—Ya pueden irse.
Keiki habló
en voz baja a sus shirei. Los dos youma, sin decir palabra,
desaparecieron. Kokei y Hokui eran visibles, no muy lejos a la distancia. Como
de costumbre, había descendido de un bosque a una prudente distancia de la
carretera.
La señora
de Keiki estaba junto a él, huraña y silenciosa. ¿Qué clase de persona es el
Marqués de Baku?, ella le había preguntado.
Algo pasó
en Takuhou. No sabía lo que había oído, pero cuando llegó a donde él estaba
esperando fuera de la ciudad, fue la pregunta que le había preparado para él.
Keiki no había entrado en la ciudad. El olor a muerte era demasiado abrumador.
Youko había
vuelto con una especie de rabia. Él no le preguntó al shirei que la
había acompañado los detalles de la situación. No tenía ni idea de por qué su
Alteza le hizo esa pregunta con tal vehemencia, y ella no quiso revelar sus
intenciones reales.
—Su Alteza
ha estado completamente informada, ¿o no?
—Claro que
no. Por eso te pregunté.
—¿Usted
despidió a Koukan sin saber nada de su temperamento?
Youko no
tenía la respuesta.
—Le
recomendaré a su Alteza que actúe solo después de haber hecho una investigación
exhaustiva, que no se base únicamente en la palabra de sus ministros. Y, sin
embargo, en este momento, ¿usted me plantea esa pregunta a mí?
—Y las
investigaciones se realizaron. Koukan se negó a cooperar con la impostora,
porque deseaba el trono. Él me envidia y trató de asesinarme. El complot fue
revelado y huyó.
—Sí, así es
como están las cosas.
—Pero ahora
oigo que Koukan es amado por la gente de Baku.
—He oído
cosas así.
—¡¿Entonces
por qué no me lo dijiste?!
—Yo estudié
el asunto. Sin embargo, si me hubiera dignado a defender a Koukan, ¿su Alteza
me hubiera escuchado?
Youko, esta
vez, estaba perdida con las palabras.
—En
términos de protección a Koukan, le pedí muchas veces a su Alteza que
reconsidere el despido. ¿Valora más las palabras de los ministros que la mía?
Yo dije que no creo que Koukan es el hombre el cual describen. ¿Por qué me
pregunta a estas alturas, que ya lo despidió?
—¿Qué
piensas tú de él?
—Me parece
un hombre capaz, aunque solo me reuní con él dos veces. Ésa fue la impresión
que dejó en mí.
—¡Maldita
sea, Keiki!
—¿Tomo eso
como que ha modificado su opinión sobre él? Entre otros, usted tiene la palabra
de los ministros, el testimonio de los testigos, y mi propio consejo. ¿No tiene
en cuanta todos los puntos de vista?
—Ya es
suficiente —le espetó.
Viajando
desde Takuhou a Kokei, ella no dijo ni una palabra. Y ahora miraba hoscamente
hacia Kokei.
—Su Alteza,
las puertas se están cerrando.
—Ya sé —gruñó.
—¿Su Alteza
está molesta conmigo?
Ella estaba
de espaldas a él.
—No —ella
sacudió la cabeza—. Estoy enojada conmigo misma.
Keiki
suspiró. Sus palabras no eran suficiente. No era que él era escaso con las
palabras, pero nunca eran adecuadas para el momento. Solo después se dio cuenta
de su insuficiencia.
—Pido
disculpas.
—No es tu
culpa —Ella lo miró con una sonrisa confusa en su cara—. Siento perder los
estribos. Ya me conoces, agarrando fuera del mango.
—Debería
haber dicho mucho más.
—Nah. Yo no
te habría escuchado. Lo siento por todo eso. Vamos.
La
expresión en el rostro de su señora le insistía y brevemente, Keiki se encontró
sonriendo. Su corazón resuelto con el perdón de su señora le dio muchos motivos
para alegrarse. Pero, al mismo tiempo, sus pensamientos estaban teñidos de
nostalgia y arrepentimiento.
No, dijo
la voz joven, profundamente extrañada. No voy a saltar a conclusiones. Es
mejor preguntar directamente. Keiki se quedó mirando el oscuro cielo añil. El
reino de los Cielos está allá.
Youko
pensaba mientras caminaba de regreso a Kokei: Estoy tan incompleta en muchos
aspectos. Y el no confiar en Keiki estaba primero en la lista.
—¿Vas a
regresar? —preguntó ella al pasar por la puerta.
Keiki miró
hacia el cielo.
—Creo que
hay tiempo suficiente para saludar a Enho. Volveré más tarde.
—Ese es el
tipo de persona que es Enho, ¿eh?
—De hecho,
es así —Una mirada de preocupación cruzó por su rostro—. Es originario de Baku.
Un hombre muy versado sobre el Camino, la lógica y la razón. A decir verdad, he
recibido una petición del Marqués. Hay quienes envidiaban la popularidad de
Enho y el gran respeto que él llevaba a cabo, y quisieron hacerle daño. En
consecuencia, he recibido un comunicado del Marqués pidiendo que se lo
transfiriera a la provincia de Ei.
—Por
Koukan. Ya veo.
Y temiendo
que Youko tuviera un resentimiento hacia él, Keiki no le había revelado esto a
ella. Teniendo en cuenta todo eso, ella se rio de sí misma, burlándose. Realmente,
tiene algunas maneras de irse.
Girando con
esos pensamientos en su mente, ella dobló la esquina adyacente al rike y
continuó varios pasos cuando Keiki se detuvo de repente.
—¿Qué pasa?
—Huelo…
sangre —dijo, frunciendo la frente profundamente.
Youko
examinó su entorno. Era una ciudad en invierno y las calles estaban desiertas.
—Estás
bromeando —Ella sintió un golpe en el corazón y echó a correr. Corrió a través
de la puerta hacia el rike, corrió por la sala principal y se congeló.
Gotas de
sangre salpicaban el suelo.
El cuarto
estaba completamente vacío. No sentía la presencia de otros en el rike.
—¡Rangyoku!
¡Keikei!
El rastro
de sangre continuaba por el pasillo.
—¡Enho!
Corrió
hacia la parte posterior del rike. A sus pies, un youma apareció,
diciendo:
—El enemigo
no está aquí —Reconoció la voz y siguió corriendo. Al doblar una esquina, se
encontró con Keikei, se derrumbó en el pasillo.
—¡Keikei!
—No trate
de moverlo —Youko volvió a mirar la cara de Keiki echa una mueca—. Todavía
respira. Hyouki, lleva al niño al Palacio Kinpa.
—No llegaré
a tiempo —dijo la voz por lo bajo.
Pero Keiki
asintió y dijo de todos modos:
—Si la
ocasión lo requiere yo mismo lo llevaré y seguiré adelante.
—A sus
órdenes —dijo la voz áspera.
La pantera
roja se materializó bajo el cuerpo de Keikei y alzó al niño sobre su espalda.
Al mismo tiempo, una mujer blanca con los brazos emplumados apareció y le dio
un impulso hacia arriba.
Youko dijo:
—Hyouki,
Kaiko, por favor, hagan eso por mí.
Miró a su
alrededor. La sangre continuaba hasta el cuarto de invitados. Siguiendo el
camino, llegó a su cuarto. El suelo estaba manchado de sangre. Con cara de
horror, Keiki vaciló y no pudo continuar.
—Keiki, no
te exijas. Vete de aquí.
—Pero…
—Cuida de
Keikei por mí. Llévalo a un médico. No hay tiempo que perder.
—Sí, pero…
Descuidadamente,
Youko entró en la sala de estar. Ella notó que la puerta de su dormitorio
estaba abierta y se dirigió hacia ella. Dentro estaba el cuerpo de una chica.
—¡Rangyoku!
Youko
corrió hacia ella, le puso la mano sobre el hombro y de inmediato se retiró. Se
cubrió el rostro con las manos.
—¿Por qué?
Rangyoku
estaba muerta.
Youko no
podía imaginar quién podía odiar a Keikei y Rangyoku lo suficiente para
matarlos. La espalda de Rangyoku estaba cubierta de incontables heridas. No
podía comenzar a comprender la razón de semejante brutalidad.
—¿Por qué
sucedió esto? —Se arrancó algunos pelos y de repente levantó la cabeza—. ¿Enho?
—No está
aquí —dijo Hankyo.
—¿No está
aquí?
—En ninguna
parte del rike. He buscado en todos los rincones. Ni Enho, ni su
cadáver.
—¿Cómo lo
sabes?
—Huelo tres
tipos de sangre diferentes. Él parece haber sido herido. Llego a la conclusión
de que fue secuestrado.
Youko se
mordió el labio. Varias noches antes, un grupo de hombres habían rodeado el rike.
Tal vez los hombres que habían ido a ver a Enho, los hombres con rostros
cubiertos. Tal vez los hombres de Takuhou. No necesariamente habría cambiado
nada si hubiera sido capaz de conectar los puntos, pero le dolió que ella no
hubiera sido capaz de protegerlos.
—Rangyoku,
lo siento —dijo ella, acariciando su espalda.
Youko
enderezó el cabello enredado de Rangyoku. Tenía las manos juntas debajo de su
cuerpo. Golpeó a Youko de tal manera esa postura lamentable que sacó sus brazos
debajo de ella. Su mano derecha estaba acurrucada sosteniendo algo con fuerza.
Por la forma de su puño, era obvio que ella se aferraba a algo. Youko se
apoderó de la mano aún caliente y suavemente le abrió los dedos. El sello de
oro se desplomó en el suelo.
—Oh,
Rangyoku.
Youko miró
el sello y a Rangyoku con los ojos abiertos. Al final, ¿había comprendido lo
que significaba? No habría tenido tiempo de comprobar la impresión del sello.
Incluso si lo hubiera hecho, con sus heridas, y el hecho de que la impresión
era la imagen espectacular de los caracteres, se le hubiera hecho una lectura
difícil, si no imposible.
Mientras
Youko reflexionaba sobre esto, también consideró la importancia de cómo
Rangyoku lo había escondido, debajo de su cuerpo, tratando de evitar que lo
descubrieran. Y de las únicas personas que podría estar ocultándolo podría
haber sido de los asesinos. Pero ¿por qué lo había escondido? Porque pertenecía
a Youko, porque estaba hecho de oro. O ambas cosas.
—Rangyoku…
Gracias —Ella no quería llorar, pero no podía contener las lágrimas—. Lo siento
mucho.
Si ella no
hubiera abandonado el rike, podría haberlos protegido.
—Hankyo,
¿dónde está Keiki?
—Regresó al
palacio.
Youko
asintió con la cabeza. Por lo menos, Keikei solo debía sobrevivir. Si no lo
hacía, la mera condolencia no sería suficiente.
Un niño
murió también en Takuhou.
Mordiéndose
los labios, Youko miró a Rangyoku. Ella inclinó la cabeza hacia el suelo.
—Este mal
ejemplo de reina en verdad pide tu perdón.


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