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viernes, 24 de febrero de 2023

Las Alas Aspiradas - Capítulo 30

 

CAPÍTULO 30

 

 

 

Observando a la gente andar a un buen ritmo y escuchando a medias a Shoutan charlando alegremente a su lado, Shushou cuidó sus pensamientos negativos. Si se mantenían así por la carretera, por fuerza tendrían que reunirse con Gankyuu y el resto de la caravana.

Y el youma tenía la clara intención de seguir con ellos durante todo el trayecto.

Excepto seguir aquel camino no había nada más que hacer sino seguir poniendo un pie delante del otro. Cuándo, dónde y cómo iban a cazar al youma estaba muy lejos.

Aunque la mayor parte de su grupo no estaba armado, había un buen número de armas. Los youma ordinarios tenían que dejar de comer y ahí era cuando podían ser atacados. En ese momento podían ser sorprendidos por un ataque en grupo. Este youma, sin embargo, apareció en un instante, cazaba a uno o a dos y desaparecía con la misma rapidez. Cuando tenía hambre, no permanecía cerca, sino que arrastraba a su víctima. No dejaba a sus enemigos ninguna opción.

—¿Qué tienes en mente? —preguntó Shoutan.

Shushou esbozó una sonrisa.

—Ya que no podemos huir, he estado pensando acerca de cómo cazar a aquel youma.

—¿Cazar esa cosa?

—Vamos a tener que encontrar la manera de conseguir que deje de moverse. No parece haber forma de que reduzca la velocidad.

—Sí —murmuró Shoutan, luego dijo en voz más alta—: Lady Shushou, mira.

Un objeto negro en cuclillas en la carretera por delante de ellos. A pesar del olor de la sangre en el aire, la luz de la luna era lo suficientemente brillante como para decir que no era un youma. Un carro tirado por caballos en estado lamentable había sido abandonado allí.

—El carro del señor.

—De modo que finalmente se rindió y lo dejó atrás.

La ironía de la situación no se les escapó. Kiwa había ido expresamente de esa forma con el fin de no perder su precioso vagón. Cuando se acercaron, varias personas salieron de detrás de él, los corredores cuyas monturas habían muerto y más criados abandonados por Kiwa.

—¿Qué hay del señor Shitsu?

—Se subió a uno de los caballos y se alejó.

—Oh. Qué señor tan considerado. Bueno, es bueno ver gente viva.

—¿Qué debemos hacer? —preguntó Shoutan.

—Es posible que haya suministros útiles que queden en el vagón. Vamos a ver.

Tomaron un descanso mientras Shushou buscaba en el lecho del carro.

—La cubierta de los carros y las tiendas de campaña podrían ser útiles como camuflaje. Durante el día, la tela no debe ser muy diferente de grandes rocas.

Shoutan asintió.

—Podríamos cortarlos en trozos y repartirlos.

—Vamos a hacer eso. Comienza con los débiles y los heridos.

—Entendido. —Llamó a los otros—. ¡Oigan!

Confirmando que Shoutan había transmitido esas instrucciones a sus compañeros, Shushou reanudó la búsqueda a través de los materiales de construcción.

—Los barriles de agua están aquí. Unos pocos están todavía intactos. Vamos a repartirlos. ¿Qué hay en estos barriles más pequeños?

—Probablemente el sake y el aceite.

—No hay nada mejor que el aceite. Podemos usar el alcohol para tratar lesiones. Necesitamos recipientes más pequeños, sin embargo. Repártelo entre las personas que tengan algo en qué llevarlo. —Shushou miró el siguiente bulto y se detuvo por la sorpresa—. Seda.

Shoutan rio.

—El maestro se lo llevó para presentarlo a la gente en el Monte Hou.

—Asombroso. Necesitaba este carro grande para llevar todo esto. Bueno, así es la mente de un comerciante para ti. —Sorteó la deslumbrante variedad de telas exquisitas, jarras y chucherías—. Ah, hay algunos jarrones aquí. Se ve que son ridículamente caros, pero si cortamos este abrigo de piel para usarlos como tapones, serán más manejables.

—Sí —dijo Shoutan con otra sonrisa sardónica. Su señor era de hecho un tonto, comparando las buenas intenciones de esta chica no menos curiosa.

—¿Me pregunto qué es esto?

Una caja hecha de madera maciza de roble. La tapa estaba suelta, usando una de las baratijas como una palanca, la abrió. Al ver lo que había adentro, Shushou reprimió un jadeo.

—¡Por Dios! ­—¿En qué estaba pensando Kiwa? Era un joyero repleto de collares y horquillas adornadas. ¿Para qué servirían?

Estaba a punto de apartarlas cuando se detuvo bruscamente y miró de nuevo. Forjados finos de oro y plata. Y joyas.

Shoutan dijo suavemente.

—Si Lady Shushou quiere quedárselos, sin duda, no me opondré.

Shushou sacudió la cabeza, agarrando por reflejo la parte delantera de la chaqueta de su kimono.

—Reúnan tantas de estas como puedan encontrar. No importa el oro y la plata, guarden cualquier cosa con gemas o joyas, no importa lo pequeño que sea. Busquen de arriba abajo.

—¿Todo?

—Sí. Comprueba esos frascos de aceite y sake también.

Debajo de la chaqueta sintió los contornos del talismán y pensó en el santuario junto a la Puerta de la Tierra. Un talismán Kenrou Shinkun, para la protección en el Mar Amarillo. Kenrou Shinkun, con su armadura y su chal cubierto de joyas. Ella no sabía si iba a funcionar en ese mono rojo, pero no estaría de más probar.

—Después de eso, por favor reúne a todo el mundo que lleve un arma.

  

 

Shushou se paró frente al grupo reunido. La luz de la luna hacía que cualquier cara pareciera poco fiable. Con varias decenas de hombres reunidos no era una impresión de la que se desprendiera fácilmente.

—Tenemos el aceite y el sake que el señor Shitsu dejó atrás. Y collares y horquillas.

Un murmullo se agitaba a través de la multitud.

—Mientras que no cacemos, seremos cazados. Nuestros números seguirán cayendo. Tal vez la próxima víctima seré yo. Si tienen suerte, no los verá, pero hay menos de nosotros, por lo que nuestras posibilidades se reducirán la próxima vez. ¿Alguien no está de acuerdo?

Mientras que el ángel de la muerte siguiera vivo, Shushou no tenía intención de reincorporarse a la caravana encabezada por los koushu.

—He oído que hay algo dentro de cada youma que está embriagado por gemas y joyas. No sé si se aplica a este, tal vez no. Pero tenemos sake y aceite. Si las joyas no funcionan, tal vez el alcohol sí. El aceite podría ser utilizado en flechas ardientes.

Otro rumor estalló en su audiencia.

—Los palos de la tienda están hechos de bambú. Estos podrían usarse en una de esas grandes ballestas utilizados para defender castillos.

—¿Quieres decir una ballesta asedio[1]?

—Sí, esa. Los que no tienen armas pueden armarse con lanzas de bambú. Debemos tener en cuenta cualquier cosa que pueda ser eficaz contra él.

—Pero…

—Esta valerosa compañía debería ser más que suficiente para hacer el trabajo. —Shushou forzó una sonrisa a sus labios—. Si solo pudiéramos detener sus movimientos, deberíamos ser capaces de acabar con él. —Los hombres intercambiaron miradas nerviosas mientras Shushou inspeccionaba sus tropas—. Y tenemos el señuelo perfecto. Yo. Ahora, no les gustaría ver a una niña frágil tener un mal final, ¿verdad?


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