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El Niño Demoníaco

  Doce Reinos El Niño Demoníaco Fuyumi Ono Título Original:  Masho no Ko Título en Inglés: The Demonic Child Publicado en Japón: 1991 Traduc...

miércoles, 22 de febrero de 2023

Mil Millas de Viento, el Cielo del Amanecer - Capítulo 26

 

CAPÍTULO 26

 

 

 

—¿Así que es más rápido volver a la vuelta? ¿Por qué?

Suzu estaba de pie en la cubierta, de cara al viento. Al oír la voz del niño, hizo una mueca.

—Es la temporada. El viento sopla desde el noroeste. Las corrientes oceánicas también fluyen de norte a sur. Es por eso por lo que el viaje de regreso es más rápido.

—Ah.

Cuando se dio la vuelta, vio a Seishuu sentado junto a un marinero.

—Los barcos son realmente interesantes. ¡Voy a ser marinero!

—Bien por ti —se rio el marinero.

Desde Sou, a un puerto en el sureste de Kei tomaría un mes y medio. Ya había llegado a mitad de camino en su viaje. No había mucha gente en el barco, por lo que se había llegado a conocer a casi todo el mundo. Seishuu era el más joven. Hablaba con todo el mundo sin la mayor vacilación, y porque siempre tenía algo interesante que decir, incluso los marineros decían que era un niño inteligente y lo adoraban. Viento todo eso, irritaba a Suzu.

Él no entiende nada. Pero es solo un niño, así que no puede evitarlo.

Aun así, él le remarcaba al decirle que las cosas horribles que le pasó a ella le pasaba todo el tiempo a los demás, como el estar separados para siempre de su hogar.

¿Todo el mundo? ¿Cuántos kaikyaku se cree que hay en este mundo?

Con un arranque de rabia, Suzu le dio la espalda y volvió al camarote.

  

 

El camarote se llenó del olor a petróleo. Lo había rechazado en un primer momento, pero ya se había acostumbrado a ello. Sin embargo, si se quedaba durante mucho tiempo dentro, el movimiento del balanceo de la embarcación y el olor le hacía mal al estómago. Por eso, cuando había buen tiempo, la mayoría de los pasajeros salían a cubierta. En ese momento, Suzu estaba sola en su habitación.

El camarote se dividía en dos grandes áreas, donde todos dormían. Por el momento, había una sección para hombres y una sección para las mujeres, pero solo porque había poco pasajeros.

Suzu se sentó y dejó escapar un suspiro. Detrás de ella, oyó la voz que la molestó.

—Hey, Suzu, deja de darme esa mirada en la forma que lo haces.

Suzu no se dio la vuelta. Tiró su equipaje hacia ella, como si estuviera ocupada. Abrió un paquete en el interior del baúl.

—¿De qué estás hablando?

—El marinero pensó que yo te estaba haciendo alguna broma o algo así.

—¿Ah?

Los pasos se acercaron hacia ella. Seishuu se sentó a su lado.

—¿Por qué estás tan enojada conmigo?

—No estoy enojada con nadie.

—Qué bebé grande.

Al escuchar su suspiro exagerado, ella lo miró.

—Yo soy una adulta. No me dejo molestar por lo que hacen los niños.

Seishuu le dio a Suzu un buen vistazo, escrutándola.

—¿Qué?

—Te ves como una persona fácil de llevar por fuera, pero eres amargada por dentro.

Suzu se volvió hacia él.

—¿Qué se supone que significa eso?

—¿Nadie te ha dicho eso antes? Tú realmente eres una sufrida.

A pesar de que sabía que, si perdía la paciencia, perdería el argumento, Suzu no pudo aguantar que la sangre le corriera por la cabeza. Casi sin darse cuenta, ella lo golpeó.

—¡Cállate!

Riyou. Kouko. Todo el mundo me odia. Todo el mundo tiene algo en contra mío.

Los ojos de Seishuu se abrieron de golpe. Se echó a reír.

—¡No lo puedo creer! ¡Estoy en lo correcto!

—¡Fuera de aquí!

—A nadie le gusta escuchar la verdad sobre sí mismo.

—¡Ya te dije, lárgate!

—¿Te duele mucho el tener la sensación de que hay mucha más gente como tú? No estoy equivocado. Mucha gente no siempre podrá volver a su casa. Es difícil para todos. No hay nada en especial acerca de ti. Pero tú no lo entiendes, eso te hace una arpía.

¿Pero por qué?

—¿Por qué todos se meten conmigo? Riyou, tú, ¿qué tienen contra mí? ¿Qué te he hecho a ti?

—¿Quién es Riyou?

—La señora de la Gruta Suibi en Sai.

Todo brotó en ella. ¡Qué cruel fue Riyou! Lo exigente que era. Todas las dificultades que había sufrido Suzu. Cómo fue rescatada por la reina de Sai, se dio la vuelta y comenzó a salir del palacio. Pero decir todo eso no tendría diferencia para un niño como él.

—Es una lástima, Suzu. Tienes además otra persona además de mí.

—¿Qué?

—¿Te gustas a ti misma, Suzu?

Suzu le lanzó una mirada de sorpresa.

—¿Crees que eres una buena persona?

—En realidad no —ella estaba triste todo el tiempo.

—Así que no es de extrañar que no le gustes a la gente, ¿eh? Después de todo, ¿acaso la gente no se pone en primer lugar, y siempre piensa primero en sí mismos?

Suzu lo miró boquiabierta.

—Te estás pidiendo bastante, esperando gustarles a otras personas si ni siquiera tú te gustas.

—No es mi intención… —Suzu reunió apresuradamente todos sus pensamientos—. ¡Eso no es lo que quise decir! Por supuesto que me agrado. ¿Quién no? ¡Pero nadie más lo dice! Pero no me gusta no gustarle a nadie. Eso es lo que quise decir.

—Entonces, ¿haces que la gente no le guste la gente mala? ¿Y si cambiaras tu actitud y te transformaras en una persona agradable? Pero eso es algo, también. Así que si eres desagradable no tendrás nada más. Fin de la historia.

—¡Tú no entiendes! —Suzu se retorcía las manos—. ¡No me entiendes! ¡Es porque soy una kaikyaku! ¡Los kaikyaku son diferentes de la gente como tú! ¡Es por eso por lo que me odian sin razón en absoluto!

—Ya sabes, no puedo soportar a la gente como tú. —Seishuu respiró hondo y dejó escapar el aire. —¿Quién quiere ser así? Tratar de ser menos feliz que los demás, y luego tomar el camino fácil y culpar su infelicidad a todos los problemas.

Suzu se quedó sin aliento. Odiaba a ese pequeño enano a tal grado que la mareó.

—Es realmente tonto —continuó—. Todo lo que puedes hacer es alardear de lo desafortunada que eres a todos los demás. Y aun cuando no lo eres, eres el tipo de persona que va a asegurarse de serlo.

—¡No es justo! ¡No eres más que alguien malo! ¿Por qué tienes que decir cosas como esas? ¡Después de todo el sufrimiento por el que he pasado!

—¿Todos los que sufren son buenas personas? ¿Toda la paciencia hace sentir a uno mejor consigo mismo? Yo, en lo referente al sufrimiento, prefiero dejarlo atrás. —Seishuu ladeó la cabeza hacia un lado. —¿Crees que si no fueras una kaikyaku todo sería color de rosa? Tú eres una Asistente. No enfermarás ni envejecerás nunca, ¿verdad? ¿Qué dices cuando realmente estás rodeada de personas que están enfermas y sufren? Los Asistentes no tienen que preocuparse por comer, no. Si vas a donde la gente se muere de hambre, ¿todavía pensarás que estás peor que ellos?

—No quiero hablar contigo. Tú acabas de decir que tuviste suerte mientras que yo no.

—¿Qué tuve suerte?

—Sí. Tú naciste aquí y te criaste aquí, y tienes una familia y un lugar al cual volver.

—Yo no tengo una casa.

—¿Qué? —dijo Suzu.

—Yo vivía en Kou. Y no solo mi casa, sino el pueblo entero se ha ido. —Seishuu envolvió sus brazos alrededor de sus rodillas. —Vivíamos cerca del Kyokai. El acantilado entero cedió y envió todo y a todos al mar. Bueno, no todo el mundo, no puedes ser muy exigente sobre eso. Yo estoy aquí —se echó a reír—. Todo el mundo estaba en casa, mi tía y los chicos, todos murieron. Tengo suerte de estar vivo.

Suzu había perdido las palabras. Recordó el pueblo que le había dado cobijo cuando fue arrastrada a la costa de Kei. Un pueblo con vistas al mar, aferrado al borde de los acantilados. Si ese acantilado se derrumbaba…

—Ve a Kou y encontrarás a un montón de niños como yo. El rey murió[1]. El Taiho también murió. Van a ser tiempos difíciles hasta que un nuevo rey se siente en el trono y no va a suceder durante la noche. Todo el mundo sale al mismo tiempo que puede. No sé cuándo va a llegar un nuevo rey, pero sé que no voy a volver hasta que lo haga. Tal vez nunca volverá.

—Pero…

—Mi pueblo estaba cerca de las fronteras de Sou. He tenido la suerte de escapar. Kou solo va a empeorar. Después de todo, incluso si quisiera hacer que volviera a funcionar ahí, no creo que sea probable.

—Aun así, querías escaparte.

—No todo el mundo quiere huir. Estar en tu propia casa siempre es lo mejor. Mucha gente empezó a correr y a alinearse en las fronteras. Entonces los youma venían y se los comían. Incluso si hay casa para volver al hogar, algunos no llegan —murmuró casi para sí—. Mi padre tampoco.

—¿Y tu madre?

—Murió —dijo Seishuu, con una risa inquieta—. Todos íbamos a conseguir un barco y navegar a Kei. Pero ella murió antes de que el barco llegara al puerto. Yo le di el boleto de mi mamá a aquel hombre viejo.

Un flaco, de mediana edad, había subido con él.

—Él es de Kou también. Salió solo con la ropa de su espalda. No tenía dinero ni para el pasaje.

—¿Pero por qué Kei? Si has escapado a Sou. —Sou era el reino más rico de los doce.

—Porque somos originarios de Kei.

—¿Desde Kei?

—La reina de Kei, la anterior reina de la que tomó el trono ahora. Las cosas estaban realmente en mal estado. Cuando yo era pequeño, huimos a Kou. Tiene que haber un pueblo lindo y tranquilo ahí, ¿verdad? Mamá decía que cuando Kei tenga un nuevo rey, volveríamos —Seishuu respiró hondo—. Mamá y papá no fueron muy afortunados. Ellos murieron sin saber nada, pero los tiempos son difíciles.

Suzu le dirigió una mirada irritada.

—Mis padres sufrieron mucho, demasiado. Éramos pobres, nunca había nada bueno para comer. Y encima los cultivos fallaban. Me vendieron como sirviente y me enviaron lejos.

—Sí, pero es mejor a que todo el mundo muera.

—Solo lo dices porque fuiste afortunado. Tus padres eran buenos para ti, ¿verdad? Mis padres eran la clase de padres que vendían a sus hijos.

—Es cierto que me gustaban mis padres, pero solo porque era lo único que me quedaba.

—Lo mismo conmigo. Tú eres el afortunado. Tú fuiste con ellos hasta el final. Nunca voy a ver a mis padres. No sé qué habrá pasado en el país, pero estoy segura de que todos están muertos.

—Por lo tanto, estamos en el mismo barco.

—¡No somos lo mismo! Solo el hecho de estar ahí cuando murieron es una bendición. Yo quería cuidar de ellos en su vejez.

—Estar ahí cuando mi madre murió, bueno, está bien. Pero mi padre fue devorado por un youma. Yo realmente no quería ver eso.

—¡Sin embargo, él estuvo contigo hasta el final! Yo quería hacerme cargo de ellos, no importara lo que pasara. Yo no quería salir de su lado nunca.

Seishuu inclinó su cabeza hacia un lado.

—Ya lo sabes, Suzu, que estás haciendo todo lo posible en este momento para ser infeliz.

—¿Qué?

—Estás siendo cruel. Debe de ser bastante obvio lo de si es mejor ver a tu padre desgarrado pieza a pieza y comido por un youma o no. Yo no quería ver eso. Yo no podía correr hacia él tampoco. No podía hacer nada para ayudar. No tuve más remedio que huir. Mi padre no tiene tumba, no tuvo funeral. ¿De verdad crees que es mejor?

Suzu se tapó la boca con la mano.

—Yo…

—Es una mentira decir que un sufrimiento es peor que el de cualquier otra persona. Todo el mundo sufre de sí mismo. Si hay alguien en algún lugar que nunca ha sufrido, me gustaría conocerlo.

—Lo siento, yo no… —Ella inclinó la cabeza con disgusto. Este niño había visto a su padre asesinado delante de sus ojos. No había forma de que ese fuera el mejor destino.

—Cuando las cosas se ponen tan mal, las personas hacen lo que pueden para escaparse de eso. Si no es lo suficientemente fuerte para hacer eso, Suzu, no están sufriendo lo suficiente como para querer huir.

—Pero…

—No sé cómo describirlo, pero ¿sabes qué se siente cuando uno se quiere morir, y sabes que la lucha contra eso no servirá de nada?

—Eso es, eh…

—Hablar es fácil. Suzu, todo lo que sufriste no fue tan malo como para tratar de escapar o morir en el intento. Nadie va a sentir pena por las personas que se ahogan en su propia desgracia. Después de todo, vivir tu propia vida es un tiempo completo puesto en trabajo. Si hay alguien que se queja todo el tiempo y desea que sientas todo lo que siente él, uno se cansa de eso, ¿verdad?

¿Es eso a lo que se reduce? ¿Es por eso por lo que nadie podía soportar tenerme cerca? A pesar de que casi no podía creer que Riyou o Kouko sufrieran en sus vidas.

—Um… —dijo Seishuu.

Suzu lo miró y vio a Seishuu apoyando la cabeza sobre sus rodillas.

—¿Qué pasa?

—Estar cerca de ti hace que me duela la cabeza.

Suzu le dio una mirada astuta igual de fuerte, pero se dio cuenta del sudor en su frente.

—¿Realmente estás lastimado? ¿Estás bien?

—Estoy bien.

Se dio la vuelta y se acostó. Su cara estaba gris.

—Espera un momento. Iré a buscar a alguien.

—No te molestes. Me voy a sentir mejor después de dormir un poco. Ya estoy acostumbrado a eso.

Suzu miró más de cerca su cara.

—¿Esto te sucede a menudo?

—De vez en cuando. Es esta lesión que duele.

—¿Lesión?

—Un youma me rasguñó en la parte posterior de la cabeza. Comienza a doler de vez en cuando.

—Oh.

—Voy a estar bien. Se pone mejor después de dormir.

Suzu rápidamente consiguió una manta y se la puso alrededor de los hombros.


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