—¿Así que es más rápido volver
a la vuelta? ¿Por qué?
Suzu estaba
de pie en la cubierta, de cara al viento. Al oír la voz del niño, hizo una
mueca.
—Es la
temporada. El viento sopla desde el noroeste. Las corrientes oceánicas también fluyen
de norte a sur. Es por eso por lo que el viaje de regreso es más rápido.
—Ah.
Cuando se
dio la vuelta, vio a Seishuu sentado junto a un marinero.
—Los barcos
son realmente interesantes. ¡Voy a ser marinero!
—Bien por
ti —se rio el marinero.
Desde Sou,
a un puerto en el sureste de Kei tomaría un mes y medio. Ya había llegado a
mitad de camino en su viaje. No había mucha gente en el barco, por lo que se
había llegado a conocer a casi todo el mundo. Seishuu era el más joven. Hablaba
con todo el mundo sin la mayor vacilación, y porque siempre tenía algo
interesante que decir, incluso los marineros decían que era un niño inteligente
y lo adoraban. Viento todo eso, irritaba a Suzu.
Él no
entiende nada. Pero es solo un niño, así que no puede evitarlo.
Aun así, él
le remarcaba al decirle que las cosas horribles que le pasó a ella le pasaba
todo el tiempo a los demás, como el estar separados para siempre de su hogar.
¿Todo el
mundo? ¿Cuántos kaikyaku se cree que hay en este mundo?
Con un
arranque de rabia, Suzu le dio la espalda y volvió al camarote.
El camarote se llenó del olor a
petróleo. Lo había rechazado en un primer momento, pero ya se había
acostumbrado a ello. Sin embargo, si se quedaba durante mucho tiempo dentro, el
movimiento del balanceo de la embarcación y el olor le hacía mal al estómago.
Por eso, cuando había buen tiempo, la mayoría de los pasajeros salían a
cubierta. En ese momento, Suzu estaba sola en su habitación.
El camarote
se dividía en dos grandes áreas, donde todos dormían. Por el momento, había una
sección para hombres y una sección para las mujeres, pero solo porque había
poco pasajeros.
Suzu se
sentó y dejó escapar un suspiro. Detrás de ella, oyó la voz que la molestó.
—Hey, Suzu,
deja de darme esa mirada en la forma que lo haces.
Suzu no se
dio la vuelta. Tiró su equipaje hacia ella, como si estuviera ocupada. Abrió un
paquete en el interior del baúl.
—¿De qué
estás hablando?
—El
marinero pensó que yo te estaba haciendo alguna broma o algo así.
—¿Ah?
Los pasos
se acercaron hacia ella. Seishuu se sentó a su lado.
—¿Por qué
estás tan enojada conmigo?
—No estoy
enojada con nadie.
—Qué bebé
grande.
Al escuchar
su suspiro exagerado, ella lo miró.
—Yo soy una
adulta. No me dejo molestar por lo que hacen los niños.
Seishuu le
dio a Suzu un buen vistazo, escrutándola.
—¿Qué?
—Te ves
como una persona fácil de llevar por fuera, pero eres amargada por dentro.
Suzu se
volvió hacia él.
—¿Qué se
supone que significa eso?
—¿Nadie te
ha dicho eso antes? Tú realmente eres una sufrida.
A pesar de
que sabía que, si perdía la paciencia, perdería el argumento, Suzu no pudo
aguantar que la sangre le corriera por la cabeza. Casi sin darse cuenta, ella
lo golpeó.
—¡Cállate!
Riyou.
Kouko. Todo el mundo me odia. Todo el mundo tiene algo en contra mío.
Los ojos de
Seishuu se abrieron de golpe. Se echó a reír.
—¡No lo
puedo creer! ¡Estoy en lo correcto!
—¡Fuera de
aquí!
—A nadie le
gusta escuchar la verdad sobre sí mismo.
—¡Ya te
dije, lárgate!
—¿Te duele
mucho el tener la sensación de que hay mucha más gente como tú? No estoy
equivocado. Mucha gente no siempre podrá volver a su casa. Es difícil para
todos. No hay nada en especial acerca de ti. Pero tú no lo entiendes, eso te
hace una arpía.
¿Pero
por qué?
—¿Por qué
todos se meten conmigo? Riyou, tú, ¿qué tienen contra mí? ¿Qué te he hecho a
ti?
—¿Quién es
Riyou?
—La señora
de la Gruta Suibi en Sai.
Todo brotó
en ella. ¡Qué cruel fue Riyou! Lo exigente que era. Todas las dificultades que
había sufrido Suzu. Cómo fue rescatada por la reina de Sai, se dio la vuelta y
comenzó a salir del palacio. Pero decir todo eso no tendría diferencia para un
niño como él.
—Es una
lástima, Suzu. Tienes además otra persona además de mí.
—¿Qué?
—¿Te gustas
a ti misma, Suzu?
Suzu le
lanzó una mirada de sorpresa.
—¿Crees que
eres una buena persona?
—En
realidad no —ella estaba triste todo el tiempo.
—Así que no
es de extrañar que no le gustes a la gente, ¿eh? Después de todo, ¿acaso la
gente no se pone en primer lugar, y siempre piensa primero en sí mismos?
Suzu lo
miró boquiabierta.
—Te estás
pidiendo bastante, esperando gustarles a otras personas si ni siquiera tú te
gustas.
—No es mi
intención… —Suzu reunió apresuradamente todos sus pensamientos—. ¡Eso no es lo
que quise decir! Por supuesto que me agrado. ¿Quién no? ¡Pero nadie más lo
dice! Pero no me gusta no gustarle a nadie. Eso es lo que quise decir.
—Entonces,
¿haces que la gente no le guste la gente mala? ¿Y si cambiaras tu actitud y te
transformaras en una persona agradable? Pero eso es algo, también. Así que si
eres desagradable no tendrás nada más. Fin de la historia.
—¡Tú no
entiendes! —Suzu se retorcía las manos—. ¡No me entiendes! ¡Es porque soy una kaikyaku!
¡Los kaikyaku son diferentes de la gente como tú! ¡Es por eso por lo que
me odian sin razón en absoluto!
—Ya sabes,
no puedo soportar a la gente como tú. —Seishuu respiró hondo y dejó escapar el
aire. —¿Quién quiere ser así? Tratar de ser menos feliz que los demás, y luego
tomar el camino fácil y culpar su infelicidad a todos los problemas.
Suzu se
quedó sin aliento. Odiaba a ese pequeño enano a tal grado que la mareó.
—Es
realmente tonto —continuó—. Todo lo que puedes hacer es alardear de lo
desafortunada que eres a todos los demás. Y aun cuando no lo eres, eres el tipo
de persona que va a asegurarse de serlo.
—¡No es
justo! ¡No eres más que alguien malo! ¿Por qué tienes que decir cosas como
esas? ¡Después de todo el sufrimiento por el que he pasado!
—¿Todos los
que sufren son buenas personas? ¿Toda la paciencia hace sentir a uno mejor
consigo mismo? Yo, en lo referente al sufrimiento, prefiero dejarlo atrás. —Seishuu
ladeó la cabeza hacia un lado. —¿Crees que si no fueras una kaikyaku
todo sería color de rosa? Tú eres una Asistente. No enfermarás ni envejecerás
nunca, ¿verdad? ¿Qué dices cuando realmente estás rodeada de personas que están
enfermas y sufren? Los Asistentes no tienen que preocuparse por comer, no. Si
vas a donde la gente se muere de hambre, ¿todavía pensarás que estás peor que
ellos?
—No quiero
hablar contigo. Tú acabas de decir que tuviste suerte mientras que yo no.
—¿Qué tuve
suerte?
—Sí. Tú
naciste aquí y te criaste aquí, y tienes una familia y un lugar al cual volver.
—Yo no
tengo una casa.
—¿Qué? —dijo
Suzu.
—Yo vivía
en Kou. Y no solo mi casa, sino el pueblo entero se ha ido. —Seishuu envolvió
sus brazos alrededor de sus rodillas. —Vivíamos cerca del Kyokai. El acantilado
entero cedió y envió todo y a todos al mar. Bueno, no todo el mundo, no puedes
ser muy exigente sobre eso. Yo estoy aquí —se echó a reír—. Todo el mundo
estaba en casa, mi tía y los chicos, todos murieron. Tengo suerte de estar
vivo.
Suzu había
perdido las palabras. Recordó el pueblo que le había dado cobijo cuando fue
arrastrada a la costa de Kei. Un pueblo con vistas al mar, aferrado al borde de
los acantilados. Si ese acantilado se derrumbaba…
—Ve a Kou y
encontrarás a un montón de niños como yo. El rey murió[1]. El Taiho también murió.
Van a ser tiempos difíciles hasta que un nuevo rey se siente en el trono y no
va a suceder durante la noche. Todo el mundo sale al mismo tiempo que puede. No
sé cuándo va a llegar un nuevo rey, pero sé que no voy a volver hasta que lo
haga. Tal vez nunca volverá.
—Pero…
—Mi pueblo
estaba cerca de las fronteras de Sou. He tenido la suerte de escapar. Kou solo
va a empeorar. Después de todo, incluso si quisiera hacer que volviera a
funcionar ahí, no creo que sea probable.
—Aun así,
querías escaparte.
—No todo el
mundo quiere huir. Estar en tu propia casa siempre es lo mejor. Mucha gente
empezó a correr y a alinearse en las fronteras. Entonces los youma
venían y se los comían. Incluso si hay casa para volver al hogar, algunos no
llegan —murmuró casi para sí—. Mi padre tampoco.
—¿Y tu
madre?
—Murió —dijo
Seishuu, con una risa inquieta—. Todos íbamos a conseguir un barco y navegar a
Kei. Pero ella murió antes de que el barco llegara al puerto. Yo le di el
boleto de mi mamá a aquel hombre viejo.
Un flaco,
de mediana edad, había subido con él.
—Él es de
Kou también. Salió solo con la ropa de su espalda. No tenía dinero ni para el
pasaje.
—¿Pero por
qué Kei? Si has escapado a Sou. —Sou era el reino más rico de los doce.
—Porque
somos originarios de Kei.
—¿Desde
Kei?
—La reina
de Kei, la anterior reina de la que tomó el trono ahora. Las cosas estaban
realmente en mal estado. Cuando yo era pequeño, huimos a Kou. Tiene que haber
un pueblo lindo y tranquilo ahí, ¿verdad? Mamá decía que cuando Kei tenga un
nuevo rey, volveríamos —Seishuu respiró hondo—. Mamá y papá no fueron muy afortunados.
Ellos murieron sin saber nada, pero los tiempos son difíciles.
Suzu le
dirigió una mirada irritada.
—Mis padres
sufrieron mucho, demasiado. Éramos pobres, nunca había nada bueno para comer. Y
encima los cultivos fallaban. Me vendieron como sirviente y me enviaron lejos.
—Sí, pero
es mejor a que todo el mundo muera.
—Solo lo
dices porque fuiste afortunado. Tus padres eran buenos para ti, ¿verdad? Mis
padres eran la clase de padres que vendían a sus hijos.
—Es cierto
que me gustaban mis padres, pero solo porque era lo único que me quedaba.
—Lo mismo
conmigo. Tú eres el afortunado. Tú fuiste con ellos hasta el final. Nunca voy a
ver a mis padres. No sé qué habrá pasado en el país, pero estoy segura de que
todos están muertos.
—Por lo
tanto, estamos en el mismo barco.
—¡No somos
lo mismo! Solo el hecho de estar ahí cuando murieron es una bendición. Yo
quería cuidar de ellos en su vejez.
—Estar ahí
cuando mi madre murió, bueno, está bien. Pero mi padre fue devorado por un youma.
Yo realmente no quería ver eso.
—¡Sin
embargo, él estuvo contigo hasta el final! Yo quería hacerme cargo de ellos, no
importara lo que pasara. Yo no quería salir de su lado nunca.
Seishuu
inclinó su cabeza hacia un lado.
—Ya lo
sabes, Suzu, que estás haciendo todo lo posible en este momento para ser
infeliz.
—¿Qué?
—Estás
siendo cruel. Debe de ser bastante obvio lo de si es mejor ver a tu padre
desgarrado pieza a pieza y comido por un youma o no. Yo no quería ver
eso. Yo no podía correr hacia él tampoco. No podía hacer nada para ayudar. No
tuve más remedio que huir. Mi padre no tiene tumba, no tuvo funeral. ¿De verdad
crees que es mejor?
Suzu se
tapó la boca con la mano.
—Yo…
—Es una
mentira decir que un sufrimiento es peor que el de cualquier otra persona. Todo
el mundo sufre de sí mismo. Si hay alguien en algún lugar que nunca ha sufrido,
me gustaría conocerlo.
—Lo siento,
yo no… —Ella inclinó la cabeza con disgusto. Este niño había visto a su padre
asesinado delante de sus ojos. No había forma de que ese fuera el mejor
destino.
—Cuando las
cosas se ponen tan mal, las personas hacen lo que pueden para escaparse de eso.
Si no es lo suficientemente fuerte para hacer eso, Suzu, no están sufriendo lo
suficiente como para querer huir.
—Pero…
—No sé cómo
describirlo, pero ¿sabes qué se siente cuando uno se quiere morir, y sabes que
la lucha contra eso no servirá de nada?
—Eso es,
eh…
—Hablar es
fácil. Suzu, todo lo que sufriste no fue tan malo como para tratar de escapar o
morir en el intento. Nadie va a sentir pena por las personas que se ahogan en
su propia desgracia. Después de todo, vivir tu propia vida es un tiempo
completo puesto en trabajo. Si hay alguien que se queja todo el tiempo y desea
que sientas todo lo que siente él, uno se cansa de eso, ¿verdad?
¿Es eso
a lo que se reduce? ¿Es por eso por lo que nadie podía soportar tenerme cerca?
A pesar de que casi no podía creer que Riyou o Kouko sufrieran en sus vidas.
—Um… —dijo
Seishuu.
Suzu lo
miró y vio a Seishuu apoyando la cabeza sobre sus rodillas.
—¿Qué pasa?
—Estar
cerca de ti hace que me duela la cabeza.
Suzu le dio
una mirada astuta igual de fuerte, pero se dio cuenta del sudor en su frente.
—¿Realmente
estás lastimado? ¿Estás bien?
—Estoy
bien.
Se dio la
vuelta y se acostó. Su cara estaba gris.
—Espera un
momento. Iré a buscar a alguien.
—No te
molestes. Me voy a sentir mejor después de dormir un poco. Ya estoy
acostumbrado a eso.
Suzu miró
más de cerca su cara.
—¿Esto te
sucede a menudo?
—De vez en
cuando. Es esta lesión que duele.
—¿Lesión?
—Un youma
me rasguñó en la parte posterior de la cabeza. Comienza a doler de vez en
cuando.
—Oh.
—Voy a
estar bien. Se pone mejor después de dormir.
Suzu
rápidamente consiguió una manta y se la puso alrededor de los hombros.


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