PRÓLOGO
En el centro del mundo está el “Mar Amarillo”. Una Isla, en realidad,
rodeada al norte, este, sur y oeste por cuatro mares interiores conocidos como
el Mar Negro, Mar Azul, Mar Rojo y Mar Blanco.
Una mañana temprano, un pequeño punto negro
apareció en el cielo por el norte sobre el Mar Negro, la sombra de un kijuu
volaba desde la costa occidental del Reino de Kyou. Bañada por los rayos de un
sol naciente, ahora que se acercaba el equinoccio de primavera, reflejaba de
vez en cuando destellos de plata ya que surcaba el aire directamente hacia el
suroeste. Frente al mar de un color melancólico una gran pared bloqueaba el
camino, brillando en la niebla como un espejismo. La parte superior de un
enorme muro trazaba una línea desigual entre el mar y el cielo, estas eran las
imponentes Montañas Kongou, que rodeaban el Mar Amarillo.
A medida que el kijuu cruzaba el mar
superaba a los barcos distantes con su velocidad. Sin embargo, aunque el color
de la roca desnuda de la Montaña Kongou era cada vez más definido, la montaña
no parecía estar más cerca; y, sin embargo, se acercaba, tal y como los altos
picos dejaban claro al dibujarse cada vez más claramente.
El kijuu cogió velocidad. El sol alcanzó su
cenit y las sombras que proyectaba apuntaron hacia el oeste. Las Montañas
Kongou ocupaban completamente el horizonte. Desde el mar, los acantilados
rompían la superficie del mar como hileras de colmillos afilados, formando una
línea casi vertical que continuaba ininterrumpidamente, más y más arriba, hasta
converger con la enorme cordillera que arañaba el cielo.
Un pequeño banco de arena se hizo visible en la
base de los acantilados. Una mota de polvo en comparación con las Montañas
Kongou. El kijuu descendió lentamente describiendo un amplio arco. A
medida que el kijuu se acercaba al agua espumosa, se hizo evidente que
lejos de ser un simple banco de arena, era una amplia saliente de tierra. Más
cerca aún, las costas de la Montaña Kongou aparecieron a la vista, al norte de
la orilla había un puerto, los barcos flotaban dirigiéndose en fila hacia la
boca de este.
La bestia descendió, se deslizó a través del cielo
sobre el puerto y se dirigió directamente hacia las Montañas Kongou. La pequeña
sombra corrió sobre los campos de arroz, el espeso follaje y copas de los
árboles que comenzaban a florecer. Pasó rozando por encima de los bosques que
cubrían las montañas como una niebla baja, sobrevoló el cielo de pueblos
tranquilos y cruces de caminos antiguos.
Cada vez que pasaba por una de estas parcelas de
tierra la bestia descendía aún más, al fin llegó a la parte más alejada de la
ciudad que se extendía en la base de las pequeñas crestas que destacaban a lo
largo de toda la Montaña Kongou. Un muro la rodeaba por completo, hasta llegar
a la base de la montaña. Un único camino conducía a la puerta, allí como los
rayos del sol poniente ya lanzaba largas sombras, las personas, que parecían
ser viajeros, se apresuraban a llegar a la ciudad. Varios rostros se volvieron
y se detuvieron, contemplando la sombra que descendió del cielo, para luego
dispersarse en todas direcciones. El kijuu aterrizó en el espacio de
tierra desnuda.
—¡¿Qué demonios…?!
—¡Si vas a aterrizar con un kijuu por aquí
mejor hazlo en un campo! ¡No en medio de la maldita carretera!
Un hombre de treinta y tantos desmontó del kijuu,
ajeno a las voces de protesta que se alzaban a su alrededor y haciendo caso
omiso de los otros viajeros, contempló el letrero que había sobre la puerta de
la ciudad.
“Kenjou”, decía. La ciudad se llama Kenjou,
en la prefectura de Ken y dependía administrativamente del Reino de Kyou, un
pedazo de tierra que se proyectaba hacia fuera desde la Montaña Kongou como un
banco de arena. Tras echar un vistazo al cartel, el hombre inclinó suavemente
la parte superior del cuerpo y estiró sus extremidades, después de tomar las
riendas del kijuu entró a la ciudad, cruzó la concurrida calle principal
y entró en una posada situada en la parte noroeste de la ciudad.
—¡Bienvenido!
Un niño que limpiaba junto a la puerta de
brillantes colores corrió hacia él cuando atravesó la entrada de piedra. Miró
la cara del niño y sonrió:
—Ah, debes de ser Shoumei.
—Sí, ¿y? —el muchacho respondió con una cautela
comprensible.
Se inclinó y dijo:
—Soy Gankyuu. ¿Me recuerdas? Nos divertimos mucho
juntos la última vez.
—¿Tío Gankyuu?
—Eso es, ¿ya te has acordado de mí?
El chico se rio.
—Ha pasado mucho, mucho tiempo.
Gankyuu le dio unas palmadas en la cabeza con
afecto. Se habían visto por última vez dos años antes, en ese momento Shoumei
tenía diez años y realizaba pequeños trabajos en los negocios de la familia de
su padre. Eso no incluía saludar a los huéspedes.
—¿Así que al final te han ascendido a guardia de la
puerta? —dijo Gankyuu, bromeando con el niño al darle las riendas—. Pues bien,
este anciano te va a dejar que sigas con lo tuyo, ten cuidado y no dejes que
los extraños se le acerquen demasiado.
—Ya lo sé —Shoumei tomó las riendas de Gankyuu con
una sonrisa traviesa, mostrando solo un poco de miedo, y observó el kijuu—.
¿Es el mismo kijuu que trajiste?
—Ah, a mi último kijuu lo mató un youma.
El muchacho volvió su atención a Gankyuu.
—¿Por un youma? ¿Estás bien?
—Más o menos, como puedes ver por ti mismo. ¿Cómo
está Ken? ¿Ningún youma por aquí?
—Los hay —dijo sin rodeos, ya resignado a su
temprana edad en la actual situación—. Aparecen de vez en cuando. —Hacía
veintisiete años desde que la última emperatriz había muerto que el país se
encontraba en un estado de decadencia. Desde el principio, se habían preparado
las ciudades interiores de Ken para luchar contra los youma; pero
siempre y cuando se decía que uno de ellos aparecía allí, era muy probable que
también aparecieran en otras prefecturas. El niño contuvo el aliento
bruscamente como si acabara de recordar algo, agarrando las riendas dijo.
—¿De qué tipo es?
El kijuu se parecía a un caballo, a
excepción de su afilado e intimidante pico y las gruesas garras en vez de
cascos. Gankyuu puso una moneda en la mano del niño y descolgó las bolsas de
viaje atadas a la espalda del kijuu.
—Es un haku.
Palmeó el flanco del kijuu, golpeó
suavemente la cabeza del niño y cruzó el patio cubierto. Justo al entrar por la
puerta una voz le dio la bienvenida; se trataba de un hombre que estaba de
espaldas a Gankyuu.
—¿Se quedará a pasar la noche?
El hombre levantó la cabeza y se volvió hacia
Gankyuu con una amplia sonrisa. Con ese movimiento Gankyuu fue capaz de ver a
una chica un poco sucia de pie delante del hombre. Pensó que el hombre parecía
tener algunos asuntos pendientes con la muchacha, pero, en cualquier caso, le
dio la espalda y se volvió hacia Gankyuu que cruzaba la habitación a grandes
zancadas.
—Gankyuu, ¿verdad? ¿Qué tal? Cuánto tiempo sin
verte.
—No es tanto tiempo. ¿Tienes una habitación?
—Oh, creo que tenemos una.
El posadero sonrió ampliamente mientras tomaba
bolsas de Gankyuu. Por alguna razón, estaba más contento de lo habitual por
atender esa petición.
—Oye, nada de lujos, recuerda. Todo lo que necesito
es un lugar donde pueda dormir bien.
—Entendido, entendido. Es solo que esta es la
última.
—Estoy salvado.
Eso era lo que ocurría en las ciudades como Ken
cuando el equinoccio de primavera caía al día siguiente.
—He dejado a mi kijuu en los establos.
Confío en que estará bien cuidado.
El posadero asintió.
—No hay problema.
Una voz estridente y exigente lo interrumpió:
—¡Espera un minuto! —el grito provenía de la niña,
de apariencia desaliñada y mirada fulminante, con el que el posadero había
estado hablando antes—. ¡Yo pedí la habitación en primer lugar! ¿Con qué
derecho se lo está dando a él?
Gankyuu estaba mirando a la chica con asombro
cuando el posadero gimió y puso su cabeza entre las manos.
—Vamos, señorita, acaba ya esta mala broma. ¿Por
qué no vas a casa con tu madre? Esta posada no es un lugar para jugar. Vuelve
con ella.
—Ya te lo he dicho, no estoy bromeando. Quiero
pasar la noche. Esto es una posada, ¿no? —Tenía las blancas mejillas encendidas,
probablemente por la ira.
Un interesante giro en los acontecimientos,
pensó Gankyuu, agarrando al dueño del brazo y depositando el dinero en la
palma de su mano. De ninguna manera iba a perder la última vacante en la ciudad
por esta dificultad.
—Lleva mis cosas, ¿está bien? Me voy a por algo de
comer.
—Dije: “¡Espera!” —la chica se dirigió a Gankyuu
con el ceño fruncido y fue directa a él mirándolo de arriba a abajo—. ¿No tiene
vergüenza colándose de esa manera?
Ella no parecía tener más edad que el chico de la
puerta. Gankyuu dijo con una leva sonrisa:
—De colarse nada, es para ahorrarte la vergüenza de
saber el por qué una joven está sola en una posada.
—Esto no es cosa de risa. Ya sea niña o adulta, un
cliente es un cliente.
—Bueno, entonces, encontrarás una posada que te
tratará como tal.
—¡Lo haría si pudiera!
Gankyuu rio en voz alta. Las posadas de Ken se
llenaban sin excepción sobre el equinoccio de primavera. No era de sorprender
que colgaran carteles de “no hay vacantes”. Gankyuu no estaba dispuesto a
correr el riesgo de renunciar a la apuesta segura que ya tenía en la mano.
—En primer lugar, ¿por qué no vuelves a la ciudad?
Sería lo mejor.
—No puedo volver ahora. ¡No mientras las puertas de
la ciudad están cerradas! ¿Me está diciendo que acampe en este clima frío?
Bien, soy sin duda una niña, y ya que estaba preocupado por donde iba a pasar
la noche, ¿por qué no prueba a acampar a un lado del camino? Si una persona
débil como yo tratara de acampar acabaría muriendo de frío. Considere mi
situación, por lo que le pido que sea tan amable de renunciar a su habitación
para mí. ¿No tiene la humanidad para ahorrarme ese destino?
—Lamentablemente no tengo esa obligación.
—Ya veo. ¿No son estas las circunstancias en las
que uno debe sentir la obligación de ser compasivo y darse cuenta de que es de
sentido común que debe esperar su turno?
—Eso parece.
La chica frunció el ceño. Puso una mano en la
cadera y sacudió su dedo de la misma forma en que un padre lo haría ante un
niño desobediente.
—¿Qué hace aquí?
—¿Eh?
Ken era una ciudad remota. Se distanciaba de la
carretera principal y se situaba en el extremo más lejano de la carretera
principal. Después de Ken, solo existía el Mar Amarillo. La ciudad no era un
lugar para ir de placer, ni tampoco era una parada en el camino a otro lugar.
De hecho, nadie iba a Ken a una excursión de placer o curiosidad. Pero cada vez
que se acercaba un equinoccio, los que llegaban a Ken eran las personas que
tenían negocios en el Mar Amarillo.
—Debería preguntarte lo mismo. ¿Qué hace una niña
como tú paseando por una ciudad como esta? ¿Tomaste el camino equivocado? ¿Qué
hay de tus padres?
—No estoy ni vagabundeando ni he tomado ningún giro
equivocado. Esto es Ken. En cuanto a mis padres están en Renshou.
Los ojos de Gankyuu se abrieron sorprendidos.
El dueño, que había estado escuchando todo el
tiempo, estaba nervioso por el rumbo que estaba tomando la situación. Alzó la
voz en el asombro.
—¿Tu familia vive en Renshou?
—Está bien. Vine todo el camino desde Renshou.
Después de muchos días y jugándome la vida en más de una ocasión, he llegado
finalmente a Ken y después la última habitación me es arrebatada, ¿no cree que
es un poco cruel?
—Disparates. No hay manera de que hayas podido
llegar aquí por ti misma. ¿Quién te trajo?
—Nadie —la chica respondió secamente.
Gankyuu no podía creer lo que oía. Renshou era la
capital del Reino de Kyou. Llegar en barco y a pie llevaría casi dos meses y,
teniendo en cuanta el paso de un niño, seguramente habría sido mucho más para
ella.
—¿Me estás diciendo que llegaste aquí, desde
Renshou, por ti misma?
—Sí. ¿Está suficientemente impresionado ahora como
para darme una habitación?
Gankyuu estaba impresionado. Sin un adulto para
protegerla y mostrarle el camino, la chica había cruzado una distancia que
hacía que Gankyuu se cansara solo con pensarlo.
—¿Por qué querrías venir aquí?
La chica lo miró con ojos llenos de desprecio.
—No es necesario explicarlo, ¿no? Uno simplemente
escoge cualquier ciudad próxima al lugar a donde quiere llegar. Obviamente, voy
al Monte Hou.
Naturalmente, las mandíbulas de Gankyuu y el
posadero cayeron.
—Voy a ir al Shouzan, Kyouki está en el Monte Hou.
—¡Espera un minuto! Vas a ir al Shouzan, ¿tú?
—¿Alguna ley dice que un niño no pueda?
Gankyuu nunca había oído de ninguna ley así.
—¡Eso es ridículo! ¡Estás hablando sin sentido!
—¿Por qué? Si alguno de los adultos de este reino
fuera digno, uno de ellos ya estaría sentado en el trono, seguro. Es por eso
por lo que voy. —La chica miró a Gankyuu con aún más desprecio—. Solo puedo
imaginar que está en Ken con la intención de entrar al Mar Amarillo también.
Casi no debería ser necesario señalar que el tipo de hombre que quiera robar la
última habitación de la posada a una niña pobre solo está desperdiciando su
tiempo en ir al Monte Hou.
—¿Tienes alguna idea de lo que el Mar Amarillo es
en realidad?
—¿Quién no? —la niña respondió a Gankyuu como si le
hubiera pedido que sumara uno más uno—. No hay aldeas, no hay cruces de
caminos, no hay pueblos tampoco. No hay posadas, tabernas o carreteras.
—No solo eso.
—El lugar está lleno de youma. Lo sé. Pero
los youma pueden aparecer en cualquier lugar.
—No hay comparación. ¿Cómo vas a viajar? ¿Qué puede
hacer un niño cuando es atacado por un youma?
—¿Y qué vas a hacer tú? ¿Qué tipo de probabilidad
te das a ti mismo contra un youma?
—Yo…
—Asumamos que sucede, es atacado por un youma.
No puede hacer nada más que huir por lo que también podría darme la habitación
a mí.
Gankyuu se llevó las manos a la cabeza y se puso en
cuclillas frente a ella.
—Escucha, señorita…
—Hay una persona aquí de pie que podría muy pronto
convertirse en la próxima emperatriz. Di lo que tengas que decir con eso en
mente y lo escucharé.
—El Mar Amarillo es un lugar peligroso…
La chica le devolvió la mirada, sin la más mínima
señal de haberle afectado en nada.
—No voy al Monte Hou. Voy al Mar Amarillo con el
fin de cazar youjuu que puedan ser entrenados como kijuu. ¿Sabes
cómo nos llaman a hombres como yo?
—Bien… ah…
—Cazadores de cadáveres. Incluso cuando gente
experta se une, son menos propensos a cazar un youjuu que de regresar
del Mar Amarillo con los cadáveres de sus compañeros a sus espaldas. Ese es el
tipo de negocio que es.
Durante el equinoccio de otoño de hacía dos años,
Gankyuu perdió a sus compañeros de caza y su kijuu en el Mar Amarillo.
Un youma devoró los seis kijuu enganchados a un afloramiento de
rocas junto con sus dos socios cercanos. Ocho en total. Si el animal no hubiera
estado ya saciado, Gankyuu habría sido el siguiente en el menú.
Se quedó en el Mar Amarillo hasta el solsticio de
invierno, logrando cazar al haku para utilizarlo como kijuu. El
entrenamiento de la bestia mantuvo a Gankyuu lo suficiente como para no haber
tenido tiempo de regresar a Ken en el equinoccio de primavera del año anterior.
—Como resultado mis suministros han tocado fondo.
En el camino a Ken este año, no me he quedado en ninguna posada ni navegué en
ningún barco. Apenas había terminado el entrenamiento del haku pero lo
monté tres días y dos noches para venir directamente aquí, prácticamente
quedándome dormido en la silla de montar. Estoy tan cansado como tú y
probablemente más desesperado. El hecho es que esta persona de mi derecha es un
viejo amigo mío, así que cuento con él para que me eche una mano.
—Ah —murmuró la chica, momentáneamente perdida en
sus pensamientos. Gankyuu le dio una palmada amistosa en el hombro para llamar
su atención.
—Ese es el tipo de lugar que es el Mar Amarillo.
Ahora se una buena chica y vuelve con tu familia, ¿de acuerdo? En cuanto el
alojamiento de esta noche…
No terminó el resto de la frase. La chica se quitó
el sucio kimono acolchado, el abrigo que llevaba debajo y le dio la vuelta. Al
ver las monedas de plata cosidas de forma cruzada en el revestimiento, Gankyuu
casi se cae de la sorpresa. Una sola moneda de plata valía cinco ryou,
lo que el pequeño burócrata típico ganaba en un mes. Y había más de una moneda
de plata.
Ella empujó el abrigo hacia Gankyuu.
—Trece monedas de plata son sesenta y cinco ryou.
Escóltame al Monte Hou.
Gankyuu observó a la chica con mudo asombro.
—Considéralo un anticipo. Sin embargo, esperaré que
usted cubra sus gastos a lo largo del camino —la muchacha sonrió con dulzura—.
Mi nombre es Shushou. Primer punto en el orden del día: como su jefa, usaré la
cama esta noche. Usted puede dormir en el suelo. ¿Tiene algún problema con eso?[1]

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