CAPÍTULO
43
Youko terminó sus tareas matutinas y pidió a Enho el encargo de ir a la
escuela. La escuela de ahí no tenía límite de edad, por lo que Rangyoku asistía
junto con Keikei. Los temas principales eran la lectura, escritura y aritmética.
Los niños podían ir a la escuela a partir de la edad de siete años -contando a
un niño desde el momento del nacimiento y la edad de un año en cada Año Nuevo-,
o cinco -contando los cumpleaños en la fecha de nacimiento-.
Porque no había una graduación formal, los adultos
podían asistir también, y muchas veces iban con bebés en brazos.
Era un bonito ambiente relajado. Lo más importante
se hacía hincapié en que la charla era algo más constructivo que el simple
chisme. Sin embargo, como consecuencia, la asistencia abierta solo se permitía
durante el tiempo que los habitantes del pueblo volvían de las aldeas a la
ciudad. La propia escuela cerraba desde la primavera hasta el otoño. Cualquiera
que quisiera asistir de otra forma tenía que obtener una recomendación del
superintendente -que también era el principal-.
Youko se quedó atrás, en el orfanato, ahora vacante
y se preocupó por la chica llamada Suzu. ¿Que debía hacer? ¿Ir a Takuhou a
buscarla? Había enviado a Hankyo a Gyouten y todavía no había regresado. Esa
era otra razón para su vacilación. Mientras se preparaba el almuerzo, daba
vueltas a todo el asunto en la cabeza, sin saber qué hacer.
—¡Hey, Youshi! —la llamó Keikei.
Enho siempre volvía junto con Rangyoku y Keikei.
Sin decir una palabra, Rangyoku miró y sonrió a Youko.
—En la posada Eika junto a la puerta del dragón.
—¿En la posada?
Rangyoku se rio y fue hacia la cocina. Sacó a Youko
a una zona aislada de la pared.
—Es un joven.
Youko enarcó las cejas. La primera imagen que le
vino a la cabeza era del hombre que había conocido en la taberna en sombras de
Takuhou.
—¿Tal vez es un hombre de aspecto sombrío? ¿Un
hombre grande?
—Más bien de un físico delgado.
—¿Cerca de catorce o quince años? —Si no era el
hombre grande, entonces tal vez el muchacho que había intervenido a su favor.
Rangyoku, en broma, frunció el ceño hacia Youko.
—Oh, basta, ¡no puedo creer que te olvides de un
tipo así de guapo! Él me pidió que te dijera que tu siervo había llegado. Tú
sabrás quién es.
Los ojos de Youko se abrieron inmensamente.
—¡Wow, quiero decir, tu sirviente! ¡Eso es
increíble!
Youko rápidamente agitó las manos, dejando de lado
esas sugerencias.
—¡No seas ridícula! ¡No es nada de eso!
—Ah, te has sonrojado. Debe de ser un tipo
realmente bueno. ¡Iba vestido tan bien!
—No, no, no. Oh, está bien, ¿qué tenía que decir?
—Entonces lo conoces. Debes de estar muy cerca —Rangyoku
rio a carcajadas. Ella puso manos a la obra y se fue hacia el barril de agua—.
Bueno, será mejor que vayas de inmediato y lo averigües. ¡Y si no vuelves de
regreso esta noche, háznoslo saber!
—Me imaginé que eras tú —dijo Youko cuando entró en la suite de
invitados de la posada y reconoció el rostro estirado.
Abrió los ojos con recelo y se inclinó hacia
adelante. Luego la reverenció rápidamente con educación. El manto cayó de sus
hombros.
—Perdóneme por atraerla hasta aquí.
Desde luego que él se presentaría así. En
comparación con su atuendo habitual, tenía sobre sí mismo un aire de sobriedad,
pero eso era porque no podía mostrar muy bien su vestimenta ministerial por
completo.
—Esa es una manera de llamar mi atención.
—¿Eh?
El botones que le había mostrado la sala le dio una
mirada significativa. Salió de la habitación sin decir palabra y cerró la
puerta tras de él.
Youko dejó escapar un profundo suspiro.
—Olvídalo —dijo, sacando una silla y sentándose. A
partir de sus tobillos escuchó que sonaba como una risa—. Oh, Hankyo. Ya sabes,
podrías haber enviado a Hankyo por mí.
—Quería ver qué tipo de lugar es el orfanato. ¿No
debería haberlo hecho?
—Eh, me parece bien. Por lo tanto, Keiki, ¿por qué
viniste hasta acá?
Keiki tomó un rollo de una caja de papelería
apoyados en sus rodillas y los hizo rodar sobre la mesa.
—¿Tiene un sello imperial?
—¿Si yo lo tengo? —Youko negó con la cabeza y
sonrió—. Lo siento, no lo traje conmigo.
—Algunos papeles necesitan ser atendido. Mañana,
tendrá que buscarlo Hankyo.
—De acuerdo.
Puso cada uno de los documentos en la caja. A pesar
de que había dejado todo a la atención de Keiki, los decretos de los altos
funcionarios del gobierno seguían siendo necesario tener el sello imperial.
Ella desenrolló los rollos y examinó los textos. Apenas podía leer una palabra,
así que no podía hacer mucho más que deslizar la vista sobre ellos. Tendría que
pedir a Keiki que los leyera en voz alta para que ella pudiera entenderlos.
—¿Y cómo está el rike?
—¿Qué? Oh, está genial. Enho es un buen hombre y me
encantan los niños.
—¿Es así? Es bueno saberlo.
—Lo cual no quiere decir que no tengo ninguna duda —murmuró
Youko.
—Ah —dijo Keiki, bajando la voz—. En cuanto a sus
preguntas sobre Shoukou, examiné los registros de la administración pública y
pregunté por todo el ministerio. Él es el gobernador de la prefectura de
Shisui, provincia de Wa. Un funcionario de alto rango de no buena reputación.
—Parece haber varios en la provincia de Wa: el
Marqués Gahou, el gobernador Shoukou.
—Él ha cruzado la línea varias veces. Los ministros
están desesperados por la disciplina, pero pase lo que pase, Gahou mira a su
espalda y cubre todo.
—Enho llamó a Gahou como un chacal que se deshacía
de su cola.
—Una buena descripción.
—Afortunadamente, Shisui pasa a estar cerca. Tenía
curiosidad de ver por mí misma lo que es ese Shoukou. También me gustaría ver
la capital de la provincia de Wa.
—Usted no debe tomar riesgos innecesarios.
—No lo hago. Tendré cuidado.
Keiki le dio a Youko una mirada de reojo.
—¿En serio? Puedo oler la sangre en usted.
—¿Eh? —Youko olió sus mangas.
—Es sangre, ¿no? Aunque su Alteza no quiera darme a
entender la causa de ella.
—Oh, es cierto. Me encontré con un accidente.
Sucedió hace unos días. ¿Es posible que lo huelas?
—Parece la sangre de un inocente, derramada sin una
maldición, por lo que no es acre. Me preocupa su bienestar.
Maldita sangre. Youko se sonrió
misteriosamente a sí misma. Keiki utilizaba esa descripción a menudo cuando
estaba luchando contra la impostora. No importaba la mucha magnanimidad que
mostrara, cuando mataba a alguien o ordenaba su muerte, la maldad y amargura de
la sangre le colgaba como una nube a su alrededor. El kirin no podía
soportar la sangre y su olor, era una maldición que dolía.
—No te preocupes por eso.
Keiki y todos los kirin no comían nada
teñido de sangre. No se veían obligados a rechazarla de pleno, pero incluso los
alimentos fritos o salteados en cebo dañarían sus cuerpos. De acuerdo con
Rokuta, el kirin de En, por eso un kirin arrastrado a Wa era de
corta vida. La menor esperanza de vida de un kirin sin un rey es
aproximadamente de treinta años. Un kirin en Wa podría durar quizás una
tercera parte.
Tal era la clase de criatura los kirin.
—En serio. Puedo cuidarme de mí misma.
—Se lo ruego sinceramente.
—Entonces, ¿cómo van las cosas en Gyouten? —preguntó
Youko, con un poco de alegría forzada.
Keiki respondió con una expresión adusta.
—Sin su Alteza allí… —Y suspiró.
Como es habitual, los ministros de guerra habían
dividido la corte en dos facciones. Aunque Seikyou, el anterior Chousai, había
perdido la autoridad de facto, y el Taisai líder de la oposición había muerto,
las cosas más o menos se mantuvieron igual. Quedando sin autoridad real las
consecuencias giraban a su alrededor, Keiki sentía que tenían menos interés en
el gobierno que en batallas campales.
La cosa es que algunas personas estaban diciendo si
era cierto: el regicidio la asustó y la reina huyó a Wa. Ella se había
refugiado en el reino de En. Se había escondido profundamente dentro del
recinto del palacio. Otros fueron tan lejos como para decir que había sido
secuestrada por Koukan, el Marqués de la provincia de Baku. Lo que todos tenían
en común era la crítica de que había abandona el trono y serias dudas de que
alguna vez volviera.
Mientras Keiki le explicó todo eso, Youko respiró
hondo y dejó escapar el aire.
—Ya veo.
—Y hay quienes afirman que debido a que las cosas
no están yendo por el camino que desea el palacio, que se vio aumentada su
frustración y apeló al rey de En y de ahora en adelante el personal de la corte
será con burócratas de En.
—¿Qué? —dijo Youko. Se mordió el labio y luego rio
cínicamente—. Pero por supuesto. Sin la ayuda del rey En no podría haber hecho
algo por mí misma.
Es cierto, sin embargo. Y le molestaba tener que
depender de otros como eso.
—Considero que es una tontería. ¿Pero quizá la han
entretenido tales pensamientos?
Youko sintió un escalofrío a través de ella.
—¿Por qué me preguntas una cosa como esa? —Lo miró
con sus ojos verdes oscuro—. ¿Es acaso porque tú tienes tus propias dudas sobre
eso?
Sintiendo el peso de su disgusto, Keiki
inconscientemente desvió la mirada. Él, que podía mirar a un youma
feroz, ahora no podía mirar a su señora a los ojos.
—Por lo menos tú tienes que creer en mí.
—Perdóneme.
—Mira, nadie tiene menos fe en mí que yo misma. Más
que nadie, no creo ser capaz de ser reina. Ha habido gobernantes que permitían
que estas dudas y sospechas lo superaran y se cayeron del Camino. Por eso, si
nadie más en este mundo me cree, tienes que hacerlo.
—Sí —dijo, haciendo una reverencia.
Youko abrió el rollo de papel.
—¿Tienes que regresar de inmediato?
—Un retorno rápido sería problemático.
Supuestamente viajé a En.
Youko sonrió.
—Por supuesto, entonces…[1]


No hay comentarios:
Publicar un comentario