EPÍLOGO
Un pequeño punto negro apareció en el cielo sobre el Mar Amarillo.
Se dirigió hacia el sur, deslizándose sobre el Mar
de las Nubes, cruzó las montañas Kongou, y surgió en el cielo sobre el Mar Rojo
en el extremo sur del Mar Amarillo.
El punto negro continuaba en su camino hacia el sur
a través de las aguas azul brillante. Un día y una noche más tarde llegó a las
fronteras de Sou, el más meridional de los ocho reinos. Mantuvo la misma
dirección hasta que finalmente desapareció en el horizonte en Ryuukou, la
capital imperial.
El Palacio Seikan serpenteaba a lo largo de los
picos del Monte Ryuukou, la capital de Sou. Esta era la residencia imperial del
reconocido emperador de Sou.
La montaña sobresalía del Mar de Nubes, los
palacios de alabastro que destacaban sobre el agua, pagodas de varios pisos,
jardines y puentes de piedra blanca, pasillos de comunicación que se unían para
formar una sola estructura del palacio.
Colindante con el palacio interior, en la parte
trasera, estaba el Enshin, el compuesto que constituía las viviendas
imperiales. Un gran patio bordeado de un estanque de aguas tranquilas en el que
se reflejaba el arco brillante de la Vía Láctea.
Una dama de la corte apareció silenciosamente en el
pórtico que rodeaba el patio. Se arrodilló y se inclinó ante la mujer que
estaba allí.
—Ah, Taiho, ahí está.
La Taiho se volvió y sonrió suavemente, su cabello
dorado estaba salpicado de plata. La dama de la corte hizo una reverencia.
—Su excelencia ha regresado.
—¿Oh? —dijo la Taiho con su voz cristalina, dio las
gracias a la dama de la corte y se dirigió a Jinjuu Manor.
El pilar viviente de esta larga dinastía era
conocido oficialmente como Sourin. Había colocado al actual emperador de Sou en
el trono.
Había una buena distancia desde Jinjuu Manor a la
sala principal del Rokuchou. Sourin declinó la oferta para usar un barco y en
su lugar cruzó Jinjuu Manor por la parte trasera del palacio interior. Ella se
inclinó y entró en la habitación.
Flanqueado por varios asistentes, el emperador
estaba cambiando sus ropas de viaje por las ceremoniales.
—Bienvenido de nuevo, Alteza.
Miró por encima del hombro.
—Oh, Shoushou —dijo con una amplia sonrisa.
Era un hombre de cincuenta años, un hombre grande
en buen estado físico. El raro emperador de Sou había otorgado a Sourin el
nombre de Shoushou o precisamente por ello era un hombre poco común.
—¿Cómo está la provincia de Kou? —preguntó con un
gesto de bienvenida.
—El puerto se extiende espléndidamente —respondió
con una sonrisa alegre.
Una vez puesto su traje formal, se dirigió a la
parte más profunda del edificio. Ella lo siguió. La costumbre de que el
Rokuchou fuese asignado al emperador como principal residencia y el Jinjuu
Manor fuera para el kirin no fue seguida por Sou. El emperador y el kirin
residían en Tenshou Manor, en el centro de la próspera Koukyuu, también
conocido como “el Palacio de la Parte Posterior”.
A los ministros y burócratas se les prohibía la
entrada a Koukyuu. Solo un selecto número de asistentes y parientes más
cercanos del emperador vivían allí.
—Justo lo que se esperaba de los ingenieros del
reino de En. Deberías de ver el caladero que construyeron, Shoushou.
—Debe ser realmente impresionante.
—Sí —dijo, con un fuerte indicio de orgullo.
Su nombre era Ro Senshin. Shoushou lo encontró en
la provincia de Kou, en la que gestionaba una gran posada portuaria. Su visita
lo aterrorizó, pero eso también era una historia de hacía mucho tiempo.
El mensaje ya había sido enviado, por lo que cuando
los dos llegaron a Tenshou Manor, sus guardaespaldas los estaban esperando.
Como les pagaban de sus propios fondos, “guardaespaldas” era probablemente la
mejor palabra. Abrieron las puertas con amables reverencias.
Caminando por Tenjin Manor hacia el Seiden, Senshin
habló con Shoushou acerca de los cambios que tenían lugar en su querida ciudad
portuaria. Dentro del Seiden, había tres personas sentadas alrededor de una
gran mesa. Se levantaron tan pronto como entró Senshin y se inclinaron.
Sus títulos oficiales eran Reina Sou, Príncipe
Eisei y Princesa Bun -a menudo abreviado como Bunki-.
—Bienvenido a casa —los tres dijeron en voces
correctas y dignas.
A pesar de que su inclinación era un poco más
respetuosa que la del resto, Bunki fue la primera en levantar la cabeza y
preguntar:
—Su Majestad, ¿cómo fue la provincia de Kou?
Senshin asintió y se sentó.
—Kou lo está haciendo espléndidamente. Ahora, vamos
a ver: uno, dos, tres, y Shoushou hace cuatro. Nos falta el quinto. ¿Dónde está
ese hijo pródigo nuestro?
Miró a la reina. Suspiró profundamente.
—No solo no ha vuelto a casa, sino que además no
tienen la más mínima idea de lo que ha sido de él hasta ahora.
Senshin suspiró haciéndose eco del de su esposa.
—Él ya lleva fuera un total de seis meses seguidos.
—Y, sin embargo, a sabiendas de que disfrutas concediéndole
sus caprichos, lo dejas volar libre como un pájaro.
—Después de darle a mi hermano un kijuu así,
qué esperaban. ¿Qué apareciera pronto en cualquier momento?
Atacado por su hijo a su izquierda y su hija a su
derecha, Senshin se dejó caer en la silla y se quejó.
—Basta, ustedes dos —regañó Shoushou—. Se los dije
antes, su pobre padre no puede defenderse a sí mismo cuando conspiran contra él
de esa manera.
—¿Tú, ahora? —Senshin preguntó en voz alta,
volviendo los ojos hacia el techo.
Bunki extendió la mano.
—Más importante aún, padre, ¿dónde están nuestros
regalos?
—Ah —Senshin buscó en sus bolsillos y sacó los
paquetes. Shoushou miraba, sonriendo, ya que los regalos no estaban envueltos.
El emperador del reino de Sou había construido una dinastía
que había durado quinientos años. Solo el emperador del reino de En se acercaba
a la duración de su reinado y el reconocimiento que le era otorgado por los
doce reinos.
Aunque pocos sabían que el emperador no era, de
hecho, una sola persona.
Para estar segura, Shoushou, kirin de Sou,
había elegido a un único hombre, Senshin, como emperador, pero un solo hombre
no construyó la dinastía que dirigía.
Cuando al principio Shoushou buscó a Senshin en su
búsqueda de un emperador, él era el dueño de una posada en un puerto de una
ciudad en decadencia. La fama de la posada alcanzó más allá de las fronteras de
la ciudad gracias a la gestión de Senshin y su esposa, Meiki y sus tres hijos.
Senshin era un pilar de su comunidad y la cabeza de
su familia, un hombre de gran corazón, la mente clara y no dado al
comportamiento impulsivo. Consultaba con su esposa e hijos sobre todo y
respetaba sus opiniones. La mitad del éxito de la posada se la atribuía a ellos
y trató de mantenerlos involucrados en cada paso a lo largo del camino.
Él llevó ese sistema con él cuando ascendió al
trono, el único cambio sustancial es que ahora Shoushou también participaba de
las consultas.
Meiki y sus hijos no tienen ningún poder
ministerial real, aparte de ser oficialmente nombrados reina, príncipes y
princesa, no participaban en los asuntos de la corte imperial, y generalmente
se pensaba que pasaban el tiempo en silencio en el Koukyuu.
En realidad, los cuatro ejercían una autoridad
imperial igual a la del emperador.
Bueno, para ser más precisos, tres y medio de
ellos, pensó Shoushou, y sonrió para sí misma.
Desde que estaba trabajando en la posada, el menor
de los dos hijos tenía el sueño de contratar una tripulación y salir a navegar
más allá. Sus caminos errantes continuaron después de convertirse en un
príncipe del reino, pero un buen resultado fue que Sou siempre estaba al tanto
de lo que ocurría en los otros once reinos.
En ese momento, la ventana del balcón se abrió. Al
ver la cara de la persona que apareció, Shoushou no pudo evitar reírse.
—Eh, bueno, ya están todos aquí. —Fue el saludo sin
preocupaciones de Rikou. Su nombre oficial era el de Príncipe Takuro.
Meiki saludó la llegada de su hijo con otro
suspiro.
—Existen estas cosas llamadas puertas, ¿sabes?
—Sí, pero esto es más conveniente.
—Al menos podrás recibir a tu padre en casa. Acaba
de regresar de la provincia de Kou.
—Oh, así que has estado de excursión por tu cuenta,
¿eh?
—Durante los últimos dos meses. Y tú, te fuiste dos
meses antes de eso. Y aún has vuelto dos meses después de él.
—Bueno, bueno, bueno. Bienvenido a casa, padre.
—¡Por Dios! ¿Qué te ha llevado cuatro meses para
pensar de nuevo en casa? ¿Dónde narices te has…?
—Al Monte Hou, ya que preguntas.
—¡No es justo! —se lamentó Bunki—. ¡Y no me
llevaste! ¡No he estado en el Monte Hou nunca!
—Para ser precisos, no fui con la intención de
acabar en el Monte Hou.
Su madre le dedicó una mirada genuinamente
sorprendida.
—¿Al Monte Hou? ¿Sin una invitación de la Señora
del Monte Hou?
—Ahí está. Me anuncié a mí mismo en la puerta
principal y ella estaba al parecer de buen humor. Se permitió que me fuera por
la puerta de atrás en mi camino de regreso.
—¿La entrada trasera? —preguntó su madre.
Rikou señaló la ventana.
—Por encima del Mar de Nubes. Vine aquí
directamente desde el Monte Hou. Un buen trecho, dos días completos. Es muy
difícil no tener ninguna tierra debajo de ti.
Su hermana intervino:
—¿Te anunciaste a ti mismo en la puerta principal?
¡Eso es por debajo del Mar de Nubes! ¡Lo que significa que cruzaste el Mar
Amarillo para llegar al Monte Hou!
Rikou sonrió.
—Está bien. Acompañé a una caravana en el Shouzan y
fui testigo de la ascensión. —Ahora se inclinó formalmente a su padre—. Ella
esperó en el Monte Hou a un día propicio para celebrar la Investidura. El fénix
debería anunciar su entronamiento en breve. Me pareció importante que su Alteza
escuchara primero las noticias, así que me despedí del Monte Hou temprano.
Senshin miró a su hijo.
—¿Qué clase de persona es?
Rikou dijo con un guiño a su hermana:
—Una chica joven con la que creo que Bunki
encontraría un alma gemela.
—Una emperatriz, entonces.
—De doce años.
Les llevó un minuto de sorpresa para asimilas esa
poca información.
—Eso no me lo esperaba.
—La ascensión imperial es una tarea difícil, en
cualquier caso. ¿Cómo una chica tan joven pondrá orden en la corte imperial?
—Parece demasiado lejos.
—Es por eso por lo que creo que deberías escribirle
a ella personalmente, padre, y enviar un mensajero para felicitarla con motivo
de su entronización.
—Ah, así que tienes intención de volver con la
muchacha.
—Creo que Shushou tendrá un tiempo mucho más
difícil por delante sin tu apoyo.
—Shushou. Entonces, ¿una niña de doce años fue al
Shouzan?
—Ella lo hizo —Rikou se sentó en la mesa—. Una
verdaderamente sorprendente señorita, si se me permite decirlo. Su temperamento
es perfectamente adecuado para el papel. Si ella puede superar la crisis
inevitable que todos los tribunales novatos pasan, creo que llegará a ser una
emperatriz digna.
Meiki puso una taza de té frente a su hijo.
—¿No me digas que fuiste tú el que le pusiste la
idea en la cabeza?
—¡No, en lo más mínimo! —dijo Rikou con una ruidosa
carcajada—. La gente como yo no podría instigar a una chica para hacer nada de
lo que ya tuviera en mente. Nos encontramos en Kyou. Ya había comenzado el
Shouzan. Ella es la hija de la famosa familia de los comerciantes Banko Sou. Al
enterarse de que se había escapado de casa para ir al Shouzan, decidí
acompañarla.
—Dejando tus propios motivos, eres la última
persona que sabe dónde vas a terminar cuando te vas a algún lado.
—Llámalo la Obra de Providencia. Una niña de doce
años se pone en marcha con el Monte Hou en su punto de mira. Esa chica se
encuentra con el joven hijo despilfarrador del clan Ro. Uno pensaría que al
menos pretendo planificar el día en que pudiera llegar a ser el poder detrás
del trono. Pero no fue así. Más bien, yo fui el que quedó atrapado en la
extraordinaria ola de suerte que llevó a la futura emperatriz a lo largo de su
viaje.
—Eso es extraordinario —se maravilló Bunki—.
Cruzando el Mar Amarillo a la edad de doce años. ¡Tengo dieciocho y no puedo
imaginar hacer tal cosa!
Rikou sonrió.
—Creo que te estás olvidando los otros quinientos
años.
Bunki le sacó la lengua y su atención a su padre al
otro lado de la mesa.
—Padre, nómbrame embajadora en su coronación. Por
favor. Yo quiero ir.
Esta vez el suspiro vino del Príncipe Eisei
-también conocido como Ritatsu-.
—Por lo tanto, Rikou, ¿has llegado a decirle quién
eres realmente?
—Oh, eso es sin duda será un principio.
—Lo que no sucederá si no te enviamos.
—Exactamente. Es por eso por lo que tienes que
enviarme como representante de felicitación.
—¡No es justo! —Bunki volvió a protestar.
Ritatsu la hizo callar.
—¿Qué más podemos hacer? Rikou servirá como embajador
interino de Kyou. Tenemos que conseguir un regalo apropiado. Padre, ¿acaso no
cumple con tu aprobación?
Fue Meiki la que asintió.
—Pero Ritatsu será jefe de la misión. Pon a Rikou a
cargo y quién sabe qué desgracias caerán sobre nuestro cuerpo diplomático.
—Entendido.
—Teniendo en cuenta la importancia de dar una buena
primera impresión, enviar a Shoushou sería la mejor opción, pero no justo
después de una coronación, por que Shoushou tiene un físico muy frágil.
—Madre, por que Shoushou es kirin, querrás
decir. Dime, ¿podemos incluir a Seisai entre los regalos?
—¡Ritatsu! —exclamó Rikou.
Meiki asintió.
—Estoy de acuerdo. Nada bueno saldrá de dejar que
la criatura esté al cuidado de Rikou.
—Y después de haber llegado a estar tan apegado a
él —hizo un puchero Rikou.
Su hermano mayor no le mostró ninguna simpatía.
—Si no te gusta, echa la culpa a ti propio pie,
vagabundo. ¿Y si algo le hubiera sucedido en el Mar Amarillo?
—Tomé todas las medidas adecuadas y necesarias.
—Como si tus medidas adecuadas y necesarias fueran
siempre apropiadas o necesarias. En cualquier caso, ¿qué podríamos regalarle a
la emperatriz?
—Un kijuu. Debo admitir que estaría
satisfecha con Seisai.
—Eso lo resuelve, entonces.
—Sí, sí —dijo Rikou con mirada triste.
Su padre le llamó la atención.
—Por lo que parece mi regalo se convirtió en una
especia de elefante blanco[1].
Rikou sonrió.
—Está bien. Shushou tratará a Seisai como a un
miembro de la familia. Mejor, sospecho. Pero era un buen kijuu.
—¿No será una estrategia para poner tus manos en
otro?
—Si tú solo dieras el recado…
—El recado es, en primer lugar, ver qué tipo de
esfuerzo poner en tu próxima misión.
—¿Así que a eso es a lo que has venido?
Rikou sacudió la cabeza con desconcertada
resignación y se volvió a mirar por las ventanas del norte. En una voz casi
demasiado suave para ser escuchada dijo:
—Hice algunos amigos en el Mar Amarillo.
Y ahora que sabía que su camino estaba cerca del
lugar bien podría imaginar cazar uno por su cuenta.
Cinco días más tarde, el Fénix cantó en el reino de
Sou. La noticia llegó desde el reino de Kyou: La emperatriz de Kyou ha
ascendido al trono.
En el undécimo año de Fuhaku, su Alteza Imperial falleció en el
Enshin. En ese mismo año, un Kyouka
apareció en el Monte Hou.
En el año
duodécimo, el Kyouka[2] dio a luz a Kyouki.
A los
dieciocho años, Kouki[3] apareció sobre el Rishi.
En la
primavera del año treinta y ocho, Saishou[4] entró en el Mar Amarillo desde Ken.
El Taiho salió a su encuentro y selló el nuevo Pacto.
El nombre de
Shushou entró en el Registro de los Dioses y tomó el lugar que le correspondía
en el trono imperial.[5]
—De las Crónicas de Kyou.



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