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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 23 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Prólogo

 

PRÓLOGO

 

 

 

En el centro del mundo está el “Mar Amarillo”. Una Isla, en realidad, rodeada al norte, este, sur y oeste por cuatro mares interiores conocidos como el Mar Negro, Mar Azul, Mar Rojo y Mar Blanco.

Una mañana temprano, un pequeño punto negro apareció en el cielo por el norte sobre el Mar Negro, la sombra de un kijuu volaba desde la costa occidental del Reino de Kyou. Bañada por los rayos de un sol naciente, ahora que se acercaba el equinoccio de primavera, reflejaba de vez en cuando destellos de plata ya que surcaba el aire directamente hacia el suroeste. Frente al mar de un color melancólico una gran pared bloqueaba el camino, brillando en la niebla como un espejismo. La parte superior de un enorme muro trazaba una línea desigual entre el mar y el cielo, estas eran las imponentes Montañas Kongou, que rodeaban el Mar Amarillo.

A medida que el kijuu cruzaba el mar superaba a los barcos distantes con su velocidad. Sin embargo, aunque el color de la roca desnuda de la Montaña Kongou era cada vez más definido, la montaña no parecía estar más cerca; y, sin embargo, se acercaba, tal y como los altos picos dejaban claro al dibujarse cada vez más claramente.

El kijuu cogió velocidad. El sol alcanzó su cenit y las sombras que proyectaba apuntaron hacia el oeste. Las Montañas Kongou ocupaban completamente el horizonte. Desde el mar, los acantilados rompían la superficie del mar como hileras de colmillos afilados, formando una línea casi vertical que continuaba ininterrumpidamente, más y más arriba, hasta converger con la enorme cordillera que arañaba el cielo.

Un pequeño banco de arena se hizo visible en la base de los acantilados. Una mota de polvo en comparación con las Montañas Kongou. El kijuu descendió lentamente describiendo un amplio arco. A medida que el kijuu se acercaba al agua espumosa, se hizo evidente que lejos de ser un simple banco de arena, era una amplia saliente de tierra. Más cerca aún, las costas de la Montaña Kongou aparecieron a la vista, al norte de la orilla había un puerto, los barcos flotaban dirigiéndose en fila hacia la boca de este.

La bestia descendió, se deslizó a través del cielo sobre el puerto y se dirigió directamente hacia las Montañas Kongou. La pequeña sombra corrió sobre los campos de arroz, el espeso follaje y copas de los árboles que comenzaban a florecer. Pasó rozando por encima de los bosques que cubrían las montañas como una niebla baja, sobrevoló el cielo de pueblos tranquilos y cruces de caminos antiguos.

Cada vez que pasaba por una de estas parcelas de tierra la bestia descendía aún más, al fin llegó a la parte más alejada de la ciudad que se extendía en la base de las pequeñas crestas que destacaban a lo largo de toda la Montaña Kongou. Un muro la rodeaba por completo, hasta llegar a la base de la montaña. Un único camino conducía a la puerta, allí como los rayos del sol poniente ya lanzaba largas sombras, las personas, que parecían ser viajeros, se apresuraban a llegar a la ciudad. Varios rostros se volvieron y se detuvieron, contemplando la sombra que descendió del cielo, para luego dispersarse en todas direcciones. El kijuu aterrizó en el espacio de tierra desnuda.

—¡¿Qué demonios…?!

—¡Si vas a aterrizar con un kijuu por aquí mejor hazlo en un campo! ¡No en medio de la maldita carretera!

Un hombre de treinta y tantos desmontó del kijuu, ajeno a las voces de protesta que se alzaban a su alrededor y haciendo caso omiso de los otros viajeros, contempló el letrero que había sobre la puerta de la ciudad.

“Kenjou”, decía. La ciudad se llama Kenjou, en la prefectura de Ken y dependía administrativamente del Reino de Kyou, un pedazo de tierra que se proyectaba hacia fuera desde la Montaña Kongou como un banco de arena. Tras echar un vistazo al cartel, el hombre inclinó suavemente la parte superior del cuerpo y estiró sus extremidades, después de tomar las riendas del kijuu entró a la ciudad, cruzó la concurrida calle principal y entró en una posada situada en la parte noroeste de la ciudad.

—¡Bienvenido!

Un niño que limpiaba junto a la puerta de brillantes colores corrió hacia él cuando atravesó la entrada de piedra. Miró la cara del niño y sonrió:

—Ah, debes de ser Shoumei.

—Sí, ¿y? —el muchacho respondió con una cautela comprensible.

Se inclinó y dijo:

—Soy Gankyuu. ¿Me recuerdas? Nos divertimos mucho juntos la última vez.

—¿Tío Gankyuu?

—Eso es, ¿ya te has acordado de mí?

El chico se rio.

—Ha pasado mucho, mucho tiempo.

Gankyuu le dio unas palmadas en la cabeza con afecto. Se habían visto por última vez dos años antes, en ese momento Shoumei tenía diez años y realizaba pequeños trabajos en los negocios de la familia de su padre. Eso no incluía saludar a los huéspedes.

—¿Así que al final te han ascendido a guardia de la puerta? —dijo Gankyuu, bromeando con el niño al darle las riendas—. Pues bien, este anciano te va a dejar que sigas con lo tuyo, ten cuidado y no dejes que los extraños se le acerquen demasiado.

—Ya lo sé —Shoumei tomó las riendas de Gankyuu con una sonrisa traviesa, mostrando solo un poco de miedo, y observó el kijuu—. ¿Es el mismo kijuu que trajiste?

—Ah, a mi último kijuu lo mató un youma.

El muchacho volvió su atención a Gankyuu.

—¿Por un youma? ¿Estás bien?

—Más o menos, como puedes ver por ti mismo. ¿Cómo está Ken? ¿Ningún youma por aquí?

—Los hay —dijo sin rodeos, ya resignado a su temprana edad en la actual situación—. Aparecen de vez en cuando. —Hacía veintisiete años desde que la última emperatriz había muerto que el país se encontraba en un estado de decadencia. Desde el principio, se habían preparado las ciudades interiores de Ken para luchar contra los youma; pero siempre y cuando se decía que uno de ellos aparecía allí, era muy probable que también aparecieran en otras prefecturas. El niño contuvo el aliento bruscamente como si acabara de recordar algo, agarrando las riendas dijo.

—¿De qué tipo es?

El kijuu se parecía a un caballo, a excepción de su afilado e intimidante pico y las gruesas garras en vez de cascos. Gankyuu puso una moneda en la mano del niño y descolgó las bolsas de viaje atadas a la espalda del kijuu.

—Es un haku.

Palmeó el flanco del kijuu, golpeó suavemente la cabeza del niño y cruzó el patio cubierto. Justo al entrar por la puerta una voz le dio la bienvenida; se trataba de un hombre que estaba de espaldas a Gankyuu.

—¿Se quedará a pasar la noche?

El hombre levantó la cabeza y se volvió hacia Gankyuu con una amplia sonrisa. Con ese movimiento Gankyuu fue capaz de ver a una chica un poco sucia de pie delante del hombre. Pensó que el hombre parecía tener algunos asuntos pendientes con la muchacha, pero, en cualquier caso, le dio la espalda y se volvió hacia Gankyuu que cruzaba la habitación a grandes zancadas.

—Gankyuu, ¿verdad? ¿Qué tal? Cuánto tiempo sin verte.

—No es tanto tiempo. ¿Tienes una habitación?

—Oh, creo que tenemos una.

El posadero sonrió ampliamente mientras tomaba bolsas de Gankyuu. Por alguna razón, estaba más contento de lo habitual por atender esa petición.

—Oye, nada de lujos, recuerda. Todo lo que necesito es un lugar donde pueda dormir bien.

—Entendido, entendido. Es solo que esta es la última.

—Estoy salvado.

Eso era lo que ocurría en las ciudades como Ken cuando el equinoccio de primavera caía al día siguiente.

—He dejado a mi kijuu en los establos. Confío en que estará bien cuidado.

El posadero asintió.

—No hay problema.

Una voz estridente y exigente lo interrumpió:

—¡Espera un minuto! —el grito provenía de la niña, de apariencia desaliñada y mirada fulminante, con el que el posadero había estado hablando antes—. ¡Yo pedí la habitación en primer lugar! ¿Con qué derecho se lo está dando a él?

Gankyuu estaba mirando a la chica con asombro cuando el posadero gimió y puso su cabeza entre las manos.

—Vamos, señorita, acaba ya esta mala broma. ¿Por qué no vas a casa con tu madre? Esta posada no es un lugar para jugar. Vuelve con ella.

—Ya te lo he dicho, no estoy bromeando. Quiero pasar la noche. Esto es una posada, ¿no? —Tenía las blancas mejillas encendidas, probablemente por la ira.

Un interesante giro en los acontecimientos, pensó Gankyuu, agarrando al dueño del brazo y depositando el dinero en la palma de su mano. De ninguna manera iba a perder la última vacante en la ciudad por esta dificultad.

—Lleva mis cosas, ¿está bien? Me voy a por algo de comer.

—Dije: “¡Espera!” —la chica se dirigió a Gankyuu con el ceño fruncido y fue directa a él mirándolo de arriba a abajo—. ¿No tiene vergüenza colándose de esa manera?

Ella no parecía tener más edad que el chico de la puerta. Gankyuu dijo con una leva sonrisa:

—De colarse nada, es para ahorrarte la vergüenza de saber el por qué una joven está sola en una posada.

—Esto no es cosa de risa. Ya sea niña o adulta, un cliente es un cliente.

—Bueno, entonces, encontrarás una posada que te tratará como tal.

—¡Lo haría si pudiera!

Gankyuu rio en voz alta. Las posadas de Ken se llenaban sin excepción sobre el equinoccio de primavera. No era de sorprender que colgaran carteles de “no hay vacantes”. Gankyuu no estaba dispuesto a correr el riesgo de renunciar a la apuesta segura que ya tenía en la mano.

—En primer lugar, ¿por qué no vuelves a la ciudad? Sería lo mejor.

—No puedo volver ahora. ¡No mientras las puertas de la ciudad están cerradas! ¿Me está diciendo que acampe en este clima frío? Bien, soy sin duda una niña, y ya que estaba preocupado por donde iba a pasar la noche, ¿por qué no prueba a acampar a un lado del camino? Si una persona débil como yo tratara de acampar acabaría muriendo de frío. Considere mi situación, por lo que le pido que sea tan amable de renunciar a su habitación para mí. ¿No tiene la humanidad para ahorrarme ese destino?

—Lamentablemente no tengo esa obligación.

—Ya veo. ¿No son estas las circunstancias en las que uno debe sentir la obligación de ser compasivo y darse cuenta de que es de sentido común que debe esperar su turno?

—Eso parece.

La chica frunció el ceño. Puso una mano en la cadera y sacudió su dedo de la misma forma en que un padre lo haría ante un niño desobediente.

—¿Qué hace aquí?

—¿Eh?

Ken era una ciudad remota. Se distanciaba de la carretera principal y se situaba en el extremo más lejano de la carretera principal. Después de Ken, solo existía el Mar Amarillo. La ciudad no era un lugar para ir de placer, ni tampoco era una parada en el camino a otro lugar. De hecho, nadie iba a Ken a una excursión de placer o curiosidad. Pero cada vez que se acercaba un equinoccio, los que llegaban a Ken eran las personas que tenían negocios en el Mar Amarillo.

—Debería preguntarte lo mismo. ¿Qué hace una niña como tú paseando por una ciudad como esta? ¿Tomaste el camino equivocado? ¿Qué hay de tus padres?

—No estoy ni vagabundeando ni he tomado ningún giro equivocado. Esto es Ken. En cuanto a mis padres están en Renshou.

Los ojos de Gankyuu se abrieron sorprendidos.

El dueño, que había estado escuchando todo el tiempo, estaba nervioso por el rumbo que estaba tomando la situación. Alzó la voz en el asombro.

—¿Tu familia vive en Renshou?

—Está bien. Vine todo el camino desde Renshou. Después de muchos días y jugándome la vida en más de una ocasión, he llegado finalmente a Ken y después la última habitación me es arrebatada, ¿no cree que es un poco cruel?

—Disparates. No hay manera de que hayas podido llegar aquí por ti misma. ¿Quién te trajo?

—Nadie —la chica respondió secamente.

Gankyuu no podía creer lo que oía. Renshou era la capital del Reino de Kyou. Llegar en barco y a pie llevaría casi dos meses y, teniendo en cuanta el paso de un niño, seguramente habría sido mucho más para ella.

—¿Me estás diciendo que llegaste aquí, desde Renshou, por ti misma?

—Sí. ¿Está suficientemente impresionado ahora como para darme una habitación?

Gankyuu estaba impresionado. Sin un adulto para protegerla y mostrarle el camino, la chica había cruzado una distancia que hacía que Gankyuu se cansara solo con pensarlo.

—¿Por qué querrías venir aquí?

La chica lo miró con ojos llenos de desprecio.

—No es necesario explicarlo, ¿no? Uno simplemente escoge cualquier ciudad próxima al lugar a donde quiere llegar. Obviamente, voy al Monte Hou.

Naturalmente, las mandíbulas de Gankyuu y el posadero cayeron.

—Voy a ir al Shouzan, Kyouki está en el Monte Hou.

—¡Espera un minuto! Vas a ir al Shouzan, ¿tú?

—¿Alguna ley dice que un niño no pueda?

Gankyuu nunca había oído de ninguna ley así.

—¡Eso es ridículo! ¡Estás hablando sin sentido!

—¿Por qué? Si alguno de los adultos de este reino fuera digno, uno de ellos ya estaría sentado en el trono, seguro. Es por eso por lo que voy. —La chica miró a Gankyuu con aún más desprecio—. Solo puedo imaginar que está en Ken con la intención de entrar al Mar Amarillo también. Casi no debería ser necesario señalar que el tipo de hombre que quiera robar la última habitación de la posada a una niña pobre solo está desperdiciando su tiempo en ir al Monte Hou.

—¿Tienes alguna idea de lo que el Mar Amarillo es en realidad?

—¿Quién no? —la niña respondió a Gankyuu como si le hubiera pedido que sumara uno más uno—. No hay aldeas, no hay cruces de caminos, no hay pueblos tampoco. No hay posadas, tabernas o carreteras.

—No solo eso.

—El lugar está lleno de youma. Lo sé. Pero los youma pueden aparecer en cualquier lugar.

—No hay comparación. ¿Cómo vas a viajar? ¿Qué puede hacer un niño cuando es atacado por un youma?

—¿Y qué vas a hacer tú? ¿Qué tipo de probabilidad te das a ti mismo contra un youma?

—Yo…

—Asumamos que sucede, es atacado por un youma. No puede hacer nada más que huir por lo que también podría darme la habitación a mí.

Gankyuu se llevó las manos a la cabeza y se puso en cuclillas frente a ella.

—Escucha, señorita…

—Hay una persona aquí de pie que podría muy pronto convertirse en la próxima emperatriz. Di lo que tengas que decir con eso en mente y lo escucharé.

—El Mar Amarillo es un lugar peligroso…

La chica le devolvió la mirada, sin la más mínima señal de haberle afectado en nada.

—No voy al Monte Hou. Voy al Mar Amarillo con el fin de cazar youjuu que puedan ser entrenados como kijuu. ¿Sabes cómo nos llaman a hombres como yo?

—Bien… ah…

—Cazadores de cadáveres. Incluso cuando gente experta se une, son menos propensos a cazar un youjuu que de regresar del Mar Amarillo con los cadáveres de sus compañeros a sus espaldas. Ese es el tipo de negocio que es.

Durante el equinoccio de otoño de hacía dos años, Gankyuu perdió a sus compañeros de caza y su kijuu en el Mar Amarillo. Un youma devoró los seis kijuu enganchados a un afloramiento de rocas junto con sus dos socios cercanos. Ocho en total. Si el animal no hubiera estado ya saciado, Gankyuu habría sido el siguiente en el menú.

Se quedó en el Mar Amarillo hasta el solsticio de invierno, logrando cazar al haku para utilizarlo como kijuu. El entrenamiento de la bestia mantuvo a Gankyuu lo suficiente como para no haber tenido tiempo de regresar a Ken en el equinoccio de primavera del año anterior.

—Como resultado mis suministros han tocado fondo. En el camino a Ken este año, no me he quedado en ninguna posada ni navegué en ningún barco. Apenas había terminado el entrenamiento del haku pero lo monté tres días y dos noches para venir directamente aquí, prácticamente quedándome dormido en la silla de montar. Estoy tan cansado como tú y probablemente más desesperado. El hecho es que esta persona de mi derecha es un viejo amigo mío, así que cuento con él para que me eche una mano.

—Ah —murmuró la chica, momentáneamente perdida en sus pensamientos. Gankyuu le dio una palmada amistosa en el hombro para llamar su atención.

—Ese es el tipo de lugar que es el Mar Amarillo. Ahora se una buena chica y vuelve con tu familia, ¿de acuerdo? En cuanto el alojamiento de esta noche…

No terminó el resto de la frase. La chica se quitó el sucio kimono acolchado, el abrigo que llevaba debajo y le dio la vuelta. Al ver las monedas de plata cosidas de forma cruzada en el revestimiento, Gankyuu casi se cae de la sorpresa. Una sola moneda de plata valía cinco ryou, lo que el pequeño burócrata típico ganaba en un mes. Y había más de una moneda de plata.

Ella empujó el abrigo hacia Gankyuu.

—Trece monedas de plata son sesenta y cinco ryou. Escóltame al Monte Hou.

Gankyuu observó a la chica con mudo asombro.

—Considéralo un anticipo. Sin embargo, esperaré que usted cubra sus gastos a lo largo del camino —la muchacha sonrió con dulzura—. Mi nombre es Shushou. Primer punto en el orden del día: como su jefa, usaré la cama esta noche. Usted puede dormir en el suelo. ¿Tiene algún problema con eso?[1]


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