trate de moverlo —Youko volvió a mirar la cara de Keiki echa una mueca—. Todavía respira. Hyouki, lleva al niño al Palacio Kinpa.

—No llegaré a tiempo —dijo la voz por lo bajo.

Pero Keiki asintió y dijo de todos modos:

—Si la ocasión lo requiere yo mismo lo llevaré y seguiré adelante.

—A sus órdenes —dijo la voz áspera.

La pantera roja se materializó bajo el cuerpo de Keikei y alzó al niño sobre su espalda. Al mismo tiempo, una mujer blanca con los brazos emplumados apareció y le dio un impulso hacia arriba.

Youko dijo:

—Hyouki, Kaiko, por favor, hagan eso por mí.

Miró a su alrededor. La sangre continuaba hasta el cuarto de invitados. Siguiendo el camino, llegó a su cuarto. El suelo estaba manchado de sangre. Con cara de horror, Keiki vaciló y no pudo continuar.

—Keiki, no te exijas. Vete de aquí.

—Pero…

—Cuida de Keikei por mí. Llévalo a un médico. No hay tiempo que perder.

—Sí, pero…

Descuidadamente, Youko entró en la sala de estar. Ella notó que la puerta de su dormitorio estaba abierta y se dirigió hacia ella. Dentro estaba el cuerpo de una chica.

—¡Rangyoku!

Youko corrió hacia ella, le puso la mano sobre el hombro y de inmediato se retiró. Se cubrió el rostro con las manos.

—¿Por qué?

Rangyoku estaba muerta.

Youko no podía imaginar quién podía odiar a Keikei y Rangyoku lo suficiente para matarlos. La espalda de Rangyoku estaba cubierta de incontables heridas. No podía comenzar a comprender la razón de semejante brutalidad.

—¿Por qué sucedió esto? —Se arrancó algunos pelos y de repente levantó la cabeza—. ¿Enho?

—No está aquí —dijo Hankyo.

—¿No está aquí?

—En ninguna parte del rike. He buscado en todos los rincones. Ni Enho, ni su cadáver.

—¿Cómo lo sabes?

—Huelo tres tipos de sangre diferentes. Él parece haber sido herido. Llego a la conclusión de que fue secuestrado.

Youko se mordió el labio. Varias noches antes, un grupo de hombres habían rodeado el rike. Tal vez los hombres que habían ido a ver a Enho, los hombres con rostros cubiertos. Tal vez los hombres de Takuhou. No necesariamente habría cambiado nada si hubiera sido capaz de conectar los puntos, pero le dolió que ella no hubiera sido capaz de protegerlos.

—Rangyoku, lo siento —dijo ella, acariciando su espalda.

Youko enderezó el cabello enredado de Rangyoku. Tenía las manos juntas debajo de su cuerpo. Golpeó a Youko de tal manera esa postura lamentable que sacó sus brazos debajo de ella. Su mano derecha estaba acurrucada sosteniendo algo con fuerza. Por la forma de su puño, era obvio que ella se aferraba a algo. Youko se apoderó de la mano aún caliente y suavemente le abrió los dedos. El sello de oro se desplomó en el suelo.

—Oh, Rangyoku.

Youko miró el sello y a Rangyoku con los ojos abiertos. Al final, ¿había comprendido lo que significaba? No habría tenido tiempo de comprobar la impresión del sello. Incluso si lo hubiera hecho, con sus heridas, y el hecho de que la impresión era la imagen espectacular de los caracteres, se le hubiera hecho una lectura difícil, si no imposible.

Mientras Youko reflexionaba sobre esto, también consideró la importancia de cómo Rangyoku lo había escondido, debajo de su cuerpo, tratando de evitar que lo descubrieran. Y de las únicas personas que podría estar ocultándolo podría haber sido de los asesinos. Pero ¿por qué lo había escondido? Porque pertenecía a Youko, porque estaba hecho de oro. O ambas cosas.

—Rangyoku… Gracias —Ella no quería llorar, pero no podía contener las lágrimas—. Lo siento mucho.

Si ella no hubiera abandonado el rike, podría haberlos protegido.

—Hankyo, ¿dónde está Keiki?

—Regresó al palacio.

Youko asintió con la cabeza. Por lo menos, Keikei solo debía sobrevivir. Si no lo hacía, la mera condolencia no sería suficiente.

Un niño murió también en Takuhou.

Mordiéndose los labios, Youko miró a Rangyoku. Ella inclinó la cabeza hacia el suelo.

—Este mal ejemplo de reina en verdad pide tu perdón.


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