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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

jueves, 23 de febrero de 2023

Mil Millas de Viento, el Cielo del Amanecer - Capítulo 53

 

CAPÍTULO 53

 

 

 

Suzu ayudó haciendo trabajos alrededor de la posada. En ocasiones, transportaba la mercancía en su sansui y daba mensajes de ida y vuelta.

Al sansui ya no le gustaba ser montado por nadie más que ella. Koshou intentó montarlo una vez, pero se resistió y casi lo golpeó con su par de patas traseras capaces de romper las murallas de una ciudad. Domar una bestia exige el coraje de enfrentarse de cara a sus pies, y totalmente, la formación de un pegaso requiere al menos una década. Su orgullo debe de ser inmovilizado en primer lugar. Y solo la parte doméstica de un pegaso demostraría una disminución significativa de su asertividad.

—Cuando llegues a dominar un poco mejor a la bestia… —dijo Koshou, mirando con nostalgia al sansui.

—¿Yo? —recogiendo las verduras en la huerta, Suzu se detuvo y miró por encima del hombro a Koshou, que estaba sentado al lado del pozo.

—Un pegaso que ha estado muy bien entrenado sigue las órdenes que su amo le da. Cuanto más pronto puedas convertirte en ese tipo de amo, antes se va a hacer lo que digas. Al igual que: “Deja a Koshou viajar en ti”.

—Bueno, voy a seguir con eso y veré. Se necesita tiempo.

—Claro que sí. Cuando tienes un pegaso, un caballo palidece en comparación.

—¿Te gustaría un pegaso también, Koshou?

—No es que yo nunca podría permitirme uno. Hablar es barato. Aunque me convirtiera en soldado.

—¿Los soldados no tienen pegasos?

—Solo si te levantas muy alto en las filas. Y eso depende de la suerte, sino más bien en tener el tipo de conexiones que no tengo.

—¿Por qué no?

—Para obtener un ascenso, se necesita un buen brazo con la espada, pero tienes que ir a la escuela secundaria también. Los comandantes del Ejército Imperial se graduaron en la universidad, ¿no lo sabías? Además de eso, tienes que conseguir elogios. En este momento, la única forma de conseguir elogios sería trabajando con gente como Shoukou y golpear a los pobres agricultores. Ese no es el tipo de soldado que quiero ser.

—Ya veo.

—Pero sería bueno que pudiera seguir adelante con algo así.

—¿Cómo es eso?

Koshou apartó la vista del sansui y se rio con amargura.

—Cuando eres un soldado, no es necesario ir a la escuela, y no importa de dónde vienes. Si yo pudiera ser un soldado en alguna parte, yo podría enviar a Sekki lejos de la provincia de Wa. Él tiene una buena cabeza sobre los hombros, así que quiero hacer lo que pueda para asegurarme de que tenga éxito en la vida. Quiero llevármelo de aquí, pero hasta que cumpla veinte años y yo consiga trabajo en alguna parte. Incluso si estoy en busca de una esposa, llevármela a ella también.

Koshou y Sekki no tenían padres. Habían estado al cuidado de un orfanato hasta que Koshou cumplió los veinte. Cuando obtuvo su independencia, Koshou tomó la custodia de Sekki. Por desgracia, Koshou había nacido en Takuhou, y había un excedente de tierra en Takuhou. No porque la cantidad de tierra estuviera creciendo, sino porque la población estaba disminuyendo debido a la agitación constante. Muchos campesinos abandonaron las tierras. Los desafortunados que se quedaron, murieron.

Sekki se registró en el censo de Takuhou, así que era bastante probable que cuando cumpliera los veinte años obtendría una partición en Takuhou. Incluso si él quisiera vender y comprar una tienda en la ciudad, la tierra en otros lugares era más costosa. Aquellos propietarios que tenían la sartén por el mango a la hora de hacer tratos ventajosos para ellos.

—Si él aguantara y asistiera a una escuela secundaria, tendría que ser en una escuela de Wa. Si Sekki demostrara promesa, podría ir a la universidad o por lo menos a la academia provincial y convertirse en un funcionario público. Sin embargo, él está todavía atrapado en Wa. Aunque yo me encuentre una esposa y traslade mi partición, Sekki no podría venir conmigo. Así es como están las cosas ahora. Para hacer lo correcto por Sekki, tendría que ser un soldado en otra provincia, y Sekki tendría que encontrar una esposa allí… —Con eso, Koshou dio una palmada—. Bueno, Suzu, ¿cómo van las cosas?

—Oh, basta —dijo Suzu y juguetonamente golpeó a Koshou con la canasta con la que reunía las verduras—. Ese tipo de pensamiento no es de los que gustan en absoluto. ¿No sería mejor hacer de la provincia de Wa un lugar agradable para vivir al momento que Sekki cumpla veinte años?

Koshou sonrió.

—Eso seguro.

Sekki elevó la voz.

—Más que lo que le preocupa a los demás, ¿qué pasa con lo que me preocupa a mí?

Ante el sonido de su voz, Suzu y Koshou se sobresaltaron y se volvieron hacia el ala principal de la posada.

—Por ejemplo, aun cuando nos fuéramos a otra provincia, yo no dejaría de preocuparme por mi hermano mayor. Que estaría de mal humor y mandaría a volar todo —Sekki hizo caso omiso de la mirada que Koshou le dirigía y le sonrió a Suzu—. Es casi la hora del almuerzo.

  

 

La mayoría de los huéspedes que se alojaban en la posada tenían una razón para estar ahí, por lo que la mayor parte de los ingresos que se obtenían era durante las comidas. El viejo que hacía guardia en la cocina con talento mantenía la taberna limpia y lista. Como consecuencia, se había ganado cierta fama en ese pequeño rincón abandonado de la ciudad. La clientela, sin embargo, era otra cosa que la “clase alta”.

Debido a que se servía alcohol, las peleas de bar eran lo normal. Si Koshou no estaba ahí, las cosas tendrían a salirse de control.

—El negocio realmente ha subido, y gracias a ti, Suzu —se rio Sekki mientras preparaban la comida para el mediodía.

—Una chica es algo extraño por aquí. Muchas han regresado, pero las mujeres todavía son escasas en Kei. Eso se debe a que la última reina había expulsado a todas.

—Oh.

—Y debido a que estaban contentas de salir de un basurero como este, no están dispuestas a volver. Las que conocen un oficio o tienen algún tipo de capacidad, no van a volver. Va a tomar algún tiempo.

Después del almuerzo, los parásitos solo eran los mismos hombres que siempre andaban por la taberna. Definitivamente no había mujer a la vista. Ni una. Era muy extraño.

Y entonces entró en la taberna.

Suzu estaba limpiando las mesas y dejó lo que estaba haciendo. La chica llevaba un abrigo de aspecto lastimosos que la hacía parecer como a un chico. Sin embargo, la había conocido antes, Suzu supo de inmediato quién era la chica.

—Eres tú…

Y su pelo carmesí inolvidable.

La mirada de la chica cayó sobre ella y sus ojos se abrieron.

—Tú debes de ser Suzu.

—Sí —asintió con la cabeza Suzu—. Gracias por lo de antes.

La muchacha había agarrado a Seishuu cuando fue atropellado y estaba muerto. Desde entonces, Suzu no había tenido la oportunidad de expresar su gratitud.

—No hay necesidad de darme las gracias —dijo la joven, meneando la cabeza.

Suzu sacó una silla para ella.

—Por favor, toma asiento. ¿Quieres comer algo? Voy a traer un poco de té.

Suzu se apresuró a la cocina. Cuando ella entró corriendo, Sekki se puso de pie.

—Suzu, ¿tú la conoces?

—No la conozco realmente. Nos vimos una vez.

—Oh —dijo Sekki, una expresión oscura opacó brevemente su rostro.

—¿Sucede algo?

—Nada. Vamos a servirla. Hasta que la gente regular venga, voy a ordenar las cosas aquí.

—Bueno, no dejes que pare —se rio Suzu. Llenó un vaso de agua y se apresuró a regresar al comedor.

La chica también estaba examinando la taberna con una expresión igualmente sombría.

—Aquí tienes —puso la taza de té sobre la mesa.

La chica se inclinó ligeramente.

—Es solo que, hoy en día, ¿Suzu, no? La última vez que vine aquí, un hombre alto y un chico adolescente estaban aquí.

—¿Quieres decir Koshou y Sekki? Koshou se fue a hacer un recado. Sekki en la cocina. ¿Has venido a verlos?

—No, no necesariamente.

—Mi nombre es Suzu Ooki.

—Suzu Ooki —repitió la muchacha. Su nombre pareció sorprenderla.

—Gracias por tu ayuda en ese día. No me gusta admitirlo, pero estoy agradecida acerca de lo que me contaste sobre Seishuu.

—¿El niño?

—¿Seishuu? Está enterrado en un cementerio a las afueras de Takuhou, pero no puede descansar en paz.

—Ya veo —dijo la chica, con rostro amargo.

—Conocí a Seishuu en Sou. Navegamos a Kei juntos. Había un montón de gente de Kei en el barco. Todos esperaban que las cosas mejoraran, ya que hay una nueva reina. Pero hasta ahora, las cosas han sido decepcionantes. Tener una nueva reina no cambia nada. El Marqués y el gobernador no han cambiado —Suzu le preguntó—. ¿Y tú?

—Youshi —respondió ella—. Yo vivo en Kokei.

—Kokei. Ah, en Hokui. Al lado, en la provincia de Ei. ¿Ei es un buen lugar?

—Más o menos —murmuró.

—Me pregunto si Kei es más o menos igual en todas partes. Pero tiene que ser mejor que Takuhou.

Youshi no respondió.

—La vida puede ser difícil sin importar dónde vives. Pero yo creo que algunos reinos están en mejor situación que otros. Yo sé que hay lugares como ese. Vengo de Sai. La reina de Sai es una buena persona. Los reinos no bendecidos con buenos gobernantes son lamentables.

—Sí —asintió Youshi con la cabeza.

—Me pregunto qué es lo que la reina de Kei está haciendo, ¿sabes? Tal vez ni siquiera entiende el estado de su reino en el que está.

—Ella es una marioneta —le espetó repentinamente Youshi.

Suzu se inclinó hacia delante.

—¿Eh?

—No es terriblemente competente. Ya que ella no es de confianza con los ministros, no hay mucho que se pueda hacer. Y no hay mucho que pueda llegar a hacer. Así que su mejor recurso es callarse y hacer lo que dicen.

—¿En serio? Parece que sabes mucho sobre Gyouten, Youshi.

Youshi negó con la cabeza.

—Solo rumores.

—Rumores, ¿eh? Al igual que la anterior reina, los gobernantes se dejan a su suerte, y ella sigue haciendo oídos sordos a los gritos de la gente. Por eso desterró al Marqués de Baku.

—¿Qué? —preguntó Youshi.

Suzu frunció el ceño.

—A pesar de que el Marqués de Baku es una persona muy buena, la reina de Kei lo obligó a salir de su oficina. Era muy querido por la gente de Baku. Pero, al mismo tiempo, le da un pase al Marqués de Wa. Es realmente asombroso.

—Sí, lo es —Youshi se puso de pie—. Lo siento, pero no voy a quedarme para la cena.

—Oh. ¿Fue algo que dije?

—No, yo solo pasaba y decidí pasar y ver cómo estaban las cosas. No tengo tanta hambre para empezar.

—¿Quieres venir otra vez?

Youshi esbozó una sonrisa y asintió.

  

 

Después de que Suzu la viera salir, inclinó la cabeza hacia un lado y dejó la taza. Se dio cuenta de que Youshi no había tocado su té. Se dijo:

—Me pregunto si ella se hartó de todo mi blablá.

En realidad, no había muchas mujeres en Kei. Fue aún más raro para ella conocer a una chica de su misma edad. Tenía la sensación de que llevaba un poco más de lo habitual.

Dándole vueltas a eso, se fue a la cocina y encontró merodeando a Sekki y Koshou en la puerta.

—Oh, estás de vuelta.

—Suzu, ¿quién era esa chica? —le preguntó Koshou, con una expresión grave en su rostro.

Suzu respondió con un leve movimiento de cabeza.

—Alguien que conocí antes. Ella dijo que vive en Hokui.

—Hokui.

Sekki miró a Koshou y dijo:

—Casa de Rou, ¿recuerdas?

Koshou asintió con la cabeza. Una vez más con mirada feroz, la agarró del brazo.

—¿De qué hablaron?

—Nada en particular.

No habían hablado de nada inusual, eso estaba claro. Sus quejas no fueron más graves que lo que la gente de Takuhou decía en lugar de saludos y despedidas habituales.

—¿Ella no tenía nada que decir?

—Nada en especial. Ah, ella habló de la reina, en Gyouten.

—¿Te pareció ella bien informada de Gyouten?

—No lo sé, pero… Me dijo que eran solo rumores, aunque ella parecía ser conocedora del lugar.

Koshou miró a Sekki. Sekki asintió con la cabeza.

—Será mejor que nos movamos, entonces.

—¿Eh? —dijo Suzu mirando a Sekki.

—Ella estuvo aquí antes. Era como si estuviera buscando algo. Si ella tiene un conocimiento detallado de Gyouten, entonces probablemente es de Gyouten.

—¿Y eso significa…?

—Hay rumores dando a entender que Shoukou y Gahou tienen una vía libre porque tienen a la reina de Kei cuidándole las espaldas. Si alguien la ha enviado desde Gyouten a revisar la situación aquí, entonces los rumores pueden ser verdad.

Sekki asintió con la cabeza, para sorpresa de Suzu.

—Agarra tus cosas. Más vale prevenir que curar. Vamos a salir de aquí y a vivir con algunos de nuestros amigos.

—Pero…

—Esa chica no es una persona normal.


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