CAPÍTULO
33
La ciudad de Kokei estaba al lado de la ciudad de Hokui, anexa a su
esquina noroeste. La oficina del gobierno solo era el ayuntamiento. Los otros
edificios pertenecían a los hogares de hace veinticinco años, el tamaño de una
ciudad incorporada.
Youko y Rangyoku pasaron a través de la puerta del rike
a la calle principal. La mayoría de las ciudades estaban rodeadas por una
empalizada de altura de cien metros en todas direcciones. Las casas pequeñas le
daban la vuelta al interior de la pared. El ayuntamiento, el rishi y el rike
se encontraban en una fila en el sector norte de la ciudad. La calle principal
corría de este a oeste, en frente de ellos. La calle de norte a sur, desde el rishi
hasta la puerta principal era la calle central.
El ayuntamiento albergaba las oficinas del gobierno
y de la escuela primaria. El rishi era el santuario done oficialmente
estaba el riboku de la ciudad y donde los dioses estaban consagrados.
Una configuración común en un santuario del estado de los Dioses de la Tierra y
los Dioses de los Cinco Cereales[1] que se encontraban a lo largo del muro
occidental, y los santuarios ancestrales a lo largo de la pared oriental. Pero
la fe de la gente del pueblo se centraba en el riboku. Debido a que era
a través del riboku que los niños eran concebidos y la ganadería era
concebida.
—Muy interesante —se dijo Youko a sí misma.
Rangyoku se inclinó hacia ella.
—¿Qué cosa?
—Oh, nada, solo pensaba en el rishi. Parece
que el estado y los santuarios ancestrales fueron lanzados en el último
momento, una especia de premio de consolación.
De hecho, los santuarios ancestrales y el estado
eran su mayoría pequeños y se quedaban ahí acumulando polvo.
Rangyoku rio.
—Dices cosas muy curiosas, Youshi.
—¿Lo hago?
—El riboku trae a los niños. No importa
cuántas muchas ofertas hagas o cuántas oraciones reses, la cosecha no
necesariamente será abundante y no necesariamente estarán protegidas de las
calamidades. Así que el riboku es siempre lo primero que se tiene en
mente. Está destinado a ser el tema, no importa qué, ¿no crees?
—Tú estás en un pueblo muy pragmático, eso es
seguro, pero Tentei, el Señor Dios de los Cielos, y Seioubo, Reina Madre del
Occidente son diferentes.
Tentei y Seioubo eran consagrados con frecuencia en
el rishi, pero también había distritos en la ciudad a un lado del
santuario dedicado a ellos.
—Eso es porque ellos dan a los niños.
—¿Tentei y Seioubo?
—Sí. Una pareja que quiere un niño reza al riboku
y ata una cinta a una rama del árbol.
—Y si no se está casado, ¿no se puede?
—No. Los amanuenses registran los nombres de todas
las personas que desean tener un hijo y lo envía a la Reina Madre del
Occidente. Se hace una petición a Tentei, que elige al más adecuado de ellos
para darle al niño. A continuación, Seioubo comando a las diosas a la creación
de un ranka.
—Ah. —Le parecía muy diferente a cualquiera de los
cuentos de hadas que había escuchado en Japón. No es que ella pudiera
recordarlos con gran detalle.
—El implante de la semilla de los que rezan se
convierte en un niño dentro del ranka, y luego lo llevan al riboku.
¿No es así como se hace en Wa?
—No, en absoluto —dijo Youko con picardía—. ¿Crees
en todo eso, Rangyoku? ¿Lo que me acabas de decir?
Rangyoku se echó a reír.
—No literalmente. Sin embargo, un ranka
aparece. Y si un ranka no aparece en una rama que se eligió, no puedes
ir a buscar otra en otro lugar. No va a salir. Increíble, ¿no? Es por eso por
lo que tiene que ser lo que Dios te dio.
—Por supuesto —dijo Youko sonriendo—. El ganado
también nace del riboku, ¿no es así?
—Sí, desde el primer día del mes hasta el séptimo,
las peticiones se hacen al riboku. El primer día es para las aves como
pollos y patos. El segundo día es para los perros. El tercero, para ovejas y
cabras. El cuarto, para jabalíes y cerdos. Quinto, para el ganado, el sexto,
para los caballos. Y el séptimo para la gente.
—¿La gente? ¿Hay días asignados para las personas?
—Sí, en el séptimo o cualquier día después de la
novena entrada. Los niños se solicitan en el séptimo, se supone a su vez que es
lo mejor. Mi madre me dijo que fue Keikei.
—Ya veo.
—El ganado germina en un mes. Puedes atar varias
cintas a la vez, pero no todos ellos necesariamente crecerán en un ranka.
Para la gente, siempre es único.
—¿Así que no tienen gemelos?
—¿Gemelos?
—Cuando dos niños nacen al mismo tiempo. En Wa, al
menos cinco niños habían nacido al mismo tiempo.
—Wow, eso es raro —Rangyoku miró hacia atrás por
encima de su hombro hacia el rishi. —El octavo día es para los cultivos.
Sin embargo, solo la reina puede hacer tales peticiones.
—Puedes hacer crecer los cinco granos, trigo,
arroz, frijoles y del tipo del mijo, siempre que quieras plantar solo las
semillas. Al dar sus frutos, se conseguirán más semillas, ¿verdad?
—Ese parece el caso. Las plantas y los árboles no
son animales. Pero no es que nadie puede hacer la solicitud de reservas de
nuevos granos. Solo la reina puede hacer eso y en un árbol en el Palacio
Imperial. Cuando el Cielo concede la solicitud y el fruto del árbol se da, el
próximo año, un ranka contiene las semillas que hace crecer en todos los
riboku del reino.
Youko abrió los ojos desorbitada por la sorpresa.
Esto, sin duda, era una novedad para ella. Tendría que preguntarle a Enho para
que le informara de los detalles.
—Yaboku o riboku silvestres, en donde
crecen los animales distintos a los animales y aves domésticas. ¿Sabías que hay
árboles en el agua, también?
—No lo sabía. Para los peces, me imagino.
Rangyoku sonrió.
—Exactamente. Y luego hay yaboku de hierbas
salvajes y árboles.
—¿Las plantas que no son cereales se crean por sí
mismos?
—Lo hacen. De lo contrario, no habría plantas ni
árboles. Así que parece que puede hacerse todo por sí mismo. ¿Cuándo y dónde
nacen nuevas variedades de hierbas? Nadie lo sabe. Así que de vez en cuando las
personas examinan la base de un yaboku para ver si las plantas están o
no están familiarizadas con las que crecen ahí. Si no es así, entonces se las
trae a la casa y se las desarrolla. Hay itinerantes que hacen eso para ganarse
la vida. Se los llama cazadores de cría. Andan por ahí en busca de nuevos ranka.
También parecen depender del riboku. Hay árboles que producen una
especie muy salvaje. Lo que hacen es mantenerlo en secreto. Nadie habla de
ellos. Los cazadores matan a las personas que tratan de seguirlos.
—Oh.
—Se pueden obtener medicinas inusuales y hierbas y
árboles para nuevos cultivos y los venden, pero suena como un negocio de miedo.
Youko asintió con la cabeza. Por supuesto, esas
personas eran objeto de discriminación en ese mundo. No había mucha
discriminación basada en la ocupación, porque las vocaciones no eran heredadas
a lo largo de líneas familiares. No importaba de qué familia viniera un niño,
él conseguiría una partición cuando cumpliera los veinte años. Un gran negocio
o una empresa no podían ser transmitidas a los hijos. Los discapacitados
también eran tratados con compasión. Pero el mundo estaba cerrado a los hanjuu
y los itinerantes.
—¿Qué pasa? —preguntó Rangyoku.
Youko negó con la cabeza.
Su amigo era un hanjuu. En agradecimiento a
él, deseaba que se deroguen todas las leyes que le daban la espalda a los hanjuu.
Los ministros se negaron a seguir. Se consideró para su Rescripto Inaugural,
pero no sentaba bien para ella. La inauguración del rescripto se suponía que
hiciera una declaración. Sin ser realmente consciente de ello, se había
convertido en presa de la convicción de que debía llevar a cabo sus deberes
oficiales de primera con toda la confianza en sí misma y de la seriedad de una
reina.
—¿He dicho algo malo?
—No, por supuesto que no. Solo es algo que ha
estado en mi mente por la tarde. Ah, aquí estamos.
Ella y Rangyoku llegaron a la puerta de la ciudad.
Rangyoku tuvo que salir de los terrenos de pastoreo. Youko tenía una tarea en
Hokui.
—Bien, alégrate, ¿sí?
Youko sonrió. Sin duda, Rangyoku asumía que su
tristeza era causada por la nostalgia de su tierra natal. Agradecida por esos
sentimientos, Youko la saludó y se dirigió hacia el oeste por el camino
cruzado.
Las ciudades por lo general solo tenían una puerta principal. Kokei
tenía dos. Eso era porque Kokei era en parte de Hokui.
La ciudad era sin duda el núcleo de la ciudad. Las
oficinas de la ciudad se encontraban originalmente en una extensión del
ayuntamiento. Cuando la ciudad se convertía en una sede del condado, las tornas
cambiaban y las oficinas del gobierno se trasladaban al centro de la ciudad, y
los servicios esenciales de la ciudad eran relegados a un bloque en la esquina
noroeste de la ciudad. Hokui estaba empujando a la ciudad a la derecha. En ese
momento, no había más que una sola puerta que los conectara.
Youko entró en Hokui y se dirigió hacia el
ayuntamiento en el centro de la ciudad. Siguió el camino de vuelta alrededor
del centro de la ciudad hasta que se encontró frente al cuadrante sureste de la
ciudad.
—¿Dónde está? —murmuró para sí misma.
En medio del ajetreo y el bullicio de la calle,
justo en los talones, un hilo de voz dijo:
—Gire a la derecha en la siguiente esquina.
Youko siguió las instrucciones, comenzando a
adentrarse en la ciudad, y llegó a una pequeña casa. Originalmente, los dueños
de casa solo eran residentes en la ciudad que habían recibido por bienes del
reino. Pero la cuestión era que la gente vendía sus tierras y sus casas y se
desplazaba. Una persona vendía su casa y los bienes adquiridos o de una tienda
del controlador de la ciudad. Otra persona compraba el terreno y contrataba a
los campesinos para que trabajaran cualquier número de hogares. De una forma u
otra, todo el pueblo acababa en una esfera privada de un solo dueño. No había
pocos individuos que vendían sin siquiera ver sus concesiones y se iban en
busca de otra vivienda en la ciudad.
El propietario de esa casa había ido a vivir ahí a
través de una serie enredada de acontecimientos. En cualquier caso, su nombre
era Rou, y esa era la casa del hombre que servía al extraño visitante de Enho.
Hankyo lo había seguido y como lo había hecho la
primera vez, confirmó que el hombre no se había ido a una posada, pero sí a la
casa de Rou. Al día siguiente el hombre se había ido de Hokui y se había
dirigido al norte.
¿Y ahora qué?
Youko miró la casa. Si llamaba al hombre y exigía
saber quién era su huésped, era poco probable que obtuviera una respuesta. Ella
estaba mirando desde el lado opuesto de la calle cuando de repente la puerta
principal se abrió. Youko desvió la mirada y fingió como si estuviera buscando
algo en el camino.
—Muy bien, entonces —dijo la voz de un hombre.
—El paquete… —Se detuvo en la mitad de la frase,
como si acabara de darse cuenta de su presencia ahí. Un pequeño hombre de
mediana edad. Junto a él había un hombre tan grande como él, con un físico de
piedra de tamaño normal y el pelo negro. Miró a Youko a la distancia.
—Todo depende de ti.
—Entiendo.
Con ese simple cambio, los dos se separaron. El
hombre más pequeño corrió hacia el interior de la casa. El hombre grande caminó
por la avenida con pasos rápidos.
Solo un visitante normal, tal vez.
Pero ella no podía ignorar la forma en que el
hombre pequeño de repente dejó de hablar.
Youko se alejó en dirección opuesta a la del hombre
grande. En voz baja, ella le hizo señas a Hankyo.
—¿Tiene usted preocupación por esa presencia de tal
manera?
Youko asintió con la cabeza al oír la voz sin
cuerpo.
—Lo siento. Pero si tú lo haces, puede ser un
visitante normal, pero me gustaría llegar al fondo de su conexión con Enho.
Tal como predijo Rangyoku, Enho había estado muy
agitado después de que el visitante había ido y canceló sus estudios. Y así,
con el tiempo en las manos, se había ido a ver la casa de Rou ella misma.
—A sus órdenes.
La pequeña voz se desvaneció y desapareció.
Esa noche, Hankyo regresó pasada la medianoche y
reportó que los bienes de propiedad del hombre eran en la ciudad de Takuhou,
prefectura de Shisui, justo al otro lado del río, en la provincia de Wa.
—¿Takuhou?
La ciudad de Takuhou estaba al este de Hokui. El
hombre que había visitado a Enho se había dirigido hacia el norte. ¿Había
incluso una relación entre ellos?
Youko en silencio le dio vueltas estos hechos en su
cabeza.[2]

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